|
Un limpio honor
del ánimo ofendido
|
|
|
jamás puede
olvidar aquella afrenta,
|
|
|
trayendo al
hombre siempre así encogido
|
|
|
que dello sin
hablar da larga cuenta:
|
|
|
y
en el mayor contento, desabrido
|
5
|
|
se le pone
delante, y representa
|
|
|
la dura y grave
afrenta, con un miedo
|
|
|
que todos le
señalan con el dedo.
|
|
|
Si bien esto
los nuestros lo miraran
|
|
|
y al temor con
esfuerzo resistieran,
|
10
|
|
sus haciendas y casas
sustentaran,
|
|
|
y en la justa
demanda fenecieran:
|
|
|
de mil
desabrimientos no gustaran,
|
|
|
ni al terrero
del vulgo se pusieran;
|
|
|
del vulgo, que
jamás dice lo bueno,
|
15
|
|
ni en decir los
defectos tiene freno.
|
[148]
|
|
Pero de un
bando y de otro contemplada
|
|
|
la diferencia
en número de gentes,
|
|
|
la ciudad sin
reparos, descercada,
|
|
|
con otra
infinidad de inconvenientes:
|
20
|
|
y el ver
puestas al filo de la espada
|
|
|
las gargantas
de tantos inocentes,
|
|
|
niños, mujeres, vírgenes sin
culpa,
|
|
|
será bastante y
lícita disculpa.
|
|
|
Si no es
disculpa y causa lo que digo,
|
25
|
|
se puede
atribuir este suceso
|
|
|
a que fue del
Señor justo castigo,
|
|
|
visto de su
soberbia el gran exceso:
|
|
|
permitiendo que
el bárbaro enemigo,
|
|
|
aquél que fue
su súbdito y opreso,
|
30
|
|
los eche de su
tierra y posesiones,
|
|
|
y les ponga el honor en opiniones.
|
|
|
Bien que en la
Concepción copia de gente
|
|
|
estaba a la
sazón, pero gran parte
|
|
|
de barba blanca
y arrugada frente,
|
35
|
|
inútil en la
dura y bélica arte,
|
|
|
y poca de la edad
más suficiente
|
|
|
a resistir el
gran rigor de Marte
|
|
|
y a la parcial
fortuna, que se muestra
|
|
|
en todos los
sucesos ya siniestra.
|
40
|
|
¿Quién podrá
con el bando lautarino,
|
|
|
viendo que su
opinión tanto crecía,
|
|
|
y la fortuna
próspera el camino
|
|
|
en nuestro daño
y su provecho abría?
|
|
|
No piensa
reparar hasta el divino
|
45
|
|
cielo y
arruïnar su monarquía,
|
|
|
haciendo
aquellos bárbaros bizarros,
|
|
|
grandes fieros, bravezas y
desgarros.
|
[149]
|
|
Pues el pueblo
de Penco desolado
|
|
|
y de la fiera
llama consumido,
|
50
|
|
dije como a
gran priesa había llegado
|
|
|
un
indio mensajero, conocido,
|
|
|
que por
Caupolicán era enviado;
|
|
|
y habiendo de
su parte encarecido
|
|
|
la gran
batalla, digna de memoria,
|
55
|
|
las gracias les
rindió de la vitoria.
|
|
|
Dijo también,
sin alargar razones,
|
|
|
que el general
mandaba que partiese
|
|
|
Lautaro con los
prestos escuadrones,
|
|
|
y en el valle
de Arauco se metiese,
|
60
|
|
donde el senado
y junta de varones
|
|
|
tratase lo que
más les conviniese;
|
|
|
pues en fértil valle hay
aparejo
|
|
|
para la junta y
general consejo.
|
|
|
En oyendo
Lautaro aquel mandato,
|
65
|
|
levanta el
campo, sin parar camina,
|
|
|
deja gran
tierra atrás, y en poco rato
|
|
|
al monte
Andalicano se avecina:
|
|
|
y por llegar
con súbito rebato
|
|
|
el camino
torció por la marina,
|
70
|
|
ganoso de
burlar al bando amigo,
|
|
|
tomando el
nombre y voz del enemigo.
