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Ioannes Paulus PP. II
Ecclesia in America

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La Eucaristía, centro de comunión con Dios y con los hermanos

35. La realidad de la Eucaristía no se agota en el hecho de ser el sacramento con el que se culmina la iniciación cristiana. Mientras el Bautismo y la Confirmación tienen la función de iniciar e introducir en la vida propia de la Iglesia, no siendo repetibles, (107) la Eucaristía continúa siendo el centro vivo permanente en torno al cual se congrega toda la comunidad eclesial. (108) Los diversos aspectos de este sacramento muestran su inagotable riqueza: es, al mismo tiempo, sacramento-sacrificio, sacramento-comunión, sacramento-presencia. (109)

La Eucaristía es el lugar privilegiado para el encuentro con Cristo vivo. Por ello los Pastores del pueblo de Dios en América, a través de la predicación y la catequesis, deben esforzarse en « dar a la celebración eucarística dominical una nueva fuerza, como fuente y culminación de la vida de la Iglesia, prenda de su comunión en el Cuerpo de Cristo e invitación a la solidaridad como expresión del mandato del Señor: « que os améis los unos a los otros, como yo os he amado » (Jn 13, 34) ». (110) Como sugieren los Padres sinodales, dicho esfuerzo debe tener en cuenta varias dimensiones fundamentales. Ante todo, es necesario que los fieles sean conscientes de que la Eucaristía es un inmenso don, a fin de que hagan todo lo posible para participar activa y dignamente en ella, al menos los domingos y días festivos. Al mismo tiempo, se han de promover « todos los esfuerzos de los sacerdotes para hacer más fácil esa participación y posibilitarla en las comunidades lejanas ». (111) Habrá que recordar a los fieles que « la participación plena en ella, consciente y activa, aunque es esencialmente distinta del oficio del sacerdote ordenado, es una actuación del sacerdocio común recibido en el Bautismo ». (112)

La necesidad de que los fieles participen en la Eucaristía y las dificultades que surgen por la escasez de sacerdotes, hacen patente la urgencia de fomentar las vocaciones sacerdotales. (113) Es también necesario recordar a toda la Iglesia en América « el lazo existente entre la Eucaristía y la caridad », (114) lazo que la Iglesia primitiva expresaba uniendo el ágape con la Cena eucarística. (115) La participación en la Eucaristía debe llevar a una acción caritativa más intensa como fruto de la gracia recibida en este sacramento.




107) Cf. Conc. Ecum. de Trento, Ses. VII, Decreto sobre los sacramentos en general, can. 9: DS 1609.



108) Cf. Conc. Ecum. Vat. II, Const. dogm. Lumen gentium, sobre la Iglesia, 26.



109) Cf. Juan Pablo II, Enc. Redemptor hominis (4 de marzo de 1979), 20: AAS 71 (1979), 309-316.



110) Propositio 42; cf. Juan Pablo II, Carta ap. Dies Domini (31 de mayo de 1998), 69: AAS 90 (1998), 755-756.



111) Propositio 41.



112) Propositio 42; cf. Conc. Ecum. Vat. II, Const. Sacrosanctum Concilium, sobre la sagrada liturgia, 14; Const. dogm. Lumen gentium, sobre la Iglesia, 10.



113) Cf. Propositio 42.



114) Propositio 41.



115) Cf. Conc. Ecum. Vat. II, Decreto Apostolicam actuositatem, sobre el apostolado de los laicos, 8.






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