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Alonso de Ercilla y Zúñiga
La Araucana

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  • Canto II
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Canto II

Pónese la discordia que entre los caciques de Arauco hubo sobre la elección de capitán general, y el medio que se tomó por el consejo del cacique Colocolo, con la entrada que por engaño los bárbaros hicieron en la casa fuerte de Tucapel y la batalla que con los españoles tuvieron.

Muchos hay en el mundo que han llegado

 

a la engañosa alteza desta vida,

 

que Fortuna los ha siempre ayudado

 

y dádoles la mano a la subida,

 

para, después de haberlos levantado,

5

derribarlos con mísera caïda,

 

cuando es mayor el golpe y sentimiento

 

y menos el pensar que hay mudamiento.

 

No entienden con la próspera bonanza

 

que el contento es principio de tristeza,

10

ni miran en la súbita mudanza

 

del consumidor tiempo y su presteza:

 

mas con altiva y vana confianza

 

quieren que en su fortuna haya firmeza;

 

la cual, de su aspereza no olvidada,

15

revuelve con la vuelta acostumbrada.

[29]

Con un revés de todo se desquita,

 

que no quiere que nadie se le atreva,

 

y mucho más que da siempre les quita,

 

no perdonando cosa vieja o nueva:

20

de crédito y de honor los necesita,

 

que en el fin de la vida está la prueba,

 

por el cual han de ser todos juzgados,

 

aunque lleven principios acertados.

 

Del bien perdido al cabo ¿qué nos queda

25

sino pena, dolor y pesadumbre?

 

Pensar que en él Fortuna ha de estar queda,

 

antes dejara el sol de darnos lumbre:

 

que no es su condición fijar la rueda,

 

y es malo de mudar vieja costumbre.

30

El más seguro bien de la Fortuna

 

es no haberla tenido vez alguna.

 

Esto verse podrá por esta historia:

 

ejemplo dello aquí puede sacarse,

 

que no bastó riqueza, honor y gloria,

35

con todo el bien que puede desearse,

 

a llevar adelante la victoria;

 

que el claro cielo al fin vino a turbarse,

 

mudando la Fortuna en triste estado

 

el curso y orden próspera del Hado.

40

La gente nuestra ingrata se hallaba

 

en la prosperidad que arriba cuento,

 

y en otro mayor bien, que me olvidaba,

 

hallado en pocas casas, que es contento:

 

de tal manera en él se descuidaba

45

(cierta señal de triste acaecimiento)

 

que en una hora perdió el honor y estado

 

que en mil años de afán había ganado.

[30]

Por dioses, como dije, eran tenidos

 

de los indios los nuestros; pero olieron

50

que de mujer y hombre eran nacidos,

 

y todas sus flaquezas entendieron:

 

viéndolos a miserias sometidos,

 

el error ignorante conocieron,

 

ardiendo en viva rabia avergonzados

55

por verse de mortales conquistados.

 

No queriendo a más plazo diferirlo,

 

entre ellos comenzó luego a tratarse

 

que, para en breve tiempo concluirlo

 

y dar el modo y orden de vengarse,

60

se junten a consulta a difinirlo,

 

do venga la sentencia a pronunciarse,

 

dura, ejemplar, cruël, irrevocable,

 

horrenda a todo el mundo y espantable.

 

Iban ya los caciques ocupando

65

los campos con la gente que marchaba,

 

y no fue menester general bando,

 

que el deseo de guerra los llamaba

 

sin promesas, ni pagas, deseando

 

el esperado tiempo, que tardaba,

70

para el decreto y áspero castigo,

 

con muerte y destrucción del enemigo.

 

De algunos que en la junta se hallaron

 

es bien que haya memoria de sus nombres,

 

que, siendo incultos bárbaros, ganaron

75

con no poca razón claros renombres:

 

pues en tan breve término alcanzaron

 

grandes victorias de notables hombres,

 

que de ellas darán fe los que vivieren,

 

y los muertos allá donde estuvieren.

80 [31]

Tucapel se llamaba aquel primero

 

que al plazo señalado había venido;

 

éste fue de cristianos carnicero,

 

siempre en su enemistad endurecido,

 

tiene tres mil vasallos el guerrero,

85

de todos como rey obedecido.

