|
¡Cuán buena es
la justicia y qué importante!
|
|
|
por ella son
mil males atajados,
|
|
|
que si el rebelde
Arauco está pujante
|
|
|
con todos sus
vecinos alterados,
|
|
|
y pasa su furor
tan adelante,
|
5
|
|
fue por no ser
a tiempo castigados:
|
|
|
la llaga que al
principio no se cura
|
|
|
requiere al fin
más áspera la cura.
|
|
|
Que no es
virtud, mas vicio y negligencia,
|
|
|
cuando de un
daño otro mayor se espera,
|
10
|
|
el no curar con
hierro la dolencia,
|
|
|
si del mal lo
requiere la manera:
|
|
|
mas no con tal
rigor que la clemencia
|
|
|
pierda su
fuerza y la virtud entera;
|
|
|
Clemente es y
piadoso el que sin miedo
|
15
|
|
por escapar el
brazo corta el dedo.
|
[77]
|
|
No quiero yo decir
que a cada paso
|
|
|
traiga el
hierro en la mano la justicia,
|
|
|
sino según la
gravedad del caso,
|
|
|
y la
importancia y fin de la malicia:
|
20
|
|
pues vemos
claro en el presente paso,
|
|
|
que al cabo,
corrompida de avaricia,
|
|
|
dio a la maldad
lugar que se arraigase,
|
|
|
y en los ánimos
más se apoderase.
|
|
|
Mas no se ha de
entender, como el liviano
|
25
|
|
que se entrega
al primero movimiento,
|
|
|
que por ser
justiciero es inhumano,
|
|
|
y por alcanzar
crédito es sangriento;
|
|
|
y como aquél
que con injusta mano,
|
|
|
sin término,
sin causa y fundamento,
|
30
|
|
por sólo liviandad
y vanagloria,
|
|
|
quiere dejar de
su maldad memoria.
|
|
|
No faltara
materia y coyuntura
|
|
|
para
mostrar la pluma aquí curiosa;
|
|
|
mas no quiero
meterme en tal hondura,
|
35
|
|
que es cosa no
importante y peligrosa:
|
|
|
el tiempo lo
dirá, y no mi escritura,
|
|
|
que quizá la
tendrán por sospechosa:
|
|
|
sólo diré que
es opinión de sabios,
|
|
|
que donde falta
el rey sobran agravios.
|
40
|
|
Pero a nuestro
propósito tornando,
|
|
|
dejaré de
tratar de sinrazones,
|
|
|
que es trabajar
en vano, derramando
|
|
|
al viento en el
desierto las razones:
|
|
|
de los nuestros
diré, que peleando
|
45
|
|
estaban con los
fieros escuadrones,
|
|
|
ganando fama y
prez, honor y gloria,
|
|
|
haciendo cosas
dignas de memoria.
|
[78]
|
|
Fue hecho tan notable, que
requiere
|
|
|
mucha atención, y autorizada
pluma:
|
50
|
|
y así digo que
aquél que le leyere,
|
|
|
en que fue de
los grandes se resuma:
|
|
|
diré cuanto en
mi estilo yo pudiere,
|
|
|
aunque toda
será una breve suma;
|
|
|
y los nombres
también de los soldados,
|
55
|
|
que con razón
merecen ser loados.
|
|
|
Almagro,
Cortés, Córdova, Nereda,
|
|
|
Morán, Gonzalo
Hernández, Maldonado,
|
|
|
Peñalosa,
Vergara, Castañeda,
|
|
|
Diego García
Herrero el arriscado,
|
60
|
|
Pero Niño,
Escalona, y otro queda
|
|
|
con el cual es
el número acabado;
|
|
|
don Leonardo
Manrique es el postrero,
|
|
|
igual en el
valor siempre al primero.
