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«De
males el exceso a que la Francia
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Entregada se mira, horrible es,
Reina;
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Y horrible tanto más, cuanto es
sagrada
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Su fuente comunal. Celo
inhumano,
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Furor
de Religión fue, quien la daga
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En la mano libró del Francés
Pueblo.
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Entre
Ginebra y Roma jamás nada
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Decidir osaré; más por divinos
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Que
los renombres sean, a que a entrambas,
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De uno y otro partido los
secuaces
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Con extremos hipérboles exaltan,
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Yo, no obstante, el furor, yo el
sutil dolo
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Vi
que a los dos denigran y difaman.
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Si del error es hija la
perfidia,
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Si
entre las controversias, que desgarran
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Y la Europa sumergen, las
traiciones,
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Los aleves puñales, las cábalas
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Infame sello son, que la mentira
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Tan cruel como pérfida
contrastan,
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Ambos
partidos pérfidos y crueles,
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Iguales
en los crímenes y manchas,
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Del ominoso error entre
tinieblas
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Ambos,
al parecer, iguales andan. 7
|
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Francés, soldado y Rey, solo
adoptando
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Del trono la defensa y de la
patria,
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Su venganza dejando al cielo
solo,
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Nunca se habrá notado que
violada
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De mi poder legítimo la linea,
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Con una mano osase temeraria
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Profanar del levita el
incensario.
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Perezca para siempre, si, mal
haya
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La perversa política, que
intenta
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Un despótico imperio sobre el
alma:
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Que racionales pechos solicita
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Convencer
por la fuerza de las armas:
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Que
de herética sangre los altares
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De un culto dulce y puro, feroz
mancha;
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Y de intereses sórdidos del
mundo,
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O frenesí fanático guiada,
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|
De paz a un Dios benigno solo
sangre,
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|
Solo homicidios bárbaros
consagra.
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|
«Pluguiera
a este Dios mismo omnipotente,
|
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|
Cuya ley busco yo, que así
pensara
|
|
|
La corte de Valois; pero a ambos
Guisas, 8
|
|
|
Los escrúpulos míos no
embarazan.
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|
|
De
esos jefes de un crédulo gentío
|
|
|
La profunda ambición, sagaz
disfraza
|
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|
Su profano interés con el del
cielo.
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|
Cae un furioso pueblo en su vil
malla,
|
|
|
Y
contra mí, los pérfidos, el odio
|
|
|
De
su cruel piedad concitan y arman.
|
|
|
Yo vi correr por celo a
degollarse,
|
|
|
Volar vi mis patriotas con la
llama
|
|
|
Al combate empuñada y al
incendio,
|
|
|
Por vanos argumentos que no
alcanzan.
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|
Vos
conocéis el pueblo, ilustre Reina;
|
|
|
Cuál es su arrojo, cuál su
audacia,
|
|
|
Desde
el terrible punto en que le imbuyen
|
|
|
Y a persuadirse llega que es la
causa
|
|
|
Del ultrajado cielo la que
venga.
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|
De la fe con la venda densa y
sacra
|
|
|
Ceñidos
ya sus ojos, desde entonces,
|
|
|
De la obediencia rompe el freno
y valla.
|
|
|
De
vos, gran Isabel, estas verdades
|
|
|
Conocidas
muy bien, bien meditadas,
|
|
|
Vuestra sabia cautela de
antemano
|
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|
Oportuno remedio al mal prepara,
|
|
|
Prontamente ahogándole en su
cuna.
|
|
|
La tempestad, apenas fue formada
|
|
|
En
los Estados vuestros: la previera
|
|
|
Vuestro espíritu próvido, y la
calman
|
|
|
Vuestras
prendas, por fin, vuestros talentos:
|
|
|
El fruto ya gozáis de virtud
tanta.
|
|
|
Vos,
Señora, reináis: Londres es libre,
|
|
|
Y
vuestras leyes florecientes campan.
