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San Juan Bautista de la Concepción
Obras IV – S. Juan B. de la C.

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DEFENSA DE TRES GENEROS DE GENTE

 

INTRODUCCION

1. Tras reposada reflexión, hemos decidido publicar como tratado autónomo la exhortación 46 del tomo tercero manuscrito, cuya materia restante se acaba de imprimir en este mismo volumen con el título Exhortaciones a la perseverancia. El propio san Juan Bautista de la Concepción, en la nota marginal que añade al inicio de esa larga exhortación, prefiere llamarla tratado y, más tarde, la denominará también tratadillo. Ya por su misma presentación gráfica y estructural, nos hallamos ante un bloque de páginas bastante singular en el contexto del manuscrito. Se extiende del f.146v al 190r del tomo autógrafo. El autor se ha puesto a escribir, sin prever el desarrollo de sus consideraciones, una exhortación más, anotando: Exortación quarenta y seis, pero sin anticipar título alguno (deja en blanco el espacio correspondiente). Luego, llegado al f.160v, viendo que el tema se desborda, advierte que prosigue la propia materia; y, tres folios después (f.163v), decide distribuirla toda ella en párrafos y colocar las indicaciones numéricas pertinentes en los márgenes (no le queda otro espacio disponible): § po, § 2, § 3... § 9. A partir de ahí hasta el final de la exposición va dejando una separación neta entre los distintos párrafos y los numera. Concluida la exhortación (f.190r), deja en blanco los 2 folios y medio últimos del cuadernillo, para pasar luego a otro nuevo (f.193r), cosa que no suele hacer cuando se trata de un tema o escrito unitario. Finalmente, habiendo constatado la notable diversidad de estas páginas respecto a las demás exhortaciones, aporta un título y en él previene al lector sobre la mole del texto, que le ha obligado a fraccionarlo en 22 párrafos: Trátase muy a lo largo por [22] párraphos... Agrega también una nota marginal en la que a todo el bloque llama tratado, término con el que lo distinguirá igualmente al abrir la exhortación 47.

Obras completas de San Juan Bautista de la Concepción

Defensa de tres géneros de gente

 

2. Más que los indicios morfológicos que acabamos de reunir, es la temática expuesta la que evidencia el carácter peculiar y novedoso de estas páginas en el conjunto del volumen. La perseverancia de los religiosos en la virtud y en las observancias que han abrazado es la idea de fondo que amalgama todas las exhortaciones, como ya expusimos en la introducción a Exhortaciones a la perseverancia. El autor declara que también en el texto presente se mueve con esa intención de fondo, pero reconoce al mismo tiempo que se ha distanciado de la línea exhortatoria anterior, de modo que esta sección bien puede ser considerada como un tratado aparte. Escribe al emprender el párrafo 20, previsto como el último: «Yo quisiera en este último párrapho resumir todo lo que en estos pasados se ha dicho, para que viéramos cómo en ellos no nos habíamos desviado del principal intento que traíamos en nuestras exhortaciones, donde íbamos tratando de la perseverancia en el camino de la virtud, causa que fue por qué nos hubiésemos divertido en estos párraphos pasados respecto de que, siendo este camino de la perfección camino tan largo como lo es Dios por ser el camino para sí propio en quien se halla vida eterna, alejándose un hombre de los que le miran caminar por ese anchuroso mar, no sabiendo de ellos, como si fueran naves perdidas, llenos de admiración e ignorancia suelen murmurar los hombres y tenerlos por hombres singulares». E inicia de la siguiente manera la exhortación 47: «El intento principal que se lleva en estas exhortaciones es tratar de la virtud que los religiosos deben tener en el estado que profesaron, la perseverancia en ella y los nuevos adelantamientos que cada día deben hacer según sus mayores obligaciones. De aquí venimos a dar en la exhortación 46, donde, por habernos alargado en ella, le habremos de dar nombre de tratado, en que muy a la larga hemos dicho cómo el aventajarse el justo en cosas de virtud es causa de que se asombren y espanten los que la miran; y, por no conocerla, unas veces la murmuran y otras, por quedar en ella encandilados, tropiezan y dan de ojos, como las aves noturnas en el día claro». Por tanto es consciente de que, aun respetando el intento principal, en realidad ha producido un nuevo tratado.

 

3. El autor mismo preanuncia en el encabezamiento el tema particular que mueve su pluma: «Trátase muy a lo largo por párraphos de cómo las cosas de virtud asombran a los que de lejos las miran. Pruébase la excelencia de este nombre de sclavo del Sanctíssimo Sacramento. Y de cuánta importancia sea el decir por las calles: ¡Sea loado el Sanctíssimo Sacramento! Y las doctrinas cristianas que los terceros de san Francisco dicen por las calles». El motivo que le indujo a escribir en defensa de «tres géneros de gente» lo especifica en este texto inicial: «El año de mill y seiscientos y diez, en la dominica 24 de Pentecostés [14 de noviembre], un predicador de nuestros tiempos en Toledo, por muchos días en el púlpito, convidó en todos sus sermones para uno que había de hacer entre los dos coros de la iglesia mayor, porque en él tenía que tratar cosas de consideración. Aguardando toda la ciudad y la iglesia tan grave como era aquélla a que saliese el spectáculo tan prevenido, sentenció a desterrar del mundo y a pena de muerte a los sclavos del Sanctíssimo Sacramento, a los que ahora se llaman reformados y terceros del hábito de san Francisco. Las culpas que les puso fueron resumidas a que introducían novedades». Tan rica y detallada información hace pensar en un oyente del sermón. De hecho, san Juan Bautista de la Concepción ya se hallaba por la fecha indicada en la ciudad imperial dando los primeros pasos para la fundación de un nuevo convento 1.

El mencionado predicador, a quien en el escrito se le llama su paternidad, padre..., fue al parecer un trinitario calzado. Nicolás de la Asunción sospecha del P. Maestro FrPonciano Basurto, que en el trienio 1609-1612 fue ministro del convento trinitario de Toledo. Los cronistas de la Orden le presentan como eminente predicador 2. A él hace alusión expresa el texto, a propósito de Ap 12,1, «las cuales palabras están suficientemente probadas entenderse de la Iglesia, pequeña y cuando enpezaba. Así lo dice el padre maestro fray Ponciano Basurto en el sermón que predicó de este evangelio; y que así se entiende del testo y conexión de las palabras del capítulo precedente».

Como ya se deja entender por el título, estamos ante un vibrante alegato en defensa de las tres categorías de personas puestas en entredicho por el atrevido predicador de Toledo: terciarios franciscanos, esclavos eucarísticos y reformados. Muchas de las ideas en apoyo de los esclavos del Santísimo Sacramento y de los terceros de San Francisco giran en torno a Cant 6,9: Quae est ista quae progreditur quasi aurora consurgens, pulchra ut luna, electa ut sol...? El autor cae en desatención cuando, al inicio del párrafo 13, dice que conecta con lo dicho en el párrafo anterior, en el que habría facilitado dos razones para explicar por qué se mencionan en el texto el sol, la luna y la mañana. En realidad, cuanto desarrolla en el párrafo 13 no tiene ninguna conexión con lo dicho en el precedente.

 

4. Los cálculos de probabilidad efectuados por el P. Nicolás de la Asunción 3, como ya se recordó a propósito del escrito anterior, aconsejan datar estas páginas en Madrid por enero de 1612. Advertimos al lector que hemos formulado nosotros tanto el título general (la expresión «tres géneros de gente» es del manuscrito) como los subtítulos, estos últimos situados en los puntos divisorios de párrafos ya existentes.

DEFENSA DE TRES GENEROS DE GENTE

TRÁTASE MUY A LO LARGO POR [22] PÁRRAPHOS DE CÓMO LAS COSAS DE VIRTUD ASOMBRAN A LOS QUE DE LEJOS LAS MIRAN. PRUÉBASE LA EXCELENCIA DE ESTE NOMBRE DE SCLAVO DEL SANCTÍSSIMO SACRAMENTO Y DE CUÁNTA IMPORTANCIA SEA EL DECIR POR LAS CALLES: ¡SEA LOADO EL SANCTÍSSIMO SACRAMENTO! Y LAS DOCTRINAS CRISTIANAS QUE LOS TERCEROS DE SAN FRANCISCO DICEN POR LAS CALLES

[Nota marginal] Note, por amor de nuestro Señor, el que viere este tratado que se sigue o lo leyere, que podrá ser haya dicho alguna palabra, volviendo por los esclavos y terceros, con que alguien se ofenda. Y no es ni ha sido ése mi intento. Y si ahora lo trasladara, le quitara algunas palabras, en que trato de las personas que de ellos dicen mal sólo para apoyar las tales obras.

 

§ 1 [Críticas de un predicador contra los esclavos del Santísimo Sacramento, los llamados reformados y los terceros de san Francisco]

Es ya tan peregrina por nuestros peccados la virtud, el dejar el mundo y subir a Dios que, si en Dios, como denantes en la exhortación pasada decíamos 1, causa admiración de parte de la flaqueza humana que, estando tan caída y postrada, se levanta a estado tan alto como en la perfección viene a alcanzar, los del mundo no se admiran sino se asombran y atemorizan, no por ver la mudanza de la tal alma, no por ver sus subidas y enajenaciones, sino por parecerles que la virtud ya no se usa ni se profesa, y que ser uno justo y aprovechado es cosa tan rara y singular que, como a tal, ha de ser perseguido y despreciado, como hombre que introduce uso nuevo entre quien no trata ni sabe de eso a. Como hicieron en b Lacedemonia, que ahorcaron un soldado porque en su scudo puso un poco de grana; a otro castigaron porque tocaba con los dedos la cíthara y no, como era costumbre, con una pluma. Y desterraron al músico Timoteo porque añidió una cuerda al instrumento; y ahorcaron públicamente en la plaza la arpa como a malhechora porque tenía una cuerda más. ¡Oh Dios sancto, y quién pudiera decir sobre esto lo que mi alma siente! Quédese para otra ocasión. Sólo digo que, si al scudo de la fee muerta c, con que el vulgacho [147r] se arma, añedís un poco de grana, por quien es significada la charidad, para que sea fe viva y aquella de quien san Pablo dice 2 que es con quien podemos resistir los scadrones del enemigo, habéis de ser d colgado de los púlpitos, de quien los predicadores nuevos hacen horcas y cuelgan al malhechor, tejiendo sogas con palabras y autoridades truncadas de sanctos, entendidas como ellos quieren. No hablo fuera de propósito, aunque mi intento no es meterme ahora en esto, que, si Dios me diere lugar, deseo tratar de ello de propósito.

El año de mill y e seiscientos y diez, en la dominica 24 de Pentecostés 3, un predicador de nuestros tiempos en Toledo, por muchos días en el púlpito, convidó en todos sus sermones para uno que había de hacer entre los dos coros de la iglesia mayor, porque en él tenía que tratar cosas de consideración. Aguardando toda la ciudad y la iglesia tan grave como era aquélla a que saliese el spectáculo tan prevenido, sentenció a desterrar del mundo y a pena de muerte a los sclavos del Sanctíssimo Sacramento, a los que ahora se llaman reformados y terceros del hábito de san Francisco. Las culpas que les puso f fueron, resumidas, a que introducían novedades. Las cuales, siendo como están confirmadas por Su Sanctidad, examinadas por tantos prelados como hay en nuestra España, haciéndose ellos también sclavos del Sanctíssimo Sacramento y recebido el hábito de terceros g muchos hombres doctos en las universidades, podremos decir que el capítulo h que les puso aquel padre predicador sólo fue capítulo y cargo de que, tratando el mundo de vicios, maldades y desenvolturas, estos tales trataban de cosas de virtud, penitencia y mortificación; y que no era bien, en mundo tan envejecido en peccados, se dispertase el desprecio del mundo viejo que i hubo entre los sanctos. Porque, como es eso cosa tan olvidada por todas partes, parece nuevo y novedad.

Y ¿sabido en qué está esta novedad j? Digo que está en la k que hicieron los músicos que arriba decíamos: en que el uno añidió una cuerda a su instrumento músico y el otro tocaba la cíthara con la mano [147v] y no con pluma, como se acostumbraba. ¿Sabéis en qué está este daño y mal? En que, en lugar de cinto de muchos ducados, se ponen los hombres y mujeres l una cuerda de san Francisco y añaden a sus oraciones secretas las doctrinas públicas que dicen por las calles m. Está este negocio y mal hecho en que, tratando ellos de virtud con curiosidad y delicadeza sin tocar la mano, como aquellos de quien dice Cristo 4 que, predicando el evangelio y ley de Dios con rigor, digito suo nolunt attingere n, sino dende afuera con una pluma, como quien tañe cítara scribiendo papeles con la música y consonancia que ello dirá. Y, por el contrario, porque los sclavos, reformados y terceros ya no quieren usar de esos melindres y delicadezas, sino que con sus propias personas quieren visitar los hospitales, hacer las camas a los pobres y, en lugar del ochavillo que el otro ofrece para la cera del Sanctíssimo Sacramento, ofrecer su persona para se estar de rodillas la mañana y tarde y, como vela encendida, estarse allí derritiendo en amor de aquel Dios que, por estarse conmigo, se quedó debajo de accidentes de pan y vino. Alto, porque la cítara se toca con la mano y no se usa de plumita y sanctidad delicada que se la lleva el viento, ahorcad estos esclavos, enpringadlos con palabras de atrevimiento y desenvoltura.

Digámoslo más claro en qué consiste esta culpa. Pocos días ha me han dicho que a un tercero honrado del Sanctíssimo Sacramento en Guadalajara le dieron una bofetada en la plaza y al instante volvió el otro carrillo para que le diesen otra. Esta es la culpa que tienen, que se tocan con la mano los instrumentos y no con la pluma, dando queja a la justicia scribiendo procesos y tomando venganza. Esta es la religión nueva que aquel buen padre compara a la de Francia, y estas protestaciones que hacen estos tres géneros de gentes las que compara a los protestantes de Ingalaterra. ¡Oh buen Dios mío, y si tú abrieses los ojos a los hombres y les [148r] enseñases cómo tu mayor agrado está en el desprecio verdadero de las cosas del mundo y negación verdadera, mortificando este hombre exterior; y cómo esto no es novedad, sino viejo y antiguo, predicado por Cristo, obrado por los sanctos y figurado y pintado dende el principio del mundo en las cosas que Dios mandaba en la vieja ley y en las que decían los profetas!

De no entender esto vino a decir el rey que ahora hay de Ingalaterra 5, en una carta que escribió a los reyes católicos o para que negasen la obediencia al papa, que él era católico y buen cristiano, mejor que ninguno de cuantos p había; y que lo que él negaba y no creía era lo que de quinientos años a esta parte se habíe determinado en la Iglesia y habíen scrito los doctores, tiniéndolo todo eso por novedad. A quien sólo le dijera yo, juntamente con nuestro predicador de quien vamos hablando, que cómo entienden aquel lugar q que dice Cristo r por san Matheo: Omnis scriba doctus in regno caelorum s similis est patrifamilias, qui profert de thesauro suo nova et vetera 6; que en esta Iglesia el varón docto, que es el que de veras conoce a Dios —porque en eso consiste la sabiduría verdadera—, es semejante al padre de familias que de sus tesoros saca cada día cosas nuevas y cosas viejas. Y para decirles Cristo estas palabras, como quien bien sabía la t dificultad que su entendimiento habíe de tener en nuestros tiempos u, previene a sus discípulos preguntándoles si habían entendido lo que antes les habíe dicho v: Intellexistis haec omnia? Dicunt ei: Etiam, Domine 7. Bien sabemos la lición pasada; bien podéis, Señor, pasar adelante. Y así dice luego el evangelista w: Ait illis: Ideo, dico vobis, omnis scriba doctus, etc. Que fue decir: En mi Iglesia habrá sanctos y siervos de Dios que sean semejantes a los hombres poderosos y padres de familias que, preciándose de sus antigüedades y hechos de sus antecesores, cada día saca novedades y cosas recientes con que muestra la grandeza de su persona, ya en el traje y librea, ya en las nuevas leyes y ordenaciones con que pone su casa en concierto y sus criados en pretina.

