|
|
Avanzáranse, en tanto, se
aprestaran
|
|
|
Las
máquinas mortales, que en su seno,
|
|
|
De
los tercos rebeldes abrigaban
|
|
|
La fatal perdición; y por do
quiera,
|
|
|
Volando el hierro y fuego, que
arrojaran
|
|
|
Por
bocas cien de bronce, con estruendo
|
|
|
Sus murallas batían y aterraban.
|
|
|
Ni
de los Dez y seis sañosas iras,
|
|
|
Ni
la sagaz prudencia, que inspiraba
|
|
|
Al astuto Mayenne, ni de un
Pueblo
|
|
|
Con insolencia alzado la
arrogancia,
|
|
|
Ni
de escándalo llenos los discursos,
|
|
|
Que
de la ley Doctores divulgaran,
|
|
|
Otros
contra Borbón débiles menos
|
|
|
Menos vanos auxilios
ministraban.
|
|
|
A agigantados pasos la victoria
|
|
|
Del Héroe por las huellas se
avanzaba.
|
|
|
Sixto, Felipe, y Roma, por su
parte,
|
|
|
Hórridos anatemas fulminaran:
|
|
|
Roma, empero, por fin,
dichosamente,
|
|
|
De ser terrible al mundo ya
dejara.
|
|
|
Ya
impotentes sus rayos, en el aire
|
|
|
Con la razón chocando, se
exhalaban.
|
|
|
Por otro lado, a un tiempo, la
indolencia,
|
|
|
La pesadez maligna y ordinaria
|
|
|
Del vicio castellano, a los
sitiados,
|
|
|
Un urgente socorro retardaba.
|
|
|
Errantes
sus soldados por el Reino,
|
|
|
Sus
ciudades, en tanto, desolaban,
|
|
|
Sin que a París jamás socorro
dieran.
|
|
|
El pérfido político esperaba,
|
|
|
Que ya exhausto el Ligado, una
conquista
|
|
|
A su brazo ofreciese poco cara.
|
|
|
El peligroso apoyo, el lazo
astuto
|
|
|
De su falsa amistad, le
preparaba
|
|
|
En
vez de un aliado un señor fiero,
|
|
|
Cuando de un furibundo empresa
infanda,
|
|
|
Cambiar con mano aleve parecía
|
|
|
La suerte por un tiempo de la
Francia.
|
|
|
¡Tranquilos
habitantes, que los muros
|
|
|
De
la ilustre París hoy circunvalan!
|
|
|
Vosotros, que del Cielo
merecisteis
|
|
|
A la predilección, la insigne
gracia
|
|
|
De
nacer en más prósperas edades,
|
|
|
De perdonarme habréis, si aquí
empeñada,
|
|
|
Renovase mi pluma a la memoria,
|
|
|
La historia criminal, do negras
llanas
|
|
|
Ocupan vuestros padres
seducidos.
|
|
|
De
sus atrocidades feas manchas
|
|
|
Sobre vos no recaen, no os
denigran.
|
|
|
Todas las cubre al fin, todas
las lava
|
|
|
Vuestro leal amor a vuestros
Reyes.
|
|
|
Procreado
ha la Iglesia, en eras varias,
|
|
|
Solitarios varones, que reunidos
|
|
|
Bajo severas reglas, se miraban
|
|
|
Cual en todo distintos y
arredrados
|
|
|
Del
resto de los hombres, y en las aras
|
|
|
Votos solemnizando rigurosos,
|
|
|
Al servicio de Dios se
consagraran.
|
|
|
Unos
en soledades se sumían,
|
|
|
Gozando de la paz profunda
calma.
|
|
|
En su ascética vida inaccesibles
|
|
|
A atractivos del mundo y pompas
vanas,
|
|
|
Celosos
de un reposo dulce y blando
|
|
|
Que
robarles no pueden, de la humana
|
|
|
Mundanal
sociedad, que bien pudieran
|
|
|
Útilmente servir, huyen las
cargas.