|
|
|
Rumbos
siguió la Médicis diversos. 9
|
|
|
De
narración tan mísera tocada
|
|
|
Mandaréisme,
tal vez, que un fiel retrato
|
|
|
Del
carácter de Médicis os haga.
|
|
|
Oídlo ya de un labio ingenuo al
menos:
|
|
|
Muchos,
Reina, de Médicis parlaban;
|
|
|
Pocos empero bien la conocieran:
|
|
|
Sondaron
pocos bien las ensenadas,
|
|
|
Los
obscuros secretos y repliegues
|
|
|
De
sus ondas maléficas entrañas.
|
|
|
Yo,
que de cuatro lustros por espacio,
|
|
|
De
sus hijos criado en cortes varias,
|
|
|
Bajo sus mismos pies, por tanto
tiempo
|
|
|
Ir formándose he visto las
borrascas,
|
|
|
Con demasiado riesgo a conocerla
|
|
|
Aprendido he, por fin, y a
descifrarla.
|
|
|
«La
aventurera muerte de su esposo,
|
|
|
Que
de su edad la flor segó temprana,
|
|
|
Dejó precipitado y libre curso
|
|
|
A
toda su ambición, y sujetada
|
|
|
De
sus hijos, el uno en pos del otro,
|
|
|
La regia educación a su tirana
|
|
|
Tutelar dictadura: al que sin
ella
|
|
|
El cetro ya empuñar, reinar
osaba,
|
|
|
Desde aquel mesmo instante le
persigue,
|
|
|
Por odioso enemigo le declara.
|
|
|
Alrededor del solio derramando
|
|
|
De
discordia y de envidias la cizaña,
|
|
|
Oponiendo incesante y harto
astuta
|
|
|
A los Condés los Guisas, Francia
a Francia,
|
|
|
Con sus mismos contrarios más
discordes
|
|
|
Pronta siempre a ligarse, y en
mudanza
|
|
|
De
enemigos perpetua, de rivales,
|
|
|
De
intereses, de bandos y de causas,
|
|
|
Del deleite y placer, si bien no
tanto 10
|
|
|
Como de la ambición, sensual
esclava,
|
|
|
Y para colmo, además,
supersticiosa, 11
|
|
|
Y a su culto también mil veces
falsa;
|
|
|
La Médicis, Señora, por decirlo
|
|
|
Sin
explicarme más, en dos palabras,
|
|
|
Poseía, por fin, del sexo propio
|
|
|
Con muy poca virtud todas las
faltas...
|
|
|
Se deslizó mi lengua. La
franqueza
|
|
|
Perdonadme, gran Reina.
Computada
|
|
|
No sois ya sobre todo en ese
sexo.
|
|
|
Dél no tiene Isabel más que las
gracias.
|
|
|
El cielo, que os formó porque
supieseis
|
|
|
Imperios
dirigir, nos echa en cara
|
|
|
A
todos vuestro ejemplo, y en la lista
|
|
|
Ya la Europa os admira numerada
|
|
|
De
los hombres más célebres y grandes.
|
|
|
«De una imprevista suerte fiera saña,
|
|
|
De Francisco segundo, con
Enrique
|
|
|
La reunión en la tumba
ejecutara.
|
|
|
Francisco,
niño feble, que de Guisa
|
|
|
Los caprichos seguía y adoraba;
|
|
|
Joven, cuyas virtudes, cuyos
vicios
|
|
|
Igualmente secretos, se
ignoraban.
|
|
|
Carlos, más mozo aun, tan solo
el nombre
|
|
|
Poseía de Rey. Solo reinaba
|
|
|
Médicis
a placer, y a su ley sola
|
|
|
Todo se humilla ya, todo se
espanta.
|
|
|
En
dejar su poder asegurado
|
|
|
Bien presto su política afanada,
|
|
|
De
un hijo, en demasía blando y dócil,
|
|
|
La infancia al parecer
eternizaba.
|
|
|
De la voraz discordia por su
mano
|
|
|
En la Francia encendiendo la
atroz hacha,
|
|
|
Con sangre, de su nuevo y duro
imperio
|
|
|
Los
principios la Médicis señala.