|
|
|
Tanto marchó,
que al asomar del día
|
|
|
dio sobre el
general súbitamente,
|
|
|
con una
baraúnda y vocería
|
75
|
|
que puso en
arma y alteró la gente:
|
|
|
mas vuelto el
alboroto en alegría,
|
|
|
conocida la
burla claramente,
|
|
|
los unos y los otros sin
firmarse
|
|
|
sueltas las armas corren a
abrazarse.
|
80 [150]
|
|
Caupolicán alegre,
humano y grave,
|
|
|
los recibe,
abrazando al buen Lautaro,
|
|
|
y con regalo y
plática süave
|
|
|
le da prendas y
honor de hermano caro:
|
|
|
la gente, que
de gozo en sí no cabe,
|
85
|
|
por la ribera
de un arroyo claro,
|
|
|
en juntas y
corrillos derramada,
|
|
|
celebra de
beber la fiesta usada.
|
|
|
Algún tiempo
pasaron después de esto
|
|
|
antes que el
gran senado fuese junto,
|
90
|
|
tratando en su
jornada y presupuesto
|
|
|
desde el
principio al fin sin faltar punto:
|
|
|
pero al término
justo y plazo puesto
|
|
|
llegó la demás
gente, y todo a punto,
|
|
|
los principales
hombres de la tierra
|
95
|
|
entraron en
consulta a uso de guerra.
|
|
|
Llevaba el
general aquel vestido
|
|
|
con que
Valdivia ante él fue presentado;
|
|
|
era
de verde y púrpura, tejido
|
|
|
con rica plata
y oro recamado,
|
100
|
|
un peto fuerte,
en buena guerra habido,
|
|
|
de fina pasta y
temple relevado,
|
|
|
la celada de
claro y limpio acero,
|
|
|
y un mundo de
esmeralda por cimero.
|
|
|
Todos los capitanes señalados
|
105
|
|
a la española
usanza se vestían,
|
|
|
la gente del
común y los soldados
|
|
|
se visten del
despojo que traían;
|
|
|
calzas, jubones, cueros
desgarrados,
|
|
|
en gran estima
y precio se tenían;
|
110
|
|
por inútil y bajo se juzgaba
|
|
|
el que español
despojo no llevaba.
|
[151]
|
|
A manera de
triunfos, ordenaron
|
|
|
el venir a la
junta así vestidos
|
|
|
y en el
consejo, como digo, entraron
|
115
|
|
ciento y
treinta caciques escogidos:
|
|
|
por su
costumbre antigua se sentaron,
|
|
|
según que por
la espada eran tenidos.
|
|
|
Estando en gran
silencio el pueblo ufano,
|
|
|
así soltó la
voz Caupolicano.-
|
120
|
|
«Bien entendido
tengo yo, varones,
|
|
|
para que
nuestra fama se acreciente,
|
|
|
que no es
menester fuerza de razones,
|
|
|
mas sólo el
apuntarlo brevemente;
|
|
|
que, según
vuestros fuertes corazones,
|
125
|
|
entrar la
España pienso fácilmente,
|
|
|
y el gran
Emperador, invicto Carlo
|
|
|
al dominio
araucano sujetarlo.
|
|
|
»Los españoles vemos que ya
entienden
|
|
|
el peso de las
mazas barreadas,
|
130
|
|
pues ni en
campo ni en muro nos atienden:
|
|
|
sabemos cómo
cortan sus espadas,
|
|
|
y cuán poco las mallas los
defienden
|
|
|
del corte de
las hachas aceradas;
|
|
|
si sus picas son largas y
fornidas,
|
135
|
|
con las
vuestras han sido ya medidas.
