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| Obra Pontificia para las Vocaciones Eclesiasticas Nuevas vocaciones para nueva Europa IntraText CT - Texto |
d) Figuras de formadores y de formadoras
Otra atención pedagógica pastoral viene propuesta con particular insistencia en este preciso momento histórico: la formación de concretas figuras educadoras.
En efecto, es sabido, por doquier, la debilidad y la problématica de los lugares pedagógicos de la fe, puestos a dura prueba por la cultura del individualismo, de la asociación espontánea, o por las crisis de las instituciones.
Por otro lado, emerge, sobre todo en los jóvenes, la necesidad de confrontación, de diálogo, de puntos de referencia. Las señales al respecto son muchas. Hay, en suma, urgencia de maestros de vida espiritual, de figuras significativas, capaces de evocar el misterio de Dios y dispuestos a la escucha para ayudar a las personas a entablar un serio diálogo con el Señor.
Las personalidades espirituales fuertes no son sólo algunas personas particularmente dotadas de carisma, sino que son el resultado de una formación especialmente atenta a la primacía absoluta del espíritu.
En el cuidado de las figuras educadoras de nuestra comunidad hay que tener presente que, por una parte, se trata de hacer explícita y prudente la conciencia educadora vocacional en todas aquellas personas que ya trabajan en la comunidad junto a los adolescentes y a los jóvenes (sacerdotes, religiososas y laicos). Por otra, se debe formar y animar cuidadosamente la ministerialidad educadora de la mujer, para que sea sobre todo junto a las jóvenes, una figura de referencia y una guía prudente. De hecho la mujer está ampliamente presente en las comunidades cristianas y son más que sabidas la capacidad intuitiva del « genio femenino » y la amplia experiencia de la mujer en el campo educativo (familia, escuela, grupos, comunidades).
La aportación de la mujer ha de considerarse como muy importante, por no decir decisivo, sobre todo en el ámbito juvenil femenino, no asimilable al masculino, porque necesita de una reflexión más atenta y específica, especialmente en el aspecto vocacional.
Quizá también esto forma parte de aquel cambio que caracteriza la pastoral vocacional. Mientras que en el pasado las vocaciones femeninas surgían de figuras significativas de padres espirituales, aunténticos guías de personas y comunidades, hoy las vocaciones « a lo femenino » tienen necesidad de referencias femeninas, personales y comunitarias, capaces de hacer concreta la propuesta de modelos y de valores.