|
|
|
De
dos furiosas sectas enemigas,
|
|
|
La
cólera y los celos mueve y arma.
|
|
|
Las
campiñas de Dreux, que al viento vieron
|
|
|
Sus funestas banderas
desplegadas,
|
|
|
Primer teatro infausto, campo
horrible
|
|
|
De
los trofeos fueron de sus tramas.
|
|
|
En
tan triste jornada, Montmorenci, 12
|
|
|
Caudillo que peinaba antiguas
canas,
|
|
|
Del luctuoso paraje poco lejos
|
|
|
Do
el panteón de los Reyes se levanta,
|
|
|
Alcanzado, por fin, y mal herido
|
|
|
Del mortífero plomo que arrojara
|
|
|
Una guerrera mano, de cien años
|
|
|
De marciales trabajos terminada
|
|
|
Su carrera vio allí; y de
Orleans cerca
|
|
|
Fue asesinado Guisa. Por
desgracia, 13
|
|
|
La vida de mi caro infeliz
padre, 14
|
|
|
Siempre a la aleve corte
encadenada,
|
|
|
Siempre, y a su pesar, sirviendo
humilde
|
|
|
A la cruel Catalina su tirana,
|
|
|
Siempre sobrado feble, entre
ignominias
|
|
|
Su indecisa fortuna tras sí
arrastra;
|
|
|
Y siempre por su mano preparando
|
|
|
Sus
desdichas él propio y sus infamias,
|
|
|
Ha combatido y muerto de sus
mismos
|
|
|
Fieros perseguidores por la
causa.
|
|
|
Condé, que tierno vástago me
mira
|
|
|
Que de su hermano huérfano
restara,
|
|
|
Oficioso adoptandome, sirviome
|
|
|
De
padre y de señor. De sus campañas
|
|
|
El suelo fue mi cuna. Entre
guerreros
|
|
|
Allí
criado y en fatigas varias,
|
|
|
De la corte, a su ejemplo,
desdeñando
|
|
|
Una indolencia obscura, a tantos
grata,
|
|
|
Y del verde laurel de amargo
fruto
|
|
|
Prefiriendo gozar la sombra
clara,
|
|
|
De
juegos a mi infancia y de recreos
|
|
|
Sirvieron
desde entonces sus batallas.
|
|
|
«¡O
llanos de Jarnac! ¡o en demasía
|
|
|
Inhumana,
alevosa y vil espada!
|
|
|
Bárbaro
Montesquieu, que de asesino, 15
|
|
|
Más
bien que de soldado nombre alcanzas!
|
|
|
Condé,
que moribundo, que cubierto
|
|
|
De
gloriosas heridas ya encontraras,
|
|
|
De
tu golpe cayó bajo la furia.
|
|
|
Yo descargar lo vide. Yo segada
|
|
|
Su vida he visto allí... ¡ah!,
que harto joven
|
|
|
De
flaco brío aún y estéril saña,
|
|
|
No pudo ¡ay Dios! no pudo allí
mi brazo,
|
|
|
Ni prevenir su muerte, ni
vengarla.
|
|
|
«El
cielo, protector de mi flaqueza,
|
|
|
De héroes al celo ardiente y vigilancia,
|
|
|
Mi débil juventud, siempre
piadoso,
|
|
|
Confiar felizmente decretara;
|
|
|
Y
de Condé, por fin, sucesor digno,
|
|
|
La defensa, Coliñi, al punto
abraza 16
|
|
|
De mi persona a un tiempo y de
mi bando.
|
|
|
Yo se lo debo todo, si. Tan
grata
|
|
|
Confesión de mi deuda, es bien
forzosa;
|
|
|
Pues si la Europa ve, si acaso
alaba
|
|
|
De
virtud en mis hechos algún rasgo;
|
|
|
Si esa Roma procaz, que me
amenaza,
|
|
|
Si aun esa Roma misma, muchas
veces
|
|
|
El
mérito apreció de mis hazañas,
|
|
|
¡Vos sois, vos sombra ilustre, a
quien lo debo!