 

Ongol luego llegó, mozo valiente;

 

gobierna cuatro mil, lucida gente.

 

Cayocupil, cacique bullicioso,

 

no fue el postrero que dejó su tierra;

90

que allí llegó el tercero, deseoso

 

de hacer a todo el mundo él solo guerra:

 

tres mil vasallos tiene este famoso

 

usados tras las fieras en la sierra.

 

Millarapué, aunque viejo, el cuarto vino,

95

que cinco mil gobierna de contino.

 

Paicabí se juntó aquel mismo día,

 

tres mil fuertes soldados señorea.

 

No lejos Lemolemo dél venía,

 

que tiene seis mil hombres de pelea.

100

Mareguano, Gualemo y Lebopía

 

se dan priesa a llegar, porque se vea

 

que quieren ser en todo los primeros;

 

gobiernan estos tres tres mil guerreros.

 

No se tardó en venir, pues, Elicura

105

que al tiempo y plazo puesto había llegado,

 

de gran cuerpo, robusto en la hechura,

 

por uno de los fuertes reputado:

 

dice que estar sujeto es gran locura

 

quien seis mil hombres tiene a su mandado.

110

Luego llegó el anciano Colocolo;

 

otros tantos y más rige éste solo.

[32]

Tras éste a la consulta Ongolmo viene,

 

que cuatro mil guerreros gobernaba.

 

Purén en arribar no se detiene,

115

seis mil súbditos éste administraba.

 

Pasados de seis mil Lincoya tiene,

 

que bravo y orgulloso ya llegaba,

 

diestro, gallardo, fiero en el semblante,

 

de proporción y altura de gigante.

120

Peteguelén, cacique señalado,

 

que el gran valle de Arauco le obedece

 

por natural Señor, y así el estado

 

este nombre tomó, según parece,

 

como Venecia, pueblo libertado,

125

que en todo aquel gobierno más florece:

 

tomando el nombre de él la Señoría,

 

así guarda el estado el nombre hoy día.

 

Éste no se halló personalmente,

 

por estar impedido de cristianos;

130

pero de seis mil hombres que él valiente

 

gobierna, naturales araucanos,

 

acudió desmandada alguna gente

 

a ver si es menester mandar las manos.

 

Caupolicán el fuerte no venía,

135

que toda Pilmaiquén le obedecía.

 

Tomé y Andalicán también vinieron,

 

que eran del araucano regimiento,

 

y otros muchos caciques acudieron,

 

que por no ser prolijo no los cuento.

140

Todos con leda faz se recibieron,

 

mostrando en verse juntos gran contento.

 

Después de razonar en su venida

 

se comenzó la espléndida comida.

[33]

Al tiempo que el beber furioso andaba,

145

y mal de las tinajas el partido,

 

de palabra en palabra se llegaba

 

a encenderse entre todos gran ruïdo:

 

la razón uno de otro no escuchaba:

 

sabida la ocasión do había nacido,

150

vino sobre cuál era el más valiente

 

y digno del gobierno de la gente.

 

Así creció el furor, que derribando

 

las mesas, de manjares ocupadas,

 

aguijan a las armas, desgajando

155

las armas al depósito obligadas;

 

y dellas se aperciben, no cesando

 

palabras peligrosas y pesadas,

 

que atizaban la cólera encendida

 

con el calor del vino y la comida.

160

El audaz Tucapel claro decía

 

que el cargo del mandar le pertenece,

 

pues todo el universo conocía

 

que si va por valor que lo merece:

 

«Ninguno se me iguala en valentía;

165

de mostrarlo estoy presto, si se ofrece,

 

(añade el jactancioso) a quien quisiere;

 

y aquel que esta razón contradijere...»

