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Ioannes Paulus PP. II
Carta Apostólica en XVII Centenario del Bautismo del Pueblo Armenio

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9. Mi pensamiento se dirige a la "Madre de la Luz, María, la Virgen santísima, que engendró según la carne a la Luz que procede del Padre, y se convirtió en la aurora del Sol de justicia"(10). Venerada con profundo afecto con el título de Astvazazin (Madre de Dios), se encuentra presente en todos los momentos de la atormentada historia de ese pueblo. Sobre todo los textos litúrgicos y homiléticos abren de par en par los tesoros de la devoción mariana que, a lo largo de los siglos, ha marcado la devoción filial de los armenios a la Esclava del gran misterio de la salvación. Además de hacer memoria diariamente en la divina liturgia y en todas las horas del Oficio divino, la oración de la Iglesia prevé fiestas a lo largo del año que recuerdan su vida y sus principales misterios. A ella los fieles se dirigen con confianza, para pedirle que interceda ante su Hijo:  "Templo de la Luz sin sombras, tálamo inefable del Verbo, tú, que destruiste la triste maldición de la madre Eva, implora a tu Hijo unigénito, que nos ha reconciliado con el Padre, que aparte de nosotros cualquier turbación y conceda la paz a nuestras almas"(11). María, Virgen del Perpetuo Socorro, es venerada como la Reina de Armenia.

Fúlgida gloria, en el ejército de los santos armenios que han cantado a la Madre de Dios, es sin duda san Gregorio de Narek, el gran Vardapet (doctor) mariano de la Iglesia armenia, al que yo quise recordar también en la encíclica Redemptoris Mater(12). Saluda a la santísima Virgen como "Sede escogida de la voluntad de la Divinidad increada"(13). Que, con sus palabras, se eleve la súplica de la Iglesia en fiesta, para que este jubileo del bautismo de Armenia sea motivo de renacimiento y de alegría: 

"Acoge el canto de bendición de nuestros labios,
y dígnate conceder a esta Iglesia
los dones y las gracias de Sion y de Belén,
para que seamos dignos de participar en la salvación,
en el día de la gran manifestación
de la gloria indestructible
del inmortal Salvador e Hijo tuyo, el Unigénito"(14).


Sobre todo el pueblo armenio y sobre sus próximas celebraciones invoco la plenitud de las bendiciones divinas, haciendo mía la expresión del historiador Agatángelo:  «Que ellos, dirigiendo estas palabras al Creador, digan:  "tú eres el Señor, Dios nuestro" y que él les diga:  "Vosotros sois mi pueblo"»(15), para gloria de la santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo. Amén.

Vaticano, 2 de febrero de 2001

 

 

 




10. Catholicós Isaac III, Himno para la fiesta de la santa Cruz, en Laudes et hymni ad SS. Mariae Virginis honorem ex Armeniorum Breviaro excerpta, Venecia 1877, XIII, 88-89.



11. San Nerses Shnorhali, Himno en honor de santa María Virgen, en tiempo de Cuaresma, en Laudes et hymni ad SS. Mariae Virginis honorem ex Armeniorum Breviaro excerpta, Venecia 1877, IX, 81.



12. Cf. Redemptoris Mater, 31:  AAS 79 (1987) 404.



13. Discurso panegírico a la Bienaventurada Virgen María, Venecia 1904, pp. 16 y 24.



14. Ib.



15. Historia, 2, Venecia 1843, p. 200.




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