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Congregación para los Institutos de Vida Consagrada y las Sociedades de Vida Apostólica
Religiosos y promoción humana

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33. Algunos aspectos de la formación, a este respecto, parecen dignos de especial atención:

a. Verificar si se tiene conciencia de la naturaleza profunda y de las características de la vida religiosa, en si misma y en su participación dinámica en la misión de la comunidad eclesial en la sociedad de hoy;

El redescubrimiento fiel y la inserción creativa de la identidad específica de los Institutos, en vistas a una renovación en el plano de las actividades y de las obras, constituye uno de los aspectos preeminentes tanto de la formación inicial como de la formación permanente.

b. La profesión de los consejos evangélicos, en la confrontación 'vida religiosa - Iglesia - mundo contemporáneo', puede exigir actitudes nuevas, atentas al valor de signo profético, como fuerza de conversión y transformación del mundo, de sus concepciones y de sus relaciones (95).

c. La vida común; vista especialmente como experiencia y testimonio de comunión, desarrolla la capacidad de adaptación (96) que permite responder a las diversas formas de actividad. Esa diversidad de formas no debilita, antes al contrario, puede reforzar los lazos fraternales y el compartimiento solidario del servicio específico del Instituto en la Iglesia.

Nuevos contextos de inserción, como los descritos a lo largo del análisis de los problemas examinados, crean situaciones posiblemente imprevistas. Por eso, han de ser introducidos en la vida religiosa con una preparación espiritual y humana que ayude a realizar una presencia madura de consagrados, capaz de renovar las relaciones, tanto en el seno de la propia comunidad como fuera de la misma.

d. La participación en la vida de la Iglesia y en su misión, con actitudes de corresponsabilidad y complementariedad, presupone un conocimiento actualizado de sus iniciativas y de los objetivos que se propone avanzar (97).

De la doctrina del Vaticano II y de la insistencia con que los Sínodos de los Obispos volvieron sobre el tema, se desprende que no es posible separar la formación para el compromiso inderogable del Evangelio, de la promoción del hombre según los designios de Dios.

Por eso, en los Institutos religiosos no resultaría adecuado ni completo un programa de formación y renovación sin una precisa toma de conciencia del pensamiento de la Iglesia en esta materia (98).

Todo ello parece más necesario aún, si se quiere que los religiosos se encuentren en condiciones como es su deber apostólico de "despertar las conciencias" (99), de formar otros cristianos, especialmente los laicos, para que puedan asumir con competencia y equilibrio su parte en esta misión común de evangelización y de promoción humana (100).

Y ya que las dimensiones "misioneras" de la Iglesia están confiadas de manera particular a la generosa disponibilidad de los religiosos (101), la formación de cuantos son llamados a esta forma excelente de evangelización y de promoción humana, requerirá una adaptación apropiada que responda a las culturas, a las sensibilidades y a los problemas específicos del lugar (102).




95. ET 13-29; cfr. Documento de Puebla, n. 476: "Nuestra conducta social es parte integrante de nuestro seguimiento de Cristo".



96. PC 3, 15.



97. ib. 2, c).



98. "Con respecto a esta enseñanza, la Iglesia tiene una misión que cumplir: debe predicar, educar a las personas y a las colectividades, formar la opinión pública, orientar a los responsables de los pueblos... Bebed, pues, en estas fuentes auténticas.. Hablad el lenguaje... de la experiencia, del dolor, de la esperanza de la humanidad contemporánea". (Juan Pablo II, Puebla, Discurso inaugural, III,4).



99. ET 18.



100. El documento sobre la justicia en el mundo (Sínodo 1971, AAS, pp. 935-937), junto con una síntesis de las principales intervenciones doctrinales de la Iglesia, ofrece también indicaciones sobre el empeño de una "educación para la justicia.

Dice aún Juan Pablo II (Documento Puebla disc. inaugural III, 7): "Permitidme, pues, que recomiende... la urgencia de sensibilizar a vuestros fieles acerca de esta doctrina social de la Iglesia. Hay que poner particular cuidado en la formación de una conciencia social a todos los niveles y en todos los sectores. Cuando las injusticias arrecian y crece dolorosamente la distancia entre pobres y ricos, la doctrina social, en forma creativa y abierta a los amplios campos de la presencia de la Iglesia, debe ser un preciso instrumento de formación y de acción."



101. EN 69.



102. AG 18, 25-27.




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