Bueno fuera que tuviera el mundo licencia para inventar nuevas maldades y bellaquerías, torpezas y deshonestidades, y que no x tuviera esa licencia la Iglesia, los que la rigen y gobiernan y los que la sirven y siguen, para inventar medicinas y remedios [148v] contra semejante pestilencia. Pregunto yo ¿sería bien que, porque no scribió Avicena ni Hipócrates los remedios del tabardillo, mal gálico, garrotillo y otras enfermedades que de poco ha entraron en España, que digan los médicos de nuestros tiempos que no las quieren curar ni buscar remedio para ellas, porque no los echen de España como inventores de novedades? Es locura pensar tal, que cada día se scriben libros y de grande consideración, aplicando nuevos remedios a nuevas enfermedades y ajustándolas conforme la flaqueza hay hoy en los sujetos. Pues, si esto es lícito y necesario, pregunto yo ¿por qué no ha de ser bueno que los siervos de Dios saquen novedades cada día contra nuevos vicios? ¿Cuándo en el mundo hubo tantos peccados contra la religión cristiana, tantos herejes y tantas setas, tantos que la combatan y procuren desportillar? ¿Cuándo tan poca devoción z del Sanctíssimo Sacramento, tantos desacatos, que envía Ingalaterra cada día por ese mundo nuevos apóstolos que ellos llaman para que hagan grandes impresas contra el Sanctíssimo Sacramento, tomándolo de las manos de los sacerdotes, arrojándolo por los suelos y pisándolo? ¿Es bien que tenga el hereje esta libertad y no la tenga la Iglesia de tener sclavos que vuelvan por la honra de su esposo? ¡Oh qué ignorancia grande que quiera yo tenga el enemigo armas más de la marca, y que yo repare en que los hombres salgan un poquito el pie de la mano en cosas de virtud! ¡Que invente el hereje tiros de arcabuz, scopetas, mosquetes y de bronce a a lo corto y a lo largo, y que yo tengo de hacer mis tiros a lo corto y encerrándome en mi aposento, que allí dicen que me oye Dios! Como si no fuera necesario que me viera y oyera el desalmado y perdido y que se hagan tiros tan largos que llegue su sonido por lo menos a los confines de la tierra, como hizo la predicación de los apóstoles 8.

Y si no mataren estos tiros de bronce, que de nuevo salen ahora en la Iglesia y república cristiana, asombren b y atemoricen el ruido que hacen los sclavos, reformados y terceros. ¡Qué mayor confusión para el hereje [149r] que, casándose entre ellos el sacerdote y el obispo, en nuestra España muchos casados dejan sus mujeres y se entran en religión y, a no poder tanto, procuran en su compañía tener muchos días continencia y ser, en lo que pueden c, imitadores d de verdaderos religiosos! Una de las cosas que a la sancta madre Theresa de Jesús más la levantó en admiración de las obras de Dios, en tiempo que ella andaba fundando aquellos poquitos conventos, fue ver que, en tiempo e que el hereje era inventor de nuevas setas, sacaba Dios nuevas almas con nuevos ardides de guerra que los persiguiese 9. Como la obra ha mostrado la verdad de los pensamientos que ella tuvo, pues vemos aquella sagrada religión tan extendida y levantada, haciendo innumerables provechos a las almas. Pues en verdad que no se escapó la sancta en aquellos tiempos f de las lenguas g que ahora resucitan llamando novedades a las cosas de virtud.

§ 2 [Respuesta a las críticas contra los terceros de
san Francisco]

Ponen falta diciendo que los que se hacen terceros son los mercaderes y gente que tiene trato, y que san Francisco lo dejó para ser verdadero pobre de Jesucristo. En esto echo yo de ver la grande sanctidad y lo mucho que en el cielo vale, pues, como a divino planeta, se le da virtud para que influya el desprecio que él tuvo en los de esta profesión, haciendo que, si no son pobres en las haciendas y cosas exteriores, lo sean de espíritu. Que harto trabajo hubiera en la Iglesia de Dios si, como su paternidad dice, no hubieran de usar de riquezas y majestad los prelados de ella. No es posible menos, que ha de haber tratos en el mundo, quien compre y venda y quien manijee las cosas exteriores. Y es medio divino, para que eso se haga como se ha de hacer, que tenga un mercader delante los ojos por vara y regla de medir la pobreza y desprecio de san Francisco y su cordón.

Dicen es cosa que ofende mucho el traer hábito diferente de paño frailesco, llamando carnestolendas y máscaras a los que así se disfrazan. No yo cuál es mayor máscara: quien en holandas y ricas granas tapa y encubre las cosas de su profesión o quien su poco merecimiento lo descubre con paños viles. Porque, si eso es así, también sacaron máschara y disfraz en el mundo un san Juan Baptista 10 vestido de pieles de camello a, un Antonio y un Pablo vestidos de hojas de palmas 11, [149v] un Adán y Eva b vestidos de hojas de higuera 12; y, siéndoles Dios su sastre y ropero, les hizo de vestir de pieles de animales. Y aquellos que más se llegan a la desnudez de Cristo en una cruz, aquéllos andan más al uso y conforme las premáticas de la Iglesia c.

Dirán que en quien [he] puesto exemplo fueron sanctos y estotros son mercaderes. Es verdad, pero, cuando san Francisco se puso el saco, mercader era y principio fue para ser quien después vino a ser; y cuando san Antonio y san Pablo mudaban ropa, no eran quien ahora son; y principio quieren todas las cosas. Y si todos los terceros no fueren sanctos, basta que en algunos haga inpresión el traje y vestido, mirándose de color diferente que los demás. Que no todos los apóstoles fueron quien el hábito decía d, pues Judas prevaricó. Y no todos los que viven en religión son buenos, pues la Iglesia de Dios plantada por Cristo consta y está comparada a diez vírgines, cinco prudentes y cinco locas 13. Y con enviar el otro padre de familias, de quien dice san [Mateo], a sus criados, que sin falta seríen prudentes y discretos, a que llamasen la gente convidada para la boda, se les entró uno que no tenía vestidura de boda 14; y puesto caso que ésta significa la gracia interior y no el traje exterior, no habrá que espantar de que haya alguno de esta profesión de quien se murmura que no responda al hábito frailesco que trai, a quien se le hace menos abranio e que a la f fee de que un cristiano ha de andar vestido cuando no se corresponde con lo que se debe.

Cuando una mujer es moza y desposada, jamás se le murmuran las cosas nuevas que se ven en su persona, los trajes, invinciones, porque todo le cai bien y todo lo ha menester para descubrir el amor que tiene a su esposo y g buscar nuevos modos de agradarle. Esta nuestra Iglesia jamás la veo que se envejece. San Juan la vido h nueva, que descendía del cielo como una esposa aderezada para su esposo 15. San Pablo la predica porque no tiene mácula ni ruga 16. Yo i oigo que cada día la predican debajo de título y nombre de esposa, que significa recín casada. Y así ha de ser, porque, en desdiciendo algo de lo que siempre fue, ni será Iglesia cathólica ni [150r] sposa de Jesucristo, porque siempre en las cosas de la fee ha de ser entera y, en perdiendo algo en eso, deja de ser quien es. En todas las demás cosas, como desposada, cada día saca adornos nuevos, trajes, invenciones nuevas, en quien tanto se regucijaba David diciendo: Et in adinventionibus j tuis exercebor 17. Saca Dios cada día y su Iglesia tanbién nuevas invenciones, nuevas religiones, nuevos modos de tratar las cosas de virtud.

La razón de esto es porque, siendo esta Iglesia militante, tiene muchos que le hagan guerra y la combatan, y ha menester nuevas invenciones para se defender y reparar los males que los enemigos le pretenden hacer. Y no es la menor guerra la que cada uno de nosotros le hace tiniendo por viejo lo que siempre habíe de ser nuevo. La mortificación, la penitencia, el desprecio exterior, que siempre habíe de estar en un mismo punto del que habíe en la Iglesia de Dios en sus principios, está ya tan viejo que no se conoce y, como a desconocido, hay quien predique contra él y lo quiera k echar del trato común de los cristianos. Y quien de esto murmura, bien hay que temer no murmure mañana de los concilios l y nuevas determinaciones de la fee, de las ceremonias y reformas que cada día se hacen en los breviarios y misales. No son éstas cosas que a la Iglesia la truecan y hacen otra. Dijes son que la hermosean, porque siempre se es moza y recién casada, que mille anni ante oculos tuos tanquam dies hesterna quae praeteriit 18.

Quieren poner la vejez de la Iglesia en la majestad y grandeza con que ahora se sirve, el tener los prelados riquezas, servicio, criados. Y que de antes, que era niña, dicen que se andaba a pies descalzos, como los papas andaban de antes. Quisiera yo saber muy de raíz la causa por qué ahora tiene la Iglesia necesidad de tanta majestad y grandeza, de usar de horca y cuchillo. Porque yo pienso que la causa es porque ahora hay en la Iglesia de Dios tantos que se le atrevan con lenguas y plumas que ha menester tener cuchillo para hacer ensaladas de lenguas descomedidas, y cortar y cercenar las plumas de los que con sus agudezas quieren volar, como otro Icaro, y que den en el fuego, donde la ficción de sus alas se derrita; y sepan m que ésos no son vuelos y subidas que hacen los justos, como después veremos.

Eran los cristianos de la primitiva Iglesia [150v] tan sinceros y llanos, tan rendidos y verdaderos que adoraban y reverenciaban al papa descalzo, roto y pobre. Y como ayer vimos en la vida de san Marcelo papa 19, que, perseguido del emperador Maxencio, lo encerró en el catábulo 20 o parte donde estaban las bestias con que ellos celebraban sus fiestas, para que tuviese cuidado con ellas y les diese de comer. De donde, no pudiendo visitar sus iglesias con su persona, las visitaba por epístolas y escritos, siendo por ellos obedecido como si estuviera en la majestad que ahora está el summo pontífice. Y cuando de ahí lo sacaron, dicen sus liciones, fue recebido de los cristianos con grande regalo y honra. Y edificando una iglesia en la casa que fue hospedado de sancta Lucina, viniendo a oídos del enperador, hizo en la propia iglesia depósito de las propias bestias y a él le metió con ellas para que cuidase del officio primero. Y siendo el desprecio tan grande y el martirio tan grande que sola la hidiondez y mal olor le quitó la vida n, allí hacía decretos y ordenaciones; y eran recebidas como hasta el día de hoy lo son.

Aquéllos eran verdaderos cristianos y, por haberse trocado aquella verdad en mentira en los que hoy viven, aquella simplicidad en malicia y aquella llaneza en astucias, ha sido necesario que los pontífices echen mano de la grandeza que hoy tienen, de su majestad y riquezas, porque ya no se aman ni temen como entonces los pies descalzos de los sanctos, la humildad de los prelados, el desprecio del mundo de los justos. Sólo temen las galeras, los azotes, la horca y el fuego. Y así es necesario ponérselo en las manos y que se vuelva el báculo pastoral en vara de justicia, la sobrepelliz en cota para se defender de tantos herejes y aun a veces el breviario en espada y que los papas vayan a la guerra contra los falsos cristianos. Que, si ellos fueran quien debían, el papa y los eclesiásticos se habíen de estar en sus iglesias y rincones, y no obligarlos a salir de allí a componer paces y a sosegar motines, como vemos en nuestros tiempos han puesto en aprieto a nuestros sanctos pontífices libertades de repúblicas y levantamientos de provincias.

Y si no, pregunto yo a los que dicen que sólo antiguamente parecían bien los pies descalzos de los sumos pontífices: Si en nuestros días un o arzobispo de Toledo y primado de nuestras Españas lo viéramos haciendo las camas de los pobres en sus hospitales [151r] y visitando las iglesias a pies descalzos, ¿pareciera mal? ¿Fuera eso cosa perniciosa? Lo que yo digo es que pareciera mal a quien aborrece las cosas de virtud, a quien le parece novedad el servir a Dios con veras, al murmurador que busca ocasiones para deslenguarse. Pareciera mal al que, como araña, trueca la suavidad y dulzura de la flor en veneno, a quien no quería que hubiese quien con verdaderos exemplos confunda su vida. ¡Oh Dios sancto!, ábrenos los ojos para que veamos que esto no es nuevo, sino viejo. Esto es lo que Cristo hizo y enseñó, lo que sus sagrados discípulos obraron y hicieron. Y quien por la parte contraria afirma lo confiesa, pues los llama reformados, que quiere decir los que quitan los abusos nuevos y se tornan a los viejos, aquellos que eran más agradables a Dios. Seas tú, Dios mío, bendito, que vemos que se junta un reino para introducir una premática para p cercenar los cuellos, quitar las puntas y aun, con las penas que se ponen cada día, penan y castigan, y que secretamente en los corazones de muchos establezca Dios una premática de pobreza, de humildad en el traje y vestido, ¡y que ésta sea mala y la otra sea buena! ¡Que sea bueno adular los siervos a los amos porque eso es viejo y, porque es nuevo decir: Loado sea el Sanctíssimo Sacramento, no ha de ser bueno! ¡Que sea bueno andar los hombres por los prados y jardines haciendo danzas y saraos porque eso es viejo y, porque es nuevo salir veite terceros diciendo la doctrina por las calles, no ha de ser bueno!

§ 3 [Elogio de la recitación de la doctrina cristiana
por las calles]

Ea, esclavos del Sanctíssimo Sacramento, pésele a quien le pesare —que, si en este mundo no hubiere quien sus palabras pese, a él le pesará en el otro adigamos todos a boca llena: Loado sea el Sanctíssimo Sacramento. Ea, terceros, no temáis, llevad adelante el deseo que tenéis de agradar a Dios. Cantadle por las calles la doctrina cristiana, que todavía la Iglesia se está moza y niña. Allá en Ingalaterra, donde se envejeció y de vieja murió, callen, pero nosotros, que estamos puestos a sus pechos llevados con la dulzura de los sacramentos que recebimos, como leche suave que nos sustenta y engorda, digámosle cantares y coplas, que no es cosa nueva el padrenuestro que por las calles se canta, el credo y la salve.

Dicen que con eso los cotejan de ignorantes [151v] y que eso no se ha de hacer en España, donde la cristiandad está en su punto. Digo yo, si ésa es causa para que el padrenuestro no se cante por las calles, ¿para qué los doctos y predicadores, pues tan bien saben la doctrina y la entienden, rezan el rosario, el padrenuestro y el avemaría, pues son cristianos en su punto? Que yo seguro que, si como ellos se quieren hacer catavinos de los terceros, que publican por las calles a Cristo crucificado, los cataran a ellos, que no yo qué punto hallaran de su cristiandad. Bien entiendo yo que fuera punto subido, si las puntadas de los cristianos fueran de lengua, que se dan bien largas, pero, como en la Iglesia de Dios se cose con las manos de las obras haciendo vestidura a Cristo de nosotros propios, no yo si se hallaran estos cristianos en el puncto que debía tener la cristiandad y guisado que Dios en nosotros come.

Díganme, ¿por qué ha de ser lícito recitar la doctrina cristiana en el aposento y no en la calle? Si dicen que Cristo dice que, cuando hubiéremos de orar, entremos en nuestros aposentos 21, también dice Cristo que nadie encienda su luz y la ponga debajo de medio celemín 22. Y si, en el primer lugar, a los que oran b pretendió Cristo quitar la vanagloria a los que oran y los quiso encerrar en parte secreta, en la segunda autoridad amonestó a los predicadores que la luz que dan no sea luz puesta debajo de medio celemín, medida de mesoneros y venteros, dándonos a entender que [no] habíe de haber predicadores que sólo dicen las verdades ordenadas a c paga, a aplauso y agradecimiento, que, por mucho que sea el que les dan, es al cabo paga de medio celemín; y, al fin al fin, llevarán estos tales con el medio celemín en los cascos. Quiere d Cristo que las verdades sean sin respecto, condición y aceptación, verdades sueltas, verdades para todos, y no estrechadas y metidas debajo de cosa tan baja como el darle a un religioso porque predicó 24 reales. Velas sobre candelero, que alumbren por un igual a todos. Que salgan por esas calles y digan qué bueno es Dios, publiquen su ley, doctrina y mandamientos; alumbren al mundo y den desengaño a quien en sus tinieblas vive engañado.

Yo diré, [152r] tampoco fueron malas las reglas que dio aquel sancto fray Juan de Torres, de la orden del glorioso San Francisco, que con un tema se andaba de pueblo en pueblo predicando tras muchos vicios, diciendo que, mientras los peccadores no dejasen el tema y porfía que tenían de peccar y ofender a Dios, él no había de dejar el que había tomado. Y así, sin estudiar muchas delicadezas, predicaba los mandamientos y doctrina cristiana. En nuestros tiempos hemos tenido otro religioso, carmelita descalzo, llamado fray Francisco Indigno, que, habiendo tomado el hábito para lego y para eso confesádose por indigno, vino a alcanzar tanto por la oración y desprecio del mundo, que lo obligaron a que se ordenase; y predicando por esas calles, era tanto el provecho que hacía que, siendo yo muchas veces testigo de vista dende que era niño, convertía pueblos enteros 23. No fueron malos testigos otros que, aunque tarde, cayeron en la cuenta y, en lo último, no entendían sino desengañar al pueblo cristiano y desagraviarlo del tiempo que les parecía habíen perdido por su culpa, entreteniéndolos con sermones bien parlados. De éstos, me dicen, fue el padre maestro Cabrera, insigne e predicador de Sancto Domingo 24, el cual a lo último dicen que fue extraordinario el provecho que hizo en las almas. Y otro de la orden del glorioso San Francisco que no ha muchos años que, estando ya a la muerte en esta corte, pidió de merced le llevasen un predicador de cada religión para se despedir de los de su profesión, a quien en aquel paso, cuando se dicen verdades claras y no sufre el corazón fingimientos, hizo un sermón de desengaño con tantas lágrimas que todos fueron bien amargos a sus casas y como emplazados a la strecha cuenta que de eso se les ha de pedir.

