|
|
«Cuando fúnebres días se
cumplieran,
|
|
|
En que a tanta crueldad, del
hado impío
|
|
|
Libre curso el decreto
permitiera;
|
|
|
Y
de asesinas turbas, fatigadas
|
|
|
De incendios y homicidios, a la
fiera,
|
|
|
Ya embotada cuchilla del
degüello,
|
|
|
Más inocentes víctimas no
restan;
|
|
|
El obcecado pueblo, cuyo brazo
|
|
|
Con bárbara impiedad armó la
Reina,
|
|
|
Abre
por fin los ojos, y el fiel lienzo
|
|
|
Hace
de sus delitos, que suceda
|
|
|
Fácilmente su lástima a sus
iras.
|
|
|
De la Patria el clamor hiere su
oído;
|
|
|
Y bien presto de horror el mismo
Carlos
|
|
|
Sobrecogido todo, se sublevan
|
|
|
Allá en su corazón
remordimientos,
|
|
|
Que
áspides lo devoran y envenenan.
|
|
|
Del Rey la educación, aunque
infelice,
|
|
|
Aunque
a él mismo y sus pueblos tan funesta,
|
|
|
En
sus primeros años de su genio
|
|
|
El nativo carácter corrompiera:
|
|
|
Nunca en él, sin embargo,
sufocara
|
|
|
Aquella voz del cielo y la
conciencia,
|
|
|
Que sobre el solio mismo logra
oírse,
|
|
|
Y a los Reyes espanta y
atormenta.
|
|
|
Y
si bien, torpes máximas y ejemplos
|
|
|
De
su madre nutriéranle en la escuela,
|
|
|
Todavía
en los crímenes y vicios
|
|
|
Su corazón no estaba, cual el de
ella,
|
|
|
Irreparablemente empedernido.
|
|
|
De
sus mejores días la flor llegan
|
|
|
A
marchitar tristezas y pesares,
|
|
|
Y mortal languidez su aliento
abrevia.
|
|
|
El
formidable Dios de las venganzas,
|
|
|
Desplegando, por fin, la más
severa,
|
|
|
A este Rey moribundo, de su
enojo
|
|
|
Con
patentes y horribles marcas sella;
|
|
|
Aterrar meditando, en su
escarmiento,
|
|
|
Cualquiera
que en pos dél, osado fuera
|
|
|
Por
sus huellas marchar. Vile expirando;
|
|
|
Y su
asombrosa imagen aún creyera
|
|
|
Delante
aquí tener de estos mis ojos,
|
|
|
Que el recuerdo enternece de su
pena.
|
|
|
A
gruesos borbotones, por los poros
|
|
|
De
su cuerpo, la sangre de las venas
|
|
|
Lanzándose copiosa, la francesa,
|
|
|
Que con tanta impiedad el rigor
fiero
|
|
|
De
sus atroces órdenes vertiera,
|
|
|
Parecía querer dejar vengada.
|
|
|
Herido se sentía y se confiesa
|
|
|
De una invisible mano; y
aturdido
|
|
|
De catástrofe el Pueblo tan
horrenda,
|
|
|
Llora una juventud, gime una
vida
|
|
|
En
su abril agostada; un Rey que viera
|
|
|
Por perversos al crimen
arrastrado,
|
|
|
Y
que indicios, al fin, de penitencia,
|
|
|
De un imperio más dulce, a lo
adelante
|
|
|
Tal cual feble esperanza
prometieran.
|
|
|
«Allá
del Norte helado desde el fondo,
|
|
|
De su muerte al fragor, que allí
resuena,
|
|
|
Impaciente Valois, rápido parte,
|
|
|
Precipitadamente al punto llega
|
|
|
A apoderarse al suelo, en que
aun bullía
|
|
|
Del carnicero estrago sangre
fresca,
|
|
|
De la sangrienta herencia de su
hermano.
