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El
héroe canto, que reinó en la Francia
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Por
derechos de sangre, y de conquista;
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Que
a gobernar los hombres aprendiera
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Por una larga serie de
desdichas;
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Que facciones calmando, vencer
fuerte
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Y a un tiempo perdonar dulce
sabía;
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Y
que de confusión en fin cubriendo
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Al Íbero, a Mayena y a la Liga,
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De
padre y vencedor de sus vasallos
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Su nombre señaló con la divisa.
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Baja,
augusta verdad, del alto cielo.
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Ven;
y tu claridad y tu energía
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Sobre los versos míos vierte
grata.
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De
los Reyes el oído facilita
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De tu escabrosa voz al agrio
acento,
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Y cuanto aprender deban les
intima.
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De tu osado pincel al rasgo toca
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Pintar de las naciones a la
vista
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El lienzo criminal de hórridos
monstruos,
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Que
sus guerras abortan intestinas.
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Dí, como sediciosa la Discordia
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De
turbación sembró nuestras provincias;
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Y del Pueblo narrando las desgracias,
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Los
yerros de los Príncipes publica.
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Llega, tu labio suene; y si es
constante,
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Que contigo de acuerdo un tiempo
unida,
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A
tus más fieros tonos su voz dulce
|
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|
La
Fábula tal vez mezclar sabía;
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|
Si tu altanera frente de
ornamentos
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|
Sus delicadas manos revestían,
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Y
el arte prodigioso de sus sombras
|
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Los
rayos de tu luz embellecía;
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Deja
que también hoy a compás marche,
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|
Que conmigo tus huellas siempre
siga,
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|
Y
tus gracias no empañe, antes ilustre.
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|
Aún
reinaba Valois; aún él hacía 1
|
|
|
De un zozobrante Estado el
gubernalle
|
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Con mano fluctar trémula e
indecisa:
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|
De
su debido honor, sanción y fuerza
|
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|
Las santas leyes todas
destituidas,
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|
Confusos
los derechos y turbados,
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|
Más
bien en caos tanto se diría,
|
|
|
Que
en efecto Valois ya no reinaba:
|
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|
Que ya el Príncipe no era, a
quien propicia
|
|
|
Circundara la gloria de
esplendores;
|
|
|
A quien desde la infancia a las
fatigas
|
|
|
Adiestrara
y las lides la Victoria;
|
|
|
Cuyos faustos progresos
sorprendida
|
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|
Y temblando la Europa
contemplaba;
|
|
|
En
pos de quien, al fin, la Patria había
|
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|
De amor y soledad mil tiernos
ayes.
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|
Despedido, plañendo su partida
|
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|
Un tiempo, en que del Norte,
allá admirando
|
|
|
Su suprema virtud, las plagas
frías
|
|
|
En
poner a sus plantas sus diademas,
|
|
|
Por sufragio común se
complacían.
|
|
|
En un segundo puesto brilla
alguno,
|
|
|
Que al primero elevándose se
eclipsa.
|
|
|
De esta suerte a Valois, al
solio alzado,
|
|
|
Con sorpresa pasar la Francia
mira,
|
|
|
De intrépido guerrero a Rey
cobarde.
|
|
|
Sobre el trono encumbrado se
dormía
|
|
|
De femenil molicie en hondo seno 2:
|
|
|
De la regia corona el peso
abisma
|
|
|
De
su liviana frente las flaquezas
|
|
|
Que lúbricos privados mantenían,
|
|
|
D' Epernon, San Megrén, Quelús,
Joyussa, 3
|
|
|
Jóvenes
voluptuosos, que a porfía
|
|
|
Bajo su augusto nombre, a su
albedrío,
|
|
|
Del imperio las riendas
dirigían:
|
|
|
Corruptores
políticos de un dueño,
|
|
|
Que la afeminación gastado
había,
|
|
|
En
torpes devaneos y placeres
|
|
|
Su lánguida existencia
sumergían.