|
|
|
Estos catorce
son los que venían
|
65
|
|
a verse con
Valdivia en el concierto,
|
|
|
que del pueblo
Imperial partido habían
|
|
|
sin saber que
Valdivia fuese muerto:
|
|
|
por la alta
cuesta de Purén subían,
|
|
|
y en el más
alto asiento y descubierto
|
70
|
|
los caminos de
rama ven sembrados,
|
|
|
señal de paga y
junta de soldados.
|
|
|
Conocen que la
tierra está alterada,
|
|
|
y que de gentes
hacen llamamiento;
|
|
|
no torcieron
por esto la jornada,
|
75
|
|
ni les mudó el
temor el firme intento:
|
|
|
la fresca y
nueva aurora colorada
|
|
|
daba con su
venida gran contento,
|
|
|
y las sombras
del Sol se retraían,
|
|
|
cuando el
licúreo valle descubrían.
|
80 [79]
|
|
Aquí estaban los
indios emboscados
|
|
|
esperando a los
nuestros si viniesen
|
|
|
por cogerlos sin orden
descuidados
|
|
|
antes que del
peligro se advirtiesen:
|
|
|
de un bosque a
mano hecho rodeados,
|
85
|
|
para que más
cubiertos estuviesen,
|
|
|
hasta que,
inadvertidos del engaño,
|
|
|
pudiesen a su
salvo hacer el daño.
|
|
|
Los catorce españoles abajaban
|
|
|
por un repecho,
al valle enderezando,
|
90
|
|
donde ocultos los bárbaros
estaban
|
|
|
cubiertos de
los ramos aguardando:
|
|
|
los nuestros
con el bosque aún no igualaban
|
|
|
cuando los
indios, súbito sonando
|
|
|
bárbaras
trompas, roncos tamborinos,
|
95
|
|
los pasos
ocuparon y caminos.
|
|
|
En cazador no
entró tanta alegría,
|
|
|
cuando más sin
pensar la liebre echada
|
|
|
de súbito por
medio de la vía
|
|
|
salta de entre
los pies alborotada;
|
100
|
|
cuanto causó la
muestra y vocería
|
|
|
del vecino
escuadrón de la emboscada
|
|
|
a nuestros
españoles, que al instante
|
|
|
arrojan los caballos adelante.
|
|
|
En un punto los
bárbaros formaron
|
105
|
|
de puntas de
diamante una muralla;
|
|
|
pero los
españoles no pararon
|
|
|
hasta de parte
a parte atravesalla:
|
|
|
hombres, picas y mazas
tropellaron,
|
|
|
revuelven, por
dar fin a la batalla,
|
110
|
|
con más valor y
esfuerzo que esperanza,
|
|
|
vista de los
contrarios la pujanza.
|
[80]
|
|
De tres dos escuadrones
desviados
|
|
|
el paso les
cercaron y huida:
|
|
|
viéndose así de
bárbaros cercados,
|
115
|
|
piensan abrir
por ellos la salida:
|
|
|
otra vez
arremeten apiñados,
|
|
|
y aunque una
escuadra dellos fue rompida
|
|
|
volvieron a sus
puestos recogidos,
|
|
|
quedando desta
vuelta mal heridos.
|
120
|
|
Dos veces
embistieron desta suerte,
|
|
|
las cerradas
escuadras tropellando;
|
|
|
mas viéndose
cercanos a la muerte,
|
|
|
prosiguen su
derrota, enderezando
|
|
|
al desolado
sitio y casa fuerte,
|
125
|
|
a diestro y a
siniestro derribando,
|
|
|
que los indios entre
ellos van mezclados,
|
|
|
hiriéndoles
también por todos lados.
|
|
|
Estréchase el
camino de Elicura
|
|
|
por la pequeña
falda de una sierra:
|
130
|
|
la causa y la
razón de esta angostura
|
|
|
es un lago que
el valle abajo cierra:
|
|
|
Para los
nuestros esto fue ventura,
|
|
|
pues siguen su
jornada haciendo guerra,
|
|
|
que sólo un
español que atrás venía
|
135
|
|
la bárbara
arrogancia resistía.