|
|
|
«Por
común elección, con la diadema
|
|
|
De su Reino, aquel tiempo, la
Polonia,
|
|
|
Del dichoso Valois la sien
ciñera;
|
|
|
De Jagellon al trono le llamara,
|
|
|
De su primera edad marciales
prendas,
|
|
|
Que,
sin duda, más célebre y temible
|
|
|
De
Enrique de Valois el nombre hicieran,
|
|
|
Que
los más fuertes Príncipes, los votos
|
|
|
De
cien vastas provincias le granjean,
|
|
|
Y al solio le proclaman con
aplauso.
|
|
|
¡O lisonjera fama, y cuánto
pesas
|
|
|
Cuando sobradamente eres
temprana!
|
|
|
Tan peligrosa carga, no supiera
|
|
|
Sobrellevar
Valois. Jamás de Enrique
|
|
|
Su disculpa se espere. Norabuena
|
|
|
Sacrifíquele yo vida y reposo.
|
|
|
Todo le inmolaré, mientras no
sea
|
|
|
La
verdad, que amo más, y le prefiero.
|
|
|
Mi corazón le llora y le
reprueba
|
|
|
Al paso que le auxilio y soy su
apoyo.
|
|
|
«Como
sombra fugaz, pasada fuera
|
|
|
De
Enrique de Valois la primer gloria.
|
|
|
Mudanza grande, sí; pero no
nueva.
|
|
|
Visto se ha más de un Rey, de
nuestra vida
|
|
|
En
la siempre voluble y leve rueda,
|
|
|
De
un vencedor pasar en la campaña,
|
|
|
A un esclavo en la Corte. Sólo
¡o Reina!
|
|
|
En
el humano espíritu fundado
|
|
|
Está el digno valor. No
recibiera
|
|
|
Del Cielo, sino en parte, las
virtudes
|
|
|
El infeliz Valois. No se le
niega
|
|
|
La insigne de animoso; pero
feble,
|
|
|
Y
más que Rey, soldado, en él firmeza
|
|
|
Solo en días se ha visto de
combates.
|
|
|
Adulando vilmente su indolencia,
|
|
|
Vergonzosos y pérfidos privados,
|
|
|
A su antojo gobiernan, doquier
llevan
|
|
|
De un corazón tan débil la
inconstancia.
|
|
|
De palacio en el fondo le
reservan;
|
|
|
Y
allí con él cerrados, y allí sordos
|
|
|
Al
clamor de los pueblos, que la pena
|
|
|
De su opresión arranca, por su
labio
|
|
|
Su voluntad maléfica y funesta
|
|
|
A su arbitrio dictaban. Del
tesoro
|
|
|
De la Francia, y su pública
opulencia,
|
|
|
Los
restos y despojos miserables,
|
|
|
Pródigos dilapidan en torpezas;
|
|
|
Y consumiendo al pueblo, que
suspiros
|
|
|
Al viento exhala en vano, se
lamenta
|
|
|
De
su lujo, y pagaba sus placeres.
|
|
|
«Mientras
que bajo el yugo, que impusieran
|
|
|
Sus codiciosos dueños, así
oprime
|
|
|
Al Estado Valois, así exaspera
|
|
|
Con enormes tributos, llega
Guisa.
|
|
|
El inconstante pueblo, a su
presencia,
|
|
|
Los ojos vuelve al punto sobre
un astro,
|
|
|
Que espléndido y propicio se le
muestra.
|
|
|
De su padre la gloria, sus
hazañas,
|
|
|
Su
bravura, sus gracias, su belleza,
|
|
|
Y de agradar, al fin, el don
dichoso,
|
|
|
Que
más que la virtud, se enseñorea
|
|
|
Del corazón del hombre, por
encanto
|
|
|
Los
populares votos tras sí llevan.
|
|
|
»Nadie mejor que Guisa el feliz arte
|
|
|
Supo
de seducir. Nadie obtuviera
|
|
|
Sobre toda pasión igual imperio.
|
|
|
Ninguno con más maña ni
destreza,
|
|
|
Bajo exteriores supo más
falaces,
|
|
|
Abrigar
de las miras más inmensas
|
|
|
La
obscuridad más lóbrega y profunda.
|
|
|
De un índole imperiosa, altiva y
fiera,
|
|
|
Más
popular, afable y dulce a un tiempo,
|
|
|
Las graves vejaciones, las
miserias
|
|
|
De
los pueblos en público declama.