|
|
|
De ellos, otros no pocos, sus
funciones
|
|
|
Haciendo de más pública
importancia,
|
|
|
De la Iglesia a las cátedras
subiendo,
|
|
|
No poco la sirvieran e
ilustraran:
|
|
|
Pero bien prontamente, por
desdicha,
|
|
|
Embriagados e ilusos con el aura
|
|
|
Que
sus talentos captan lisonjeros,
|
|
|
En
el siglo esparcidos, sus profanas
|
|
|
Costumbres adquiriendo, no
ignoraron
|
|
|
De una sorda ambición arteras
ansias,
|
|
|
Y
ya de sus intrigas y manejos
|
|
|
Más de un país a veces se
quejara.
|
|
|
Así
entre los mortales, el abuso
|
|
|
Del
más perfecto bien, en desgraciada
|
|
|
Fatal fuente del mal llega a
tornarle.
|
|
|
Los que la vida y regla
profesaran
|
|
|
De Domingo en España, largo
tiempo
|
|
|
Viéranla
florecer, y de la plaza
|
|
|
Más
obscura de empleos harto humildes,
|
|
|
A
los regios palacios de monarcas
|
|
|
Remontada bien presto la
miraron.
|
|
|
No con menos fervor, si limitada
|
|
|
A influencia menor y poderío,
|
|
|
Prosperó con respeto en nuestra
Patria,
|
|
|
Asaz
bien de los Reyes protegida
|
|
|
Apacible, y al fin afortunada,
|
|
|
Si en su materno seno, por
ventura,
|
|
|
Nunca al traidor Clemente
cobijara. 46
|
|
|
Desde
edad juvenil, llevado había
|
|
|
Al
retiro, Clemente, en que habitaba,
|
|
|
Los
tétricos accesos y fiereza
|
|
|
De una virtud selvaje y
arriesgada.
|
|
|
Feble, y crédulo simple, lleno
siempre
|
|
|
De devoción frenética e
insensata,
|
|
|
Su
espíritu sombrío, rudo y triste,
|
|
|
De
la facción rebelde y desbordada
|
|
|
El torrente seguía. Sobre joven
|
|
|
Vertiendo tan insano, en
abundancia,
|
|
|
La funesta Discordia el cruel
veneno
|
|
|
De su boca infernal, tanto le
exalta,
|
|
|
Que
al pié de los altares prosternado,
|
|
|
Con
criminales votos y plegarias,
|
|
|
Cada día más túrbido y
ferviente,
|
|
|
Los Cielos importuno fatigaba;
|
|
|
Y aunque cubierto, dicen, y
manchado
|
|
|
De
polvo y de ceniza, a Dios orara
|
|
|
Un día en esta horrible impía
forma.
|
|
|
«¡Dios,
que a tu Iglesia vengas, y las tramas
|
|
|
De
opresores castigas y tiranos!
|
|
|
¿Habrá de verse siempre, que
abismada
|
|
|
De
tus hijos la raza así consientas,
|
|
|
Y
de un Rey que te insulta, que te ultraja,
|
|
|
La sacrílega mano armando
impura,
|
|
|
El perjurio bendigas por su
causa,
|
|
|
Y el bárbaro homicidio
favorezcas?
|
|
|
Con dureza ¡Gran Dios!
desmesurada,
|
|
|
Los
rigores nos prueban de tu azote.
|
|
|
Harto
ya nos afligen y maltratan.
|
|
|
Contra tus enemigos levantarte
|
|
|
Dígnate ya Señor. Suspende,
aparta
|
|
|
De
nosotros la muerte y la miseria.
|
|
|
Líbranos de ese Rey, sobre la
Francia
|
|
|
En tu montada cólera arrojado,
|
|
|
Y del airado Cielo el furor
calma.
|
|
|
Ven, Señor: y ante ti marchando
venga
|
|
|
Del Exterminador la horrenda
espada.
|
|
|
Ten clemencia ¡mi Dios! Llega:
desciende:
|
|
|
Ármate,
y tus centellas inflamadas,
|
|
|
A nuestra vista hieran, quemen,
hundan
|
|
|
Su sacrílega hueste. Ambos
monarcas,
|
|
|
Sus
jefes y soldados, expirando,
|
|
|
Caigan cual hojas leves
dispersadas
|
|
|
A discreción del viento; y los
valientes
|
|
|
Católicos, que lidian por tu
causa,
|
|
|
Salvos
de tu justicia y tu clemencia
|
|
|
Por el poder inmenso y virtud
santa,
|
|
|
De ese ejército infiel sobre los
mismos
|
|
|
Cadáveres sangrientos, de
alabanza
|
|
|
Eucarísticos himnos te
enderecen.»