|
|
|
Ellos, que iban
así por una espesa
|
|
|
mata, al calar
de un áspero collado
|
|
|
ven un indio
salir a toda priesa,
|
|
|
el vestido y el
rostro demudado,
|
140
|
|
el cual en el
camino se atraviesa,
|
|
|
y del seno sacó
un papel cerrado
|
|
|
que Juan Gómez
de Almagro el propio día,
|
|
|
dando aviso a
Valdivia escrito había.
|
[81]
|
|
El mismo
mensajero ven lloroso,
|
145
|
|
que dellos adelante
había partido:
|
|
|
de Valdivia el
suceso lastimoso
|
|
|
les dijo, y lo
demás acontecido:
|
|
|
y que el
castillo el bárbaro furioso
|
|
|
le había por
los cimientos destruido.
|
150
|
|
Viendo el
remedio y presupuesto vano,
|
|
|
tomaron a la
diestra un sitio llano.
|
|
|
Era el sitio de
lomas rodeado,
|
|
|
aunque por esta
senda y paso abierto,
|
|
|
del Este,
Norte, Oeste está abrigado,
|
155
|
|
y el Sur le
hiere casi en descubierto,
|
|
|
por do seguido
va el camino usado,
|
|
|
de los ligeros
bárbaros cubierto
|
|
|
en espaciosa
hila prolongada,
|
|
|
sedientos de la
sangre bautizada.
|
160
|
|
Tras los
nuestros los bárbaros saliendo,
|
|
|
en el llano
asimismo repararon,
|
|
|
y la gente
esparcida recogiendo,
|
|
|
dos gruesos escuadrones
reformaron:
|
|
|
los catorce
españoles, conociendo
|
165
|
|
que era mejor
romper, se aparejaron;
|
|
|
mueven los escuadrones
concertados
|
|
|
por el fuerte Lincoya
gobernados.
|
|
|
Con flautas,
cuernos, roncos instrumentos,
|
|
|
alto estruendo,
alaridos desdeñosos,
|
170
|
|
salen los fieros bárbaros
sangrientos
|
|
|
contra los
españoles valerosos,
|
|
|
que convertir
esperan en lamentos
|
|
|
los arrogantes
gritos orgullosos:
|
|
|
tanto
el esfuerzo y ánimo les crece,
|
175
|
|
que poca gente
en contra les parece.
|
[82]
|
|
Aunque allí un
español desfigurado,
|
|
|
que yo no digo
aquí cuál dellos era,
|
|
|
dijo, viendo
tan poca gente al lado:
|
|
|
«¡Oh si nuestro
escuadrón de ciento fuera!»
|
180
|
|
Pero Gonzalo
Hernández animado,
|
|
|
vuelto al
cielo, responde; «A Dios pluguiera
|
|
|
fuéramos solos
doce y dos faltaran,
|
|
|
que doce de la
fama nos llamaran.»
|
|
|
Los caballos en
esto apercibiendo,
|
185
|
|
firmes y recogidos en las
sillas,
|
|
|
sueltan las riendas, y los pies
batiendo,
|
|
|
parten contra
las bárbaras cuadrillas:
|
|
|
las poderosas lanzas
requiriendo,
|
|
|
afiladas en sangre las
cuchillas,
|
190
|
|
llamando en
alta voz a Dios del cielo,
|
|
|
hacen gemir y retemblar el
suelo.
|
|
|
Calan de fuerte
fresno como vigas
|
|
|
los bárbaros las picas al
momento,
|
|
|
de la suerte
que suelen las espigas
|
195
|
|
derribarse al
furor del recio viento:
|
|
|
no bastaron las armas enemigas
|
|
|
al ímpetu
español y movimiento,
|
|
|
que los
nuestros rompieron por un lado,
|
|
|
dejando el
escuadrón aportillado.
|
200
|
|
A un tiempo los
caballos volteando,
|
|
|
lejos las rotas lanzas
arrojadas,
|
|
|
vuelven al
enemigo y fiero bando,
|
|
|
en alto ya
desnudas las espadas:
|
|
|
otra vez
arremeten, no bastando
|
205
|
|
infinidad de
puntas enastadas,
|
|
|
puestas en
contra de la airada gente,
|
|
|
a que no se
mezclasen igualmente.
