|
|
Sacro
y antiguo fuero es en la Francia,
|
|
|
Que siempre que la muerte sobre
el trono
|
|
|
Inexorable extienda su guadaña,
|
|
|
Y
de la augusta sangre de sus Reyes,
|
|
|
Tan preciosa a los pueblos y tan
cara,
|
|
|
En su postrer canal llegue a
mirarse
|
|
|
Agotada la fuente, en sus
ancianas
|
|
|
Primitivas franquezas y derechos
|
|
|
La Nación quede al punto
reintegrada,
|
|
|
Pueda
un jefe elegir, mudar sus leyes.
|
|
|
Órganos
los estados de la patria,
|
|
|
Nombran
entonces Rey, y libre dejan
|
|
|
Tal vez su potestad o limitada.
|
|
|
Así
de nuestros padres, allá un día,
|
|
|
Soberanos decretos, a la plaza
|
|
|
De Carlomagno regia, remontaron
|
|
|
De
los Capetos la reinante rama.
|
|
|
En su ciego delirio la audaz
Liga,
|
|
|
Inquieta osó llamar y temeraria,
|
|
|
De
estos patrios estados a congreso,
|
|
|
Derechos entendiendo que
alcanzara,
|
|
|
Por un abominable asesinato,
|
|
|
De elegirse su Rey, variar su
raza,
|
|
|
Y el Estado cambiar. De esta
manera,
|
|
|
Excluir
a Borbón más bien pensaba
|
|
|
De un trono imaginario al fuerte
abrigo,
|
|
|
Y
entretener mejor así engañada
|
|
|
La estolidez del vulgo.
Presumía,
|
|
|
Que
los designios todos de sus tramas
|
|
|
Conciliaría
un Rey, y que sus fueros
|
|
|
Una sanción más sólida lograran
|
|
|
Bajo tan sacro nombre, siendo
mucho,
|
|
|
Por
más que injusta fuera y tumultaria,
|
|
|
Que de un Rey la elección hecha
quedase;
|
|
|
Pues fuese al fin quien fuese,
suspiraba
|
|
|
Por
un dueño el Francés, y un Rey quería.
|
|
|
Del famoso congreso a la asonada,
|
|
|
Con estrépito acuden velozmente
|
|
|
Todos
aquellos jefes, que obstinara
|
|
|
Y un loco y fiero orgullo
conducía.
|
|
|
Los
Nemours y Lorenas, de la España
|
|
|
Con el embajador, de Roma el
nuncio,
|
|
|
Y un furibundo clero, al Louvre
marchan,
|
|
|
Con su nueva elección, de
nuestros reyes
|
|
|
Los manes a insultar. El lujo,
infausta
|
|
|
Producción
de las públicas miserias,
|
|
|
La asamblea tiránica prepara
|
|
|
Con ruidoso esplendor. No
aparecían
|
|
|
Allí los grandes príncipes. No
estaban
|
|
|
Los
señores en ella más notables,
|
|
|
Que
del sublime estado y sangre clara
|
|
|
De
nuestros rancios pares, majestuosos
|
|
|
Potentes sucesores, del monarca
|
|
|
Sentados
a la par y en otros tiempos
|
|
|
Del Reino natos jueces, de tan
alta
|
|
|
Dignidad y poder, ya caducado,
|
|
|
Aun
rastros y reliquias blasonaban.
|
|
|
De nuestros respetables
parlamentos
|
|
|
Los sabios diputados allí
faltan,
|
|
|
Que
nuestras ya harto febles Libertades,
|
|
|
Con valor defendiesen y
constancia.
|
|
|
De
las Lises allí ya el aparato,
|
|
|
La insignia no se ve tan
ordinaria.
|
|
|
De un extranjero fausto todo
absorto
|
|
|
Se mira al Louvre ya. De honor
preparan
|
|
|
Al legado de Roma cierta silla.
|
|
|
Cerca dél a Mayenne se levanta
|
|
|
Magnífico dosel. Bajo él, con
pasmo,
|
|
|
Grabadas lee el concurso estas
palabras.
