|
Muchos hay en el mundo que han
llegado
|
|
|
a la engañosa
alteza desta vida,
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|
que Fortuna los
ha siempre ayudado
|
|
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y dádoles la
mano a la subida,
|
|
|
para, después
de haberlos levantado,
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5
|
|
derribarlos con
mísera caïda,
|
|
|
cuando es mayor
el golpe y sentimiento
|
|
|
y menos el
pensar que hay mudamiento.
|
|
|
No entienden
con la próspera bonanza
|
|
|
que el contento
es principio de tristeza,
|
10
|
|
ni miran en la
súbita mudanza
|
|
|
del consumidor
tiempo y su presteza:
|
|
|
mas con altiva
y vana confianza
|
|
|
quieren que en
su fortuna haya firmeza;
|
|
|
la cual, de su
aspereza no olvidada,
|
15
|
|
revuelve con la
vuelta acostumbrada.
|
[29]
|
|
Con un revés de
todo se desquita,
|
|
|
que no quiere
que nadie se le atreva,
|
|
|
y mucho más que
da siempre les quita,
|
|
|
no perdonando
cosa vieja o nueva:
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20
|
|
de crédito y de
honor los necesita,
|
|
|
que en el fin
de la vida está la prueba,
|
|
|
por el cual han de ser todos
juzgados,
|
|
|
aunque lleven
principios acertados.
|
|
|
Del bien
perdido al cabo ¿qué nos queda
|
25
|
|
sino pena,
dolor y pesadumbre?
|
|
|
Pensar que en
él Fortuna ha de estar queda,
|
|
|
antes dejara el
sol de darnos lumbre:
|
|
|
que no es su
condición fijar la rueda,
|
|
|
y es malo de
mudar vieja costumbre.
|
30
|
|
El más seguro
bien de la Fortuna
|
|
|
es no haberla
tenido vez alguna.
|
|
|
Esto verse
podrá por esta historia:
|
|
|
ejemplo dello
aquí puede sacarse,
|
|
|
que no bastó
riqueza, honor y gloria,
|
35
|
|
con todo el
bien que puede desearse,
|
|
|
a llevar
adelante la victoria;
|
|
|
que el claro
cielo al fin vino a turbarse,
|
|
|
mudando la
Fortuna en triste estado
|
|
|
el curso y
orden próspera del Hado.
|
40
|
|
La gente
nuestra ingrata se hallaba
|
|
|
en
la prosperidad que arriba cuento,
|
|
|
y en otro mayor bien, que me
olvidaba,
|
|
|
hallado en
pocas casas, que es contento:
|
|
|
de tal manera
en él se descuidaba
|
45
|
|
(cierta señal
de triste acaecimiento)
|
|
|
que en una hora
perdió el honor y estado
|
|
|
que en mil años
de afán había ganado.
|
[30]
|
|
Por dioses,
como dije, eran tenidos
|
|
|
de los indios
los nuestros; pero olieron
|
50
|
|
que de mujer y
hombre eran nacidos,
|
|
|
y todas sus flaquezas
entendieron:
|
|
|
viéndolos a
miserias sometidos,
|
|
|
el error
ignorante conocieron,
|
|
|
ardiendo en
viva rabia avergonzados
|
55
|
|
por verse de
mortales conquistados.
|
|
|
No queriendo a
más plazo diferirlo,
|
|
|
entre ellos
comenzó luego a tratarse
|
|
|
que, para en
breve tiempo concluirlo
|
|
|
y dar el modo y
orden de vengarse,
|
60
|
|
se junten a
consulta a difinirlo,
|
|
|
do venga la
sentencia a pronunciarse,
|
|
|
dura, ejemplar,
cruël, irrevocable,
|
|
|
horrenda a todo
el mundo y espantable.
|
|
|
Iban ya los caciques ocupando
|
65
|
|
los campos con
la gente que marchaba,
|
|
|
y no fue
menester general bando,
|
|
|
que el deseo de
guerra los llamaba
|
|
|
sin promesas,
ni pagas, deseando
|
|
|
el esperado
tiempo, que tardaba,
|
70
|
|
para el decreto
y áspero castigo,
|
|
|
con muerte y
destrucción del enemigo.
