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| Ioannes Paulus PP. II Ecclesia in America IntraText CT - Texto |
Los diáconos permanentes
42. Por motivos pastorales y teológicos serios, el Concilio Vaticano II determinó restablecer el diaconado como grado permanente de la jerarquía en la Iglesia latina, dejando a las Conferencias Episcopales, con la aprobación del Sumo Pontífice, valorar la oportunidad de instituir los diáconos permanentes y en qué sitios. (146) Se trata de una experiencia muy diferente no sólo en las distintas partes de América, sino incluso entre las diócesis de una misma región. « Algunas diócesis han formado y ordenado no pocos diáconos, y están plenamente contentas de su incorporación y ministerio ». (147) Aquí se ve con gozo cómo los diáconos, « confortados con la gracia sacramental, en comunión con el Obispo y su presbiterio, sirven al pueblo de Dios en el ministerio de la liturgia, de la palabra y de la caridad ». (148) Otras diócesis no han emprendido este camino, mientras en otras partes existen dificultades en la integración de los diáconos permanentes en la estructura jerárquica.
Quedando a salvo la libertad de las Iglesias particulares para restablecer o no, consintiéndolo el Sumo Pontífice, el diaconado como grado permanente, está claro que el acierto de esta restauración implica un diligente proceso de selección, una formación seria y una atención cuidadosa a los candidatos, así como también un acompañamiento solícito no sólo de estos ministros sagrados, sino también, en el caso de los diáconos casados, de su familia, esposa e hijos. (149)