|
|
|
De
los Guisas, en tanto, la fortuna
|
|
|
Se elevaba veloz, se engrandecía
|
|
|
Sobre
su humillación y abatimiento,
|
|
|
Levantando en París la santa
Liga,
|
|
|
De su flaco poder rival
soberbia.
|
|
|
Roto el freno los pueblos se
extravían,
|
|
|
Y
hechos de la grandeza humildes siervos,
|
|
|
Doblan a sus tiranos la rodilla,
|
|
|
Y a su dueño legítimo persiguen.
|
|
|
De mil falsos amigos turba
indigna,
|
|
|
Que feliz le adorara, ya
infelice
|
|
|
Le abandona vilmente, y
aturdidas
|
|
|
Del Luvre le miraron las
columnas
|
|
|
Por
sus pueblos expulso y en huida,
|
|
|
Al paso que acogido el
extranjero,
|
|
|
Al rebelde París ledo corría.
|
|
|
Todo marcha en desorden. Por
instantes
|
|
|
Todo a su fin fatal se
precipita,
|
|
|
Cuando aparece Enrique. Este
virtuoso, 4
|
|
|
Este insigne Borbón, que fiero
ardía
|
|
|
De
un guerrero valor en noble llama,
|
|
|
A su Príncipe ciego se aproxima,
|
|
|
Y a
su aspecto Valois la luz recobra:
|
|
|
Él
su espíritu y fuerzas resucita;
|
|
|
Sus
pasos endereza, y de la afrenta
|
|
|
A la gloria, del juego a la lid
guía.
|
|
|
De
París a las pérfidas murallas
|
|
|
Con
coligadas huestes y aguerridas
|
|
|
Al ver los dos Monarcas
avanzados,
|
|
|
Allí se alarma Roma, y aquí
admira
|
|
|
El Español temblando su alianza:
|
|
|
La Europa toda ya comprometida
|
|
|
En
tan grandes reveses y ruidosos,
|
|
|
Sobre el muro infeliz clava la
vista.
|
|
|
Viose en París entonces la
Discordia,
|
|
|
Que al sublevado Pueblo
enfurecía,
|
|
|
Y a la guerra excitando al de
Mayena,
|
|
|
Y a la Liga y la Iglesia, en
hostil grita
|
|
|
Del alto de sus torres el
socorro
|
|
|
Del español soldado requería.
|
|
|
Esta fiera impetuosa y
sanguinaria,
|
|
|
Este inflexible monstruo, infiel
respira
|
|
|
Un eterno rencor contra los
mismos
|
|
|
Que su yugo infernal más
esclaviza.
|
|
|
Su
maléfico plan de los mortales
|
|
|
A infelices desastres sólo
aspira
|
|
|
De su mismo partido con
frecuencia
|
|
|
Su mano deja toda en sangre
tinta;
|
|
|
Dentro del corazón que despedaza,
|
|
|
Cual tirano cruel se domicilia,
|
|
|
Y
el crimen que él inspira, pena él mismo.
|
|
|
Al lado en que del sol la luz declina,
|
|
|
No
lejos de las márgenes amenas
|
|
|
Por do serpeando el Sena corre,
y gira
|
|
|
Huyendo
de París, hoy sitio amable,
|
|
|
Retiro encantador, mansión
tranquila,
|
|
|
Donde
el arte sus triunfos nos ostenta,
|
|
|
Y la naturaleza sus delicias;
|
|
|
Campo entonces horrísono y
sangriento
|
|
|
De
la más ominosa y mortal riña,
|
|
|
Juntando sus soldados acampaba
|
|
|
El mísero Valois. Allí se
alistan
|
|
|
Los
valerosos Héroes, que la gloria,
|
|
|
Y de Francia el estado
sostenían,
|
|
|
Y a
quienes sectas varias dividiendo,
|
|
|
De una común venganza el celo
unía.