|
|
|
El
rigor de las cargas que le aquejan,
|
|
|
Con horror maldecía. Todo pobre
|
|
|
Venturoso a su hogar de verle
llega.
|
|
|
Sabía prevenir del vergonzante
|
|
|
Ciudadano la tímida pobreza.
|
|
|
Su mano liberal, sus beneficios,
|
|
|
En
París anunciaban su asistencia.
|
|
|
De
los Grandes, que le eran más odiosos,
|
|
|
Ganábase el amor como por
fuerza;
|
|
|
Terrible y sin regreso, desde el
punto
|
|
|
En que alguno era herido de su
ofensa:
|
|
|
Harto
astuto y prudente en sus ficciones;
|
|
|
Audaz y temerario en sus
empresas;
|
|
|
Brillante
en sus virtudes y en sus vicios;
|
|
|
Conocedor del riesgo que
desdeña;
|
|
|
Príncipe grande, en fin, feliz
soldado,
|
|
|
Mal ciudadano, empero, Guisa
fuera.
|
|
|
«Cuando
ya su poder por algún tiempo
|
|
|
Ensayado tenía, y cuando piensa
|
|
|
Fija del ciego pueblo la
inconstancia,
|
|
|
Ya no se oculta más; ya osado
ostenta
|
|
|
De su ambición rebelde el
atentado;
|
|
|
Y con resolución firme y
abierta,
|
|
|
El fundamento mismo, los
cimientos
|
|
|
Del trono de su Rey minar
intenta.
|
|
|
En París, a este fin, forma la
Liga,
|
|
|
Que fatal y veloz, recorre e
infesta
|
|
|
De Francia el resto todo:
monstruo horrendo,
|
|
|
Que
los Grandes y Pueblos alimentan,
|
|
|
En
tiranos fecundo, y que en carnaje
|
|
|
De
humanales cadáveres se ceba.
|
|
|
«Desde entonces, la Francia desgarrada,
|
|
|
Con dolor en su seno a mirar
llega
|
|
|
Dos
Monarcas; el uno, que de serlo
|
|
|
Insignias solo frívolas
conserva;
|
|
|
Y el otro, que el terror y la
esperanza
|
|
|
Por doquier inspirando, tiene
apenas
|
|
|
Necesidad del título, que solo
|
|
|
Llevaba
aquél de Rey en apariencia.
|
|
|
Aunque sobrado tarde,
finalmente,
|
|
|
Conmuévese Valois. Valois
despierta
|
|
|
Del
seno de embriaguez en que yacía.
|
|
|
El inminente riesgo, que le
cerca
|
|
|
El soberbio aparato y estampido,
|
|
|
Sus recargados ojos
entreabrieran;
|
|
|
Más de una nueva luz, que le
importuna,
|
|
|
Deslumbrada su vista, aún en la
fuerza
|
|
|
De la extrema borrasca, no
divisa
|
|
|
El rayo, que amagaba a su
cabeza,
|
|
|
Que
sobre ella tronaba; y de un momento,
|
|
|
Cansada de vigilia su
indolencia,
|
|
|
Nuevamente
arrojándose en los brazos
|
|
|
Del perezoso sueño, de
halagüeñas
|
|
|
Delicias
y privados entre arrullos,
|
|
|
Con mayor languidez todo se
enerva,
|
|
|
Y al borde espantador del
precipicio,
|
|
|
Adormida de nuevo su alma queda.
|
|
|
«En tan mísero estado, en
tal conflicto,
|
|
|
Aún
de Enrique el amor y fe le restan.
|
|
|
Pronto ya a perecer, yo soy tan
solo
|
|
|
El único socorro con que cuenta.
|
|
|
Sucesor
de Valois, era de Francia
|
|
|
El trono, a falta de él, mi
augusta herencia:
|
|
|
Mi afecto y mi interés súbito
armaron
|
|
|
Mi brazo, sin dudar, en su
defensa.