|
|
|
Cruzando
por los aires, escuchaba
|
|
|
Estos impíos ecos, la Discordia.
|
|
|
Recógelos al punto: entre ellos
baja
|
|
|
Del Tártaro a los lóbregos
imperios,
|
|
|
De donde la maléfica no tarda
|
|
|
En tornar, conduciendo de ellos
todos
|
|
|
Al
más cruel azote y atroz plaga.
|
|
|
Llega ya: Fanatismo, horrible
nombre,
|
|
|
El tirano diabólico se llama.
|
|
|
Hijo desnaturado de la misma
|
|
|
Religión
apacible dulce y mansa,
|
|
|
Armado de ella en pro, su ruina
intenta,
|
|
|
Y en su piadoso seno ya lograda
|
|
|
Una incauta acogida, al mismo
tiempo
|
|
|
Que
en sus brazos la estrecha, la desgarra.
|
|
|
El
fue, quien en Rabá, sobre los bordes
|
|
|
Condujo del Arnón, feroz guiaba
|
|
|
Del desgraciado Ammón los
descendientes
|
|
|
Cuando a su Dios Moloc, toda
bañada
|
|
|
En lágrimas la madre, del
hijuelo
|
|
|
Palpitando ofrecía las entrañas.
|
|
|
El de Jephté dictando el duro
voto,
|
|
|
Inhumano llevó la fiera daga
|
|
|
De su hija al corazón. Él mismo
ha sido
|
|
|
Quien en Aulida abriendo del
cruel Calcas
|
|
|
La despiedada boca, por su
acento
|
|
|
De Ifigenia la muerte audaz
reclama.
|
|
|
Él,
allá en lo sombrío de tus selvas,
|
|
|
Habitó largo tiempo ¡o antigua
Galia!
|
|
|
De
tus patrios aromas ha incensado
|
|
|
De
Teutatés la horrible Deidad vana.
|
|
|
Tú quizá, todavía, no olvidaste
|
|
|
Los
sacros homicidios que en las aras
|
|
|
De
tus indignos Dioses, frecuentaron
|
|
|
Los sanguinarios Druidas. En voz
alta,
|
|
|
Del Capitolio augusto allá en la
cumbre,
|
|
|
Herid,
a los Gentiles les gritaba,
|
|
|
Desgarrad y acabad a esos
Cristianos.
|
|
|
Más luego que abjurando las
paganas,
|
|
|
Y del Hijo de Dios la ley
siguiendo,
|
|
|
De Roma la cerviz le fue
postrada,
|
|
|
Del Capitolio hundido ya en
cenizas,
|
|
|
A la triunfante Iglesia veloz
pasa,
|
|
|
Y su furor frenético inspirando
|
|
|
En
las devotas almas que infectara,
|
|
|
Sus
índoles, de mártires piadosas
|
|
|
Cambia en perseguidoras y
tiranas.
|
|
|
La
secta turbulenta formó en Londres, 47
|
|
|
Que sobre un Rey imbécil mano
armada
|
|
|
Ensangrentar
osó; y allá en Lisboa,
|
|
|
No menos que en Madrid, fiero
atizaba 48
|
|
|
Los solemnes braseros, do anualmente
|
|
|
Sacerdotes serenos arrojaran
|
|
|
En magnífica pompa a los
hebreos,
|
|
|
En
quienes la firmeza castigaban
|
|
|
De
no querer jamás de sus mayores
|
|
|
El culto renegar y fe heredada.
|
|
|
En sus disfraces, de
ornamentos sacros
|
|
|
De ministros del cielo se
adornaba,
|
|
|
Revestíase siempre: pero adopta
|
|
|
Del Infierno, esta vez, en la
morada
|
|
|
De una noche eternal, la forma
nueva
|
|
|
Que a su nuevo delito acomodaba.