|
|
|
«Crecí bajo sus ojos. Allí hallara
|
|
|
Mi juvenil ardor por tiempo
largo,
|
|
|
De la guerra la escuela dura y
brava.
|
|
|
Él mismo, a cada paso, de los
héroes,
|
|
|
Con su ejemplo el gran arte me
enseñara.
|
|
|
Yo he visto a este guerrero
encanecido
|
|
|
En
trabajosas lides y hechos de armas,
|
|
|
Sobre
sus fatigados nobles hombros,
|
|
|
A una vez sostener con fuerza y
calma,
|
|
|
De la causa común, contra la
Reina
|
|
|
Y la fortuna infiel toda la
carga.
|
|
|
En su bando querido, y del
adverso
|
|
|
No menos respetado, injurias
agrias
|
|
|
De la fortuna a veces
soportando;
|
|
|
Más siempre, a su pesar, por su
constancia
|
|
|
Igualmente temido y peligroso;
|
|
|
De destreza, por fin, no menos
sabia
|
|
|
Al
mandar retiradas que combates;
|
|
|
Y
en sus mismas derrotas, harto infaustas
|
|
|
Más
grande, más glorioso, y más temible,
|
|
|
Que Dunois o Gastón serlo
lograran,
|
|
|
En el triunfante curso de la
dicha,
|
|
|
Que
coronó el suceso de sus armas.
|
|
|
«Al cabo de dos lustros ya cumplidos
|
|
|
De
prósperas empresas y desgracias,
|
|
|
Médicis,
que a ver torna renaciente
|
|
|
Un partido que crédula contaba
|
|
|
Para
siempre deshecho, y cuyas tropas
|
|
|
Ya
de Francia los campos inundaban,
|
|
|
De
infructíferos triunfos y combates
|
|
|
Dados en guerra abierta al fin
cansada,
|
|
|
Por último maquina, intenta
aleve,
|
|
|
Sin
más vanos esfuerzos en campaña,
|
|
|
En
el seno apacible de los pueblos,
|
|
|
Y
en su mísera sangre, sufocada
|
|
|
De un golpe dejar ya la civil
guerra.
|
|
|
La
corte, desde entonces, de sus gracias
|
|
|
Seductores halagos nos ofrece.
|
|
|
De
vencernos, por fin, desesperada,
|
|
|
Engañarnos procura, y con
propuestas
|
|
|
De
una paz lisonjera nos aplaca;
|
|
|
Más! que paz, justo Dios a quien
atesto!
|
|
|
¡Cuanta sangre, gran Dios de las
venganzas,
|
|
|
Presto inundó, manchó su
infausta oliva!
|
|
|
¿Y
será fuerza ¡cielos! que la raza
|
|
|
De
los supremos jefes de los hombres,
|
|
|
Del delito las sendas allanadas
|
|
|
A sus súbditos deje con su
ejemplo?
|
|
|
«Allá
en su corazón fe le guardaba
|
|
|
Coliñi a su señor. Lágrimas
tiernas
|
|
|
De profundo dolor le cuesta
Francia,
|
|
|
Aun cuando, a su pesar, por su
bien solo
|
|
|
En
combatir Franceses se empleara.
|
|
|
De
este bien arrastrado, abraza, acepta,
|
|
|
Y aún la ocasión previene, que
ostentaba
|
|
|
Asegurar propicia del Estado
|
|
|
La concordia común tan
suspirada.
|
|
|
En el pecho del héroe, raras
veces
|
|
|
Halla abrigo la vil desconfianza.
|
|
|
Coliñi, entre alevosos enemigos,
|
|
|
De una seguridad sobrado incauta
|
|
|
Conducido por fin, a París
viene,
|
|
|
Y allí fija su fúnebre morada.
|
|
|
Del Louvre a un tiempo mismo
allá hasta el fondo
|
|
|
Mis
pasos dirigió. Médicis falsa,
|
|
|
Recíbeme llorando entre sus
brazos;
|
|
|
Ternezas me prodiga, me agasaja
|
|
|
Cual madre largo tiempo, y a
Coliñi
|
|
|
La más fina amistad le
protestaba.