|
|
|
»De vuestro
intento asegurarme quiero,
|
|
|
pues estoy del
valor tan satisfecho,
|
|
|
que gruesos
muros de templado acero
|
|
|
allanaréis
poniéndoles el pecho:
|
140
|
|
con esta
confianza, yo el primero
|
|
|
seguiré vuestro
bando y el derecho
|
|
|
que tenéis de
ganar la fuerte España
|
|
|
y conquistar
del mundo la campaña.
|
[152]
|
|
»La deidad de
esta gente entenderemos
|
145
|
|
y
si del alto cielo cristalino
|
|
|
deciende, como
dicen, abriremos
|
|
|
a puro hierro
anchísimo camino;
|
|
|
su género y
linaje asolaremos:
|
|
|
que no bastará
ejército divino,
|
150
|
|
ni divino
poder, esfuerzo y arte,
|
|
|
si todos nos
hacemos a una parte.
|
|
|
»En fin,
fuertes guerreros, como digo,
|
|
|
no puede mi
intención más declararse.
|
|
|
Aquél que me
quisiere por amigo,
|
155
|
|
a tiempo está
que puede señalarse:
|
|
|
ténganme desde
aquí por enemigo
|
|
|
el que quisiere
a paces arrimarse».-
|
|
|
Aquí dio fin y
su intención propuesta,
|
|
|
esperaba sereno
la respuesta.
|
160
|
|
Ceja no se
movió, y aun el aliento
|
|
|
apenas al
espíritu halló vía
|
|
|
mientras duró
el soberbio parlamento,
|
|
|
que el gran
Caupolicano les hacía.
|
|
|
Hubo en el
responder el cumplimiento
|
165
|
|
y ceremonia
usada en cortesía;
|
|
|
a Lautaro
tocaba, y excusado,
|
|
|
Lincoya así
responde levantado.-
|
|
|
«Señor, yo no
me he visto tan gozoso
|
|
|
después que en
este triste mundo vivo,
|
170
|
|
como en ver
manifiesto el valeroso
|
|
|
intento tuyo,
el ánimo y motivo:
|
|
|
y así, por
pensamiento tan glorioso,
|
|
|
me ofrezco por
tu siervo y tu cautivo:
|
|
|
que no quiero
ser rey del cielo y tierra
|
175
|
|
si hubiese de
acabarse aquí la guerra.
|
[153]
|
|
»Y en testimonio
desto, yo te juro
|
|
|
de te seguir y
acompañar de hecho;
|
|
|
ni por áspero
caso, adverso y duro
|
|
|
a la patria
volver jamás el pecho:
|
180
|
|
desto puedes,
señor, estar seguro;
|
|
|
y todo faltará y será deshecho
|
|
|
antes que la
palabra acreditada
|
|
|
de un hombre
como yo por prenda dada.»-
|
|
|
Así dijo; y
tras él, aunque rogado,
|
185
|
|
el buen
Peteguelén, Curaca anciano,
|
|
|
de condición
muy áspera enojado,
|
|
|
pero afable en
la paz, fácil y humano;
|
|
|
viejo, enjuto,
dispuesto, bien trazado,
|
|
|
señor de aquel
hermoso y fértil llano,
|
190
|
|
con espaciosa
voz y grave gesto
|
|
|
propuso en sus razones sabias
esto.-
|
|
|
«Fuerte
varón y capitán perfeto,
|
|
|
no dejaré de
ser el delantero
|
|
|
a probar la
fineza deste peto
|
195
|
|
y si mi hacha
rompe el fino acero;
|
|
|
mas, como quien
lo entiende, te prometo
|
|
|
que falta por
hacer mucho primero
|
|
|
que salgan
españoles desta tierra,
|
|
|
cuanto más ir a
España a mover guerra.
|
200
|
|
»Bien será que,
señor, nos contentemos
|
|
|
con lo que nos
dejaron los pasados,
|
|
|
y a nuestros
enemigos desterremos,
|
|
|
que están en lo
más dello apoderados:
|
|
|
después, por el
suceso entenderemos
|
205
|
|
mejor el
disponer de nuestros hados.