|
|
|
De
Borbón en las manos victoriosas,
|
|
|
Acordes
y contentos todos libran
|
|
|
Su causa general y sus destinos;
|
|
|
Y él,
que de conciliarse el don abriga
|
|
|
De todos el amor feliz, ganando
|
|
|
Los corazones todos, los reunía:
|
|
|
Que
estaban los dos campos tan sumisos
|
|
|
Dijérase a su voz, que ya no
habían
|
|
|
Más
Jefe que él, ni más Iglesia que una.
|
|
|
Del seno celestial do residía
|
|
|
Luis,
padre inmortal de los Borbones 5,
|
|
|
Sobre el virtuoso Enrique atento
fija
|
|
|
Sus
paternales ojos. De su raza
|
|
|
El más claro esplendor en él
divisa;
|
|
|
Su ardor, su virtud ama; su
error llora:
|
|
|
Con su corona honrarle, al fin
quería,
|
|
|
Y quiere más aún, quiere
ilustrarle.
|
|
|
Avanza en tanto Enrique, y se
encamina
|
|
|
A la suprema cumbre; más por
sendas
|
|
|
Que para él mismo ocultas no
advertía.
|
|
|
Del
alto de los cielos sus auxilios
|
|
|
Prestábale Luis, pero escondida
|
|
|
La mano que en su apoyo le
tendiera;
|
|
|
Cuidando que del Héroe siendo
vista,
|
|
|
Ya
por demás seguro de sus triunfos,
|
|
|
De un peligro menor fuese a
medida
|
|
|
De
sus hechos también menor la gloria.
|
|
|
Del muro que obstinado resistía,
|
|
|
Ya finalmente al pie, y en
frente puestos,
|
|
|
Más
de una vez de Marte en tentativas
|
|
|
Igual riesgo ensayaran los
partidos:
|
|
|
De
la humana feroz carnicería
|
|
|
Ya el mal genio, del campo
desolado
|
|
|
Al uno y otro mar llevara a
prisa
|
|
|
Un
furor implacable, cuando a Enrique
|
|
|
Su atristada palabra, interrumpida
|
|
|
De
frecuentes suspiros y sollozos,
|
|
|
Le
endereza Valois en esta guisa.
|
|
|
«Ya ves hasta que punto de mi suerte
|
|
|
El rigor me abatió. No es mi
desdicha,
|
|
|
Ni solo mi interés el que va
hablarte;
|
|
|
Tuya es ¡o Borbón! la injuria
mía.
|
|
|
Contra su Rey osando sediciosa
|
|
|
Su frente al cielo alzar esa
infiel Liga,
|
|
|
A
los dos en su rabia nos confunde,
|
|
|
Y a
los dos nos persigue y abomina.
|
|
|
Del pueblo de París enajenado
|
|
|
El
rebelde rencor de que le animan,
|
|
|
Nos desconoce a entrambos,
pretendiendo
|
|
|
Precipitarme a mí del trono en
vida,
|
|
|
Y
de su herencia a ti, que en pos te toca.
|
|
|
No ignoran los Ligados, no, no
olvidan
|
|
|
Que la voz imperiosa de la
sangre
|
|
|
De nuestra anciana augusta
dinastía,
|
|
|
El
mérito, las leyes, y en fin todo
|
|
|
Te
aclaman a mi muerte de justicia
|
|
|
Al trono de la Francia, en que
vacilo,
|
|
|
Y del cual darte piensan la
exclusiva,
|
|
|
Ya de hoy mismo temblando a la
grandeza
|
|
|
De
tu fortuna y gloria sucesivas.
|
|
|
La
Religión terrible en sus enojos,
|
|
|
Ambiciosa y colérica, fulmina
|
|
|
Contra la independencia de tus
sienes
|
|
|
Su fatal anatema. Roma erguida,
|
|
|
Que a do quiera transporta sin
soldados
|
|
|
De la guerra el azote, deposita
|
|
|
De su cruda venganza el sacro
trueno
|
|
|
Del
Español en manos. Ya vendida
|
|
|
De
vasallos, de deudos y de amigos
|
|
|
Veo, amigo, la fe. Ya se retira,
|
|
|
Ya
de mí huye todo y me abandona,
|
|
|
O se arma contra mí. Con
tropelía
|
|
|
El avariento Hispano enriquecido
|
|
|
Por mis pérdidas, fiero se
avecina
|
|
|
A
inundar de sus huestes destructoras
|
|
|
Mis
desiertas ya míseras campiñas.