Qué de exemplos pudiéramos traer de los que ya están en la otra vida, y quizá ardiendo en el infierno por no haber hecho su officio como deben y por no haber dado luz verdadera según sus obligaciones, sino querer sacar cada día usos nuevos; y quizá para sacar dineros, como de estos tales dice san Jerónimo 25: Ut inde lucra sectentur, para ganar dineros; y si no, apoyo y honra y, a trueco de salir con lo que ellos pretenden, no reparan en que sea vituperada la palabra de Dios y el officio de predicador. A quien yo aconsejara lo que san Pablo hacía por desagraviar el officio f de predicador: que lo tomaba él y lo tenía de manos 26. Pluviera a Dios muchos de los que predican aprendieran officio de tapiadores o de sastres y que de eso se sustentaran, y dejaran el predicar, que no hiciera falta haber un tercio menos; y que a deseo se buscara quien las verdades dice desnudas y descalzas.

Dicen que estos que cantan la doctrina cristiana afrentan g el officio de los predicadores y que son movidos a sus intereses, aplicándoles la autoridad de san Jerónimo: [152v] Ut inde lucra h sectentur. Digo, lo primero, que dicen bien que afrentan el modo que ahora hay de predicar, porque ellos han hurtado a los representantes su modo de parlar y los que dicen la doctrina cristiana por las calles lo han tomado de los sanctos antiguos, que, sin temor ni vergüenza del qué dirán, salían dando voces por las calles, manifestando la fuerza de la charidad que en su pecho les forzaba, según aquello de san Pablo: Sive mente excedimus, Deo, sive sobrii sumus, vobis. Charitas enim Christi urget nos 27.

En lo que dicen que buscan sus ganancias, también i anda en eso acertado. No en las ganancias de la tierra, porque esto es cierto, que j, no por ser tercero, ha de vender más su ropa siendo mercader; y cuando de tercero no tenga más que el nombre, ése le ha de obligar a hacer cortesía a muchos pobres y a ser devoto de la grande familia de San Francisco, haciéndole grandes limosnas. Y si, como este padre dice, muchos ratos se ocupan en visitar iglesias, hospitales y decir por las k calles la doctrina cristiana, cierto es que ese tiempo que pudieran emplear en sus tratos y oficios lo pierden l a lo temporal y lo ganan a lo spiritual. Y si ganancia es que, siendo ellos unos hombrones que como niños salen por las calles m haciendo officio de criaturas, que murmuren de ellos como si fueran salteadores, los afrenten en los púlpitos, les impriman libelos, esas ganancias confieso que las tienen, muy conformes a las que san Pablo sacaba cuando dice n: Maledicimur, et benedicimus o; persecutionem patimur, et sustinemus 28, etc.

¡Ojalá, Dios sancto, de estas novedades viéramos cada día muchas en el mundo, que los casados y quien podía dar en perdidos, en juegos y otras fiestas, en estas sanctas ocupaciones! La novedad que a mí me asombra es que, habiendo sido mi fundador humilde, mortificado y pobre, y habiendo vestido pobre sayal y comido yerbas, a quien yo debo imitar, nada de eso haya en mí, sino todo novedad, no habiendo quedado de lo viejo más que el nombre de religiosos y frailes de tal, porque a lo menos no se conocerá el hábito por el hábito, pues, habiendo sido el primero vil y despreciado, el segundo es de grana fina con más aderezos y guarniciones que podían tener los que de eso tratan. No quiero meterme en más dibujos. Sólo digo que si, con todo esto que hemos dicho, les parece todavía que es novedad lo que en España se hace acerca de lo dicho, se avise al papa que ponga remedio en lo que en Roma se usa delante de sus ojos, que se hace lo propio andando muchos niños y hombres diciendo la doctrina cristiana, [153r] cantando la letanía de la Madre de Dios por las calles muchos mozos y niños devotos que, tomando sermones de memoria, los predican por las calles a todas horas; y otras cosas que, si en España se hicieran, quien de esto se asombró, que hemos dicho, fuera mayor su espancto.

§ 4 [Las buenas acciones de los esclavos del Santísimo Sacramento, los reformados y los terceros de san
Francisco frente a los vicios de mucha gente]

Enpezamos esta plática en decir que la razón de causar en nosotros admiración estas cosas es por no ser usadas en nuestra Spaña, digo no vistas de quien se asombra y causarle novedad. A quien pregunto yo ¿qué será la causa por qué no le causó admiración a nuestro predicador tantas comedias y representaciones como cada día se hacen en esos teatros, con trajes y figuras que sólo verlas a provocan a deshonestidad? Dirán que porque eso es viejo y ya las tienen canonizadas los eclesiásticos y religiosos que públicamente las ven. Pues pregunto yo ¿cuál es mejor: esto viejo o aquello nuevo? No yo quién se deslizará a decir que es mejor meterse en una comedia que b entrarse esclavo del Sanctíssimo Sacramento. Pregunto más, ¿faltan vicios en España? ¿No hay logreros, jugadores, blasphemos, amancebados, adúlteros, etc., y otros millares de ellos, de que está llena la república? Pues ¿qué es la causa por qué aquello se deja y se hace tanta fuerza contra los sclavos, reformados y terceros de San Francisco?

No qué me decir, sino que debe de ser que los vicios c se guisan a nuestro modo y salen cortados a nuestro gusto, o debemos de ir a la parte, o deben de tener ya pasaporte, o por ser hidalgos no deben alcabala. Y quiera Dios no se entren frailes y hagan religiosos, porque, como estos tales son libres y esentos, parecerles ha a los vicios y peccados que, metidos en la iglesia, no habrá quien les eche mano ni los prenda. Y si la justicia es la lengua del predicador, ya se sabe que el perro no muerde a la gente de casa, aunque el dueño sea ladrón y quien quisiere. Pero, si un niño pasa por la calle cantando el avemaría, en verdad que, para que lo deje pasar, ha de ser menester un garrote. Estas son las bulas que se venden de balde. Estos son los jubileos y gracias que ganan ya todos: el tenerse no por hombre el que en su casa no pone una tabla y mesa, no de altar donde se adora el Sanctíssimo Sacramento, sino donde con el naipe y el dado se ofrece a satanás sacrificio de mill almas, con otros millares de ellos que miran el sacrificio que allí se hace, como si fuera in odorem suavitatis 29.

Pues ¿qué diremos de los cuentos de hombres que andan perdidos tras el vicio de la carne y deshonestidad, tras la codicia del dinero y tras la presumción del ser y valer? Destos vicios, pregunto yo, ¿no dijo san Juan d: Quidquid est in mundo aut est concupiscentia carnis, superbia oculorum 30, etc.? [153v] Que no habíe en el mundo qué mirar si no era deshonestos, ambiciosos y codiciosos, que estas tres maneras de gentes lo e enllenaban. Y no me espanto todos sin rogárselo tomen las bulas que valen de balde, pues f ya no hay predicador que a hombre le lleve la pena ni justicia que diga que azote y castigue. Antes pienso que todos a una les quitan la gorra y hacen reverencia como a gente grave y bien nacida, pues ya vemos que estos vicios, como denantes decíamos, nacen ya hidalgos, caballeros y eclesiásticos. De quien tanto se dolía el mismo Dios por Jeremías, diciendo y hablando a su propheta: Nonne vides quid isti faciunt? Filii colligunt ligna, et patres succendunt ignem, et mulieres conspergunt adipem, ut faciant placentas reginae caeli, et libent diis alienis, et me ad iram provocent 31. Todos van a la parte, dice Dios, padres g, hijos y mujeres; todos ayudan a la idolatría y sacrificio; los hijos van por leña, los padres encienden y soplan el fuego, y las mujeres hacen la masa y sazonan las tortas que han de ofrecer a sus dioses falsos; y de un camino hacen dos maldades, que a mí también me provocan a ira y enojo.

Notable cosa, que, haciéndose estas ofrendas h, como el mismo Dios dice, in civitatibus Juda, in plateis Jerusalem 32, le dice Dios a su propheta: Nonne vides quid isti faciunt? ¿No ves lo que éstos hacen? Pues ¿cómo, Señor, pudo el propheta dejar de verlo, si se hace en la calle y en la plaza y no hay recato en semejantes vicios y atrevimientos? Digo que no le quiso Dios decir que no lo veía, sino decirle, como acá decimos cuando a una cosa no se pone remedio que no la vemos: ¿Cómo es posible, propheta mío, si tú ves lo que pasa en las ciudades de Judea y en las plazas de Jerusalén, que no clames, que no des voces, que no gimas y clames, que no te metas por en medio de esos fuegos i y, con riesgo de tu vida y sangre vertida, los apagues? Lo propio y con grande dolor se puede decir a los predicadores de nuestros tiempos: Nonne vos videtis quid isti faciunt? ¿Cómo, padres míos, no ven lo que pasa en el mundo, que ya no hay hombre, chico o grande que sea, que no adore a su vanidad y ofrezca sacrificio a su vicio particular? Hijos y padres, todos andan en la danza, y quiera Dios no la guíe o j haga el son el que debía ser padre spiritual. Nadie hay que no entre en esta cofradía, que cuesta poco y en ellas se amasan tortas y halla la deshonestidad. ¿Cómo no ven, padres míos, que non est qui faciat bonum, non est usque ad unum 33?

Apenas se hallará uno de la parte de Dios que de veras lo busque, como dice Elías 34, porque todos los demás son prophetas falsos que hincan [154r] la rodilla al dios Baal. Que, aunque es verdad le descubrió Dios habíe muchos que en secreto no estaban tocados de esta peste, pero harta lástima era que lo público fuese tan malo que de lo que veía el propheta dijese: Relictus sum ego solus 35. Y que los otros anduviesen tan a sombra de tejados que, siendo del propio officio el propheta sancto, no se atreviesen a se le descubrir y que fuesen necesarios los ojos de Dios para que los sacase a plaza. Esta es la lástima que hoy corre, que lo que se ve son peccados y peccadores, gente que hinque la rodilla a dioses falsos: unos que adoren y reverencien el dinero, otros que hinquen la rodilla a la soberbia y ambición, y otros que profesen por su vida el vicio de la carne; y que esto sólo sea lo que haya en el mundo, no secreto sino público, pues públicamente se sabe quién son los que pretenden, cuáles son los logreros y cuáles las casas públicas; y que, con todo eso, estén los ojos quebrados de los que, a costa de su vida y sangre, habíen de ser esas cosas remediadas.

Y no habiendo, como dice David, qui faciat bonum, usque ad unum 36, este uno ha de ser perseguido, afrentado, murmurado y deshonrado. Que parece la fábula que los otros fingían, cuando las bestias y animales se juntaron a saber la causa y quién tenía la culpa por qué no llovía, causa de que no hubiese yerba en los campos que pudiesen pacer. Juntos todos, nadie se atrevió a decir que el león, porque, al tiempo del echar el juicio, enpezó a mostrar sus dientes y garras. Lo propio hizo el oso, el tigre y los demás animales de rapina. Los que así no eran fuertes, sino astutos, con sus astucias se escusaron. Vieron el asno apartado, atado a una estaca en un prado y que no hablaba. Salió la zorra y hízose fiscal y dijo que el jumento tenía la culpa, porque, siempre que pasaba su amo con él al molino, daba un bocado en el trigo ajeno k y que era una mala bestia que rebuznaba a deshora y de noche y los inquietaba y no dejaba dormir. Como el jumento no es animal que sabe altercar y porfiar ni aun defenderse, dieron todos tras él y comiéronselo a bocados. Ea, pues, padres míos, ¿cómo no miran los peccados del mundo, causa por qué Dios no llueve las antiguas misericordias y mercedes spirituales que solía hacer a su pueblo? ¿Cómo no ven tantos peccados y abominaciones? ¿Cómo? ¿Quién se ha de atrever a poner la lengua en los que pretenden, que son leones y poderosos? ¿Quién en los que tratan [154v] de codicias, que son astutos? ¿Quién en los deshonestos, que son agradables? Vengan a juicio los esclavos, parezcan los reformados y terceros, que ellos, como borricos de carga mansos y humildes l, sufrirán la sentencia. Póngaseles cargo, veamos sus delitos. El cargo principal es que se llaman sclavos del Sanctíssimo Sacramento y que dicen unos hombrones la doctrina cristiana por las calles. Mueran, pues comen los unos el pan que está vedado para los malos y los otros lo pregonan por las calles para los buenos. Mueran, por noveleros e inventadores de sanctas y buenas costumbres, por descubridores de nuevas Indias y porque, como la otra mujer prudente y solícita, barren las iglesias para que los tibios y flojos hallen a Dios en el sacramento m, que por su descuido de vida lo perdieron.

§ 5 [Formas nuevas para virtudes antiguas que estimulan y alimentan el espíritu decaído]

De manera que a novedad se reduce toda la culpa que tiene esta gente. Pregunto yo ahora ¿qué será la causa por qué en el mundo se inventan tantos potajes, tantos guisados, salsas y sainetes en la comida y regalo de los hombres? Diránme que por la flaqueza de la naturaleza humana, que está ya desganada, caída y sin gusto, que es necesario dispertarlo con mill invinciones, como se hace a los enfermos con recetas y consultas de médicos. Yo quiero conceder eso y no atribuirlo ahora a glotonería, enbriaguez y gula, en que los hombres querían siempre tener el apetito dispierto para siempre comer; y si Dios no les diera tan chico estómago y pequeño vientre, asolaran en el mundo a en materia de comidas en dos días, según lo poco que dejan reposar y descansar el apetito y gusto de comer. Digamos que la causa es enfermedad.

Pues pregunto yo, sin alargarnos ni traer para su prueba lugares de la Scritura, ¿qué apetito está más postrado por tierra, más amortiguado y dormido que el spiritual? ¿Quién hay que ya coma y use del manjar que buscaban los sanctos para satisfacer sus deseos? ¿Quién hay que busque las cuevas y desiertos antiguos? ¿Quién que guarde las abstinencias pasadas y haga las penitencias que hacía un Jerónimo, un Hilario y un Antonio, que tenían asombrado el mundo? ¿Quién hay que arrostre pies descalzos, cilicios secretos y devociones públicas? Nadie, por cierto, quia non est qui faciat bonum, non est usque ad unum 37. [155r] Pues, si esto es así, qué mucho que las cosas viejas y trato antiguo de Dios se b guisen con modo nuevo y busque salsa y sainete diferente que el antiguo, para que dispierte el gusto. Harta lástima es que, para que el otro haya de recebir el Sanctíssimo Sacramento a menudo y con devoción, se haya de entrar esclavo, y que los demás, como si no fueran de casa, no han de acudir por su ración sino de año a año, como si esta comida no fuera sino para los sclavos; y que para visitar los pobres sea necesario ponerse uno el hábito tercero de San Francisco, como si las obras de misericordia no obligaran c a los cuartos y quintos del mundo, pues vemos que ya se tienen por afrentados los que con vestido de seda andan d entre pobres.

La olla que puso el propheta Eliseo e, con f coger las yerbas que le habíen de echar g uno de sus compañeros que bien sabían, al tiempo de comerla, dieron voces y dijeron: Mors in olla, vir Dei; varón de Dios, la muerte está en la olla. Y fue necesario que el sancto propheta le echase unos polvos de harina y la guisase de otro modo para que la pudiesen comer 38. Esto hallo yo en las cosas de Dios, que ya nos amargan tanto que nos parece que comer las yerbas antiguas de los sanctos, hacer sus penitencias y mortificaciones, que nos ha de dar la muerte, pues vemos que nadie hay que coma esa olla y arrostre ese guisado. Y que es necesario dispierte Dios nuevos prophetas que guisen diferentemente y les echen polvillo de harina a la mortificación y penitencia para que haya quien la haga. Así vemos que en nuestros tiempos lo ha hecho Dios y lo hace cada día, puniendo nuevos cebos en las cosas que a él más le agradan, para que con gusto se abracen h.

Pregunto yo ¿qué significó en nuestros tiempos enviar Dios a la sancta Madre [Theresa] de Jesús, haciendo extraordinarios potajes de oración, recogimiento, penitencia y mortificación? ¿Esto no fue dispertar el gusto de muchos, que ya tenían olvidados esos exercicios? Sí, por cierto. Y bien lo vemos por experiencia, pues guisó tan bien y le dio a esas cosas tal punto, que son innumerables los religiosos y religiosas que se sustentan con esos manjares y los que se sientan a esa mesa; y aun otros muchos, invidiosos, han querido aprender a hacer la salsa y no les va saliendo mal. ¿Qué significa en la orden de San Francisco tantas reformas, unos descalzos, [155v] otros recoletos, otros capuchinos y, en Italia, otros con nombre de reformados? Pregunto yo ¿todos no guardan una regla y un instituto? Sí, sino que al guisado se le añade un polvillo de harina. Las propias yerbas son, pero aquel capucho, aquel remiendo de las spaldas, aquellos pies descalzos y ojos bajos son unos polvillos que guisan y saborean y dan tan lindo i gusto a la vida y costumbres de san Francisco que, si en la observancia habíen de entrar cuatro frailes, en todas sus reformas entran cuatrocientos.

