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Corán

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51. No les he puesto como testigos de la creación de los cielos y de la tierra ni de su propia creación, ni he tomado como auxiliares a los que extravían a otros.

52. El día que diga: «¡Llamad a aquéllos que pretendíais que eran Mis asociados!», les invocarán, pero no les ecucharán. Pondremos un abismo entre ellos.

53. Los pecadores verán el Fuego y creerán que se precipitan en él, sin encontrar modo de escapar.

54. En este Corán hemos expuesto a los hombres toda clase de ejemplos, pero el hombre es, de todos los seres, el más discutidor.

55. Lo único que impide a los hombres creer cuando les llega la Dirección y pedir el perdón de su Señor, es el no admitir que les alcanzará la misma suerte que a los antiguos o que deberán afrontar el castigo.

56. No mandamos a los enviados sino como nuncios de buenas nuevas y para advertir. Los que no creen discuten con argucias para derribar, así, la Verdad, y toman a burla Mis signos y las advertencias.

57. ¿Hay alguien que sea más impío que quien, habiéndosele recordado los signos de su Señor, se desvía luego de ellos y olvida lo que sus manos obraron? Hemos velado sus corazones y endurecido sus oídos para que no lo entiendan. Aunque les llames hacia la Dirección, no serán nunca bien dirigidos.

58. Tu Señor es el Indulgente, el Dueño de la Misericordia. Si les diera su merecido, les adelantaría el castigo. Tienen, sin embargo, una cita a la que no podrán faltar.

59. Hicimos perecer esas ciudades cuando obraron impíamente, habiendo fijado por anticipado cuándo iban a perecer.

60. Y cuando Moisés dijo a su mozo: «No cejaré hasta que alcance la confluencia de las dos grandes masas de agua, aunque tenga que andar muchos años».

61. Y, cuando alcanzaron su confluencia, se olvidaron de su pez, que emprendió tranquilamente el camino hacia la gran masa de agua.

62. Y, cuando pasaron más allá dijo a su mozo: «¡Trae la comida, que nos hemos cansado con este viaje

63. Dijo: «¿Qué te parece? Cuando nos refugiamos en la roca, me olvidé del pez -nadie sino el Demonio hizo olvidarme de que me acordara de él - y emprendió el camino hacia la gran masa de agua. ¡Es asombroso

64. Dijo: «Eso es lo que deseábamos», y regresaron volviendo sobre sus pasos,

65. encontrando a uno de Nuestros, siervos a quien habíamos hecho objeto de una misericordia venida de Nosotros y enseñado una ciencia de Nosotros.

66. Moisés le dijo: «¿Te sigo para que me enseñes algo de la buena dirección que se te ha enseñado

67. Dijo: «No podrás tener paciencia conmigo.

68. ¿Y cómo vas a tenerla en aquello de que no tienes pleno conocimiento

69. Dijo: «Me encontrarás, si Alá quiere, paciente, y no desobedeceré tus órdenes».

70. Dijo: «Si me sigues, pues, no me preguntes nada sin que yo te lo sugiera».

71. Y se fueron ambos hasta que, habiendo subido a la nave, hizo en ella un boquete. Dijo: «¿Le has hecho un boquete para que se ahoguen sus pasajeros? ¡Has hecho algo muy grave

72. Dijo: «¿No te he dicho que no podrías tener paciencia conmigo?»

73. «No lleves a mal mi olvido», dijo, «y no me sometas a una prueba demasiado difícil».

74. Y reanudaron ambos la marcha, hasta que encontraron a un muchacho y le mató. Dijo: «¿Has matado a una persona inocente que no había matado a nadie? ¡Has hecho algo horroroso

75. Dijo: «¿No te he dicho que no podrías tener paciencia conmigo?»

76. Dijo: «Si en adelante te pregunto algo, no me tengas más por compañero. Y acepta mis excusas».

77. Y se pusieron de nuevo en camino hasta que llegaron a una ciudad a cuyos habitantes pidieron de comer, pero éstos les negaron la hospitalidad. Encontraron, luego, en ella un muro que amenazaba derrumbarse y lo apuntaló. Dijo: «Si hubieras querido, habrías podido recibir un salario por eso».

78. Dijo: «Ha llegado el momento de separarnos. Voy a informarte del significado de aquello en que no has podido tener paciencia.

79. En cuanto a la nave, pertenecía a unos pobres que trabajaban en el mar y yo quise averiarla, pues detrás de ellos venía un rey que se apoderaba por la fuerza de todas las naves.

80. Y en cuanto al muchacho, sus padres eran creyentes y tuvimos miedo de que les impusiera su rebeldía e incredulidad,

81. y quisimos que su Señor les diera a cambio uno más puro que aquél y más afectuoso.

82. Y en cuanto al muro, pertenecía a dos muchachos huérfanos de la ciudad. Debajo de él había un tesoro que les pertenecía. Su padre era bueno y tu Señor quiso que descubrieran su tesoro cuando alcanzaran la madurez, como muestra de misericordia venida de tu Señor. No lo hice por propia iniciativa. Éste es el significado de aquello en que no has podido tener paciencia».

83. Te preguntarán por el Bicorne. Di: «Voy a contaros una historia a propósito de él».

84. Le habíamos dado poderío en el país y le habíamos facilitado todo.

85. Siguió, pues, un camino

86. hasta que, a la puesta del sol, encontró que éste se ocultaba en una fuente pecinosa, junto a la cual encontró a gente. DijimosBicorne! Puedes castigarles o hacerles bien».

87. Dijo: «Castigaremos a quien obre impíamente y, luego, será llevado a su Señor, que le infligirá un castigo horroroso.

88. Pero quien crea y obre bien tendrá como retribución lo mejor y le ordenaremos cosas fáciles».

89. Luego, siguió otro camino

90. hasta que, a la salida del sol, encontró que éste aparecía sobre otra gente a la que no habíamos dado refugio para protegerse de él.

91. Así fue. Nosotros teníamos pleno conocimiento de lo que él tenía.

92. Luego, siguió otro camino

93. hasta que, llegado a un espacio entre los dos diques, encontró del lado de acá a gente que apenas comprendía palabra.

94. Dijeron: «¡Bicorne! Gog y Magog corrompen en la tierra. ¿Podríamos retribuirte a cambio de que colocaras un dique entre nosotros y ellos?»

95. Dijo: «El poderío que mi Señor me ha dado es mejor. ¡Ayudadme esforzadamente y levantaré una muralla entre vosotros y ellos!

96. ¡Traedme bloques de hierro!» Hasta que, habiendo rellenado el espacio vacío entre las dos laderas, dijo: «¡Soplad!» Hasta que, habiendo hecho del hierro fuego, dijo: «¡Traedme bronce fundido para derramarlo encima

97. Y no pudieron escalarla, ni pudieron abrir brecha en ella.

98. Dijo: «Ésta es una misericordia venida de mi Señor, pero, cuando venga la promesa de mi Señor, Él la demolerá. Lo que mi Señor promete es verdad».

99. Ese día dejaremos que unos y otros se entremezclen. Se tocará la trompeta y los reuniremos a todos.

100. Ese día mostraremos plenamente la gehena a los incrédulos,




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