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Ioannes Paulus PP. II
Ecclesia in America

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Dignidad de la mujer

45. Merece una especial atención la vocación de la mujer. Ya en otras ocasiones he querido expresar mi aprecio por la aportación específica de la mujer al progreso de la humanidad y reconocer sus legítimas aspiraciones a participar plenamente en la vida eclesial, cultural, social y económica. (167) Sin esta aportación se perderían algunas riquezas que sólo el « genio de la mujer » (168) puede aportar a la vida de la Iglesia y de la sociedad misma. No reconocerlo sería una injusticia histórica especialmente en América, si se tiene en cuenta la contribución de las mujeres al desarrollo material y cultural del Continente, como también a la transmisión y conservación de la fe. En efecto, « su papel fue decisivo sobre todo en la vida consagrada, en la educación, en el cuidado de la salud ». (169)

En varias regiones del Continente americano, lamentablemente, la mujer es todavía objeto de discriminaciones. Por eso se puede decir que el rostro de los pobres en América es también el rostro de muchas mujeres. En este sentido, los Padres sinodales han hablado de un « aspecto femenino de la pobreza ». (170) La Iglesia se siente obligada a insistir sobre la dignidad humana, común a todas las personas. Ella « denuncia la discriminación, el abuso sexual y la prepotencia masculina como acciones contrarias al plan de Dios ». (171) En particular, deplora como abominable la esterilización, a veces programada, de las mujeres, sobre todo de las más pobres y marginadas, que es practicada a menudo de manera engañosa, sin saberlo las interesadas; esto es mucho más grave cuando se hacer para conseguir ayudas económicas a nivel internacional.

La Iglesia en el Continente se siente comprometida a intensificar su preocupación por la mujeres y a defenderlas « de modo que la sociedad en América ayude más a la vida familiar fundada en el matrimonio, proteja más la maternidad y respete más la dignidad de todas las mujeres ». (172) Se debe ayudar a las mujeres americanas a tomar parte activa y responsable en la vida y misión de la Iglesia, (173) como también se ha de reconocer la necesidad de la sabiduría y cooperación de las mujeres en las tareas directivas de la sociedad americana.




167) Cf. Carta ap. Mulieris dignitatem (15 de agosto de 1988): AAS 80 (1988), 1653-1729 y Carta a las mujeres (29 de junio de 1995): AAS 87 (1995), 803-812; Propositio 11.



168) Cf. Carta ap. Mulieris dignitatem (15 de agosto de 1988), 31: AAS 80 (1988), 1728.



169) Propositio 11.



170) Ibíd.



171) Ibíd..



172) Ibíd.



173) Cf. Juan Pablo II, Exhort. ap. postsinodal Christifideles laici (30 de diciembre de 1988), 49: AAS 81 (1989), 486-489.






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