|
|
|
De algunos que
en la junta se hallaron
|
|
|
es bien que
haya memoria de sus nombres,
|
|
|
que, siendo
incultos bárbaros, ganaron
|
75
|
|
con no poca
razón claros renombres:
|
|
|
pues en tan
breve término alcanzaron
|
|
|
grandes victorias de notables
hombres,
|
|
|
que de ellas
darán fe los que vivieren,
|
|
|
y los muertos allá donde
estuvieren.
|
80 [31]
|
|
Tucapel se
llamaba aquel primero
|
|
|
que al plazo
señalado había venido;
|
|
|
éste fue de
cristianos carnicero,
|
|
|
siempre en su
enemistad endurecido,
|
|
|
tiene tres mil
vasallos el guerrero,
|
85
|
|
de todos como
rey obedecido.
|
|
|
Ongol luego
llegó, mozo valiente;
|
|
|
gobierna cuatro
mil, lucida gente.
|
|
|
Cayocupil,
cacique bullicioso,
|
|
|
no fue el
postrero que dejó su tierra;
|
90
|
|
que allí llegó
el tercero, deseoso
|
|
|
de hacer a todo
el mundo él solo guerra:
|
|
|
tres mil
vasallos tiene este famoso
|
|
|
usados tras las
fieras en la sierra.
|
|
|
Millarapué,
aunque viejo, el cuarto vino,
|
95
|
|
que cinco mil
gobierna de contino.
|
|
|
Paicabí se
juntó aquel mismo día,
|
|
|
tres mil fuertes soldados
señorea.
|
|
|
No lejos
Lemolemo dél venía,
|
|
|
que tiene seis
mil hombres de pelea.
|
100
|
|
Mareguano,
Gualemo y Lebopía
|
|
|
se dan priesa a
llegar, porque se vea
|
|
|
que quieren ser
en todo los primeros;
|
|
|
gobiernan estos
tres tres mil guerreros.
|
|
|
No se tardó en
venir, pues, Elicura
|
105
|
|
que al tiempo y
plazo puesto había llegado,
|
|
|
de gran cuerpo,
robusto en la hechura,
|
|
|
por uno de los
fuertes reputado:
|
|
|
dice que estar
sujeto es gran locura
|
|
|
quien seis mil
hombres tiene a su mandado.
|
110
|
|
Luego llegó el
anciano Colocolo;
|
|
|
otros tantos y
más rige éste solo.
|
[32]
|
|
Tras éste a la
consulta Ongolmo viene,
|
|
|
que cuatro mil
guerreros gobernaba.
|
|
|
Purén en
arribar no se detiene,
|
115
|
|
seis mil
súbditos éste administraba.
|
|
|
Pasados de seis
mil Lincoya tiene,
|
|
|
que bravo y
orgulloso ya llegaba,
|
|
|
diestro,
gallardo, fiero en el semblante,
|
|
|
de proporción y
altura de gigante.
|
120
|
|
Peteguelén,
cacique señalado,
|
|
|
que el gran
valle de Arauco le obedece
|
|
|
por natural Señor, y así el
estado
|
|
|
este nombre
tomó, según parece,
|
|
|
como Venecia,
pueblo libertado,
|
125
|
|
que en todo
aquel gobierno más florece:
|
|
|
tomando el
nombre de él la Señoría,
|
|
|
así guarda el
estado el nombre hoy día.
|
|
|
Éste no se
halló personalmente,
|
|
|
por estar
impedido de cristianos;
|
130
|
|
pero de seis
mil hombres que él valiente
|
|
|
gobierna,
naturales araucanos,
|
|
|
acudió
desmandada alguna gente
|
|
|
a ver si es
menester mandar las manos.
|
|
|
Caupolicán el
fuerte no venía,
|
135
|
|
que
toda Pilmaiquén le obedecía.