|
|
|
Contra
enemigos tantos, que en su furia
|
|
|
Tal ansia de ultrajarnos
acreditan,
|
|
|
A nuestra vez traigamos a la
Francia
|
|
|
Una extranjera fuerza más
benigna:
|
|
|
En
secreto ganad de los Britanos
|
|
|
Esa ínclita Reina, esa heroína.
|
|
|
Bien sé el odio inmortal, que
una alianza
|
|
|
Permite rara vez franca y
sencilla
|
|
|
Entre
el Francés y el Anglo. En todos tiempos
|
|
|
Émula
de París, Londres la envidia.
|
|
|
Más ¿que importa, Borbón? si
desde el punto
|
|
|
En que mi antigua gloria vi
marchita,
|
|
|
Y
por ellos mi nombre amancillado,
|
|
|
Ya
ni patria, otros tiempos tan querida,
|
|
|
Ni
vasallos conozco. Yo les odio;
|
|
|
A castigar anhelo sus perfidias
|
|
|
Y a
mis ojos Francés es quien me vengue.
|
|
|
En tal negociación, poco confía
|
|
|
Mi supremo interés en las
funciones
|
|
|
De ordinarios agentes inactivas;
|
|
|
Tu
eres solo Borbón, el que yo imploro;
|
|
|
De promediar tu voz es solo
digna
|
|
|
En que a los Reyes mueva mi
infortunio:
|
|
|
Parte a Albión, y allí la causa
mía
|
|
|
Patrono
tan feliz logre en tu fama,
|
|
|
Que un ejército aliado me
consiga.
|
|
|
Mis
enemigas huestes por tu brazo
|
|
|
Quiero,
Enrique, abatir, y otras amigas
|
|
|
Por tu sola virtud ganar
espero.»
|
|
|
Dijo, y el Héroe, que de
gloria hervía
|
|
|
En
codicioso celo, y en más manos
|
|
|
Teme
ver que las suyas repartida
|
|
|
Del triunfo la palma, un dolor
vivo
|
|
|
Al oírle sintió. Pasados dios
|
|
|
A su gran alma caros echa menos,
|
|
|
En
que él solo y Condé sin más intrigas,
|
|
|
Ni otro extranjero auxilio que
la fuerza
|
|
|
De
su virtud, temblar la Liga hacían;
|
|
|
Más era necesario ardientes
votos
|
|
|
Satisfacer de un dueño. Se resigna:
|
|
|
Los
golpes de su brazo ya suspende,
|
|
|
Y
los laureles, que cogido había
|
|
|
Del Sena en la ribera,
abandonando,
|
|
|
Su valor a partir violento
instiga.
|
|
|
Atónito el soldado, que ignoraba
|
|
|
Sus arcanas empresas, se
contrista;
|
|
|
Y de uno y otro campo los
guerreros
|
|
|
Sus destinos pendientes suponían
|
|
|
Del regreso feliz del Héroe
ausente.
|
|
|
Ya marchaba: aún empero le
imagina
|
|
|
El pueblo criminal siempre
delante,
|
|
|
Y
pronto a fulminar sobre él sus iras.
|
|
|
Su nombre, que del trono la
columna
|
|
|
Más
sólida y más firme se apellida,
|
|
|
De todo el bando alzado su
enemigo
|
|
|
El terror en las almas infundía,
|
|
|
Y
por él en su ausencia peleaba.