|
|
|
«Príncipes
que juzgáis sobre la tierra,
|
|
|
Cuya culpable mano, con audacia
|
|
|
Emprendiéndolo todo, nada
ahorra,
|
|
|
De
Valois en la muerte desastrada
|
|
|
A reinar aprended a lo
adelante.»
|
|
|
Ya se juntan al fin; ya
entre cábalas
|
|
|
Con infernales gritos, bandos
varios,
|
|
|
Retumbar del congreso hacen la
estancia:
|
|
|
Ya del error la venda ciega a
todos;
|
|
|
Y ya cierto ambicioso, de las
gracias
|
|
|
De Roma esclavo vil, a su legado
|
|
|
Lisonjas dirigiéndole, declama;
|
|
|
Que
llegado era el tiempo, en que las lises
|
|
|
Rastrasen con terror bajo la
tiara.
|
|
|
Que
en París al instante se erigiese
|
|
|
El tribunal sangriento, cuya
planta,
|
|
|
Invención era digna y monumento
|
|
|
Del poder monacal; que allá
aceptara
|
|
|
El Español, y él mismo ya
detesta;
|
|
|
Que
las aras vengando, las ultraja;
|
|
|
Que
de sangre cubierto, y circundado
|
|
|
De
tormentos, de afrentas y de llamas,
|
|
|
Quema, infama y degüella a los
mortales 51
|
|
|
Con
los sagrados filos de su espada;
|
|
|
Como si aún tocásemos la
horrible
|
|
|
La
deplorable edad, en que adoraba
|
|
|
Unos
Dioses la tierra inexorables,
|
|
|
Y a
quienes sacerdotes de inhumanas
|
|
|
Imposturas
autores aún más fieros,
|
|
|
De
aplacar tantas veces se jactaban
|
|
|
Con la inocente sangre de los
hombres.
|
|
|
De
la España también, otra vil alma,
|
|
|
Por el oro comprada y
corrompida,
|
|
|
Con avaricia pérfida, su patria
|
|
|
Al Íbero vender y entregar
quiere,
|
|
|
A aquel Íbero mismo, a quien
odiaba.
|
|
|
Más
ya de un poderoso y fuerte bando
|
|
|
Unánimes
sufragios, en voz alta,
|
|
|
De
nuestros viejos reyes sobre el trono,
|
|
|
Al caudillo Mayenne colocara.
|
|
|
Solo un sacro dictado y un carácter,
|
|
|
Un título tan solo le faltaba
|
|
|
A su vasto poder. De osados
votos
|
|
|
Orgullosas y altivas esperanzas,
|
|
|
En el profundo arcano de su
pecho
|
|
|
A placer se nutrieran, se
cebaran,
|
|
|
Y
en el supremo honor tan peligroso
|
|
|
Del gran nombre de Rey, se
saboreaban.
|
|
|
A tal resolución, súbitamente
|
|
|
Levántase Potier, y la palabra 52
|
|
|
Para hablar al congreso grave
pide.
|
|
|
La rígida virtud, sola formaba
|
|
|
Su
terrible elocuencia. En unos días
|
|
|
Del crimen tan infectos, se
admirara
|
|
|
Siempre justo a Potier, siempre
por tanto
|
|
|
Respetado y temido. Veces
varias,
|
|
|
Con varonil constancia la
licencia
|
|
|
Reprimir
se le viera de su saña;
|
|
|
Y
sobre ellos intacta conservando
|
|
|
Su antigua autoridad, mostrar
lograra
|
|
|
Su
error impunemente y su injusticia.
|
|
|
Al levantar su voz, murmullos se
alzan:
|
|
|
Apresúranse a oírle; le rodean;
|
|
|
Y al silencio, escuchándole su
plaza
|
|
|
Cede el motín ruidoso. Así en la
nave
|
|
|
Que
agitaron las olas, acallada
|
|
|
Del marinero ya la gritería,
|
|
|
Que los aires hiriendo
horrorizaba,
|
|
|
Sólo el corte se siente de la
proa,
|
|
|
Que
espumante, y en próspera bonanza,
|
|
|
Un mar surca calmoso y
obediente;
|
|
|
Así Potier, dictando leyes
sabias,
|
|
|
Como un justo entre el pueblo
aparecía,
|
|
|
Y a su voz el tumulto mudo
estaba.
