|
Cuando los
corazones nunca usados
|
|
|
a dar señal y
muestra de flaqueza
|
|
|
se ven en lugar
público afrentados,
|
|
|
entonces
manifiestan su grandeza,
|
|
|
fortalecen los
miembros fatigados,
|
5
|
|
despiden el
cansancio y la torpeza,
|
|
|
y salen
fácilmente con las cosas
|
|
|
que eran antes,
Señor, dificultosas.
|
|
|
Así le avino a
Rengo, que, en cayendo,
|
|
|
tanto esfuerzo
le puso el corrimiento,
|
10
|
|
que, lleno de
furor y en ira ardiendo,
|
|
|
se le dobló la
fuerza y el aliento:
|
|
|
y al enemigo
fuerte, no pudiendo
|
|
|
ganarle antes
un paso, agora ciento
|
|
|
alzado de la
tierra lo llevaba,
|
15
|
|
que aun afirmar
los pies no le dejaba.
|
[210]
|
|
Adelante la
cólera pasara
|
|
|
y
hubiera alguna brega en aquel llano,
|
|
|
si, receloso de
esto, no bajara
|
|
|
presto de
arriba el hijo de Pillano,
|
20
|
|
que de
Caupolicán traía la vara,
|
|
|
y él propio los
aparta de su mano:
|
|
|
que no fue
poco, en tanto encendimiento
|
|
|
tenerle este
respeto y miramiento.
|
|
|
Siendo desta
manera sin ruïdo
|
25
|
|
despartida la
lucha ya enconada,
|
|
|
le fue a Rengo
su honor restituïdo,
|
|
|
mas quedó sin
derecho a la celada:
|
|
|
aún no estaba
del todo difinido,
|
|
|
ni la plaza de
gente despejada,
|
30
|
|
cuando el mozo
Orompello dijo presto:
|
|
|
Mi vez ahora me
toca, mío es el puesto.
|
|
|
Que bramando
entre sí se deshacía
|
|
|
esperando aquel
tiempo deseado,
|
|
|
viendo que
Leucotón ya mantenía,
|
35
|
|
del tiro de la
lanza no olvidado:
|
|
|
con gran
desenvoltura y gallardía
|
|
|
salta el
palenque y entra el estacado,
|
|
|
y en medio de
la plaza, como digo,
|
|
|
llamaba cuerpo
a cuerpo al enemigo.
|
40
|
|
La trápala y
murmurio en el momento
|
|
|
creció, porque
parando el pueblo en ello,
|
|
|
conoce por allí
cuán descontento
|
|
|
del fuerte
Leucotón está Orompello:
|
|
|
témese que
vendrán a rompimiento,
|
45
|
|
mas nadie se
atraviesa a defendello,
|
|
|
antes la plaza
libre les dejaron
|
|
|
y los vacíos lugares ocuparon.
|
[211]
|
|
El pueblo, de
la lucha deseoso,
|
|
|
la más parte a
Orompello se inclinaba;
|
50
|
|
mira los bellos
miembros y el airoso
|
|
|
cuerpo que a la
sazón se desnudaba,
|
|
|
la gracia, el
pelo crespo y el hermoso
|
|
|
rostro, donde
su poca edad mostraba,
|
|
|
que veinte años
cumplidos no tenía,
|
55
|
|
y a Leucotón a fuerzas desafía.
|
|
|
Juzgan ser desconformes los
presentes
|
|
|
las fuerzas de
estos dos por la aparencia;
|
|
|
viendo del uno
el talle y los valientes
|
|
|
niervos, edad perfeta y
experiencia;
|
60
|
|
y del otro los
miembros diferentes,
|
|
|
la tierna edad
y grata adolecencia;
|
|
|
aunque a tal
opinión contradecía
|
|
|
la muestra de
Orompello y osadía:
|
|
|
que,
puesto en su lugar, ufano espera
|
65
|
|
el son de la
trompeta, como cuando
|
|
|
el fogoso
caballo en la carrera
|
|
|
la seña del
partir está aguardando;
|
|
|
y cual halcón,
que en la húmida ribera
|
|
|
ve la garza de
lejos blanqueando,
|
70
|
|
que se alegra y
se pule ya lozano,
|
|
|
y está para
arrojarse de la mano.
|
|
|
El gallardo
Orompello así esperaba
|
|
|
aquel alegre
son para moverse,
|
|
|
que, de ver la
tardanza, imaginaba
|
75
|
|
que habían
impedimentos de ofrecerse.