Eso propio tiene el nombre de sclavos y terceros, que muy poco añade en lo esencial, pero dispierta el gusto solo ese nombre, para que por el nombre siquiera sepa yo y me acuerde de lo que en el baptismo se me imprimió y que tengo de corresponder a quien soy; y también se le represente a Dios, cuando a menudo un hombre lo fuere a recebir, que somos sclavos propios, que no hemos de ir a casa ajena a pedir pan ni buscar el consuelo spiritual en las criaturas, sino en el criador que en esta mesa se nos da. Quédese la explicación del officio de los sclavos para cuando Dios sea servido.

Y concluyamos con decir que sus novedades paran en nuevos guisados, con que dispiertan su tibieza y flojedad. Y si esto que se añade, como hemos dicho, no es sino un polvillo de harina y cuestión de nombre, como dice el que de ellos murmura, paréceme sería ignorante el que de una comida dijese mal porque al pavo le trocasen el nombre y a la gallina la disfrezasen las pechugas con rajas de tocino y a la perdiz porque la lardeasen con manteca y al guisado porque le echasen azafrán. Pues el sabor no está en el nombre ni el color, come y calla y deja comer a los otros, y no quieras ahogarte con el lardeado de la perdiz y con el azafrán de la olla, que te dirán que eres melindroso y sabes poco de convites. Bueno será que, si el esclavo del Sanctíssimo Sacramento por lo menos es tan buen cristiano como los otros, porque se llamó esclavo me ha de ahogar j a mí el nombre de sclavo y, como si fuera clavo de hierro, me ha [156r] de atravesar la garganta para que yo no pueda pasar el que con este nombre recibe el Sanctíssimo Sacramento; y porque el mercader se puso una sotanilla y capa frailescaconcediéndole que se es el que se era—, porque vino lardeado y de otro color, tengo de murmurar de quien antes callaba.

§ 6 [Respuesta a quienes tachan de incoherencia a los esclavos del Santísimo Sacramento porque no siempre acompañan al Santísimo por las calles]

Pónenles otro capítulo a los sclavos del Sanctíssimo Sacramento —no quiero más de apuntarlo y dejarlo para otro tiempo, siendo Dios servido—: que un día en Toledo gastaron 300 ducados en una fiesta y que otro día salió solo por las calles, con sola una luz que llevaba un pícaro. Digo a esto último que, en las casas de los reyes, toman el ser y dignidad a no de lo que antes eran, sino del officio que se les dio, de suerte que, si su majestad a un villano le hiciese su camarero, no lo podríamos llamar villano, y si a un hombre bajo lo hiciese de su boca, no lo habíamos de llamar picaño. Pues aun vemos que en una comedia, por el rato que uno representa b y hace una figura de un rey, se llama rey c y, si figura de sancto, sancto. No me parece bien llamar pícaro al que acompañó en aquella ocasión el Sanctíssimo Sacramento y llevó la luz. Y me parece a mí, si supiéramos quién era, le habíemos de ir todos a besar los pies por d la buena dicha y suerte que le cupo de que, saliendo Dios solo y disimulado, echó mano de él. Que ésas son las ocasiones en que los grandes suelen hacer grandes mercedes, cuando por su gusto y mandado, habiéndose absentado todos sus criados, ofreciéndosele de repente una necesidad, por acudir a ella el barrendero de la casa, se suele quedar en el tal officio a que acudió.

Lo propio le sucedió al papa Clemente octavo e siendo cardenal, que, estando en una viña holgándose, no hubo ninguno de sus criados que le hiciese cierto servicio, acudiendo el viñadero y hortelano. Después en pago de eso le hizo tantas mercedes que, por morirse antes de tiempo, no se le dio capelo y era una de las personas más graves que habíe en Roma. Si este modo de agradecimiento tienen los hombres con quien los sirven, ¿por qué tengo yo de llamar picaño a quien lleva una luz y hacha del Sanctíssimo Sacramento en tiempo que todos faltan? Si el officio hace los hombres en las casas de los reyes, ¿por qué ha de tener por nombre pícaro quien alumbrando el Sanctíssimo Sacramento hace officio de un Baptista? Llámolo yo dichoso por la buena ocasión que tuvo. Y si las pagas de Dios [156v] en este mundo no son de títulos y nombres de grandes, sean de humildes y despreciados, que ésos son los poderosos delante de los ojos de Dios y sus pagas serán secretas.

A lo primero que decía, que el Sanctíssimo Sacramento se salió solo y que no venía bien haber gastado el día antes 300 ducados y luego dejarlo a solas por las calles, y que los buenos esclavos con tiempo y sin tiempo han de acompañar a su Señor, bien dice si Dios fuera como los señores de la tierra y los sclavos como los que lo son de los hombres. Porque estos señores, a costa de la vida y salud de sus siervos y esclavos, quieren parecer con majestad y grandeza y no reparan de vender los siervos y esclavos a trueco de parecer como quieren en sus gastos y gustos, de suerte que todo va enderezado a hacerse ellos señores y deshacer los sclavos. Pero es al revés en la casa de Dios, donde los sclavos son hijos quia ex Deo nati sunt 39, y las fiestas y grandezas de Dios son y las tiene en hacer a sus siervos y esclavos a costa suya, derramando su sangre y deshaciéndose él propiosemetipsum exinanivit formam servi accipiens 40—, para solo redimir y librar los que estaban detenidos y presos debajo de la sclavonía del peccado 41. Y puesto caso que esto es así, que a nosotros nos busca Dios y a nosotros nos pretende hacer y enriquecer con sus obras, no repara Dios f en salirse solo y que el sclavo descanse y acuda a las cosas del cuerpo, si del día antes por servirle quedó cansado o menoscabado, que él se irá solo a visitar los enfermos.

Válame Dios, ¿es nuevo quedarse un rey solo después de haber comido, mientras sus criados comen y descansan, que no son cantos y de piedra g, buscando en semejantes ocasiones, en el entretanto, en qué ocuparse? Si esto hace un hombre de carne, por ser humano y no tener con sus siervos y esclavos entrañas crueles, ¿por qué se lo hemos de negar a Dios y querer que, porque el otro se hizo sclavo, esté de noche y de día delante del Sanctíssimo Sacramento, sin comer ni beber, pues Dios nos hizo necesitados de esas cosas? Es Dios muy amoroso y muy cortesano y sabe muy bien, mientras sus sclavos se ocupan en sus menesteres, irse solo a casa de un enfermo y ocuparse y entretenerse con un doliente y desconsolado h.

Si los preceptos positivos de la Iglesia, como son oír missa y guardar las fiestas, no obligan con detrimento de la salud y hacienda, ¿por qué el officio de tercero y esclavo [157r] ha de obligar, sin ser voto ni precepto, a lo que, moralmente hablando, no es posible? Y si lo que hicieron los sclavos del Sanctíssimo Sacramento aquel día gastando su hacienda en hacerle fiestas y dejarlo otro día solo acudiendo a sus haciendas no es bueno, tampoco lo serán las fiestas principales del propio día, cuando la Iglesia sale de madre, y otro día cesa, descolga sus paredes, y tornándose a su ordinario i.

Digo más, que bien se sabe que todos los antiguos han puesto la grandeza de los príncipes y reyes en dos cosas: en mostrar a su tiempo majestad y grandeza para ser temidos y reverenciados de los suyos y a su tiempo ser humanos, afables y tratables de los suyos. Exemplos de esta verdá hay infinitos scritos en historias humanas de los enperadores y poderosos que mandaron el mundo y en los reyes antiguos del pueblo de Dios. En nadie de ésos pongamos exemplo. Sólo lo pongamos en Cristo, a quien san Juan lo llama j Rex regum et Dominum dominantium 42; que fue rey verdadero. Y es el que solo supo de veras enseñar cómo los reyes habíen de ser reyes; y, entre otras cosas que enseñó, una fue la que vamos diciendo, que sabía muy bien juntar estas dos cosas: majestad, grandeza, llaneza y afabilidad. ¡Qué mayor grandeza que en su nacimiento se descolgasen tantos millares de ángeles por esos aires 43, que trujese pastores 44 y reyes 45 que le adorasen en k un pesebre y en los brazos de una doncella! ¡Qué mayor llaneza y afabilidad que escoger padres pobres y nacer en un establo, solo, en compañía de bestias 46! ¡Qué mayor llaneza que dejarse tentar de un demonio 47! ¡Qué mayor grandeza que venir ángeles del cielo a administrarle la comida 48! ¡Qué mayor majestad que la que metió en Jerusalén el domingo de ramos 49 y qué mayor humildad que querer quedarse luego solo y necesitado de volverse a Betania 50 a tener quien le hospedase l! Toda la vida de Cristo fue de esta manera.

Bien haces, Dios mío, véante los hombres en majestad para que te conozcan y teman, y véante tus siervos y hijos humildes manso y humilde para que así acudan. Que, cuando los llamabas diciendo 51: Venite ad me omnes qui laboratis et onerati estis m, no alegaste tu majestad y grandeza, sino tu mansedumbre y humildad, para que ésa nos quitase el temor desordenado y cobardía y nos diese osadía y atrevimiento para tratar contigo. Si siempre, Señor, te viéramos como te vido san Juan en el Apocalipsi, subido en un caballo, los ojos despidiendo centellas y en la boca una espada 52, pocos acudieran a ti y pocos, con la esposa que habíe gustado de la suavidad y dulzura de tus pechos, pidieran beso de tu boca 53, porque temieran los habíes de herir. Pero es muy ordinario verte de pies a cabeza con mill gracias y donaires, como la esposa te pinta 54; y en tus labios gracia derramada, como David dice 55.

¿Quién no se ha de llegar a aquel que, si en el nombre que le [157v] ponen sobre la cruz de Rey de los Judíos atemoriza y asombra, viéndolo desnudo, pobre y bajando la cabeza, con que a todos nos llama y aguarda los brazos abiertos, no se ha de llegar? Bueno fuera que tuviéramos a Dios siempre, como los hebreos lo tuvieron en el monte Sinaí, despidiendo truenos y relámpagos con fuego n, humo y trompeta, para que dijéramos: Non loquatur nobis Dominus 56; es necesario que venga en columna de fuego y en nube fresca, como después se dio a los propios hebreos 57, para que a los tibios y helados caliente en la noche y a los fogarosos refresque en el día. En verdad que, si siempre le hubiéramos de hacer fiestas al Sanctíssimo Sacramento, que no gozaran de él sino los grandes y poderosos, que sólo vienen al son de las danzas y comedias, porque los sclavos en esos días harto hacen que servir y los pobres que apartarse afuera. Es necesario que se quede Dios solito en su casa para que nadie oiga los gemidos de la pobrecita que se pone detrás de la puerta y para que no haya quien llame temulenta y borracha a la que con voces y suspiros pretende alcanzar remedio de sus trabajos, como hizo Elí a Ana, madre del gran Samuel 58. Es necesario, pues este Dios y Señor es rey de reyes, que enseñe en el sacramento o cómo lo han de ser los que lo pretenden ser, que no todo ha de ser majestad y trono, no todo asombro, cetro y corona. Ha de haber días de llaneza y afabilidad, días de soledad en que a solas se trate, sin ruido ni inquietud, con los sclavos de casa y siervos que le han pretendido agradar.

Bien veo yo que es bien que los hombres acompañen el Sanctíssimo Sacramento cuando lo ven salir solo, pero, si por el tiempo o la ocasión saliere solito en manos de un sacerdote p, derrítase nuestra alma en amor de este gran Señor, que es tan grande el amor que nos tiene que nos trata tan por suyos que se quiere andar solo entre nosotros, haciendo confianza de nuestra buena fee y cristiandad. Mill gracias te doy, Señor, que sea España tan tuya y tan de amigos que no sea necesario que salgas cada día armado y acompañado para tu defensa de esclavos q; y que ésos sólo los quieras para adorno de tu casa y persona y para bien de las suyas. Allá en Ingalaterra, donde tú, Señor, andas, como dicen, a sombra de tejados, donde, si hubieras de salir en público, fuera [158r] necesario tu Padre te diera legiones de ángeles 59, allí bien entiendo yo no hubiera descuido en r tus sclavos y no te dejaran un punto, pero en España, donde todo es paz y regalo suavíssimo de este soberano sacramento, salid, Señor, mucho de enhorabuena solo mano a mano con vuestra s sposa, idos al campo y entraos en los jardines a coger rosas y flores 60, que no habrá quien os lo estorbe.

Nuestro rey tiene en España muchos soldados, cuantiosos, a quien da título y nombre de capitanes, alférez, soldados, y concede muchos previlegios. Y éstos ahora nada hacen más de aguardar t su tiempo, cuando su rey les mandare salir a la guerra, defender su persona; y que sepa el enemigo que tiene soldados y gente de repuesto que a su tiempo ha de hacer de la suya. Lo propio hace el Sanctíssimo Sacramento, que quiere tener soldados y gente de repuesto que tengan nombre de esclavos y que gocen de muchos previlegios que el papa les ha dado, para que, estándose ellos quietos y sosegados, sepa el hereje que está Dios ya prevenido, si quisiere venir acá a hacer algún desacato o atrevimiento contra este divino Sacramento, que tiene quien lo defienda y vuelva por su honra. Yo confieso que me holgara que echaran por acá alguna de aquella gente que, entre infieles y que como u gallos en su muladar, cantan contra este sacramento, para que quien desea saber qué son esclavos del Sanctíssimo Sacramento, lo vieran en las manos y en las obras, que no se podía aguardar menos de tantos príncipes y reyes como cada día entran en esta congregación y esclavitud.

Ea, padre mío, el que contra esto habla, quítese de cuentos, diga que no lo decía por tanto; métase esclavo, que de balde se dan las bulas y a solo Cristo le costaron su sangre v el hacernos a nosotros sus sclavos. Eso es lo que hace al caso, seamos amigos, háganse las paces, pues todos somos siervos de un Señor, comemos y bebemos a una mesa. Y si no quiere llamarse sclavo, llámese caballero de Cristo, que también hace caballeros y nobles este sacramento. No se asombre y espante del nombre de sclavo, pareciéndole es nombre de zumbido campanudo y portentoso. Y no sea como los tordos del campanario w y los grajos que crían en la torre, que, sólo porque oyeron dar una campanada, van todos huyendo dando mill graznidos, como si fuera ruido de escopeta o de tiro de bronce x que mata, siendo campanadas que llaman a missa. Todo el zumbido del nombre de esclavo para en que todos acudan cada mes a recebir [158v] el Sanctíssimo Sacramento, que ni es ruido de arcabuz o tiro de bronce que mata para que, oyéndolo decir, nos subamos a los púlpitos a dar mill graznidos, como si estuviéramos heridos de la campanada que da el esquilón que tañe al Sanctíssimo Sacramento.

Y si los que se suben en los púlpitos son verdaderos hijos de Dios, sólo se deben dar por ofendidos de los peccados y abominaciones del pueblo y república; que éstos eran los que le quitaban el sueño e inquietaban a David para que de noche no diese reposo a su cuerpo, levantándose a perseguir los soberbios y a los que hacen y hablan maldad 61. Y a san Pedro lo que le mandan comer en aquella visión que tuvo en los Actos de los Apóstoles 62 fueron muchos animales ponzoñosos que venían envueltos en una sábana, dando a entender a los predicadores y prelados que los peccadores y malos, representados por aquellos animales, han de ser los que han de traer entre los dientes, moliéndoles los güesos y guisándolos de suerte que puedan ser manjar de Dios; que sean avestruces y aves de rapiña, que se sustentan con caza del monte y hierro encendido. Que por eso la esposa comparó a su esposo al ciervo y cabra montés 63, que es ligero, para que sepan los peccadores que no se le han de ir a Dios por pies. No deben ser los predicadores como papagayos enjaulados, que se sustentan con almendras mondadas, o como las ardillas que las damas train en la manga o perrillo de falda, que no comen sino piñoncitos y higos blancos; o como los aviones y vencejos, que toda su caza es de moscas y. ¿Qué han de decir los que oyeren que, en un púlpito tan grave como el de Toledo en la iglesia mayor, se subió un predicador z y que no trató ni reprehendió sino el título y nombre de sclavos del Sanctíssimo Sacramento, del hábito de los terceros y doctrinas de las calles, sino que es papagayo, ardilla o perrillo de falda o avión, que se sustenta con moscas, y que no le cabe en su ánimo reprehensión para un a amancebado? Y quiera Dios no haya quien diga que es cuervo, que se sustenta con los ojos, que es la parte mejor del cuerpo; y así podrían decir los que oyeren que se reprehenden cosas que por los papas están dadas por cosas de virtud.