|
|
|
Un necesario apoyo, que le
libre,
|
|
|
Apresúrome a dar, a su flaqueza,
|
|
|
Y con paso veloz a vencer corro,
|
|
|
O con él a morir en la palestra.
|
|
|
«Pero,
para dañar por demás hábil,
|
|
|
Allá en secreto, Guisa, astuto
inventa
|
|
|
Al uno por el otro derribarnos.
|
|
|
El seduce ¡que digo! a Valois
fuerza
|
|
|
Del único socorro a enajenarse,
|
|
|
De salvarle capaz. Al fin,
maneja
|
|
|
De Religión pretextos
ordinarios,
|
|
|
Políticos pretextos, con que
piensa
|
|
|
Tender del vil misterio sobre
horrores
|
|
|
El más honroso velo. Al pueblo
inquieta,
|
|
|
La
hoguera de sus iras encendiendo
|
|
|
Aún no bien apagada. Le recuerda
|
|
|
De
sus padres el culto, los ultrajes,
|
|
|
Que
de las nuevas sectas extranjeras,
|
|
|
De
sufrir acababan templos y aras,
|
|
|
Que
de antiguo adoró la grey francesa:
|
|
|
Y a mí me pinta, en fin, como a
un profano
|
|
|
Enemigo de Dios y de su Iglesia.
|
|
|
Sus
errores, les dice, a cualquier parte
|
|
|
Que su planta dirige, tras sí
lleva.
|
|
|
Ejemplos
de Isabel sigue arriesgados.
|
|
|
Templos mil a su culto alzar
proyecta,
|
|
|
De
ruinas y escombros sobre montes,
|
|
|
Que
maquina abatir de iglesias vuestras;
|
|
|
Y esas predicaciones criminales,
|
|
|
Presto en París veréis como
resuenan.
|
|
|
De su hipócrita celo a estas
palabras,
|
|
|
El Pueblo se enfurece, el Pueblo
tiembla
|
|
|
Por su altar en peligro, y al
palacio
|
|
|
Del Rey corre alarmado. Miedo
afecta
|
|
|
La fanática Liga, que insolente,
|
|
|
En voz alta de Roma a nombre
llega
|
|
|
Intimando a su Rey, que ya por
Roma
|
|
|
Toda reunión conmigo se le veda.
|
|
|
Feble
el Rey por demás ¡ah! de la Liga
|
|
|
A tan audaz insulto se doblega;
|
|
|
Sin réplica obedece, y cuando
vuelo
|
|
|
A
vengar sus injurias, tristes nuevas
|
|
|
A conocer me dan que ya mi
hermano
|
|
|
A la Liga sumiso, se aviniera
|
|
|
Para perderme a mí con su
enemigo.
|
|
|
A
su pesar sus tropas de la tierra
|
|
|
Ya
los campos cubrían, y de miedo
|
|
|
Declárame una guerra injusta y
necia.
|
|
|
«Con
lágrimas sinceras lamentando
|
|
|
De su mísero acuerdo
consecuencias,
|
|
|
Sin nada contemplar, corro a
batirle
|
|
|
En
lugar de vengarle. Ya en diversas
|
|
|
Ciudades
de la Francia, y por cien lados,
|
|
|
De la Liga el alarma produjera
|
|
|
Contra mí gruesas haces; y
ministro
|
|
|
Precipite Joyeuse de flaquezas
|
|
|
Indignas
de su Rey, rápidamente
|
|
|
Sobre mí con ardor caer intenta.
|
|
|
Guisa, por otra parte, nada
menos
|
|
|
Prudente que esforzado, me
dispersa,
|
|
|
Cortándoles el paso, mis amigos.
|
|
|
Numerosos en Francia, por
doquiera,
|
|
|
Enemigos
y ejércitos me oprimen;
|
|
|
Más, sin embargo, yo, todas sus fuerzas
|
|
|
A un tiempo desafiando, me
apresuro
|
|
|
A tentar decidido de la guerra,
|
|
|
Propicia a los audaces la
fortuna.
|
|
|
«Yo
allá en Coutrás busqué, y hallar quisiera
|
|
|
Al
soberbio Joyeuse. Ya sabríais 28
|
|
|
La
rota, que en Coutrás sufrió completa.
