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Ioannes Paulus PP. II
Ecclesia in America

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La Iglesia, sacramento de comunión

33. « Ante un mundo roto y deseoso de unidad es necesario proclamar con gozo y fe firme que Dios es comunión, Padre, Hijo y Espíritu Santo, unidad en la distinción, el cual llama a todos los hombres a que participen de la misma comunión trinitaria. Es necesario proclamar que esta comunión es el proyecto magnífico de Dios [Padre]; que Jesucristo, que se ha hecho hombre, es el punto central de la misma comunión, y que el Espíritu Santo trabaja constantemente para crear la comunión y restaurarla cuando se hubiera roto. Es necesario proclamar que la Iglesia es signo e instrumento de la comunión querida por Dios, iniciada en el tiempo y dirigida a su perfección en la plenitud del Reino ».(97) La Iglesia es signo de comunión porque sus miembros, como sarmientos, participan de la misma vida de Cristo, la verdadera vid (cf. Jn 15, 5). En efecto, por la comunión con Cristo, Cabeza del Cuerpo místico, entramos en comunión viva con todos los creyentes.

Esta comunión, existente en la Iglesia y esencial a su naturaleza,( 98) debe manifestarse a través de signos concretos, « como podrían ser: la oración en común de unos por otros, el impulso a las relaciones entre las Conferencias Episcopales, los vínculos entre Obispo y Obispo, las relaciones de hermandad entre las diócesis y las parroquias, y la mutua comunicación de agentes pastorales para acciones misionales específicas ».(99) La comunión eclesial implica conservar el depósito de la fe en su pureza e integridad, así como también la unidad de todo el Colegio de los Obispos bajo la autoridad del Sucesor de Pedro. En este contexto, los Padres sinodales han señalado que « el fortalecimiento del oficio petrino es fundamental para la preservación de la unidad de la Iglesia », y que « el ejercicio pleno del primado de Pedro es fundamental para la identidad y la vitalidad de la Iglesia en América ». (100) Por encargo del Señor, a Pedro y a sus Sucesores corresponde el oficio de confirmar en la fe a sus hermanos (cf. Lc 22, 32) y de pastorear toda la grey de Cristo (cf. Jn 21, 15-17). Asimismo, el Sucesor del príncipe de los Apóstoles está llamado a ser la piedra sobre la que la Iglesia está edificada, y a ejercer el ministerio derivado de ser el depositario de las llaves del Reino (cf. Mt 16, 18-19). El Vicario de Cristo es, pues, « el perpetuo principio de [...] unidad y el fundamento visible » de la Iglesia. (101)




97) Propositio 40; cf. Conc. Ecum. Vat. II, Const. dogm. Lumen gentium, sobre la Iglesia, 2.



98) Cf. Congregación para la Doctrina de la Fe, Carta Communionis notio, a los Obispos de la Iglesia católica sobre algunos aspectos de la Iglesia considerada como comunión (28 de mayo de 1992), 3-6: AAS 85 (1993), 839-841.



99) Propositio 40.



100) Ibíd.



101) Conc. Ecum. Vat. I, Const. dogm. Pastor aeternus, sobre la Iglesia de Cristo, Prólogo: DS 3051.






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