 

Sin dejarle acabar dijo Elicura:

 

«A mí es dado el gobierno desta danza,

170

y el simple que intentare otra locura

 

ha de probar el hierro de esta lanza

 

Ongolmo, que el primero ser procura,

 

dice: «Yo no he perdido la esperanza

 

en tanto que este brazo sustentare

175

y con él la ferrada gobernare

[34]

De cólera Lincoya y rabia insano

 

responde: «Tratar de eso es devaneo,

 

que ser señor del mundo es en mi mano,

 

si en ella libre este bastón poseo

180

«Ninguno, dice Ongol, será tan vano

 

que ponga en igualárseme el deseo,

 

pues es más el temor que pasaría

 

que la gloria que el hecho le daría

 

Cayocupil furioso y arrogante

185

la maza esgrime, haciéndose a lo largo,

 

diciendo: «Yo veré quién es bastante

 

a dar de lo que ha dicho más descargo:

 

haceos los pretensores adelante,

 

veremos de cuál de ellos es el cargo;

190

que de probar aquí luego me ofrezco

 

que más que todos juntos lo merezco

 

»Alto, sus, que yo aceto el desafío

 

(responde Lemolemo), y tengo en nada

 

poner a prueba lo que es mío,

195

que más quiero librarlo por la espada:

 

mostraré ser verdad lo que porfío

 

a dos, a cuatro, a seis en la estacada;

 

y si todos cuestión queréis conmigo,

 

os haré manifiesto lo que digo

200

Purén, que estaba aparte, habiendo oído

 

la plática enconosa y rumor grande,

 

diciendo, en medio de ellos se ha metido,

 

que nadie en su presencia se desmande;

 

y ¿quién imaginar es atrevido

205

que donde está Purén más otro mande?

 

La grita y el furor se multiplica,

 

quién esgrime la maza, y quién la pica.

[35]

Tomé y otros caciques se metieron

 

en medio de estos bárbaros de presto,

210

y con dificultad los despartieron,

 

que no hicieron poco en hacer esto:

 

de herirse lugar aún no tuvieron,

 

y en voz airada ya el temor pospuesto,

 

Colocolo, el cacique más anciano,

215

a razonar así tomó la mano.-

 

«Caciques, del Estado defensores,

 

codicia de mandar no me convida

 

a pesarme de veros pretensores

 

de cosa que a mí tanto era debida:

220

porque, según mi edad, ya veis, señores,

 

que estoy al otro mundo de partida;

 

mas el amor que siempre os he mostrado

 

a bien aconsejaros me ha incitado.

 

»¿Por qué cargos honrosos pretendemos

225

y ser en opinión grande tenidos,

 

pues que negar al mundo no podemos

 

haber sido sujetos y vencidos?

 

Y en esto averiguarnos no queremos,

 

estando aún de españoles oprimidos:

230

mejor fuera esa furia ejecutalla

 

contra el fiero enemigo en la batalla.

 

»¿Qué furor es el vuestro ¡oh araucanos!

 

que a perdición os lleva sin sentido?

 

¿Contra vuestras entrañas tenéis manos,

235

y no contra el tirano en resistillo?

 

¿Teniendo tan a golpe a los cristianos

 

volvéis contra vosotros el cuchillo?

 

Si gana de morir os ha movido,

 

no sea en tan bajo estado y abatido.

240 [36]

»Volved las armas y ánimo furioso

 

a los pechos de aquellos que os han puesto

 

en dura sujeción, con afrentoso

 

partido, a todo el mundo manifiesto;

 

lanzad de vos el yugo vergonzoso;

245

mostrad vuestro valor y fuerza en esto:

 

no derraméis la sangre del estado

 

que para redimirnos ha quedado.

 

»No me pesa de ver la lozanía

 

de vuestro corazón, antes me esfuerza;

250

mas temo que esta vuestra valentía,

 

por mal gobierno, el buen camino tuerza:

 

que, vuelta entre nosotros la porfía,

 

degolléis nuestra patria con su fuerza:

 

cortad, pues, si ha de ser desa manera,

255

esta vieja garganta la primera:

 

»Que esta flaca persona, atormentada

 

de golpes de fortuna, no procura

 

sino el agudo filo de una espada,

 

pues no la acaba tanta desventura.

260

Aquella vida es bien afortunada

 

que la temprana muerte la asegura;

 

pero, a nuestro bien público atendiendo,

 

quiero decir en esto lo que entiendo.

 

»Pares sois en valor y fortaleza;

265

el cielo os igualó en el nacimiento;

 

de linaje, de estado y de riqueza

 

hizo a todos igual repartimiento;

 

y en singular por ánimo y grandeza

 

podéis tener del mundo el regimiento:

270

que este precioso don, no agradecido,

 

nos ha al presente término traído.

[37]

»En la virtud de vuestro brazo espero