|
|
|
«Vos destináis, les dice, el
de Mayenne
|
|
|
Al puesto soberano. Vuestra
falta
|
|
|
Reconozco y la escuso a un
tiempo mismo.
|
|
|
Virtudes
en Mayenne así resaltan,
|
|
|
Que
nunca por demás serán queridas.
|
|
|
Yo propio le eligiera, si
juzgara
|
|
|
Que elegirle podía; más nosotros
|
|
|
Ley tenemos; debemos observarla;
|
|
|
Y ese héroe tan insigne, si el
imperio
|
|
|
Pretende, de él indigno se
declara.»
|
|
|
Con
todo el aparato, en este punto,
|
|
|
Y la brillante corte de un
monarca,
|
|
|
Entra Mayenne ya. Potier le mira
|
|
|
Sin leve inmutación. «Sí; la
palabra
|
|
|
En tono del valor más noble
lleno,
|
|
|
Vuelve a tomar, «Sí, príncipe.
No osara
|
|
|
Dirigiros mi voz contra vos
propio,
|
|
|
En nuestro pro común y de la
patria,
|
|
|
Si menos para ello os estimase.
|
|
|
En
vano antiguos fueros se proclaman
|
|
|
Para elegir hoy Rey. Restan
Borbones
|
|
|
Que
el trono ocupar deban de la Francia.
|
|
|
Nacer os hizo Dios harto bien
cerca
|
|
|
Del augusto lugar de su real
rama,
|
|
|
Sólo para con gloria sostenerle,
|
|
|
Y no para usurparle con infamia.
|
|
|
Desde
el sombrío seno de los muertos,
|
|
|
Ya ¡esclarecido príncipe! ya
nada
|
|
|
Que reclamar le queda al grande
Guisa.
|
|
|
Sangre,
que ya corrió de su monarca,
|
|
|
Muy
bien a sus cenizas bastar debe.
|
|
|
Si el murió por un crimen, bien
vengada
|
|
|
Su muerte lo fue ya por otro
crimen.
|
|
|
Tomad con el Estado la mudanza,
|
|
|
Que al Cielo plugo dar. Tan
justo enojo
|
|
|
Fine ya con Valois y su
desgracia,
|
|
|
Puesto que por Borbón no fue la
sangre
|
|
|
De Guisa vuestro hermano
derramada.
|
|
|
El Cielo, el justo Cielo, que
oficioso
|
|
|
Tanto os honra a los dos, tanto
os halaga,
|
|
|
Para haceros eternos enemigos
|
|
|
Os
dio a entrambos virtudes demasiadas;
|
|
|
Mas yo el murmullo escucho;
sonar oigo
|
|
|
De
ese pueblo los gritos, que propalan
|
|
|
De
hereje y de relapso horribles motes.
|
|
|
De nuestros sacerdotes
transportada
|
|
|
Observo la piedad. Su falso celo
|
|
|
Viendo estoy, que empuñando
mortal daga...
|
|
|
Deteneos, y oídme ¡Desgraciados!
|
|
|
¿Cuál es la ley, ejemplo, o
infernal rabia,
|
|
|
Que
vuestros homenajes al Ungido
|
|
|
Del Señor, así estorba y
arrebata?
|
|
|
¡Qué! ¿De San Luis el hijo, por
ventura,
|
|
|
A sus votos perjuro, se propasa
|
|
|
A hundir o desquiciar los
fundamentos,
|
|
|
Do nuestro eterno altar se apoya
y alza?
|
|
|
¿Al pie no pide dél, que se le
instruya?
|
|
|
Él las leyes sanciona, observa y
ama,
|
|
|
Cuyo imperio insultáis vosotros
mismos.
|
|
|
Él,
sabe entre las sectas más contrarias
|
|
|
Las virtudes honrar. Él, vuestro
culto
|
|
|
Igualmente respeta, y aun las
faltas,
|
|
|
Y
aun los abusos vuestros, al Dios vivo,
|
|
|
Cuyos ojos del hombre el fondo
calan,
|
|
|
El
divino poder y los derechos,
|
|
|
Que vuestro error se arroga o
vuestra audacia
|
|
|
De juzgar
las conciencias, reservando.