|
|
|
La Audacia y Artificio, los
disfraces
|
|
|
Con oportuno amaño le preparan.
|
|
|
De Guisa, con el talle, toman
luego
|
|
|
Los
rasgos, que a aquel héroe más marcaban;
|
|
|
De
aquel soberbio Guisa, en quien se viera
|
|
|
Del Estado al tirano, y al
monarca
|
|
|
De
su propio Señor, que en todos tiempos,
|
|
|
Y
aun después de su muerte desastrada,
|
|
|
Poderoso
y terrible, de la guerra
|
|
|
A los horrores todos y
desgracias
|
|
|
Nuestra
Francia inducía, y de los suyos
|
|
|
A ambiciosas empresas
arrastraba.
|
|
|
De un casco espantador arman su
frente,
|
|
|
Y empuñan en su mano lucia
espada
|
|
|
Siempre a la muerte pronta. En
su costado
|
|
|
Las mortales heridas también graban,
|
|
|
Con que a aquel jefe un día de facciosos
|
|
|
En
la ciudad blesense asesinaran;
|
|
|
Y
por tales heridas de la sangre,
|
|
|
Que corría abundosa, la voz
agria,
|
|
|
Acusar a Valois aún parecía,
|
|
|
Y reclamar sobre él cruda
venganza.
|
|
|
Tal el lúgubre fue ficto aparato,
|
|
|
Con que entre la amapola, que
derrama
|
|
|
El
dulce y blando sueño, y en el fondo
|
|
|
Del lóbrego retiro de su
estancia,
|
|
|
Vino aquel disfrazado horrible
espectro
|
|
|
A traer a Clemente su embajada.
|
|
|
De la fe religiosa el celo
falso,
|
|
|
Que una encendida cólera
inflamaba,
|
|
|
Con la Superstición, su fiel
amiga,
|
|
|
Y la inquieta y maléfica Cábala,
|
|
|
Unidos en su guarda de continuo
|
|
|
A
Clemente asistían de su estancia
|
|
|
Velándole al cancel, por el que
al punto
|
|
|
Al feroz Fanatismo dan entrada.
|
|
|
Llega; y con voz altiva y
majestuosa,
|
|
|
«Dios
tus votos acepta y tu demanda:
|
|
|
¿Pero acaso, le dice, ni otro
culto,
|
|
|
Ni otro incienso al Señor tu fe
consagra,
|
|
|
Que un voto estéril y un
perpetuo llanto?
|
|
|
Otras
ofrendas más, son necesarias
|
|
|
Al Dios que nuestra Liga ampara
y sirve.
|
|
|
Él
exige de ti, de ti demanda
|
|
|
Lo mismo que le pides. Si allá
un tiempo,
|
|
|
Para salvar Judith su nación
cara,
|
|
|
Lágrimas solo a Dios, solo
clamores
|
|
|
Consagrado le hubiera, si
alarmada
|
|
|
Por
el mal de su pueblo, por sus días
|
|
|
Temblado a un tiempo hubiese,
las murallas
|
|
|
Abatir
de Betulia Judith viera.
|
|
|
He aquí, he aquí, Clemente, las hazañas,
|
|
|
Las sagradas empresas cuyo
ejemplo,
|
|
|
Cuyo digno valor y ofrenda grata
|
|
|
Debrías imitar... más ya, ya
miro
|
|
|
Que
te avergüenzas, si, de la tardanza.
|
|
|
Vuela, pues; y tu mano, con la
sangre
|
|
|
Salvando del Ungido nuestra
Patria,
|
|
|
Vengue Roma, París, a mí, y al
mundo.
|
|
|
Por un asesinato vio segada
|
|
|
Mi vida ese Valois. Vengada
quede
|
|
|
Por otro golpe igual su aleve
saña.
|
|
|
De asesino el vil nombre no te
espante.
|
|
|
En ti será, Clemente, virtud
clara,
|
|
|
Lo
que en Valois fue crimen. A quien venga
|
|
|
La Iglesia, todo es justo.