§ 7 [Sobre el nombre de esclavos del Santísimo Sacramento]

El exemplo que se trai contra los nombres de sclavos del Sanctíssimo Sacramento no se debe admitir. Dice que los philósophos [159r] antiguos usaron de nombres peregrinos, extraordinarios y de zumbido, trayendo por autor a san Justino mártir 64 y de otros muchos reyes que dice san Jerónimo 65 tomaron nombres portentosos y propios de gigantes y de libros de caballerías a. No quiero meterme en el propósito a que los sanctos hablan en semejantes ocasiones. Sólo decir cuatro palabras de este nombre de esclavo del Sanctíssimo Sacramento. Este es nombre de humildad y no de gigante, sino el nombre más desechado que hay entre los hombres; y jamás echaron mano de él los que fingieron b mentiras y fábulas. Ni es nombre nuevo c, peregrino o extraordinario, porque d el gran patriarcha Joseph, que fue quien proveyó a toda [la] tierra de Egipto de pan y sustento, figura de este sacramento, y Joseph retrato de Cristo, sclavo fue y fue vendido de sus hermanos 66. Y el mismo Cristo, que lo instituyó, también fue vendido y entregado por sclavo por treinta dineros 67 para que los judíos lo tratasen a su querer y voluntad.

La benditíssima Virgen, en el punto que el ángel le dice cómo el Padre eterno la scogió por custodia y sagrario de este divino pan, se llamó sclava diciendo: Ecce ancilla Domini 68. Y por consiguiente, Cristo Redentor nuestro por ser su hijo ha de ser sclavo, porque las leyes dicen que partus sequitur ventrem, que el parto ha de seguir el vientre, tanto que si e una esclava concibe de un duque, el hijo ha de ser sclavo porque lo es la madre. Cristo es hijo de Dios y hijo de la Virgen y, siendo en cuanto hijo de Dios igual con el Padre, es fuerza ser esclavo porque la Virgen f su madre por tal se entregó. De donde entenderemos por qué Cristo de ordinario se llamaba filius hominis, quia partus sequitur ventrem g. Y san Juan Baptista, precursor y compañero de Cristo, dijo que no merecía el ser sclavo, diciendo: Cuius non sum dignus corrigiam calciamenti solvere 69, que es el officio de los sclavos y siervos. Y los apóstoles, predicando por el mundo, era eso de lo que más se preciaban, de ser tenidos y tratados por siervos y esclavos, pues, guardando el nombre de apóstoles, ése era el de las fiestas y el que manifestaban a los hombres, diciendo san Pablo 70: Paulus vinctus in Domino. Y el que tenía no sólo el nombre, sino la S y el clavo, pues dice h: Ego stigmata Domini [Jesu in corpore meo porto] 71. Y en otra parte dice 72 que no tiene de qué gloriarse sino de la cruz de Cristo, que es el hierro de sus sclavos. Y lo que más se alaba en un Francisco es el haberle Dios hecho de su hierro imprimiéndole sus llagas. Y hoy vemos que los papas se llaman siervos de los siervos del Señor. Pues ¿por qué ha de ser afrenta llamarse sclavo del Sanctíssimo Sacramento? La Iglesia ¿no pone a los hombres y mujeres los nombres de los sanctos, llamando a unos Pedros, Juanes, Franciscos y a otras, Marías, Anas, Ineses? Pues ¿por qué ha de ser lícito poner y tomar el nombre propio i de los sanctos y no el nombre de sclavos, de que tanto se preciaron?

Y más, que este nombre de sclavos viene con el nombre que en el baptismo profesamos y juramos, según aquello de san Jerónimo 73, Ad Heliodorum, De vita eremitica: Recordare tyrocinii tui diem, quo Christo in baptismate consepultus, in sacramenti verba jurasti. ¿Quieres [159v] ver tus obligaciones? Vuelve los ojos atrás y hallarás que en el baptismo, negando al demonio y al mundo y sus vanidades, heciste voto solemne de ser sclavo de Cristo; y así te estampó sus armas. Pues, si ser esclavo en el baptismo es la honra que un cristiano tiene, ¿en qué consiste la deshonra de llamarse un hombre lo que es y confesar con la boca lo que de voluntad profesa? Pregunto yo al que profesó ser sclavo en el baptismo j ¿no le cai más a pelo llamarse sclavo del Sanctíssimo Sacramento que no llamarse Guzmán, Mendoza, Sandóval, etc. k? Pues este nombre tanto es más honrado cuanto más le costó a Cristo que a los hombres el nombre que ellos ponen en sus armas y escudos.

Si es verdad, como dice Laurencio Justiniano, De casto connubio verbi et animae, capitulo 10: Cuncta [Deus] reliquit [incerta] hominum merita, ut unus non intumescat prae alio 74; conócenos Dios muy bien y, porque no nos engriamos ni desvanezcamos, guardó para sí solo el saber nuestros méritos y deméritos, que acá no sabemos cosa, pues pregunto yo ¿quién más y mejor puede tapar l y encubrir la grandeza de las obras del cristiano y justo m que este nombre de sclavo? ¿No es n ésa o la capa que la Virgen arrojó encima p a las alabanzas que el ángel la dijo, llamándola llena de gracia y amiga de Dios y bendita entre todas las mujeres? Sí, por cierto, que q no halló con qué mejor encubrir semejantes grandezas que con decir: «Veis aquí la sclava del Señor» 75. Lo propio r enseña Cristo por san Lucas, capítulo 17, n.10, a sus discípulos: Cum feceritis omnia quae praecepta sunt vobis, dicite: Servi inutiles sumus. Si alguna vez, dice Cristo, os viéredes tan ricos que cumpliéredes s como debéis lo que vuestro amo y señor os ha mandado, tapaldo y encubrildo con llamaros siervos inútiles, diciendo t: Quod debuimus facere, fecimus. Si esto es ansí, que Cristo da por capa y cobertura de las buenas obras el considerar un hombre que, como siervo, tenía obligación a cumplir todo aquello, ¿cómo es posible que este nombre de esclavo u descubra lo que Dios tiene encubierto en él v y guardado para sí? Y si, como w dice el propio autor x, los méritos y deméritos los tiene Dios escondidos y guardados, ¿cómo sabe, quien contra los sclavos del Sanctíssimo Sacramento predica, que fulgent coram hominibus et foetent Deo? Si eso está secreto a solo Dios, estando por de fuera el nombre de sclavo que resplandece, ¿por qué no hace el que lo ve el officio de la oveja y abeja, que para hacer su miel y dar su leche [160r] sólo se aprovecha de las florecillas y yerbezuelas de encima y? ¿Para qué quiere ser como el lechón, animal inmundo que se quiere sustentar con las raíces escondidas debajo de la tierra y hozar los prados frescos z y holgarse revolcándose en el cieno? ¿Para qué quiere ser hombre cimenterioso, sepulturero, descubridor de lo que está secreto en las sepulturas para solo Dios, pues cuncta Deus reliquit incerta hominum merita a? Y si nuestros esclavos no son de éstos, sino de los segundos, que en su autoridad dice Laurencio Justiniano, diciendo: Sunt qui apparent damnabiles, et tamen omnipotenti Deo sunt b charissimi, de éstos no se puede murmurar c, porque toda nuestra felicidad está en ser amados de Dios.

Concluyamos que el servicio que hoy hace la Iglesia y, en particular, la religión donde estas congregaciones se fundan, es el mayor que le ha hecho en materia de festejarle a Dios d y dedicarle fiestas. 3 e Regum 10, dice la Scritura: Non sunt allata ultra aromata tam multa quam ea quae dedit regina Saba regi Salomoni 76. Que, aunque es verdad que a Salamón le habíen hecho grandes ofrecimientos y presentes, ningunos llegaron a los que le trujo la reina de los negros, que fue la reina de Saba, porque le trujo muchedumbre de inciensos aromáticos de precio y de valor. Yo veo que muchas iglesias hacen y han hecho grandes presentes al Sanctíssimo Sacramento: unos le ofrecen músicas, otros danzas y representaciones, otros versos y epigramas; otros cuelgan y barren sus iglesias. Todo calle el día de hoy con los presentes que algunas iglesias y religiones hacen en particular, que, como reinas y señoras de negros, le ofrecen sclavos a Dios, que con rendimiento le sirvan. Negros, digo, en lo exterior y desprecio que tienen en sus personas, que blancos son en las almas, pues con este divino pan las pretenden jabonar. Ofrécele esta reina al que es más que Salamón inciensos aromáticos f in odorem suavitatis 77. Ofrécele corazones de hombres, que es por quien en el cielo los ángeles se regocijan. Procura quemar en aquel fuego encendido del Sanctíssimo Sacramento spíritus contritos y humillados 78, para que los ángeles se asombren viéndolos subir, como de la sposa dijeron: Tamquam virgula fumi ex aromatibus myrrhae et thuris 79; como una varilla de humo; o como la lección hebrea dice, sicut palma fumi. Sube como una palma y humo, que fue decir que, por haberse deshecho en la mirra e incienso de la mortificación y vuelto humo, dio olor g y muestras de grandeza, como lo hace la palma; y h siendo delicada, como la varilla del humo, alcanzó las victorias que se coronan con la palma.

Dichosos son [160v] los sclavos del Sanctíssimo Sacramento en el deshacerse en estas ocasiones, sirviendo al Sanctíssimo Sacramento, que, aunque los comparamos al humo, no al que se deshace por quien son significados los peccadores, de quien dijo David i: Sicut deficit fumus, deficiant peccatores 80, etc., sino como el humo que, por ser de inciensos olorosos, se vuelve palma, eternizando sus nombres en la palma j con nombres deshechos de sclavos. No son como el humo que ennegrece y afea, sino como el que da suave olor, pues ellos son los que adornan y hermosean las fiestas en estas ocasiones, ni como el que hace llorar a quien lo mira, pues el día de hoy se llevan los ojos de los ángeles del cielo.

§ 8. Prosíguese la propia materia. [El crecimiento
de la Iglesia]

Compara Cristo a su Iglesia a un granillo de mostaza que, sembrándolo un hombre en su haza, creció tanto que vino a ser árbor donde las aves del cielo vinieron a hacer sus nidos. Comparóla también a una poca de levadura que una mujer sconde y mete entre mucha masa para que la sazone, Mathei 13, n.31 81. Todo esto para mostrarnos Cristo los pequeñitos principios de la Iglesia a y las grandes creces que después habíe de tener con la publicación del evangelio, creciendo aquel granito de mostaza su poco a poco en árbor grande y aquella poquita levadura de doce apóstoles engocase 82 y ampollase toda la masa de la Iglesia.

Estos principios y creces de la Iglesia estuvieron bien figurados en aquella vista que de la sposa de Dios tuvieron el coro de las doncellas cuando, viéndola subir y levantar en alto con pasos apresurados, dijeron: Quae est ista quae progreditur quasi aurora consurgens, pulchra ut luna, electa ut sol, terribilis ut castrorum acies ordinata? 83 ¿Quién es esta que se levanta y sube como una mañana, hermosa como la luna y escogida como el sol y terrible como un scuadrón bien ordenado de fuertes soldados? San Gregorio papa 84, Beda 85 y Teodoreto 86 entienden estas palabras de la Iglesia sancta, la cual, viéndola crecer y levantarse de tan cortos principios a tan subidos progresos, la sinagoga asombrada dijo: Quae est ista quae ascendit sicut aurora consurgens?, etc. Las cuales palabras con su admiración [161r] son muy conformes a la visión que san Juan tuvo en el Apocalipsi, capítulo 12, n.1, donde dice: Apparuit signum magnum in caelo: mulier amicta sole et luna sub pedibus eius, et in capite eius corona stellarum duodecim. Las cuales palabras están suficientemente probadas entenderse de la Iglesia, pequeña y cuando enpezaba. Así lo dice el padre maestro fray Ponciano Basurto en el sermón que predicó de este evangelio; y que así se entiende del testo y conexión de las palabras del capítulo precedente.

No sin grande propiedad entienden las palabras que de los Cantares hemos dicho los doctores sagrados de la Iglesia, comparándola a la subida de la mañana, hermosura de la luna y claridad del sol. Fue como una mañana que sube porque, en medio de las persecuciones y trabajos, en medio de la sangre derramada de innumerables mártires, fue derramando y esparciendo sus rayos y levantando su luz, dejando atrás la noche de la infidelidad e idolatría. Estos pasos y progresos son los que comparan progressui surgentis aurorae, quae post noctis tenebras paulatim suum difundit lumen, rubro roseoque colore conspersa. Mañana que sube y se acerca, porque aguardan aquel dichoso tiempo en que, convertida la gentilidad b, sosegadas las persecuciones, se llegaba aquella dichosa paz que tuvo después de la conversión del c enperador Constantino.

Compáranla también a la luna cuando, creciendo en nuestros tiempos y pasado por en medio de las tinieblas y obscuridad de las herejías e ignorancias de un Arrio, Sabelio, Macedonio, Apolinar y otros muchos, se aparece el día de hoy en nuestra Spaña d como luna llena y hermosa. Y así dicen los que la miran pulchra ut luna, hermosa como la luna, porque la que en otros tiempos, por causa de las tinieblas que habíe en el mundo, no parecía, ya se ve pulchra ut luna. Compáranla a la luna porque, así como la luna tiene su luz y resplandor del sol, de esa misma suerte la Iglesia la tiene del verdadero sol de justicia, Cristo. Como Ruperto dice en la visión que san Juan tuvo en el Apocalipsi de aquella mujer que estaba cubierta con el sol: Extunc dicitur «amicta sole», ex quo Christum verum justitiae solem accepit 87. Que es lo propio que san Pablo dice 88: Per quem accepimus gratiam et apostolatum. Y san Juan: Erat lux vera, quae illuminat omnem hominem venientem in hunc mundum 89, etc., et lux in tenebris lucet 90. Alumbró este sol nuestras tinieblas y dejó nuestro mundo hecho día y nuestra [161v] Iglesia hecha sol y llena de luz y resplandor.

Tiene la luna otra cosa y es que crece y mengua, pero lo que mengua por una parte crece por la otra, de suerte que, cuando mengua la parte superior, crece la inferior y al contrario. También la luna tiene unas manchuelas en medio, que, aunque algo pardas, no le quitan su resplandor ni por eso pierde su hermosura. Esto tiene nuestra Iglesia sancta, que, siendo toda una esta Iglesia y aquella de que gozaron los patriarchas y profetas, siendo toda una fee salvo que la que ellos tuvieron fue de Cristo venturo y la nuestra de Cristo ya venido, a aquélla llamamos Sinagoga y a ésta Iglesia católica, y como fue menguando aquella parte se fue enllenando y creciendo la nuestra, de suerte e que hoy se aparezca como luna perfecta. Que es lo que nuestro predicador dice, alegando al gran Metodio 91, que, por la luna que tenía la mujer del Apocalipsi a sus pies, entendió f la Sinagoga y su caída. Ascendit, dice, haec super lunam, quia synagogam sub pedibus prostratam habet. Allí quedó la Sinagoga en la muerte de Cristo postrada, deshecha y sepultada, porque el sol, que a ella antiguamente dio luz para que entre las naciones del mundo resplandeciese, volvió su curso, subió la mañana y salió el sol y, dejándola a ella obscura y sin luz, la dio a nuestra Iglesia, de suerte que parece pulchra ut luna.

Las manchas que la luna tiene son los peccados y descuidos de los malos cristianos, los cuales aunque son abominables a Dios, no por eso la Iglesia pierde su belleza y hermosura. La cual la tiene sentada en la fee, que es la luz y claridad que enseña a los hombres a huir los vicios y abrazar la verdad. Tiénela sentada en la sancta y buena vida de tantos y tan innumerables scogidos como en sí tiene. San Gregorio dice en el libro 18 de sus Morales, capítulo 17: Ecclesiam aurorae comparari, quae per cognitionem fidei a peccatorum tenebris in clara justitiae luce commutatur g 92. In libro 29, capítulo 2, addidit: Ex eo quod aurora lucem tenebris admixtam habet, Ecclesiae fideles aurorae assimilatos, quia quaedam quae lucescant agunt, et tenebrarum reliquiis non carent 93. Que es lo propio que decimos de la luna con sus manchas h. Estas manchas que aquí tiene la luna significaban los dolores de parto que tenía la mujer del Apocalipsi 94 y lo mucho que padece engendrando y pariendo verdaderos hijos para Dios.