|
|
|
De regiros cual Padre y cual Rey
trata;
|
|
|
Y
aun cual mejor cristiano que vosotros,
|
|
|
A perdonaros viene. Todo se
halla
|
|
|
En libertad con él ¿Y él
solamente
|
|
|
Ser libre no podría? ¿Qué
ordenanza,
|
|
|
Qué ley pudo, o qué fuero
constituiros
|
|
|
De vuestro Rey jueces? ¡Turba
airada
|
|
|
De pastores infieles!
¡Sediciosos
|
|
|
Indignos ciudadanos! cuán lejana
|
|
|
Se ve vuestra conducta, cuán
ninguna
|
|
|
Vuestra conformidad y semejanza,
|
|
|
De la edad primitiva a los
cristianos,
|
|
|
Que en medio del desprecio, con
que odiaban
|
|
|
De
yeso y de metal ficticios dioses,
|
|
|
Sin murmurar jamás, en paz
llevaran
|
|
|
De
príncipes idólatras el yugo;
|
|
|
Con sufrimiento heroico y
constancia,
|
|
|
Sin quejarse jamás ruidosamente,
|
|
|
Entre
horribles suplicios dan el alma;
|
|
|
Y
de heridas y sangre llenos todos,
|
|
|
A sus mismos verdugos
perdonaban,
|
|
|
Los atroces martirios bendecían!
|
|
|
Estos, a Cristo solos imitaran:
|
|
|
Verdaderos secuaces eran suyos:
|
|
|
Mi razón, estos solos, otros no
halla.
|
|
|
Ellos morir solían por sus reyes,
|
|
|
Y vosotros, ¡Franceses! con
insania
|
|
|
Asesináis los vuestros. Si al
Dios justo,
|
|
|
Cuyo implacable celo tanto
exalta
|
|
|
Vuestra imaginación, place el
castigo,
|
|
|
La sangrienta venganza tanto
agrada,
|
|
|
Sois,
en primer lugar, sí, sois vosotros
|
|
|
¡Bárbaros!
de quien tiene que tomarla.»
|
|
|
Nadie a un discurso osó tan arrojado
|
|
|
Dirigir su respuesta. Se
quedaran
|
|
|
Al escucharlo todos confundidos.
|
|
|
Heridas reconocen sus entrañas
|
|
|
De
los dardos, que en él, tan libremente
|
|
|
El
ardiente orador les asestara,
|
|
|
Fuertes
en demasía y penetrantes.
|
|
|
Resistían en balde, desechaban
|
|
|
En vano de su pecho, ardiendo en
iras,
|
|
|
El interno terror con que
amilana
|
|
|
La verdad al malvado; y el
despecho
|
|
|
Revolvían
y el miedo, y agitaban
|
|
|
Su oculto pensamiento, cuando al
Cielo,
|
|
|
Mil
voces de repente remontadas,
|
|
|
Resonar hacen ya por todas
partes,
|
|
|
Entre un confuso ruido estas
palabras.
|
|
|
«Al arma compañeros, sino somos
|
|
|
Perdidos sin remedio, al arma;
al arma.»
|
|
|
Ya
del alzado polvo espesas nubes,
|
|
|
Del sol la clara luz turban y
empañan.
|
|
|
De
alarmantes clarines y tambores
|
|
|
El estruendo marcial, de horror
llenaba,
|
|
|
Cual precursor acento de la
muerte;
|
|
|
No de distinto modo, que
escapadas
|
|
|
De
las cuevas del Norte por la tierra,
|
|
|
Precedidas
de vientos en su marcha,
|
|
|
Y
del trueno seguidas, de los aires
|
|
|
El espacio oscurando entre las
masas
|
|
|
De polvo en torbellinos, con
violencia
|
|
|
Levantadas del suelo en que
posaban,
|
|
|
Las fuertes impetuosas
tempestades,
|
|
|
De
el Universo corren por las plagas.
