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Obra Pontificia para las Vocaciones Eclesiasticas
Nuevas vocaciones para nueva Europa

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d) La Eucaristía: la entrega para la misión

En todas las catequesis de la comunidad cristiana desde los orígenes es patente la centralidad del misterio pascual: anunciar a Cristo muerto y resucitado. En el misterio del pan partido y de la sangre vertida por la vida del mundo, la comunidad creyente contempla la epifanía suprema del amor, la vida entregada del Hijo de Dios.

Por esto en la celebración de la Eucaristía, « cumbre y fuente »(34) de la vida cristiana, se celebra la suprema revelación de la misión de Jesucristo en el mundo; pero, al mismo tiempo, se celebra también la identidad de la comunidad eclesial convocada para ser enviada, llamada para la misión.

En la comunidad que celebra el misterio pascual cada cristiano toma parte y entra en el estilo del don de Jesús, llegando a ser como El pan partido para la oblación al Padre y para la vida del mundo.

La Eucaristía llega a ser, así, origen de toda vocación cristiana; en ella cada creyente es llamado a conformarse al Cristo Resucitado totalmente ofrecido y dado. Llega a ser modelo de toda respuesta vocacional; como en Jesús, en cada vida y en cada vocación, se da la difícil fidelidad de vivir hasta la medida de la cruz.

Aquél que participa en esto, acepta la invitación-llamada de Jesús a « hacer memoria » de El, en el sacramento y en la vida, a vivir « recordando » en la verdad y la libertad de las opciones diarias el memorial de la cruz, a llenar la existencia de gratitud y gratuidad, a partir el propio cuerpo y verter la propia sangre. Como el Hijo.

La Eucaristía genera, por fin, el testimonio, prepara la misión: « Id en paz ». Se pasa del encuentro con Cristo en el signo del Pan al encuentro con Cristo en el signo de cada hombre. El compromiso del creyente no se agota al entrar, sino al salir del templo. La respuesta a la llamada encuentra la historia de la misión. La fidelidad a la propia vocación se alimenta en las fuentes de la Eucaristía y se mide en la Eucaristía de la vida.




34) Sacrosanctum Concilium, 10.






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