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Ioannes Paulus PP. II
Ecclesia in America

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En el contexto de la nueva evangelización

6. En la perspectiva del Gran Jubileo del año 2000 he querido que tuviera lugar una Asamblea Especial del Sínodo de los Obispos para cada uno de los cinco Continentes: tras las dedicadas a África (1994), América (1997), Asia (1998) y, muy recientemente, Oceanía (1998), en este año de 1999 con la ayuda del Señor se celebrará una nueva Asamblea Especial para Europa. De este modo, durante el año jubilar, será posible una Asamblea General Ordinaria que sintetice y saque las conclusiones de los ricos materiales que las diversas Asambleas continentales han ido aportando. Esto será posible por el hecho de que en todos estos Sínodos ha habido preocupaciones semejantes y centros comunes de interés. En este sentido, refiriéndome a esta serie de Asambleas sinodales, he señalado cómo en todas « el tema de fondo es el de la evangelización, mejor todavía, el de la nueva evangelización, cuyas bases fueron fijadas por la Exhortación Apostólica Evangelii nuntiandi de Pablo VI ».(6) Por ello, tanto en mi primera indicación sobre la celebración de esta Asamblea Especial del Sínodo como más tarde en su anuncio explícito, una vez que todos los Episcopados de América hicieron suya la idea, indiqué que sus deliberaciones habrían de discurrir « dentro del marco de la nueva evangelización »,(7) afrontando los problemas sobresalientes de la misma.( 8)

Esta preocupación era más obvia ya que yo mismo había formulado el primer programa de una nueva evangelización en suelo americano. En efecto, cuando la Iglesia en toda América se preparaba para recordar los quinientos años del comienzo de la primera evangelización del Continente, hablando al Consejo Episcopal Latinoamericano (CELAM) en Puerto Príncipe (Haití) afirmé: « La conmemoración del medio milenio de evangelización tendrá su significación plena si es un compromiso vuestro como Obispos, junto con vuestro presbiterio y fieles; compromiso, no de reevangelización, pero sí de una evangelización nueva. Nueva en su ardor, en sus métodos, en su expresión ».(9) Más tarde invité a toda la Iglesia a llevar a cabo esta exhortación, aunque el programa evangelizador, al extenderse a la gran diversidad que presenta hoy el mundo entero, debe diversificarse según dos situaciones claramente diferentes: la de los países muy afectados por el secularismo y la de aquellos otros donde « todavía se conservan muy vivas las tradiciones de piedad y de religiosidad popular cristiana ».(10) Se trata, sin duda, de dos situaciones presentes, en grado diverso, en diferentes países o, quizás mejor, en diversos ambientes concretos dentro de los países del Continente americano.




6) Carta ap. Tertio millennio adveniente (10 de noviembre de 1994), 21: AAS 87 (1995), 17.



7) Discurso de apertura de la IV Conferencia General del Episcopado Latinoamericano (12 de octubre de 1992), 17: AAS 85 (1993), 820.



8) Cf. Carta ap. Tertio millennio adveniente (10 de noviembre de 1994), 38: AAS 87 (1995), 30.



9) Discurso a la Asamblea del CELAM (9 de marzo de 1983), III: AAS 75 (1983), 778.



10) Exhort. ap. postsinodal Christifideles laici (30 de diciembre de 1988), 34: AAS 81 (1989), 454.






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