|
|
|
De aquel Caudillo intrépido la
muerte,
|
|
|
Sin duda no ignoráis. No debo,
Reina,
|
|
|
Con vanas relaciones
molestaros.»
|
|
|
«Yo
no os admito, Enrique, esas modestas
|
|
|
Delicadas escusas, le replica;
|
|
|
¿Queréis, dice Isabel, negar con
ellas
|
|
|
A mi curioso anhelo,
narraciones,
|
|
|
Que igualmente me ilustran, que
interesan?
|
|
|
No; de Coutrás el día, aquel
gran día
|
|
|
En
olvido no echéis, y de las penas,
|
|
|
De
los trabajos vuestros, y virtudes,
|
|
|
De
Joyeuse y su muerte dadme cuenta.
|
|
|
Vos, ¡insigne Guerrero! el autor
solo
|
|
|
De
hazañas de tal brillo, y tal grandeza
|
|
|
Contarlas
podrá bien, y quizá digna
|
|
|
De
escucharlas soy dél.» Dijo: a tan bella
|
|
|
Lisonjera demanda, sintió el
Héroe,
|
|
|
Que de un noble sonrojo era cubierta
|
|
|
De
su frente la tez, y a pesar suyo
|
|
|
A
hablar ya de sus glorias y proezas
|
|
|
De la Reina obligado, el hilo
sigue
|
|
|
De la historia fatal de esta
manera.
|
|
|
«De
cuantos caballeros en la corte
|
|
|
Del infatuado Rey ídolos eran,
|
|
|
Entre
cuantos adulan su molicie,
|
|
|
Y le imponen la ley con
insolencia,
|
|
|
Por
su estirpe, Joyeuse, en Francia ilustre,
|
|
|
De
favor y privanza tan suprema
|
|
|
Era el menos indigno. Le
adornaban
|
|
|
Virtudes diferentes, y si
adversa,
|
|
|
No cortase la parca en aquel día
|
|
|
De
sus más florecientes la carrera,
|
|
|
Con un alma, sin duda, ya
formada
|
|
|
A grandiosas e intrépidas
empresas,
|
|
|
A su tiempo, Señora, del de
Guisa
|
|
|
Igualado la gloria y nombre
hubiera;
|
|
|
Más en medio criado de una
corte,
|
|
|
Entre la femenil delicadeza,
|
|
|
En
el seno ablandado de placeres,
|
|
|
Y en brazos del amor, solo
conserva
|
|
|
Excesos
que oponerme de bravura,
|
|
|
Peligrosa ventaja, que acelera
|
|
|
Tal
vez de un joven héroe la desgracia.
|
|
|
A su suerte adherida, gran
caterva
|
|
|
De
nobles cortesanos, que de abismos
|
|
|
Salían
de deleites y flaquezas,
|
|
|
Galante se avanzaba hacia la
muerte.
|
|
|
Por
prendas en sus trajes de terneza,
|
|
|
Con
amorosas cifras, de sus Damas
|
|
|
Señalados
los dulces nombres llevan.
|
|
|
Relumbraban
sus armas entre rayos
|
|
|
De diamantes, que adorno inútil
eran
|
|
|
De brazos,
que enervara un muelle lujo.
|
|
|
Fogosos
y desnudos de experiencia,
|
|
|
En tumulto conducen al combate
|
|
|
Su fiereza imprudente y
altanera.
|
|
|
Con su pompa orgullosos, y
pagados
|
|
|
De un numeroso campo, sin más
regla,
|
|
|
Sin
más orden, avanzan y se arrojan
|
|
|
Con impetuoso paso a la pelea.
|
|
|
«De
distinto esplendor hiere sus ojos
|
|
|
De mi ejército el campo. Sus
hileras,
|
|
|
En silencio extendidas a su
vista,
|
|
|
Solo por todos lados les
presentan
|
|
|
Ásperos combatientes, al trabajo
|
|
|
Endurecidos ya, que envejecieran
|
|
|
En
las marciales lides, a la sangre
|
|
|
Avezados
de lejos, y de feas
|
|