Lo tercero, dice que es electa ut sol, escogida como el sol. Theodorito 95, al fin de su comentario, dice que por estas tres semejanzas que se dicen de la Iglesia son significados tres estados suyos. Compáranla a la mañana que sube por sus principios, cuando aún no habíe acabado de desterrar las tinieblas de la noche. Pulchra ut luna, por el estado que después [162r] alcanzó y ahora tiene, de quien dijo san Jerónimo 96: Roma possidet nostris temporibus, quod mundus ante nescivit; vemos hoy unas subidas de la Iglesia que el mundo tal imaginó. Pues ¿cómo son esas subidas y progresos de la mañana hasta dar en luna perfecta y sol claro? ¿Cómo? Yo os diré: Tunc rari sapientes, potentes, nobiles christiani —porque entonces no tenía nuestra madre la Iglesia en toda ella un hijo rico ni sabio ni bien nacido, y si le había, era muy raro—, nunc multi monachi sapientes, potentes, nobiles; y ahora está tan diferente que hasta las religiones, que son sus retretes y aposentos retirados, están llenas de religiosos doctos, nóbiles y que fueron poderosos, de manera que de aquel tiempo a éste va la diferencia que hay de la mañana cuando sale al día ya crecido, cuando goza del sol en el mediodía: electa ut sol.

Que parece la Iglesia de entonces ahora a las mañanas de nuestros tiempos porque, como no han dispertado los grandes y poderosos, los doctos y sabios, y todos se están en su regalo, sólo parecen por las calles mozos ignorantes y gente plebeya, pero al mediodía ya esa corte anda llena de coches y caballos grandes y poderosos, todos se han levantado y salen a gozar del día. Lo propio le sucede a la Iglesia. Enpezó a levantarse como una mañana, sicut aurora consurgens, cuando los poderosos dormían en sus ignorancias, cuando los doctos y letrados reposaban en su infidelidad. No se parecían por [el] mundo sino las doce estrellas que san Juan descubrió en el apretador que llevaba en su cabeza la mujer del Apocalipsi 97. No se veían sino unos pobres pescadores, unos hombres desechados y despreciados del mundo que madrugaron a seguir a Cristo. Estaba la Iglesia entonces sola: tunc rari sapientes, potentes, etc. Creció la mañana en día claro, subió la Iglesia a ser sicut luna perfecta et i electa ut sol j; ya veréis que se levantan los poderosos y grandes, los doctos y letrados, y dejan la cama de su idolatría y vienen a gozar del sol claro, quia k nunc multi monachi sapientes, potentes, nobiles, etc. Ya andan esas calles l llenas de duques y condes, doctos y letrados, que m, iluminados con la luz de este soberano sol, [162v] salen, como dice David 98, ad n opus suum, et ad operationem suam usque ad vesperum; todos salen a hacer sus haciendas spirituales, ya nadie quiere dormir.

§ 9 [En la Iglesia, ya crecida y ancha, hay lugar para los esclavos del Santísimo Sacramento y los terceros
de san Francisco]

Si esto es así, sancto Dios, que ya a el grano de mostaza subió a ser árbor crecido y la mañana a ser día claro, y ya no hay a quien guardar el sueño, quien riñe, quien gruñe porque pasan por las calles los terceros diciendo la doctrina cristiana, sepamos si hay en nuestra Spaña enfermos y dolientes en la fee, que es necesario tapar los cencerros a los que, movidos de Dios, se hacen borricos mortificados para llevar el agua de la doctrina cristiana b por las calles a chicos y grandes. Estaba un ángel luchando con Jacob toda una noche. A la mañana le dijo con palabras amorosas: Sine me, ascendit aurora 99; déjame, que ya ha subido la mañana, dejemos la lucha y porfía. Ea, mis padres predicadores, ya subió la mañana y subió a ser día claro, ya subió la Iglesia de mañana en día entero, sine me, dejad a los niños que por las calles pasan diciendo la doctrina c cristiana d. Esa lucha y porfía era para la noche, cuando los cristianos decían missa a puerta cerrada, cuando estaban escondidos y retirados. Esa porfía es buena para Ingalaterra y Francia, que hay quien tape la boca y hay grandes y príncipes que duermen y aún no les ha amanecido, pero en nuestra España que ascendit aurora, sine me, dejad los cantes, prediquen, hagan a Dios fiestas.

Y pues el granillo de mostaza creció en árbor grande, lugar tiene para todos, vengan las aves del cielo y habiten en sus ramas. No particularizó Cristo qué aves habíen de ser éstas, sino que puso en común aves, porque la Iglesia habíe de crecer tanto que habíe de tener lugar para todos, para chicos y grandes, poderosos y letrados, sclavos y terceros. No es la Iglesia e como las casas de los príncipes y reyes de la tierra, que hay aposentos para los amos y salas para los primeros y segundos que acuden, y los sclavos duerman [163r] al sereno y los terceros se vayan a la calle. Es la Iglesia de Dios anchíssima, aposentos y retretes tiene para los reyes, honra y regalo para los sclavos que se llaman del Sanctíssimo Sacramento, no sólo para los [que] acudieron primeros y segundos a las religiones, sino también para los que llamamos terceros de San Francisco. La tela que Dios tejió en la cruz con su sangre es grande, bien hay de que todos se vistan. Y mayor es Dios, cuyo vestido son los sanctos. Así lo dice f [Isaías]: His omnibus velut vestimento vestieris 100. Y hay pocos hombres en mill mundos para que haya paño harto que vista aquella voluntad grande que Cristo tiene de que todos nos salvemos.

Esa fue la virtud infinita que aquel grano de mostaza humilde, Cristo, encerró en sí, que vino a crecer, como el otro árbor que vido Nabucdonosor 101 que sus ramas llegaban a los confines de la tierra, y aun a entrarse por casa de los mercaderes y tratantes, y los saca afuera participantes de esta virtud divina. Parece que Cristo, dando a comer al mundo esta mostaza picante, lo hizo estornudar y vomitar lo que allá tenía en su estómago más scondido y los hombres que más apartados g nos parecían estaban de Dios. Esto fue el haber dado Cristo al mundo que comiese en el principio de su Iglesia a aquellos doce apóstoles y discípulos desechados, los cuales, como no eran según su estómago y humor, vomitólos y juntamente trocó lo que allá tenía metido, que eran multi potentes et nobiles.

Esto era el sazonar una poca de levadura toda la masa y unos poquitos de apóstoles todo un mundo, un engocar 102 y anpollar h aquella poquita cuantidad toda la masa de la Iglesia. Mirad, si por esas calles viéredes anpollados i unos hombres con este nombre de esclavos y otros engocados j con este nombre de terceros, no os espantéis, que como dice k san Pablo: Parum fermentum totam massam corrumpit 103; corrompió toda la masa o, por hablar ahora más a propósito, desató y desligó y rompió las ataduras de nuestra flaqueza y miseria, de suerte que iam fermentatum est totum 104, ya está aleudada toda la masa. Ya trata de doctrina y mortificación el mercader, el logrero y tratante, ya nadie quiere dormir; esto es lo que, admiradas las gentes, dicen: Quae est ista, quae ascendit sicut aurora? 105

[163v] Este es el tiempo deseado de la esposa, cuando a su esposo querido le decía: Indica michi ubi cubes, ubi pascas in meridie 106. Esposo mío, aunque es dichoso el tiempo l de la mañana, que es cuando vuestra Iglesia enpieza a crecer, ruégoos me digáis y enseñéis el medio, ubi pascas, ubi cubes. Porque en la mañana de vuestra Iglesia veo tantas persecuciones y trabajos, tanta sangre derramada, tantos martirios y trabajos, que me parece la mañana no se hizo para reposar vos, porque, por dormir y descansar los hombres en sus idolatrías e ignorancias, seréis vos perseguido en vuestros siervos. Decidme, Señor, en qué reino, en qué parte os cogerá el mediodía, donde, cesando esos trabajos y persecuciones, con vuestros siervos y esclavos os apacentaréis y recostado descansaréis de tantos trabajos. Decidme, dice la Iglesia sancta, esposo mío, dónde hemos de tener el mediodía, dónde nos cogerá el sol en su punto, subida ya la mañana, ne vagari incipiam m, no acierte yo a andar de tierra en tierra y, no hallándoos yo en algunos reinos, sea maltratada. Ya será razón, querido y bien mío, gocemos de un rato bueno. Este tiempo, este rato y lugar ha sido servido la Majestad de Dios lo tenga la Iglesia en nuestra querida España. Aquí es donde ya subió la mañana, donde se fueron las tinieblas y la luna se hizo perfecta y el sol quedó en el punto de mediodía, cuando nadie quiere dormir, antes todos quieren comer aquel divino sacramento donde Dios está recostado.

Esta es también la ocasión que la propia esposa desea, cuando decía: Quis michi det te fratrem meum, ubera sugentem matris meae, ut inveniam te foris, deosculer te, et iam nemo me despiciat? 107 ¿Qué deseos son éstos, esposa sancta? ¿Para qué queréis que vuestro sposo se os vuelva niño chiquito a los pechos de vuestra madre? ¿No es bueno [164r] que lo tengáis por esposo? Ella parece da la razón diciendo: ut inveniam n te foris, deosculer et amplexer te, et iam nemo me despiciat; para que o, hallándote yo acá fuera, te pueda p besar y abrazar sin que nadie me desprecie. No parece bien q que una desposada abrace y bese a su esposo en la calle, porque, cuando le fuera lícito, habíe de ser murmurado. Pues, no pudiéndose contener la esposa en la calle de no besar y abrazar a su esposo, dícele: Ea, esposo mío, demos orden de quitar inconvenientes y ocasiones de que nos murmuren; vos sois mi sposo, haceos mi hermano pequeñito, para que de esa manera, hallándoos yo acá fuera a los pechos de mi madre, os pueda besar y abrazar sin que nadie nos murmure. Este, pues, es el dichoso tiempo que la esposa deseaba.

Estaba la r Iglesia en sus principios como esposa vergonzosa, gozaba de Cristo como de esposo en lo escondido y retirado, en las cuevas y aposentos, no habíe quien de allí se atreviese a salir a hacer grandes inpresas, a tratar de Dios y desprecio del mundo que no fuese despreciado y quitada la vida. Y siéndole lícito a la Iglesia gozar en todas partes de su esposo, no se tenía por bueno su pública predicación, encarcelando y maltratando a quien eso hacía. Pues viendo esto la Iglesia vuélvese a su esposo y dícele: Quis michi det te fratrem? Ea s, Señor mío, haceos mi hermano pequeñito, de suerte que yo no tenga vergüenza ni temor, hallándoos acá fuera, de daros por las calles y plazas mill besos y mill abrazos. Quién no ve esta gracia haberla concedido Cristo a su Iglesia en nuestra Spaña, donde, hallando los fieles el Sanctíssimo Sacramento por las calles y plazas, todo es dar voces y decir: Loado sea el Sanctíssimo Sacramento. Esto lo veo cumplido en los muchos cristianos y hombrones que por las calles salen diciendo la doctrina cristiana. No es esto otra cosa sino habérseles Dios hecho hermano y hermano pequeño a los pechos de la Iglesia. No es otra cosa sino el haber subido el sol y quitado las lagañas de los [164v] ojos, lavádolos ya con el agua de la gracia y haberles infundido un ánimo y fortaleza de hombrones, con que resisten las murmuraciones y el qué dirán las gentes. Sino que, habiendo ya Dios crecido en sus fieles y de grano de mostaza héchose un árbor grande, como si fuera niño chiquito se juntan y pegan con él, le cantan la doctrina y le dan mill besos y abrazos. Y si esto es así, quien murmura, a quien parece mal que haya hombres que se llamen sclavos del Sanctíssimo Sacramento y terceros, que hagan buenas tercerías y aun officio de primeros, pues a nadie en este mundo le estrechó el fin y término de su perfección.

§ 10 [Derecho y potestad que derivan de la fe]

Dicen que por qué la Iglesia, los prelados y provisores no preguntan: In qua potestate haec facis? 108 ¿Con qué poder y licencia haces esto? ¿Con qué licencia os llamáis sclavos y os hacéis terceros? ¿Con qué potestad dicen a los unos: Loado sea el Sanctíssimo Sacramento, y los otros cantan la doctrina cristiana? Si es verdad que Cristo a los suyos dedit eis potestatem filios Dei fieri 109, ¿qué otro poder ha menester uno diferente del que tiene siendo hijo para alabar a su padre? ¿No basta habernos dado poder de hijos de Dios para que lo alabemos, y que él sea nuestro Padre para que digamos: Alabado sea el Sanctíssimo Sacramento? Porque, si los judíos pidieron al Baptista en qué poder predicaba y baptizaba, era gente que andaban desviados de la verdad y del conocimiento verdadero de las obras de Dios. Y así san Juan respondió: Ego baptizo in aqua 110; yo no me meto en honduras, dispongo las almas para el verdadero baptismo de Cristo. Y si considerase el que dice de los terceros: In qua potestate haec facitis? que no se meten en honduras, sino que predican el padrenuestro y el avemaría, no lo dirían. Cuanto más que para esto poder tienen. Cristo lo tuvo para enviar a sus discípulos; los discípulos para predicar, y los sclavos y terceros para repetir las liciones, como los niños del scuela b.

Para esto yo no quisiera traer más razones que decir y preguntar a quien esto pregunta ¿en qué potestad hay tantos corrales y patios donde representan? ¿Qué póliza o pasaporte llevan por las calles, plazas y prados los cantares sucios y deshonestos, los bailes y meneos descompuestos, las zarabandas e invenciones del diablo? No quiero decir de esto, que quiebra el corazón que no haya quien diga al amancebado por qué duerme con su manceba, y se ha de murmurar y pedir scrito porque una c doncella honesta bese a su hermano pequeñito. Rara cosa que nos trate Dios como a hermanos y que d, llegándonos a su trato amoroso, hemos de ser despreciados, como si fuera un hecho malo o amancebamiento.

En tiempo que nacen y crecen los trigos bien se guardan, nadie entra, sólo el amo y los que de eso saben scardan y los limpian, [165r] pero después, al tiempo de la siega en el verano, todos entran y a cada uno, por pobre que sea, le cabe su parte y espiguilla, sin que haya quien los hable. Como le sucedió a Ruth en la haza y mies de Boz, padre de familias 111. Y lo propio sucede en las viñas, que al tiempo del crecer y estar en flor les ponen guardas, como hicieron los hermanos de la esposa, de quien hubo tanto cuidado que aun las raposillas no las dejaban parar 112; pero al tiempo de la vendimia dichosa, hay para todos los amigos, hasta rebusca para los pobrecillos. Oh Iglesia sancta, paréceme veía tus principios en tu mañana cuando subías, como trigo que nace y viña que está en flor, donde era menester que los que entrasen en ella a escardar las ignorancias de los hombres fuesen gente que de eso supiese, no fuese caso que, por arrancar la cizania, como Cristo dice 113, arrancasen el trigo. De donde vino tanto daño en tantos reinos, que, por entrar en la viña y haza gente ignorante, bestias y de malas y depravadas voluntades, arrancaban muchos misterios y grandezas que en su principio la Iglesia pululaba. Era menester grande examen, que erant tempora periculosa 114 para aquellos que se les habíe de cometer ese officio.

Pero, ya que la mañana creció y se hizo día, el sol subió su hemisferio arriba y llegó el verano y agosto dichoso donde gozamos tan copiosas cosechas, cuando ya el trigo creció y se conoce lo que es trigo y lo que es e cizania; y que ya no hay escuela de niños donde no se enseña la doctrina cristiana, de suerte que lo que ahora sabe un niño de doce años de antes no lo sabía ni entendía un docto de cuarenta, entren mucho de norabuena todos géneros de gentes en la haza, espiguen todos, coja el devoto del Sanctíssimo Sacramento su spiguilla y haga su manojo, llámese sclavo del Sanctíssimo Sacramento, diga por las calles y en las iglesias: mill veces sea alabado. Que, si le preguntáis qué cosa es esclavo, qué añade o no añade a lo que en el baptismo profesan, aetatem habent 115, ellos sabrán responder bien por sí, que en esta materia no hay por la bondad de Dios en nuestra Spaña ignorantes. [165v] Vengan todos a la Iglesia cathólica, que ya ha crecido, subido la mañana y llegádose el verano y vendimias. Venite et inebriamini, carissimi 116; vengan todos y beban, que si el vino más puro y fuerte lo beben sólo los doctos y letrados de las scuelas, otro vino tiene más templado en su bodega para los más flacos. Y aun otro vino tercero para los terceros, pues, tiniendo Dios en su Iglesia tres estados, a todos tres debe dar sustento, según las fuerzas y grandeza de cada uno.

Vendimias son y el año es fértil, para todos hay f mosto de amor divino, que aquel racimo de uvas exprimido en la cruz está dando y ofreciendo a todos. La cananea dijo a Cristo que no se perdían las migajuelas que se caían de la mesa del Señor, porque ahí estaban perros que las cogían, y que si ella era perra, le dejase coger las gracias y misericordias que se cain de la mesa que Dios pone a los escogidos. Y oyendo Cristo estas palabras, se dio por concluido y dijo: Oh mujer, grande es tu fee, hágase como quieres 117. Si esto es así, dejemos a estos sclavos del Sanctíssimo Sacramento y terceros de San Francisco que cojan las migajas que se cain de la mesa de Dios. Y si los doctos y letrados comen el pan entero en sus cátredas y púlpitos, ¿por qué hemos de espantar y asombrar a los que, como perros por su humildad, cogen por las calles las migajuelas g que se cayeron de lo que en los púlpitos y cátredas enseñan los unos y los otros? Dejémoslos; dejémoslos y, pues es grande su fee, hágase lo que ellos quieren, lleven adelante lo que han enpezado. Digan la doctrina y que sea alabado el Sanctíssimo Sacramento.