|
|
|
Era el terrible ejército de Enrique,
|
|
|
Que ya de una inacción sobrado
blanda
|
|
|
Desairado creyéndose, y ardiendo
|
|
|
De
fresca sangre en sed, se aproximaba;
|
|
|
Su espantosa algazara y
alaridos,
|
|
|
Hacía percibir a una distancia;
|
|
|
E inundando los campos, a los
muros
|
|
|
Del rebelde París se encaminaba.
|
|
|
No
empleara Borbón unos momentos
|
|
|
De
crisis tan salubre, en ordinarias
|
|
|
De
su finado Rey fúnebres honras;
|
|
|
Ni en cuidar, que su tumba fuese
ornada
|
|
|
De
inscripciones brillantes, que a los muertos,
|
|
|
De
los fieros vivientes miras vanas
|
|
|
De
distinción y orgullo, comúnmente,
|
|
|
De su raza a cadáveres
consagran.
|
|
|
Sus
aguerridas manos, las riberas
|
|
|
No cargaran del Sena desoladas
|
|
|
De altivos mausoleos, do del
hado,
|
|
|
Y del tiempo a pesar de cuanto
arrasa
|
|
|
La devoraz injuria, del olvido,
|
|
|
Y
de la atroz guadaña de la parca,
|
|
|
De
los Grandes fantásticos del mundo
|
|
|
La vanidad frenética triunfaba.
|
|
|
Él solo, por su parte, a Valois
piensa,
|
|
|
En el lóbrego seno de su
estancia,
|
|
|
Más
dignos de su sombra enviar tributos;
|
|
|
Vencer
sus enemigos en campaña;
|
|
|
Castigar sus aleves asesinos;
|
|
|
Y hacer feliz su pueblo, ya
domada
|
|
|
De
su audaz rebeldía la fiereza.
|
|
|
Al rumor no esperado que sonara
|
|
|
De
los rudos asaltos, que de Enrique
|
|
|
La sitiadora hueste amenazaba,
|
|
|
De
los Estados juntos, confundido,
|
|
|
Disuélvese el congreso y se
separa.
|
|
|
Mayenne al mismo tiempo, a lo
más alto
|
|
|
Corre
activo y veloz de la muralla.
|
|
|
El soldado, alarmándose, reunido
|
|
|
A
sus pendones vuela, y en voz alta,
|
|
|
Con indigno ademán, al Héroe
ilustre,
|
|
|
Que a París va avanzándose,
insultaba.
|
|
|
Todo a punto está ya para el
asalto.
|
|
|
Todo ya a la defensa pronto se
halla.
|
|
|
No
era de turbación en aquel tiempo,
|
|
|
Nuestro París, lo mismo, que así
encanta
|
|
|
Al
dichoso francés en nuestros días.
|
|
|
Cien
fuertes, que el furor y el miedo alzaran,
|
|
|
En
menos anchuroso y largo espacio
|
|
|
Su recinto interior
circunvalaban.
|
|
|
Aquellos en el día tan soberbios
|
|
|
Pomposos arrabales, cuya
entrada,
|
|
|
Cuya salida el mundo entero hoy
goza
|
|
|
A todas horas libre, a todas
franca
|
|
|
De
la paz por la mano, y que avenidas
|
|
|
De una ciudad inmensa son
ufanas,
|
|
|
Do allá a perderse van entre las
nubes
|
|
|
Mil dorados palacios, no
formaban
|
|
|
Más
que pobres aldeas y abatidas,
|
|
|
Que
de sombríos muros circundadas,
|
|
|
De
París dividían anchos fosos.
|
|
|
De Levante hacia el lado, al
punto avanza
|
|
|
Hasta el muro Borbón. Se acerca:
llega:
|
|
|
La muerte le precede. Ya entre
llamas
|
|
|
Por el aire silbando vuela el
hierro
|
|
|
Del altivo bastión de la muralla
|
|
|
Y de la brava mano sitiadora;
|
|
|
Y
las encaramadas torres altas,
|
|
|
Los
fuertes, que amenazan riesgos tantos,
|
|
|
Y
los trabajos y obras que los vallan,
|
|
|
De tan recia borrasca bajo el
golpe
|
|