|
|
|
Ya del Neustrio saltaba las campiñas,
|
|
|
Sin
que de sus privados otro alguno
|
|
|
Formase
que Morné su comitiva: 6
|
|
|
Éste su siempre digno
confidente,
|
|
|
Más nunca adulador, fiel le
asistía;
|
|
|
Éste sobrado fuerte y grave
apoyo
|
|
|
Del bando del error y su
doctrina,
|
|
|
Éste,
a quien en prudencia como en celo
|
|
|
Señalándose siempre, a par
movían
|
|
|
La causa de su Iglesia y de su
Patria;
|
|
|
Censor del cortesano, y todavía
|
|
|
En la corte querido, a quien de
Roma
|
|
|
Fiero enemigo, Roma propia
estima.
|
|
|
Al través de dos rocas,
donde viene
|
|
|
La cólera del mar rugiendo
altiva
|
|
|
Sus olas a estrellar entre alba
espuma,
|
|
|
A los ojos del Héroe se ofrecía
|
|
|
De Diepe el feliz puerto. Y
fogoso
|
|
|
A bordo el diestro nauta jarcias
iza;
|
|
|
El
bajel, que a favor de su maniobra
|
|
|
Con fiera majestad la mar
domina,
|
|
|
Ya de volar a punto sobre el
llano
|
|
|
Del undoso cristal, sus alas
infla:
|
|
|
Amarrado del viento en las
regiones
|
|
|
El furibundo Bóreas se mitiga,
|
|
|
Y del céfiro al soplo la mar
cede.
|
|
|
Levada el ancla ya, dél
impelida,
|
|
|
Surcaba el vasto piélago la nave
|
|
|
Lejos ya de la tierra fugitiva,
|
|
|
Y de la Gran Bretaña las riberas
|
|
|
Descubríanse ya, cuando del día
|
|
|
Eclípsase el gran astro en un
instante,
|
|
|
Regaña airado el cielo, el aire
silba,
|
|
|
Brama el onda a lo lejos, y los
vientos
|
|
|
Desenfrenados
más y más irritan
|
|
|
Las encrespadas olas;
centellando
|
|
|
Entre la negra nube el rayo
brilla;
|
|
|
Del relámpago el fuego, y de las
olas
|
|
|
El abismo profundo do quier
pintan
|
|
|
Al navegante pálido la muerte:
|
|
|
Y
aún el Héroe, a quien furias envolvían
|
|
|
Del undoso elemento, los
peligros
|
|
|
De su propia persona no sentía;
|
|
|
Sus ojos sólo vuelve hacia la
Patria,
|
|
|
Y en su empresa su mente siempre
fija,
|
|
|
Por la sola tardanza en sus
destinos,
|
|
|
A increpar a los vientos se
limita.
|
|
|
No tan patriota, no, ni generoso
|
|
|
Allá César del Epiro a la
orilla,
|
|
|
Cuando del mundo el cetro
disputaba,
|
|
|
Al furioso Aquilón sobre el mar
fía
|
|
|
Del Romano la suerte y de la
tierra,
|
|
|
Y a
Pompeyo y Neptuno, que se ligan,
|
|
|
A un tiempo desafiando, su
fortuna
|
|
|
A la borrasca impávido oponía.
|
|
|
En
este instante el Dios del universo,
|
|
|
Que
sobre el viento vuela, que las iras
|
|
|
Subleva de los mares, o las
calma,
|
|
|
Y
de cuya eternal sabiduría
|
|
|
La profunda inefable
providencia,
|
|
|
Forma imperios, los alza, o los
derriba,
|
|
|
Desde el trono inflamado, do
preside
|
|
|
A
la vida y la muerte, y que allá brilla
|
|
|
Del celestial empíreo en
las alturas,
|
|
|
Sus
ojos abatir al fin se digna
|
|
|
Sobre
el Héroe Francés, y en riesgo tanto
|
|
|
El mismo es quien le alienta,
quien le guía,
|
|
|
Y cuya voz excelsa a la borrasca
|
|
|
Mandando que a la playa más
vecina
|
|
|
|