§ 11 [Estimarlos y respetarlos cual estrellas luminosas en el firmamento de la Iglesia]

Una cosa he notado en la visión que tuvo san Juan en el Apocalipsi, donde vido aquella señal grande en el cielo: una mujer cubierta con el sol, que tenía por chapines la luna y en la cabeza doce estrellas 118. Y es ¿cómo es posible que se [166r] viesen las strellas de la cabeza, donde el sol estaba tan extendido que lo traía puesto por manto, porque acá la luz del sol nos encubre las strellas, de suerte que ninguna parece? Y la propia razón de dudar a tengo en este lugar de los Cantares que hemos traído ahora, que, haciendo estas compañeras de la esposa mención del sol, a quien la comparaban b diciendo electa ut sol, no habíen de hacer caso ni echar mano de la luna 119. Porque ésa crióla Dios, como la Scritura dice, ut praesset nocti 120, para que presidiendo c en la noche, porque, como en el día preside el sol, queda la luna como sin officio y mando, según lo que acá decimos, que in praesentia majoris cessat potestas minoris 121.

Dos razones se me ofrecen ahora muy conforme a razón sin que tengamos mucha necesidad de probarlas. La primera es que en esto se diferencia la luz material y temporal a la spiritual, que d la luz temporal grande tapa y encubre la pequeña, de suerte que en presencia de la mayor, como por experiencia lo vemos, no e da luz la menor. Y tiénesele, como dicen, este respecto, que, como son cosas temporales, componen su grandeza las unas quitando el ser y valor de las otras. Lo propio vemos en todas las cosas de acá, que, para hacerse un hombre poderoso y rico, ha de correr primero la rueda de la fortuna y dar con media docena de ellos abajo f; y lo propio es entre los que buscan honras y pretenden dignidades, que ha de ser chupando como los árbores grandes el jugo que la tierra tiene, con que da vida a las yerbezuelas. Pero no tienen esto las cosas de Dios y la luz celestial que Dios comunica a las almas y a su Iglesia, de quien habla el lugar de los Cantares y la visión de san Juan en el Apocalipsi. Que, como el que da y comunica esta luz es Dios, que no tiene su poder y majestad enprestada y adquirida de afuera, para mostrar que él es sol verdadero de justicia y gracia g, no quita ni ha menester quitar a las strellas su luz; antes la hacen campear más a los ojos [166v] de los hombres.

Así como la luz del sol mejor la vemos en las yerbezuelas que en los campos con sus rayos matiza y en los prados que hermosea que en él propio, lo propio hace Dios, que dando luz a los sanctos, como strellas que lucen en sus eternidades, no se la quita para h manifestarse a sí, antes con más abundancia se la da para que, no pudiendo i los hombres ver en Dios aquella luz imarcesible que hay en él, la veamos y miremos en los rebatideros del sol, en las florecillas, que son j los sanctos, matizados con virtudes de aquellos divinos rayos de gracia que en ellos reverberan. No porque san Juan vido en el Apocalipsi el cordero, que era luz de toda la bienaventuranza 122, dejó de ver la muchedumbre de gente que le acompañaba 123; y no porque Esaías vido a Dios en su trono de gloria en tanta majestad y grandeza, dejó de ver los seraphines y spíritus divinos que decían y cantaban sancto sancto 124. Esto, pues, significa la visión que tuvo san Juan en el Apocalipsi 125 y el k por qué la llama signum magnum, milagro grande, porque, habiendo sol por manto de una mujer, se viesen y campeasen las strellas del tocado. Y esto es la admiración que tienen estas doncellas viendo a la sposa de Cristo como sol y luna perfecta, de suerte que el sol no le quite la perfección a la luna 126.

Oh buen Dios, y ¿quién pudiera, entendiendo bien esto, persuadirlo como se debe a los hombres y a los que tratan de Dios, a los que se llaman doctores, catredáticos y predicadores? Y que, si la luz que ellos tienen es luz participada de la que da y comunica Cristo, si es luz espiritual, no porque él sea sol, ha de querer deslucir las strellas y querer engrandecerse a sí a costa de escurecer la luna y planetas celestiales. Deje, deje a los sclavos l del Sanctíssimo Sacramento y terceros de San Francisco, que si ellos son soles grandes que campean, según lo que san Juan vido y de la esposa se dice, luces son las strellas y la luna en quien mejor veremos [167r] la luz grande del sol que en los púlpitos alumbra. En tanto conoceremos que hay luz del sol en cuanto veremos estrellas resplandecientes en el cielo y florecillas en la tierra m. En tanto conoceremos ser luz verdadera la de los predicadores [en] cuanto salen almas aprovechadas, refulgentes, claras y vistosas. Y si queremos escurecer esas estrellas y deshacer las yerbas de los campos, apocar los sclavos del Sanctíssimo Sacramento y perseguir los terceros, o hemos de decir que no son soles o que quieren ser soles usurpando lo que los otros son para engrandecerse ellos.

§ 12 [Valor e importancia de esas humildes estrellas]

Digo lo segundo que la razón por qué aquella mujer, estando con el sol cubierta, se vido con estrellas en la cabeza y la esposa, viéndola escogida como el sol, se pareció hermosa como la luna, fue porque quien miraba lo uno y lo otro miraba sin pasión con ojos claros, y quien gustaba y quería ver todas las cosas misteriosas que en las tales visiones Dios les mostraba. Quien a la esposa miraba eran los ángeles y sus compañeras sanctas, gente que repara en el más pequeño adorno de la Iglesia. Era Juan el que en el Apocalipsi mira como águila caudal, a quien no le deslumbra el sol con que aquella mujer viene cubierta, a ver las strellas que trai en el tocado argentería. En fin, como hijos de casa a, reparan no sólo en los soles sino también en las strellas, no sólo en lo grande y levantado de la cabeza y manto, sino en los chapines. No sólo repara b el sposo en la hermosura del cuerpo de su esposa, sino en las huellas que deja stanpadas en el suelo.

Bueno fuera que la grandeza de haberse Dios hecho hombre escureciera y encandilara los ojos de los justos para que no vieran las pajuelas del pesebre, la pobreza del stablillo y el vaho de los animales que al niño calientan; y que aquella grande misericordia que hizo Dios a los hombres vistiéndose de nuestra mortalidad nos quitara el pensar y escuchar la doctrina cristiana que cantan los pastores por sus cabañas viniendo a buscar al niño Jesús y las músicas y los cantares que dicen los ángeles en el aire 127. Si esto es así, ¿por qué hemos de querer que no haya ni parezcan sclavos del Sanctíssimo Sacramento, terceros de San Francisco? Si nuestros ojos son ojos de escogidos y amigos de Dios, no queramos encandilarnos con la grandeza de nuestro officio de suerte que no veamos las strellas con que la Iglesia se hermosea.

[167v] No hay que despreciar los que por su humildad quieren ser huellas y pisadas de los siervos de Dios. Si son dijes y nos parecen cosas de poca consideración, advirtamos que en la casa de Dios todo vale y tiene precio y estima c inmensa, como lo tuvieron las sandalias y dijes de que d hace mención la Scritura 128, de que se adornó Judit para ir contra Holofernes e. En fin, como cosas de que se adorna la Iglesia y esposa de Jesucristo. No porque la esposa tuviese dignidad tan alta como era ser esposa de una persona tan divina, despreciaba a sus compañeras. Antes, diciéndole trahe me post tellevadme, sposo mío, en pos de vos—, le ofrecía que ella con sus amigas y compañeras correrían tras él, que no quería f gozar a solas aquel summo bien que estaba encerrado en irse tras su esposo, sino que quería communicarlo a sus siervas y criadas diciendo curremus. Esto propio hace la Iglesia con Cristo, que le pide la lleve en pos de sí y, no contenta con gozar este bien a solas en los grandes y doctos letrados, en los religiosos y recogidos, le ofrece que comunicará ese bien a sus sclavos, siervos y criados; no sólo a sus amigas las religiones retiradas y primeras, no sólo a los continentes y segundos, sino también a los terceros, a los sclavos y a quien en su casa se tiene por desechado.

Admirable fue aquel sueño que tuvo Joseph g, Génesis 37, n.7: Putabamdice Joseph a sus hermanosligare h nos manipulos in agro, et quasi consurgere manipulum meum et stare, vestrosque manipulos circumstantes adorare manipulum meum. Veía, dice, que estábamos en el campo y que cada uno hacía su manojo y hacecillo de trigo y que, entre todos, el mío se levantaba y los vuestros circunstantes adoraban al mío. Respóndenle sus hermanos: Nunquid rex noster eris? Aut subiiciemur ditioni tuae? Aliud quoque vidit somnium, quod narrans fratribus, ait: Vidi per somnium quasi solem et lunam et stellas undecim adorare me. Veía en el cielo el sol i, la luna y once estrellas que me adoraban. Quod cum patri suo et fratribus retulisset, increpavit eum pater suus. Contó el sueño a su j padre y a sus hermanos, y el padre lo reprehendió y le dijo: ¿Qué quiere significar este sueño? ¿Por ventura hémoste de adorar yo y tus hermanos? 129 Pero, con todo eso, el padre, como discreto y no lejos de entender los misterios que allí estaban encerrados, dice que con silencio k y secreto se lo ponía a considerar l: Pater vero rem tacitus considerabat 130. Pero de sus hermanos dice por tres veces que, llenos de invidia, lo aborrecían: Quod quidem causa majoris odii m fuit; lo cual fue causa de mayor aborrecimiento (n.5). Y en el n.8: Haec ergo causa somniorum atque sermonum, invidiae et odii fomitem ministravit. Y en el n.11 dice: Invidebant ei fratres sui. Y en lo que paró la envidia fue en lo que [168r] ya todos saben n, que, enviándolo su padre a llevar la merienda a sus hermanos que estaban guardando su ganado en Siquén, como lo viesen venir, enpezaron a hablar unos con otros y a decir 131: Ecce somniator venit; venite, occidamus eum et mittamus eum in cisternam veterem; veníos, que el que sueña viene, quitémosle la vida y sepultémoslo en una cisterna.

Entremos ahora en cuenta ¿por qué lo queréis matar, si decís que ha dicho que o ha soñado que ha de ser rey? ¿Tan malo es tener un rey que sea hermano? Y más, que su reino lo pone en trigo: Videbam nos ligare manipulos in agro et stare manipulum meum. Y más, que en el segundo sueño declara el bien que a sus padres y hermanos les habíe de venir, pues al padre y a la madre los vido hechos sol y luna y a sus hermanos hechos once strellas; ¿tan malo es de pastores y de gente que guarda ovejas subir a ser strellas por medio de vuestro hermano? Y más, que la propia visión declara que en la grandeza del officio y reino no se habíe de encandilar para despreciar los suyos, pues viendo el sol y la luna dice que vido once estrellas. Y si todas estas cosas las desestimáis, no hagáis caso de ellas, que sueños son y así lo confesáis vosotros: Ecce somniator venit. ¿Para qué hacéis caso del sueño de un muchacho? Con todas estas cosas, no se apaciguaron, sino que, llenos de odio y envidia, dijeron: Venite, occidamus eum, etc.; y a buen librar fue vendido, etc. Veis aquí, cristianos, las dos cosas que vamos diciendo: La vista y el mirar del justo, que no le quita la grandeza y claridad del sol el ver las strellas, que son los humildes, para les hacer bien y, siendo subido y levantado al reino con claridad de sol, da luz a sus hermanos de estrellas. Y, por el contrario, la invidia y el rencor es tan poderosa que no admite el ser estrellas con el bien y mejoro de su hermano, que, a trueco de que su hermano no sea rey, tiniendo el reinado en trigo, quieren ayunar y no comer.

Pues si esto es malo, como lo es, ¿qué será y dónde llegará la invidia y pasión de aquellos que, siendo soles y luces de la Iglesia, a trueco de ser soles escurecen las strellas, murmuran de los sclavos del Sanctíssimo Sacramento y de los que cantan la doctrina por la calle? ¿Qué digo? ¡Ay, qué hay de ellos en el mundo que, siendo soles p en el officio grande del predicar y enseñar, pierden el ser soles q a trueco de que no haya estrellas en el firmamento! Porque ¿qué otra cosa es descomponerse un predicador en el púlpito contra gente semejante, sino dejar de ser quien son porque vos no seáis quien debéis? Y más, que si bien lo queremos considerar, estos que se llaman [168v] sclavos, reformados, terceros son nuestros hermanos. ¿Tan malo es que mi hermano se haga estrella? Y más, que los sclavos tienen su sclavitud y servidumbre en pan, que es lo que yo como cada día y sin quien la vida spiritual perece. Y si tan malo es ser sclavos, dejadlos, que sueño es; y, como ellos dicen, es cuestión de nombre, y el nombre que el otro toma nada me quita a mí del ser que tengo r. ¡Oh, maldita seas envidia y pasión, que así scureces las virtudes y bienes ajenos!

¿Quién pudiera tratar la causa, sin traer otros lugares de la Scritura, por qué nuestra Spaña está de las otras naciones aborrecida, despreciada, perseguida y combatida, habiéndoles sido no hermana sino madre, no reina que con la grandeza de su señorío se encandile, pues les honra sus sanctos y virtudes, pues cada día les envía doctores y letrados que, como luceros en la noche de sus tinieblas, les den luz? Reina cuyo reino lo tiene levantado en sustento de pan y trigo divino, pues, habiendo caído los manojos y manípulos de este divino sustento en los demás reinos s, el de nuestra España se ha levantado en alto haciendo nuevas fiestas al Sanctíssimo Sacramento y puniéndole nueva casa de sclavos y congregaciones. Hoc enim causa majoris odii fuit; eso es causa de mayor odio y envidia, porque eso tiene la pasión que aborrece la luz de mis hermanos y quiere más quedarse a escuras que haya quien resplandezca más que ellos. ¡Oh, cuántas son las tinieblas de esotros reinos por no querer conocer que España, su hermana amada, es reina que les puede dar luz y claridad, les puede dar pan y sustento divino! Pasión, pasión y envidia es la que les mueve a buscarle tantas traiciones y muertes, a quererla vender en lo público y en secreto. Ese fue el camino con que consiguió Joseph el intento de sus sueños. Y estas guerras y discordias que los otros reinos train con nuestra España será causa de que para siempre, entre todas las naciones, sea reina y que Dios busque caminos por donde apretarles sus conciencias y abrirles los ojos, como hizo a los hermanos de Joseph, para que vengan por trigo, para que con ellos abramos las trojes de las grandezas que en nuestra Iglesia tiene Dios encerrados, dándoles no sólo pan divino, sino sclavos que se lo administren.

§ 13 [Tres estados en la vida de la Iglesia y del justo]

De manera que lo que hemos preguntado en el párrapho pasado es la causa por qué, comparando estas almas sanctas y doncellas a a su esposa y asemejándola al sol scogido, diciendo electa ut sol, hacen también [169r] mención de la mañana y de la luna 132, pues parece que, siendo el sol en el mediodía cuando se puede llamar sol electus, contradice a la mañana y escurece su mayor claridad a la de la luna. Hemos [dado] en el párrapho pasado dos razones y, porque en algo nos aprovechemos y se saque alguna doctrina, daremos en este párrapho otra razón.

Hemos dicho que, por estas tres comparaciones que de la esposa dicen los que la miran, entienden, así de la Iglesia militante como de cualquier alma justa que camina a la perfección, tres estados: el primero, por la mañana, de los que enpiezan desterrando vicios, peccados, ignorancias, tibiezas y flojedades, a quien llamamos tinieblas que el sol de justicia, Cristo Jesús, que en los fieles obra, enpieza a desterrar. Significan también en la mañana las penitencias, mortificaciones y desprecios con que un justo se empieza a preparar. En la luna llena y hermosa es significado el segundo estado de los que caminan a la perfección, que llamamos vida iluminativa, cuando el hombre poco a poco va creciendo su poco a poco de virtud en virtud, dándole para ello Dios grande luz de su gracia. Pero, por mucho que crece su luz, siempre le quedan aquellas sombras y manchas que la luna tiene, que son muchas inperfecciones que en este mundo hacen los justos, no pudiéndose en todo librar, según su flaqueza, de algunas faltillas, que, si no quitan la hermosura de la luna y belleza de la gracia, en fin son manchas y sombras de peccados veniales. El tercer estado, asemejado por el sol a quien dicen estas doncellas de un alma sancta electa ut sol, es el estado de la contemplación, donde ya un alma alcanzó grande pacificación en sus potencias y sentidos, cuando reverberando Dios en ella se parece hecha un sol, cuando llena de rayos y claridad deslumbra a las criaturas y es terrible asombrando los demonios.