|
|
|
Que a lo adelante quiere por su
sabio
|
|
|
Consejo gobernarse, le declara;
|
|
|
Cólmale
de favores, y a sublimes
|
|
|
Dignidades sus méritos exalta.
|
|
|
Muestra a los míos todos,
deslumbrados
|
|
|
De dulces lisonjeras esperanzas,
|
|
|
Fascinantes y astutas
apariencias
|
|
|
De
las gracias del Rey más señaladas.
|
|
|
Esperábamos ¡ha! creído hubimos,
|
|
|
Gozar
de ellas en paz edad más larga.
|
|
|
«Sospecharon no pocos la perfidia
|
|
|
De estos presentes, si. Se
recordaran
|
|
|
Cuan temible era el don del
enemigo;
|
|
|
Más siempre a sus recelos
igualaban
|
|
|
Del Rey los artificios. Poco
hacía,
|
|
|
Que de un secreto obscuro allá a
la capa,
|
|
|
Al perjurio, la Médicis, y al
fraude
|
|
|
Iba el hijo formando. Preparaba
|
|
|
A
crímenes atroces de aquel joven
|
|
|
El fácil corazón, y por
desgracia,
|
|
|
El Príncipe infeliz, a sus
lecciones
|
|
|
Dócil
en demasía, y a observarlas
|
|
|
Por su genio feroz harto
excitado,
|
|
|
En
su culpable escuela aprovechaba,
|
|
|
Y excesivos progresos
consiguiera.
|
|
|
«Porque,
a un misterio vil de horrible cara,
|
|
|
Hermoso y noble velo astuto
echase,
|
|
|
Su hermana me concede, y ya me
llama
|
|
|
Su hermano ¡O falso nombre, y
cuán funesta
|
|
|
Ha sido tu ilusión, tu fe cuán
vana!
|
|
|
O himeneo fatal, primer presagio
|
|
|
De
nuestros males todos! Turbias llamas
|
|
|
De
tu antorcha, soplada y encendida
|
|
|
Del cielo por las iras, de mi
amada,
|
|
|
De mi infelice madre ¡o amarga
pena! 17
|
|
|
A estos mis propios ojos
alumbraban
|
|
|
La tumba funeral. Ligero,
injusto
|
|
|
No intento ser, Señora, en esta
causa.
|
|
|
Yo de imputar no acabo a
Catalina,
|
|
|
De mi madre la muerte acelerada.
|
|
|
Su misteriosa muerte, no
pretendo
|
|
|
Sin
más pruebas cargarle. Tal vez, varias
|
|
|
De
legales indicios de mí aparto.
|
|
|
Es
bien inútil ¡Reina! es excusada
|
|
|
La pena de buscar a Catalina,
|
|
|
Más
número de crímenes y faltas.
|
|
|
Murió, Señora, al fin murió mi
madre...
|
|
|
Perdonadme unas lágrimas, que
arranca
|
|
|
A mi dolor, tan tierno y fiel
recuerdo,
|
|
|
Todo se apresta en tanto. Ya es llegada
|
|
|
Del desenlace cruel la fatal
hora,
|
|
|
Que
Médicis muy antes reservara.
|
|
|
«A
favor de las sombras de la noche,
|
|
|
Sin estrépito fue la seña dada.
|
|
|
De aquel mes, de memoria a
Francia horrenda
|
|
|
La nuncio desigual que retirara
|
|
|
A la tierra de espanto, parecía,
|
|
|
De su manchada faz la luz
plateada.
|
|
|
Del reposo en los brazos
dulcemente
|
|
|
El incauto Coliñi se entregaba,
|
|
|
Y
un sueño engañador, de adormidera
|
|
|
Sus órganos con flores
recargara.
|
|
|
Más de alaridos, pronto, un rudo
estruendo
|
|
|
Interrumpió, turbó tan |