|
[83]
|
|
Los unos, que
no saben ser vencidos,
|
|
|
los otros a
vencer acostumbrados
|
210
|
|
son causa que
se aumenten los heridos,
|
|
|
y que bajen los brazos más
pesados:
|
|
|
de llamas los arneses
encendidos,
|
|
|
con gran fuerza
y presteza golpeados,
|
|
|
formaban un
rumor, que el alto cielo
|
215
|
|
del todo
parecía venir al suelo.
|
|
|
El buen Gonzalo
Hernández, presumiendo
|
|
|
imitar al de
Córdova famoso,
|
|
|
iba por el
ejército rompiendo,
|
|
|
no menos
diestro y fuerte que animoso;
|
220
|
|
Peñalosa y
Vergara, conociendo
|
|
|
que
vencer o morir era forzoso,
|
|
|
hacen de sus
personas arriscadas
|
|
|
de esfuerzo y fuerzas pruebas
señaladas:
|
|
|
El valiente
soldado de Escalona,
|
225
|
|
la rigurosa
espada ejercitando,
|
|
|
aventura y
señala su persona
|
|
|
mil bárbaros
valientes señalando:
|
|
|
don Leonardo
Manrique no perdona
|
|
|
los golpes que
recibe, antes doblando
|
230
|
|
los suyos con
gran priesa y mayor ira,
|
|
|
los castiga,
maltrata y los retira.
|
|
|
Otro, pues, que
de Córdova se llama,
|
|
|
mozo de grande
esfuerzo y valentía,
|
|
|
tanta sangre
araucana allí derrama,
|
235
|
|
que hizo cien
viudas aquel día:
|
|
|
por una que
venganza al cielo clama,
|
|
|
saltan todas las otras de
alegría;
|
|
|
que al fin son
las mujeres variables,
|
|
|
amigas de mudanzas y mudables.
|
240 [84]
|
|
Cortés y Pero
Niño por un lado
|
|
|
hacen un fiero
estrago y cruda guerra;
|
|
|
Morán, Gómez de
Almagro y Maldonado
|
|
|
siembran de
cuerpos bárbaros la tierra:
|
|
|
el Herrero,
como hombre acostumbrado
|
245
|
|
y diestro en
golpear, mata y atierra:
|
|
|
pues Nereda
también, que era maestro,
|
|
|
hiere, derriba
a diestro y a siniestro.
|
|
|
Como si fueran
a morir desnudos,
|
|
|
las rabiosas espadas así
cortan;
|
250
|
|
con tanta
fuerza bajan golpes crudos,
|
|
|
que poco
fuertes armas les importan:
|
|
|
lo que sufrir
no pueden los escudos,
|
|
|
los insensibles
cuerpos lo comportan
|
|
|
en furor encendidos, de tal
suerte,
|
255
|
|
que no sienten
los golpes ni aun la muerte.
|
|
|
Antes de rabia
y cólera abrasados,
|
|
|
con poderosos
golpes los martillan,
|
|
|
y de muchos con
fuerza redoblados
|
|
|
los cargados caballos
arrodillan:
|
260
|
|
abollan los arneses relevados,
|
|
|
abren, desclavan, rompen,
deshebillan:
|
|
|
ruedan las rotas piezas y
celadas,
|
|
|
y el aire atruena el son de las
espadas.
|
|
|
Lincoya
combatiendo y derribando
|
265
|
|
anima con
hervor los escuadrones,
|
|
|
contra su
fuerza y maza no bastando
|
|
|
de crestas
altas fuertes morriones.
|
|
|
Cortés
un golpe suyo reparando,
|
|
|
la cabeza
inclinó entre los arzones,
|
270
|
|
llevándole el
caballo medio muerto,
|
|
|
suelto el
freno, corriendo a |