Pues digo ahora que b ver los ángeles y estas doncellas que aquí hablan a la esposa hecha sol c escogido y juntamente verla hecha mañana y luna hermosa, fue decirnos que, si alguna alma alcanzare ser sol escogido en la contemplación, que no por eso se le ha de encubrir la mañana de sus principios ni ha de olvidar los ejercicios que en esa mañana y principios tenía, ni tampoco los medios cuando trataba [169v] de ser hermosa como la luna. Digámoslo claro: que, si alguna vez un alma subiere a ser sol en el estado de la contemplación, que no por eso ha de olvidar la disciplina, las lágrimas y penitencia con que al principio desterraba tinieblas y peccados; que no por eso ha de olvidar cada día de considerar aún se es mañana y se está tan en los principios que ha menester confesar, ayunar y mortificarse; que, no porque ya contempla, ha de entender que aún no es luna que ha menester crecer y puede menguar en la virtud que ha adquirido; que no entienda, porque subió a ser sol, dejó de ser luna, tiniendo muchos defectos que le sirven de sombras y manchas.

Para darnos a entender, si acaso en el principio de la conversión de alguno sintiere gracia y favor del cielo y que Dios con larga mano le da una luz admirable y le parece que sólo Dios, sol de justicia, puede hacer aquello, que no por parecer es sol, ha de querer dejar de pasar por la mañana y hacer sus confesiones generales, hacer sus penitencias y mortificaciones. Ni ha de querer, por parecerle que es sol, dejar de querer ser luna, adquiriendo su poco a poco muchas virtudes. Que, cuando Dios de golpe le una gracia muy grande, él se humille a querer pasar por los principios de la mañana y medios de la hermosura de la luna. Que, aunque Dios per saltum le haga las mercedes, ella por su humildad tenga cuidado, conociéndose indigna de tanto bien, de volverse a los principios de la penitencia y mortificación y a los medios y ejercicios de las virtudes.

Esto propio nos enseñan estas palabras en la Iglesia sancta, a quien Dios tan de sus principios dio luz, como luz de sol scogido, enseñándole grandes verdades y misterios. Y aunque es verdad que dende sus principios tuvo este sol, no por eso subió de suerte que no fuese mañana, dejándola padecer y derramar sangre, de suerte que, tiniendo por esposo a Cristo, que es el fin de la perfección, la dejó que gozase de la mañana, desterrando con grande [170r] trabajo tinieblas y obscuridad de idolatrías y defendiéndose de millares de persecuciones. No por ser Cristo su sol, le quitó el ir creciendo como luna, sino que le dejó el ejercicio de los principios y sus medios. Y aunque es verdad que los sacramentos y misterios que ahora tenemos y profesamos son los que entonces le dieron, no por eso le quitó el subir a esta mañana y que cada día tuviese luz más clara, dicerniendo y determinando muchas cosas, y que cada día como luna creciese en sanctos y hombres doctos.

Finalmente, el no encubrirse la mañana ni la luna donde está el sol en su punto, es avisar ahora a su Iglesia que, no porque hoy goce de la claridad del sol de mediodía, ha de olvidar el ejercicio de la mañana, cuando desterraba tinieblas y ablentaba infieles y contrarios. Que mire que, aunque es mediodía y goza de sol, ha de gozar d de la mañana purgando peccados y peccadores y gozando de trabajos y persecuciones; y que no el alcanzar el sol en su punto le ha de quitar lo rojo de la mañana, que es el verter sangre y poner vidas de los fieles por su defensa. Que, no por ser sol escogida, ha de querer dejar de extenderse y crecer como la luna por esos Japones y Chinas, por esas Indias y Persias e. Finalmente, ha de ser sol escogida y juntamente mañana f que sube y luna que crece.

Significa que en el camino spiritual nadie ha de querer milagros extraordinarios y que haga Dios con él cosas raras, ni aguardar, como ladrón a la cruz y muerte 133, a que le Dios luz de sol sin haber pasado y tenido los principios y medios ordinarios, y hallarse de repente sancto y a poca costa. Pues vemos que el sol, para llegar al puncto de mediodía g, pasa por los arreboles de la mañana. Y así ha de pasar el siervo de Dios que desea llegar a la perfección por la mañana, donde se derrama sangre con disciplinas y penitencias.

§ 14 [Lo que hacen los esclavos del Santísimo Sacramento y los terceros de san Francisco en realidad no es algo nuevo]

Ahora nos falta por responder a lo que en el principio de este tratadillo propusimos: de cómo la causa del admirarse a los hombres de las cosas de virtud es el ser ya cosa nueva hacer actos públicos de mortificación y el tratar cosas de Dios al descubierto. Porque, cuando eso se haya [170v] hecho en el mundo, por dos días que se haya sepultado, ésos bastan para que el tornar a ello nos parezca novedad. Yo no quiero tratar de lo antiguo ni traer testimonios de sanctos, de que los libros están llenos, de las devociones y fervores que ha habido y habrá del Sanctíssimo Sacramento, de las confesiones públicas y secretas que habíe en los fieles de las cosas de la fee aun con detrimento de la vida, confesando con la boca lo que tenían con el corazón no sólo b en las casas y retretes scondidos, sino en las plazas y delante de los reyes y enperadores. Cumpliendo en esto lo que Cristo dijo a sus discípulos, Lucae 12, n.3: Quoniam quae in tenebris dixistis, in lumine dicentur, et quod in aurem locuti estis in cubiculis, praedicabitur in tectis. Dígoos de verdad, discípulos míos, que si las grandes persecuciones y trabajos os hicieren hablar en lugares scondidos y retirados, que se llegará tiempo que esa doctrina salga a luz y se predique en público y por los tejados. Por tanto, dico autem vobis amicis meis: ne terreamini ab his qui occidunt corpus 134. No hay que temer, que profecía es de Cristo y testimonio suyo que habíe de venir tiempo, como si dijera, que en summa paz lo que de antes se predicaba, por la mucha sangre que se derramaba, por los rincones, que ahora se predique por las calles y plazas. No hay que temer, que los dichos y murmuraciones de los hombres por de fuera le cai al cuerpo. Sea loado el Sanctíssimo Sacramento, cántese el padrenuestro y avemaría por las calles. Que si es el propio el que nosotros rezamos y el que los apóstoles confesaron y Cristo enseñó, no hay para qué nos parezca cosa nueva, pues no es nuevo lo que ahora creemos de lo que entonces teníamos.

Y si el ejercicio de estas cosas se ha sepultado por dos días y aunque fueran por mill siglos, eso tienen las cosas de Dios, que, como tienen vida en Dios y por Dios, no mueren aunque la incuria de los tiempos lo sepulte. Estúvose vivo el fuego que scondió el sacerdote Neemías en Jerusalén c después de tantos años como el pueblo de Dios estuvo captivo en [Persia] sólo porque habíe ardido delante del Sancta Sanctorum, de suerte que, sacándolo hecho un poco de masa dándole los rayos del sol, lo vieron arder y que estaba vivo 135. Cuánta más razón hay que la palabra d de Dios, de quien san Pablo dice 136 vivus est sermo Dei, lo esté para siempre jamás en cuanto al ejercicio, no obstante que por algunos días e haya habido algún descuido, de que chicos y grandes salgan por las calles diciendo el padrenuestro, avemaría y credo. Y digo que eso ha cesado por pocos días, pues todos los que ahora viven han alcanzado muchas [171r] religiones que con particular cuidado han hecho eso, cesando unas y entrando otras en obra tan sancta y agradable a los ojos de Dios, que parece, como hermanas, querían repartir y que a todas les cupiese parte de cosa de tanta estima.

Hemos alcanzado los que vivimos a los padres de la Compañía de Jesús haber acudido a esto con grande continuidad, los padres franciscos descalzos y carmelitas descalzos, y a lo último los descalzos de la Sanctíssima Trinidad, llevándose con sus doctrinas el mundo tras sí. Y lo que ahora oigo de eso no me parece que es para tinta y pluma, que sería nunca acabar, pues la corte con ser corte se despuebla a seguir las doctrinas que ahora por esas calles salen. Se hacen los niños y viejos pregoneros del Sanctíssimo Sacramento. Y aun muchos grandes, olvidados de su grandeza, como otro David 137, van bailando y saltando delante del Sanctíssimo Sacramento. Los fines particulares que Dios tenga en esto no los ; dejémoslos para cuando Su Majestad los muestre. Sólo decir que, cuando los árbores echan [flores] y las yerbas salen y crecen, que el sol sube y crece levantándose en alto en nuestro hemisferio, dando mayor luz y calentando el tiempo, habiendo estado las cosas en el invierno como sepultadas y muertas, encerradas y recogidas dentro de sí, porque la naturaleza, próvida y discreta, guardó en la virtud del árbor las flores que se pudieran llevar las nieves y heladas. Podrá ser ésta la causa de estas nuevas flores que el día de hoy se ven en las bocas de los niños y grandes cuando dicen: Loado sea el Sanctíssimo Sacramento, y cuando los viejos y mozos cantan la doctrina cristiana: que sube el sol Cristo a engrandecer el día de que goza esta nuestra España, a darle mayor luz y calentar el tiempo, de suerte que ardan y estén encendidos los corazones de los hombres en amor del Sanctíssimo Sacramento. Y así como el sol sube la virtud que estaba recogida allá dentro por los inconvenientes que Dios sabe, ya quiere Dios que salga fuera con el seguro grande que tiene de nuestro cristianíssimo rey y de los muchos y buenos prelados que la Iglesia tiene, pues de ellos sabemos que no sólo amparan esto, sino que se han firmado y escrito en este convento de descalzos de la Sanctíssima Trinidad por sclavos 138. Según esto, crezcan las yerbezuelas, salgan las flores, broten los árbores, que buen tiempo corre, el sol sube, el verano viene. Sea loado el Sanctíssimo Sacramento, cantemos todos el paternoster y avemaría.

Iam enim hiems transiit; imber abiit et recessit. Flores apparuerunt in terra nostra. Tempus [171v] putationis advenit; vox turturis audita est in terra nostra. Ficus protulit grossos suos 139. Todas son señales de buen verano. Levántate, alma cristiana, dice el Spíritu Sancto, que ya se han ido los fríos, scarchas y heladas del invierno. Ya se han aparecido flores en nuestra tierra. Que son de las que vamos hablando, cuando en las bocas de los niños y grandes no se halla sino: Loado sea el Sanctíssimo Sacramento y el paternoster y el avemaría. ¿Quién no se levanta de la cama de sus tibiezas a gozar destos buenos temporales y meter en su casa estos buenos días imitando los unos a los otros? Y si me dijeren algunos que eso no se usa ni ha usado, tempus putationis advenit, ya es llegado [el tiempo] de quebrar la pierna a la mala costumbre y de ponérsela a nuestra flojedad para que podamos correr tras el olor de los ungüentos 140 que se derraman de este divino Sacramento.

Surge, propera, amica mea, speciosa mea, et veni, dice el sposo a su esposa 141. En consiguiente oblígala con los buenos temporales y campos apacibles, oblígala con mercedes que le hace llamándola amiga, paloma y hermosa. Como quien dice, como si con nosotros hablara: Ea, spañoles y devotos míos, ya se ha pasado el invierno de las antiguas tibiezas y flojedades, las scarchas y heladas que de secreto sembraban los moriscos. Ya se parecen en nuestra tierra y en nuestra Spaña flores divinas de virtudes y devociones. Levantaos a mayor perfección, daos prisa a venir tras mí, que obras son ésas de amigos y a eso os convida el título y nombre que doy a cada una de las almas en particular que me ama. A eso os dispierta el título y nombre de hermosa, a salir por los campos y prados de mi Iglesia. Aquí os vean mis siervos y vuestros compañeros los ángeles. Y no menos pide eso el nombre de paloma, pues ella es la que con vuelo ligero vuela a su hornilla donde descansa. Surge et veni. Ven a mí, en quien hallarás tu verdadero descanso. Ven a mí por los pasos de humildad que yo fui a ti.

Entre otros pasos que Cristo dio por nuestro bien, con que vino a que todos lo conociésemos, unos fueron el haber hablado y predicado siempre en público, como él propio dice por san Juan, capítulo 18, n.20: Ego palam locutus sum mundo: ego semper docui in synagoga et in templo, quo omnes Judaei conveniunt, et in occulto locutus sum nichil. Que no perdonaba a lugar público donde no enseñase, predicase y manifestase la gloria de su Padre. Pues ¿por qué, llamándome a mí que me vaya a él, no iré por el propio camino, predicando y confesando su nombre in publico et in abscondito? No está menos obligada la lengua a alabar a Dios que los demás sentidos. Si es lícito y bueno y aun necesario que las orejas oigan, quia fides ex auditu, auditus autem [172r] per verbum Dei 142, ¿por qué la lengua no dirá, confesará y publicará lo que oye y sabe?

No ha de ser éste el parto de la adúltera, que concibe con gusto en lo secreto y no quiere parir en lo público. Ni como el trigo que cayó entre piedras y entre espinas 143, que ninguno vino a colmo, lo uno porque le faltó el humor de la tierra y lo otro porque se quedó ahogado. ¡Qué hace Dios de sembrar en nuestros corazones y ellos qué hacen de concebir buenos pensamientos! No es razón que se queden allá dentro, pues el juntarse Dios con un alma no es adulterio, sino desposorio spiritual, y para que nazca tiene Dios cuidado de acudir con su gracia. Nazca norabuena, descúbranse flores y rosas, pues ya el sol subió y el invierno se fue.

Y el que se maravillare y espantare de esto no tiene razón, porque, aunque las flores de ogaño se llaman flores nuevas, no lo son, que antaño también las hubo y ahora ha dos años. Si les parece nuevo la doctrina que cantan los terceros, abran los ojos y miren que antaño la cantaron los descalzos de la Sanctíssima Trinidad y el año que viene la tornarán a cantar; y como queda dicho, los años atrás también la cantaron otras religiones. Que los sacerdotes del templo que sólo trataban del crédito f de sus personas y desapoyo de Cristo les pareciese cosa nueva el ver la doctrina que el pueblo de Jerusalén cantó a Cristo cuando en ella entró con majestad y grandeza y que le hablasen a Cristo con aspereza y rigor diciéndole que cómo consentía que niños y grandes le diesen tales alabanzas 144, no me espanto porque estaban llenos de envidia. Y es verdad que aquello fue nuevo y tan nuevo que hasta entonces semejantes cantares ni doctrina cristiana tal se habíe oído y no tenía el invidioso capacidad para percebir semejantes grandezas. Pero eso no se debe tener por nuevo en España, pues cosa es vieja alabar a Dios.

Cuánto más que, como entonces Cristo dijo y respondió a los sacerdotes del templo g alegándoles lo que tantos siglos antes habíe dicho David: Ex ore infantium et lactentium perfecisti laudem 145. No sabe Dios h, dice David, dejar sus alabanzas mancas y defectuosas; cuando no las cumplen como deben los grandes, dispierta Dios niños que las cumplan. Y puede quizá querer Dios lo propio el día de hoy. Podrá ser que, como sólo Dios conoce los corazones de los hombres y sabe Su Majestad lo que hay en cada uno de ellos i, halle las alabanzas de los [172v] sacerdotes y religiosos minus habens y que las quiera cumplir con las bocas de los terceros y esclavos del Sanctíssimo Sacramento j. Que no es menos milagro el que Dios hizo en la entrada de Jerusalén, cuando de niños hizo hombres que cantasen y lo bendijesen, que lo que hoy hace con los terceros haciendo de hombres niños; y que, siendo hombres casados con hacienda y officios, quieran hacer lo que de antes hacían los niños del scuela.

Y así podrían nuestros sclavos y terceros a quien los coteja de noveleros k y de novedades responder algo de lo que respondió san Pablo a los athenienses (Actorum 17, n.19) l. Entra predicando la palabra de Dios y dícenle: Possumus scire quae est haec nova, quae a te dicitur, doctrina?; no sabríamos qué doctrina nueva es esta tuya. Escusándose san Pablo de este nombre de doctrina nueva, dijo m: Quod autem ignorantes colitis, hoc ego annuntio vobis 146; yo no predico novedades, sino explico lo que no entendéis. Entre vuestras aras ¿no hay una dedicada al dios no conocido? Pues ese dios antiguo vuestro que adoráis sin conocer, es el que yo ahora predico n. Dije que en algo podían responder los sclavos y terceros esto que aquí respondió san Pablo a los que les dicen noveleros. Nosotros no predicamos ni publicamos novedades, catredáticos y doctores, pero predicamos y decimos lo que vosotros con tanta sabiduría enseñáis. ¿No enseñáis en vuestras cátredas y púlpitos el padrenuestro, el credo y doctrina cristiana? Esa es la que decimos por las calles. Mirad si