Entonces nada
|
|
|
De
malo tiene y cruel el homicidio.
|
|
|
El Cielo lo autoriza ¡qué! lo
manda.
|
|
|
Él por mi voz te intima, que tu
brazo
|
|
|
Para dar ha elegido en su
venganza
|
|
|
Pronta muerte a Valois ¡Cuánta,
Jacobo,
|
|
|
Cuánta tu dicha fuera, tu honra
cuanta,
|
|
|
Si en seguida o de un golpe al
mismo tiempo,
|
|
|
Al tirano pudieses de la Francia
|
|
|
El Navarro juntar; si de ambos
Reyes
|
|
|
Tu Religión y Patria viendo
salvas,
|
|
|
Te pudiesen!... más no, no son
llegados
|
|
|
Esos
tiempos aún. Vida más larga
|
|
|
Disfrutar
debe Enrique. El Dios, que impío,
|
|
|
Que insolente persigue,
reservada
|
|
|
Al brazo de otro tiene tanta
gloria.
|
|
|
Tú,
de este Dios celoso, que en mí te habla,
|
|
|
El gran designio cumple, y dél
recibe
|
|
|
El don que por mi mano te
regala.»
|
|
|
Al
decir esto, ostenta y vibrar hace
|
|
|
Una daga brillante aquel
fantasma,
|
|
|
Que
del Averno en aguas por el odio
|
|
|
Fuera al intento bárbaro
templada.
|
|
|
Y
el don fatal poniendo de Clemente
|
|
|
En la mano feroz, súbito escapa;
|
|
|
Y
en la infernal morada se rehunde.
|
|
|
Del solitario joven deslumbrada
|
|
|
La gran facilidad, depositario
|
|
|
De intereses del Cielo se
juzgaba.
|
|
|
Besa el fatal presente con
respeto.
|
|
|
De
rodillas hincado, sus plegarias
|
|
|
Del Todo-poderoso el brazo
imploran,
|
|
|
Y
del terrible monstruo que le hablara,
|
|
|
Guiado del furor, con aire y
tono
|
|
|
De santificación, se preparaba
|
|
|
Al pérfido y horrendo regicidio.
|
|
|
¡A
cuanto error sujeto e ilusión vana
|
|
|
Está del hombre el ánimo! Clemente,
|
|
|
En
horas y ocasión tan desdichadas,
|
|
|
De la paz disfrutaba más
dichosa.
|
|
|
A su espíritu iluso confortaba
|
|
|
Aquella confianza leda y dulce,
|
|
|
Que
de los hombres justos en el alma,
|
|
|
Afirman el candor y la
inocencia.
|
|
|
Místicamente grave el furor
marcha
|
|
|
Del devoto traidor, bajos los
ojos.
|
|
|
Su sacrílego voto al Cielo
alzaba.
|
|
|
Su sosegada frente, marcas ciñen
|
|
|
De una austera virtud, y la vil
daga
|
|
|
Del parricida atroz cubre el
cilicio.
|
|
|
Seguros
sus amigos de tan alta
|
|
|
Tan celestial empresa, con mil
flores,
|
|
|
Que su celo fanático derrama
|
|
|
Bajo
sus pies, de aromas perfumando
|
|
|
El camino cubriendo por do pasa,
|
|
|
A
las puertas le guían, llenos todos
|
|
|
De
la veneración más pía y santa.
|
|
|
Sus designios bendicen: le
reaniman:
|
|
|
Instrúyenle,
y por fin, su nombre exaltan
|
|
|
Al número de tantos, como Roma
|
|
|
En
sus perpetuos fastos consagrara.
|
|
|
De
Francia el vengador, en altas voces,
|
|
|
Con furioso entusiasmo le
proclaman;
|
|
|
Y
ya con incensarios en las manos,
|
|
|
A invocarle propicio se
adelantan.
|
|
|
No transportados tanto ni
fervientes,
|
|
|
De la muerte solícitos con
ansia,
|
|
|
Los
primeros cristianos, que de apoyo
|
|
|
De
la fe de sus padres se gloriaban,
|
|
|
Allá
en más simples tiempos sus hermanos
|
|
|
Con placer al martirio
acompañaran,
|