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Congregación para los Institutos de Vida Consagrada y las Sociedades de Vida Apostólica
Religiosos y promoción humana

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INTRODUCCION

Importancia y urgencia de una participación adecuada de los religiosos a la promoción integral del hombre

- Las opciones evangélicas de la vida religiosa encuentran estímulos de renovación en los "signos de los tiempos". Los graves fenómenos que caracterizan la época moderna constituyen un motivo de confrontación para la misión de la Iglesia en el mundo contemporáneo, determinando lugares preferenciales de evangelización y de promoción humana.

- La doctrina de la Iglesia, en efecto, pone de relieve siempre con mayor evidencia los lazos profundos existentes entre las exigencias evangélicas de su misión y el empeño generalizado de los pueblos en favor de la promoción de la persona y de una sociedad digna del hombre.

"Evangelizar", para la Iglesia, es llevar la Buena Nueva a todos los estratos de la humanidad y, gracias a su influjo, transformar desde dentro a la humanidad misma: criterios de juicio, valores determinantes, modos de vida, abriéndolos a una visión integral del hombre (1).

El cumplimiento de esta misión requiere de la Iglesia que escrute los signos de los tiempos y los interprete a la luz del Evangelio, respondiendo así a los perennes interrogantes que se plantea el hombre (2).

- De esta dimensión profética los religiosos están llamados a dar un testimonio especial. La continua conversión del corazón y la libertad espiritual, que los Consejos del Señor estimulan y favorecen, les ayudan a recordar a sus contemporáneos que la edificación de a ciudad terrestre no puede hacerse sin fundamentarse en el Señor y dirigirse a El (3).

Y puesto que la práctica de los Consejos une a los religiosos con la Iglesia de modo especial (4), a ellos se dirige con más viva insistencia y mayor confianza, la exhortación a una renovación sabia, abierta a las necesidades de los hombres, a sus problemas y sus anhelos (5).

- Más allá de los dramas sociales y políticos, en efecto, la Iglesia es consciente de tener como mandato supremo el dar una respuesta definitiva a los interrogantes profundos del corazón humano (6) .

Por eso los documentos más recientes del Magisterio, queriendo promover una integración adecuada entre evangelización y promoción humana, declaran cuán fecunda es para la misión de la Iglesia la relación entre evangelización y vida religiosa (7) y cuánto ha contribuido en todo tiempo la obra de los religiosos a la elevación humana y espiritual de los pueblos (8).

- Sin embargo, una revisión profunda de la mentalidad y de las actitudes (9) se impone cuando se trata de encauzar el compromiso de evangelización hacia los problemas concretos y, a menudo agobiantes, de la promoción humana.

Este camino de "conversión" que involucra personas y decisiones preferenciales en las iniciativas apostólicas y en las obras, no podía dejar de reservar momentos de incertidumbre y dificultad.

Por lo demás, el mismo repensamiento doctrinal que, en diversas partes del mundo, ha acompañado el loable esfuerzo de participación en las realidades complejas de la historia, ha puesto de manifiesto, junto con intuiciones positivas y estimulantes, otras visiones simplicistas y ambiguas.

Las reflexiones del Sínodo sobre la evangelización en el mundo contemporáneo (1974) y, posteriormente, la exhortación apostólica Evangelii nuntiandi constituyeron una aportación valiosa de aclaración y orientación.

- Problemas y dificultades particulares encontraron las iniciativas de religiosas y religiosos cuando intentaron traducirse en formas más acentuadas de intervención en áreas en donde inciden con mayor fuerza la injusticia y la opresión. La diversidad de valoraciones dentro de las comunidades eclesiales y de los mismos Institutos hicieron todavía más ardua la búsqueda de soluciones.

Además, el cambio de los contextos sociales y políticos iba creando situaciones nuevas, a menudo inesperadas. Las expresiones habituales de la vida religiosa en su estilo de presencia y sus opciones apostólicas eran sometidas a confrontaciones difíciles. La exigencia de una solidaridad más plena con los hombres de su tiempo, sobre todo, con los más pobres y los marginados, atraía a los religiosos hacia una participación más directa que, en ocasiones, alcanzaba al mundo del trabajo y a las mismas esferas políticas.

- La importancia y la urgencia de una participación adecuada de los religiosos en la promoción integral del hombre incitó, por lo tanto, a la SCRIS a dedicar una especial atención al papel específico que desempeña la vida religiosa, bajo este punto de vista, en la misión de la Iglesia.

Se pensó alentar así la búsqueda generosa de renovación y ofrecer, partiendo de las situaciones y experiencias concretas, criterios de discernimiento inspirados en el Magisterio de la Iglesia, en la naturaleza y misión de la vida religiosa, en los objetivos de una evangelización en conexión íntima con la promoción humana dentro de la realidad histórica de hoy.

- La Congregación Plenaria del 25-28 de abril de 1978 dedicó, pues, su estudio a una serie de problemas que destacaban en la extensa encuesta internacional, en cuya realización habían colaborado las Conferencias Episcopales, los Representantes Pontificios, numerosos Institutos masculinos y femeninos y las Conferencias de Superiores y Superioras Mayores.

- Cuatro problemas, sobre todo, se presentaban a la reflexión de la Plenaria:

    - La opción por los pobres y la justicia, hoy. - Las actividades y obras sociales de los religiosos. - La inserción en el mundo del trabajo. - La participación directa en la praxis política

- Las orientaciones aquí presentadas, fruto de estos trabajos, pretenden contribuir especialmente a la tarea de información y coordinación que compete a los organismos responsables de la vida religiosa en la Iglesia. Son ellos, en efecto, quienes deben evaluar los criterios y las opciones que - teniendo en cuenta los principios y orientaciones aquí reseñadas - respondan a la diversidad y complejidad de las situaciones; de tal suerte que, en las diversas naciones, las Conferencias Episcopales y las Conferencias de Religiosos puedan aquilatar, del modo que les parezca más adecuado, el papel específico de la vida religiosa en el empeño común de evangelización y de promoción humana.

- El magisterio pastoral de Juan Pablo II, que ha venido entretanto a iluminar y caracterizar, con nuevos elementos de reflexión y de estímulo, la presencia y la participación de la Iglesia en la Historia del hombre de hoy, pone de relieve esta orientación simultánea hacia los problemas del hombre y hacia el encuentro insustituible con Cristo y su Evangelio.

Nos sentimos alentados, pues, a precisar la ruta de una evangelización y una promoción humana que, por nuevo y especial titulo de consagración a Dios y a sus designios en la historia del hombre, compete a los religiosos en la Iglesia.




1. EN 18-19.



2. GS 4 . "No es, pues, por oportunismo ni por afán de novedad que la Iglesia, 'experta en humanidad, es defensora de los derechos humanos. Es por un auténtico compromiso evangélico, el cual, como sucedió con Cristo, es sobre todo compromiso con los más necesitados" (Juan Pablo 11, Discurso inaugural de Puebla, III, 3).



3. LG 46.



4. ib. 44; MR 8, 10.



5. ET 52-53.



6. GS 10.



7. EN 69.



8. PP 12.



9. ET 17; GS 63; ET 52.






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