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| Obra Pontificia para las Vocaciones Eclesiasticas Nuevas vocaciones para nueva Europa IntraText CT - Texto |
Los jóvenes europeos viven en esta cultura pluralista y ambivalente, « politeísta » y neutra. Por un lado, buscan apasionadamente autenticidad, afecto, relaciones personales, amplitud de horizontes; y por otro, se sienten fundamentalmente solos, « heridos » por el bienestar, engañados por las ideologías, confusos por la desorientación ética.
Y todavía: « de muchos sectores del mundo juvenil se resalta una clara simpatía por la vida entendida como valor absoluto, sagrado... »,(7) pero, a menudo y en muchas partes de Europa tal apertura respecto a la existencia se ve contrarrestada por políticas no respetuosas del derecho a la vida misma, sobre todo, para los más débiles. Políticas que arriesgan hacer al « viejo continente » más viejo todavía. Si, por tanto, por un lado estos jóvenes constituyen un capital apreciable para la Europa de hoy, que sobre ellos apuesta grandemente para construir su futuro, por otro no siempre las expectativas juveniles son acogidas con coherencia por el mundo de los adultos o por los responsables de la sociedad civil.
Como quiera que sea, dos aspectos nos parecen de capital importancia para comprender la actitud actual de los jóvenes: la reivindicación de la subjetividad y el deseo de libertad. Son dos instancias dignas de atención y típicamente humanas. A menudo, sin embargo, en una cultura débil y compleja como la actual, dan lugar —al encontrarse— a combinaciones que deforman el significado de las mismas: la subjetividad se convierte entonces en subjetivismo, mientras que la libertad degenera en arbitrariedad.
En tal contexto, merece que se preste atención a la relación que los jóvenes europeos establecen con la Iglesia. El Congreso dice con valentía y realismo en una de sus Proposiciones finales: « Los jóvenes con frecuencia no ven en la Iglesia el objeto de su búsqueda, ni el lugar de respuesta a sus interrogantes y expectativas. Se resalta que no es Dios el problema, sino la Iglesia. La Iglesia es consciente de su dificultad en comunicar con los jóvenes, de la carencia de auténticos planes pastorales..., de la debilidad teológico-antropológica de ciertas catequesis. En un amplio sector de jóvenes perdura el temor a que una experiencia en la Iglesia coarte su libertad »,(8) mientras que para otros muchos la Iglesia permanece o está llegando a ser el más autorizado punto de referencia.