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Obra Pontificia para las Vocaciones Eclesiasticas
Nuevas vocaciones para nueva Europa

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d) El testimonio-anuncio del Evangelio

Este es la proclamación de la cercanía de Dios al hombre a lo largo de la historia de la salvación, especialmente en Cristo, y, por tanto, también, de las entrañas misericordiosas del Padre para el hombre, a fin de que tenga la vida en abundancia. Tal anuncio es el comienzo del camino de fe de todo creyente. La fe, en efecto, es un don recibido de Dios y atestiguado por el ejemplo de la comunidad creyente y de tantos hermanos y hermanas dentro de ella, así como mediante la instrucción catequística sobre las verdades del Evangelio.

Pero la fe debe ser transmitida, y llega el tiempo en el que todo testimonio llega a ser donación activa: el don recibido se convierte en don dado a través del testimonio personal y del personal anuncio.

El testimonio de fe compromete todo el hombre y sólo puede ser dado con la totalidad de la existencia y de la propia humanidad, con todo el corazón, con toda la mente, con todas las fuerzas, hasta la entrega, incluso cruenta, de la vida.

Es interesante este aumento de significados del término; aumento que en el fondo lo encontramos en el párrafo bíblico que nos está orientando: ved el testimonio-catequesis de Pedro y de los Apóstoles el día de Pentecostés, así como la valiente catequesis de Esteban que culmina en su martirio (Hch 6,8; 7,60), y de los mismos Apóstoles « contentos por haber sido ultrajados por amor del nombre de Jesús » (Hch 5,41).

Pero todavía es más interesante descubrir cómo este testimonio-anuncio evangélico llega a ser específico itinerario vocacional.

El conocimiento agradecido por haber recibido el don de la fe, debería traducirse normalmente en deseo y voluntad de transmitir a los otros cuanto se ha recibido, sea por el ejemplo de la propia vida, sea mediante el ministerio de la catequesis. Esta, pues, está destinada a iluminar las múltiples situaciones de la vida enseñando a cada uno a vivir la propia vocación cristiana en el mundo.(82) Y si el catequista es también ante todo un testimonio, dicha dimensión vocacional resultará todavía más evidente.(83)

El Congreso afirmó la importancia de la catequesis en perspectiva vocacional y señaló la celebración de la Confirmación como un extraordinario itinerario vocacional para adolescentes y jóvenes. La edad de la confirmación podría ser precisamente « la edad de la vocación », adecuada, en los planos teológico y pedagogico, para el discernimiento, la puesta en práctica y el pedagógico testimonio del don recibido.

La labor catequística debería favorecer la capacidad de reconocer y manifestar el don del Espíritu.(84)

El encuentro directo de creyentes que viven con fidelidad y valor su vocación, de testigos creíbles que ofrecen experiencias concretas de vocaciones realizadas, puede ser decisivo para ayudar a los confirmandos a descubrir y acoger la llamada de Dios.

La vocación, en todo caso, tiene siempre su origen en el conocimiento de un don, y en un conocimiento tan agradecido que encuentra totalmente lógico poner al servicio de los otros la propia experiencia a fin de responsabilizarse de su crecimiento en la fe.

Quien vive con cuidado y generosidad el testimonio de la fe, no tardará en aceptar el designio que Dios tiene sobre él, y emplear todas sus energías en llevarlo a cabo.




82) Cfr. Lumen gentium, 12; 35; 40-42.



83) Catechesi tradendæ, 186.



84) Proposiciones, 35, donde se recuerda una vez más a los Obispos la gran oportunidad que les ofrece la celebración de la Confirmación para « llamar » a los jóvenes que reciben dicho sacramento.






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