|
|
|
Esto a mí me
parece; y quien quisiere
|
|
|
proponga otra
razón si mejor fuere.»-
|
[154]
|
|
Callando este
cacique, se adelanta
|
|
|
Tucapelo, de
cólera encendido,
|
210
|
|
y sin respeto
así la voz levanta
|
|
|
con un tono
soberbio y atrevido,
|
|
|
diciendo: «A mí
la España no me espanta,
|
|
|
y no quiero por
hombre ser tenido
|
|
|
si solo no
arruïno a los cristianos,
|
215
|
|
ora sean
divinos, ora humanos.
|
|
|
»Pues lanzarlos
de Chile y destruirlos
|
|
|
no será para mí
bastante guerra;
|
|
|
que pienso, si
me esperan, confundirlos
|
|
|
en el profundo
centro de la tierra;
|
220
|
|
y si huyen, mi
maza ha de seguirlos,
|
|
|
que es la que
deste mundo los destierra:
|
|
|
por eso no nos
ponga nadie miedo,
|
|
|
que aún no haré
en hacerlo lo que puedo.
|
|
|
»Y por mi
diestro brazo os aseguro,
|
225
|
|
si la maza dos
años me sustenta,
|
|
|
a despecho del
cielo, a hierro puro
|
|
|
de dar desto
descargo y buena cuenta,
|
|
|
y no dejar de
España enhiesto muro;
|
|
|
y aun el ánimo
a más se me acrecienta,
|
230
|
|
que después que
allanare el ancho suelo,
|
|
|
a guerra
incitaré al supremo cielo.
|
|
|
»Que no son hados, es pura
flaqueza
|
|
|
la que nos pone
estorbos y embarazos:
|
|
|
pensar que haya
fortuna, es gran simpleza,
|
235
|
|
la fortuna es
la fuerza de los brazos:
|
|
|
la máquina del
cielo y fortaleza
|
|
|
vendrá primero
abajo hecha pedazos,
|
|
|
que Tucapel en
esta y otra empresa
|
|
|
falte
un mínimo punto en su promesa.»-
|
240 [155]
|
|
Peteguelén, la
vieja sangre fría
|
|
|
se le encendió
de rabia, y levantado
|
|
|
le dice: «¡Oh
arrogante! La osadía
|
|
|
sin discreción
jamás fue de esforzado...»
|
|
|
Pero
Caupolicán, que conocía
|
245
|
|
del viejo a
tiempo el ánimo arrojado,
|
|
|
con discreción
le ataja las razones,
|
|
|
haciendo
proponer a otros varones.
|
|
|
Purén se ofrece
allí, y Angol se ofrece
|
|
|
no con menor
braveza y desatiento:
|
250
|
|
Ongolmo no
quedó, según parece,
|
|
|
de mostrar su
soberbio pensamiento:
|
|
|
del uno en otro
multiplica y crece
|
|
|
el número en el
mismo ofrecimiento.
|
|
|
Colocolo, que
atento estaba a todo,
|
255
|
|
sacó la voz,
diciendo de este modo.-
|
|
|
«La verde edad
os lleva a ser furiosos,
|
|
|
¡oh hijos!, y nosotros los
ancianos
|
|
|
no somos en el
mundo provechosos
|
|
|
más de para
decir consejos sanos;
|
260
|
|
que no nos
ciegan humos vaporosos
|
|
|
del juvenil hervor y años
lozanos:
|
|
|
y así, como más
libres, entendemos
|
|
|
lo que siendo
mancebos no podemos.
|
|
|
»Vosotros,
capitanes esforzados,
|
265
|
|
de sola una
vitoria envanecidos,
|
|
|
estáis de tal
manera levantados,
|
|
|
que os parecen
ya pocos los nacidos:
|
|
|
templad, templad los pechos
alterados
|
|
|
y esos vanos esfuerzos mal
regidos;
|
270
|
|
no hagáis de
españoles tal desprecio,
|
|
|
que no venden
sus vidas a mal precio.
|
[156]
|
|
|