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| Consejo Pontificio de la Cultura Pastoral de la cultura IntraText CT - Texto |
Hacia una pastoral de la cultura renovada por la fuerza del Espíritu
39. La cultura entendida a la manera del Concilio Vaticano II (Gaudium et Spes, n. 53-62) en su sentido más amplio se presenta para la Iglesia, en el umbral del Tercer Milenio, como una dimensión fundamental de la pastoral, y « una auténtica pastoral de la cultura decisiva para la nueva evangelización ».(30) Resueltamente comprometidos en los caminos de una evangelización que alcanza los espíritus y los corazones y transforma, fecundándolas, todas las culturas, los pastores están llamados a discernir, a la luz del Espíritu Santo, los desafíos que surgen de culturas indiferentes, frecuentemente hostiles a la fe, así como también los valores culturales que constituyen los puntos de apoyo para anunciar el Evangelio. « Porque el Evangelio conduce la cultura a su perfección, y la cultura auténtica está abierta al Evangelio ».(31)
Numerosos encuentros con obispos y hombres de cultura de diferentes campos —científico, tecnológico, educativo, artístico— han puesto de relieve la puesta en juego de esta pastoral, sus presupuestos y sus exigencias, sus obstáculos y sus puntos de anclaje, sus objetivos primordiales y sus medios privilegiados. La inmensidad de este campo de apostolado, en este « vastísimo areópago » (Redemptoris Missio, n. 37) en la diversidad y complejidad de las áreas culturales, exige una cooperación en todos los niveles, desde la parroquia hasta la Conferencia Episcopal, desde una región hasta un Continente. El Consejo Pontificio de la Cultura, por su parte y de acuerdo con el objetivo de su misión,(32) trabaja incansablemente para favorecer una tal cooperación y promover los intercambios estimulantes e iniciativas adecuadas, especialmente en los Dicasterios de la Curia Romana, de las Conferencias Episcopales, de los Organismos Internacionales Católicos, universitarios, históricos, filosóficos, teológicos, científicos, artísticos, intelectuales, y también de las Academias Pontificias(33) y de los centros culturales católicos.(34)
« Id, pues, y haced discípulos a todas las gentes bautizándolas en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, y enseñándoles a guardar todo lo que yo os he mandado » (Mt 28, 19-20). En el camino indicado por el Señor, la pastoral de la cultura, estrechamente unida al testimonio de fe personal y comunitario de los cristianos, se inscribe en la misión de anunciar la Buena Nueva del Evangelio a todos los hombres de todos los tiempos, como medio privilegiado de evangelizar las culturas y de inculturar la fe. « Es ésta una exigencia que ha marcado todo su camino histórico, pero hoy es particularmente aguda y urgente [...] requiere largo tiempo [...] Es, pues, un proceso profundo y global [...] Es también un proceso difícil ». (Redemptoris Missio, n. 52). En la vigilia del Tercer Milenio, ¿quién no ve lo que está en juego para el futuro de la Iglesia y del mundo? El anuncio del Evangelio de Cristo nos impulsa a constituir comunidades vivas de fe, profundamente insertadas en las diversas culturas y portadoras de esperanza, para promover una cultura de la verdad y del amor en la cual cada persona pueda responder plenamente a su vocación de hijo de Dios « en la plenitud de Cristo » (Ef 4, 13) La urgencia de la pastoral de la cultura es grande, la tarea gigantesca, las modalidades múltiples, las posibilidades inmensas, en el umbral del nuevo milenio de la venida de Cristo, Hijo de Dios e hijo de María, cuyo mensaje de amor y de verdad llena la necesidad primordial de toda cultura humana, más allá de toda expectativa. « La fe en Cristo da a las culturas una dimensión nueva, la de la esperanza en el Reino de Dios. Los cristianos tienen la vocación de inscribir en el corazón de las culturas esta esperanza de una tierra nueva y unos cielos nuevos [...] El Evangelio, lejos de poner en peligro o de empobrecer las culturas, les da un suplemento de alegría y de belleza, de libertad y de sentido, de verdad y de bondad ».(35)
En definitiva, la pastoral de la cultura, en sus múltiples expresiones, no tiene otro objetivo que ayudar a toda la Iglesia a cumplir su misión de anunciar el Evangelio. En el umbral del nuevo milenio, con toda su fuerza, la Palabra de Dios llama a « inspirar toda la existencia cristiana » (Tertio Millennio Adveniente, n. 36), ayuda al hombre a superar el drama del humanismo ateo y a crear un « nuevo humanismo » (Gaudium et Spes, n. 55) capaz de suscitar, en todo el mundo, culturas transformadas por la prodigiosa novedad de Cristo, que « se ha hecho hombre para que el hombre se haga Dios »,(36) se renueva a imagen de su Creador (Cf. Col 3, 10) y « a la medida del crecimiento del hombre nuevo » (cf. Ef 4, 14) renueva todas las culturas por la fuerza creadora del Espíritu Santo, fuente inextinguible de belleza, amor y verdad.
Ciudad del Vaticano, 23 de mayo de 1999, en la Solemnidad de Pentecostés
Paul Cardinal Poupard
Presidente
Bernard Ardura, O. Praem.
Secretario