|
|
|
Tomé y
Andalicán también vinieron,
|
|
|
que eran del
araucano regimiento,
|
|
|
y otros muchos caciques
acudieron,
|
|
|
que por no ser
prolijo no los cuento.
|
140
|
|
Todos con leda
faz se recibieron,
|
|
|
mostrando en
verse juntos gran contento.
|
|
|
Después de
razonar en su venida
|
|
|
se comenzó la
espléndida comida.
|
[33]
|
|
Al tiempo que
el beber furioso andaba,
|
145
|
|
y mal de las tinajas el
partido,
|
|
|
de palabra en
palabra se llegaba
|
|
|
a encenderse
entre todos gran ruïdo:
|
|
|
la razón uno de
otro no escuchaba:
|
|
|
sabida la
ocasión do había nacido,
|
150
|
|
vino sobre cuál
era el más valiente
|
|
|
y digno del
gobierno de la gente.
|
|
|
Así creció el
furor, que derribando
|
|
|
las mesas, de manjares
ocupadas,
|
|
|
aguijan a las armas, desgajando
|
155
|
|
las armas al
depósito obligadas;
|
|
|
y dellas se
aperciben, no cesando
|
|
|
palabras
peligrosas y pesadas,
|
|
|
que atizaban la
cólera encendida
|
|
|
con el calor
del vino y la comida.
|
160
|
|
El audaz
Tucapel claro decía
|
|
|
que el cargo
del mandar le pertenece,
|
|
|
pues todo el
universo conocía
|
|
|
que si va por
valor que lo merece:
|
|
|
«Ninguno se me
iguala en valentía;
|
165
|
|
de mostrarlo
estoy presto, si se ofrece,
|
|
|
(añade el
jactancioso) a quien quisiere;
|
|
|
y aquel que
esta razón contradijere...»
|
|
|
Sin dejarle
acabar dijo Elicura:
|
|
|
«A mí es dado
el gobierno desta danza,
|
170
|
|
y el simple que
intentare otra locura
|
|
|
ha de probar el
hierro de esta lanza.»
|
|
|
Ongolmo, que el
primero ser procura,
|
|
|
dice: «Yo no he
perdido la esperanza
|
|
|
en tanto que
este brazo sustentare
|
175
|
|
y con él la
ferrada gobernare.»
|
[34]
|
|
De cólera
Lincoya y rabia insano
|
|
|
responde:
«Tratar de eso es devaneo,
|
|
|
que ser señor
del mundo es en mi mano,
|
|
|
si en ella
libre este bastón poseo.»
|
180
|
|
«Ninguno, dice
Ongol, será tan vano
|
|
|
que ponga en
igualárseme el deseo,
|
|
|
pues
es más el temor que pasaría
|
|
|
que la gloria
que el hecho le daría.»
|
|
|
Cayocupil
furioso y arrogante
|
185
|
|
la maza
esgrime, haciéndose a lo largo,
|
|
|
diciendo: «Yo
veré quién es bastante
|
|
|
a dar de lo que
ha dicho más descargo:
|
|
|
haceos los pretensores
adelante,
|
|
|
veremos de cuál
de ellos es el cargo;
|
190
|
|
que de probar
aquí luego me ofrezco
|
|
|
que más que
todos juntos lo merezco.»
|
|
|
»Alto, sus, que
yo aceto el desafío
|
|
|
(responde
Lemolemo), y tengo en nada
|
|
|
poner a prueba
lo que es mío,
|
195
|
|
que más quiero
librarlo por la espada:
|
|
|
mostraré ser
verdad lo que porfío
|
|
|
a dos, a
cuatro, a seis en la estacada;
|
|
|
y si todos
cuestión queréis conmigo,
|
|
|
os haré
manifiesto lo que digo.»
|
200
|
|
Purén, que
estaba aparte, habiendo oído
|
|
|
la plática
enconosa y rumor grande,
|
|
|
diciendo, en
medio de ellos se ha metido,
|
|
|
que nadie en su
presencia se desmande;
|
|
|
y ¿quién imaginar es atrevido
|
205
|
|
que donde está
Purén más otro mande?
