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| Obra Pontificia para las Vocaciones Eclesiasticas Nuevas vocaciones para nueva Europa IntraText CT - Texto |
a) Una Europa diversificada y compleja
Ante todo un hecho se da por descontado: es prácticamente imposible reflejar de modo único y permanente la situación europea, por lo que concierne a la situación juvenil y a las inevitables repercusiones vocacionales. Estamos ante una Europa diversificada, resultante de los diversos acontecimientos histórico-políticos (ver la diferencia entre Este y Oeste), y también de la pluralidad de tradiciones y culturas (greco-latina, anglosajona y eslava).
Todo ello, sin embargo, constituye también su riqueza y hace significativa, en contextos diversos, experiencias y opciones. Así, si en los países de la parte oriental se presenta el problema de cómo administrar la libertad recuperada, en los de la parte occidental se nos pregunta sobre cómo vivir la auténtica libertad.
Tal heterogeneidad es también ratificada por el desarrollo de las vocaciones al sacerdocio y a la vida consagrada, no sólo por la diferencia existente entre el florecimiento vocacional de la Europa oriental y la crisis generalizada que invade el occidente, sino porque en lo profundo de tal crisis hay signos de recuperación vocacional, particularmente en aquellas Iglesias en las que la labor postconciliar asidua y constante ha abierto un surco profundo y eficaz.(5)
Si, pues, en Oriente es necesario poner en marcha una verdadera pastoral orgánica al servicio de la promoción vocacional, desde la animación a la formación, sobre todo, de las vocaciones, en Occidente es indispensable una atención diferente. Aquí se debe preguntar sobre la real consistencia teológica y sobre la orientación aplicativa de ciertos proyectos vocacionales, sobre el concepto de vocación que está en la base y sobre el tipo de vocaciones que se derivan de él. En el Congreso se oyó insistentemente la pregunta: « ¿Por qué determinadas teologías o praxis vocacionales no producen vocaciones, mientras que otras sí las producen? ».(6)
Otro aspecto caracteriza la actualidad socio-cultural europea: la abundancia de posibilidades, de ocasiones, de solicitudes, frente a la carencia de enfoques, de propuestas, de proyectos. Es como un último contraste que aumenta el grado de complejidad de este tiempo histórico, con recaída negativa en el plano vocacional. Como la Roma antigua, la Europa moderna se asemeja a un panteón, a un gran « templo » en el que todas las « divinidades » tienen cabida, o en los que cada « valor » tiene su puesto y su hornacina.
« Valores » diversos y contrarios están presentes y coexisten, sin una jerarquización precisa; códigos de lectura y de valoración, de orientación y de comportamiento totalmente diferentes unos de otros.
Resulta difícil, en tal contexto, tener un concepto o una visión del mundo unitarios, y llega a ser, por tanto, débil también la capacidad proyectiva de la vida. Cuando una cultura, en efecto, no define ya las supremas posibilidades de significado, o no logra la convergencia en torno a algunos valores como particularmente capaces para dar sentido a la vida, sino que pone todo al mismo plano, pierde toda posibilidad de opción proyectiva y todo llega a ser indiferente y sin importancia.