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| Congregación para los Institutos de Vida Consagrada y las Sociedades de Vida Apostólica Religiosos y promoción humana IntraText CT - Texto |
6. Abiertos a los signos de los tiempos, los religiosos sabrán buscar y promover una nueva modalidad de presencia, que responda a la creatividad de sus Fundadores así como a la finalidad original del propio Instituto (24).
En esta perspectiva, destacan algunas líneas de renovación:
a. las actividades y "obras sociales" que han acompañado siempre la misión de los religiosos, dan testimonio de su empeño constante por la promoción integral del hombre. Escuelas, hospitales, centros asistenciales, iniciativas orientadas al servicio de los pobres, al progreso cultural y espiritual de los pueblos, no solamente conservan su actualidad, sino que, debidamente acomodados, se revelan a menudo como elementos privilegiados de evangelización, de testimonio, de auténtica promoción humana.
En el servicio evangélico de las obras de promoción humana y social, numerosas y siempre urgentes, los religiosos convierten en "signo" convincente el don de una vida totalmente disponible para Dios, la Iglesia y sus hermanos (25).
b. El Espíritu, que suscita formas e instituciones siempre nuevas de vida consagrada, en respuesta a las exigencias de los tiempos, anima también las ya existentes con una renovada capacidad de inserción, correspondiente a los cambios eclesiales y sociales.
c. En la Iglesia, abierta a los ministerios, en un continuo y ordenado crecimiento comunitario (26), los religiosos pueden descubrir nuevas formas de participación activa que comprometan cada vez más a la comunidad cristiana en sus iniciativas y sus obras.
Tendrán así la oportunidad de hacer valer su carisma específico en cuanto capacidad singular de promover aquellos ministerios que corresponden con los fines apostólicos y sociales de su propio Instituto.
d. La participación de los laicos en las actividades y las obras de los religiosos se abre a nuevos horizontes gracias al desarrollo de la dimensión eclesial de corresponsabilidad en una misión común. Con una preparación adecuada, esta participación podría efectuarse incluso en la gestión misma de las obras confiadas hasta ahora únicamente a los religiosos (27).
e. Por otra parte, los contextos sociales actuales exigen nuevas formas de solidaridad y de participación. Un proceso de transformación civil tiende, en muchos sitios, a desarrollar la responsabilidad de todos los componentes sociales a través de estructuras y organismos de participación. De este modo, todos los ciudadanos vienen impelidos a tomar parte activa en la solución de los problemas concretos que lleva consigo la construcción de la convivencia social.
Junto a la contribución más directa de los laicos, el testimonio y la experiencia de los religiosos pueden, en este campo, contribuir positivamente a orientar hacia soluciones que respondan a los criterios del Evangelio y a las directrices pastorales de la Iglesia (28).