|
|
|
La grita y el
furor se multiplica,
|
|
|
quién esgrime
la maza, y quién la pica.
|
[35]
|
|
Tomé y otros caciques se
metieron
|
|
|
en medio de
estos bárbaros de presto,
|
210
|
|
y con
dificultad los despartieron,
|
|
|
que no hicieron
poco en hacer esto:
|
|
|
de herirse
lugar aún no tuvieron,
|
|
|
y en voz airada
ya el temor pospuesto,
|
|
|
Colocolo, el
cacique más anciano,
|
215
|
|
a razonar así
tomó la mano.-
|
|
|
«Caciques, del
Estado defensores,
|
|
|
codicia de
mandar no me convida
|
|
|
a pesarme de
veros pretensores
|
|
|
de cosa que a
mí tanto era debida:
|
220
|
|
porque, según
mi edad, ya veis, señores,
|
|
|
que estoy al
otro mundo de partida;
|
|
|
mas el amor que
siempre os he mostrado
|
|
|
a bien
aconsejaros me ha incitado.
|
|
|
»¿Por qué
cargos honrosos pretendemos
|
225
|
|
y ser en opinión grande
tenidos,
|
|
|
pues que negar
al mundo no podemos
|
|
|
haber sido
sujetos y vencidos?
|
|
|
Y en esto
averiguarnos no queremos,
|
|
|
estando
aún de españoles oprimidos:
|
230
|
|
mejor fuera esa
furia ejecutalla
|
|
|
contra el fiero
enemigo en la batalla.
|
|
|
»¿Qué furor es
el vuestro ¡oh araucanos!
|
|
|
que a perdición
os lleva sin sentido?
|
|
|
¿Contra
vuestras entrañas tenéis manos,
|
235
|
|
y no contra el
tirano en resistillo?
|
|
|
¿Teniendo tan a
golpe a los cristianos
|
|
|
volvéis contra
vosotros el cuchillo?
|
|
|
Si gana de
morir os ha movido,
|
|
|
no sea en tan
bajo estado y abatido.
|
240 [36]
|
|
»Volved las
armas y ánimo furioso
|
|
|
a los pechos de
aquellos que os han puesto
|
|
|
en dura
sujeción, con afrentoso
|
|
|
partido, a todo
el mundo manifiesto;
|
|
|
lanzad de vos
el yugo vergonzoso;
|
245
|
|
mostrad vuestro
valor y fuerza en esto:
|
|
|
no derraméis la
sangre del estado
|
|
|
que para
redimirnos ha quedado.
|
|
|
»No me pesa de
ver la lozanía
|
|
|
de vuestro
corazón, antes me esfuerza;
|
250
|
|
mas temo que
esta vuestra valentía,
|
|
|
por mal
gobierno, el buen camino tuerza:
|
|
|
que, vuelta
entre nosotros la porfía,
|
|
|
degolléis
nuestra patria con su fuerza:
|
|
|
cortad, pues,
si ha de ser desa manera,
|
255
|
|
esta vieja
garganta la primera:
|
|
|
»Que esta flaca
persona, atormentada
|
|
|
de golpes de
fortuna, no procura
|
|
|
sino el agudo
filo de una espada,
|
|
|
pues no la
acaba tanta desventura.
|
260
|
|
Aquella vida es
bien afortunada
|
|
|
que la temprana
muerte la asegura;
|
|
|
pero, a nuestro
bien público atendiendo,
|
|
|
quiero decir en
esto lo que entiendo.
|
|
|
»Pares sois en valor y fortaleza;
|
265
|
|
el cielo os
igualó en el nacimiento;
|
|
|
de linaje, de
estado y de riqueza
|
|
|
hizo a todos
igual repartimiento;
|
|
|
y en singular por ánimo y
grandeza
|
|
|
podéis tener
del mundo el regimiento:
|
270
|
|
que este
precioso don, no agradecido,
|
|
|
nos ha al
presente término traído.
|
[37]
|
|
»En la virtud
de vuestro brazo espero
|