|
|
|
Visto que tanto
ya se dilataba,
|
|
|
queriendo a su
sabor satisfacerse,
|
|
|
derecho a
Leucotón sale animoso,
|
|
|
que no fue en
recebirle perezoso.
|
80 [212]
|
|
En gran
silencio vuelto el rumor vano,
|
|
|
quedando mudos
todos los presentes,
|
|
|
en medio de la
plaza, mano a mano,
|
|
|
salen a se
probar los dos valientes.
|
|
|
Como cuando el
lebrel y fiero alano,
|
85
|
|
mostrándose con
ronco son los dientes,
|
|
|
yertos los cerros y ojos
encendidos,
|
|
|
se vienen a
morder embravecidos;
|
|
|
de tal modo los
dos amordazados,
|
|
|
sin esperar
trompeta ni padrino,
|
90
|
|
de coraje y rencor estimulados,
|
|
|
de medio a
medio parten el camino,
|
|
|
y en un
instante iguales, aferrados,
|
|
|
con extremada
fuerza y diestro tino
|
|
|
se ciñeron los
brazos poderosos,
|
95
|
|
echándose a los
pies lazos ñudosos.
|
|
|
Las
desconformes fuerzas, aunque iguales,
|
|
|
los lleva,
arroja y vuelve a todos lados,
|
|
|
viéranlos sin
mudarse a veces tales
|
|
|
que parecen en
tierra estar clavados:
|
100
|
|
donde ponen los pies, dejan
señales,
|
|
|
cavan el duro
suelo, y apretados,
|
|
|
juntándose rodillas con
rodillas,
|
|
|
hacen crugir los huesos y
costillas.
|
|
|
Cada cual del
valor, destreza y maña
|
105
|
|
usaba que en
tal tiempo usar podía,
|
|
|
viendo el duro
tesón y fuerza extraña
|
|
|
que en su recio
adversario conocía:
|
|
|
revuélvense los
dos por la campaña,
|
|
|
sin conocerse en nadie mejoría;
|
110
|
|
pero tanto de
acá y de allá anduvieron
|
|
|
que
ambos juntos a un tiempo en tierra dieron.
|
[213]
|
|
Fue tan presto
el caer, y en el momento
|
|
|
tan presto el
levantarse, por manera,
|
|
|
que se puede
decir que el más atento,
|
115
|
|
a mover la
pestaña, no lo viera:
|
|
|
ventaja ni
señal de vencimiento
|
|
|
juzgarse por
entonces no pudiera,
|
|
|
que Leucotón
arrodilló en el llano
|
|
|
y Orompello
tocó sola una mano.
|
120
|
|
En esto los
padrinos se metieron,
|
|
|
y a cada lado
el suyo retirando,
|
|
|
en disputa la
lucha resumieron,
|
|
|
sus puntos y
razones alegando:
|
|
|
de entrambas partes gentes
acudieron,
|
125
|
|
la porfía y
rumor multiplicando;
|
|
|
quién daba al
uno el precio, honor y gloria;
|
|
|
quién cantaba
del otro la vitoria.
|
|
|
Tucapelo, que
estaba en un asiento
|
|
|
a la diestra
del hijo de Pillano,
|
130
|
|
visto lo que
pasaba, en el momento
|
|
|
salta en la
plaza, la ferrada en mano;
|
|
|
y con aquel
usado atrevimiento
|
|
|
dice: «El
precio ganó mi primo hermano,
|
|
|
y si alguno
esta causa me defiende,
|
135
|
|
harele yo
entender que no lo entiende:
|
|
|
«La joya es de
Orompello, y quien bastante
|
|
|
se halle a
reprobar el voto mío,
|
|
|
en campo
estamos, hágase adelante,
|
|
|
que en suma le
desmiento y desafío.»
|
140
|
|
Leucotón con un
término arrogante
|
|
|
dice: «Yo
amansaré tu loco brío
|
|
|
y el vano
orgullo y necio devaneo,
|
|
|
que mucho
tiempo ha ya que lo deseo.»
|
[214]
|
|
«Conmigo lo has
de haber, que comenzado
|
145
|
|
juego tenemos
ya», dijo Orompello.
|
|
|
Responde
Leucotón fiero y airado:
|
|
|
«Contigo y con
tu primo quiero habello.»
|
|
|
Caupolicán en
esto era llegado,
|
|
|
que del supremo
asiento, viendo aquello,
|
150
|
|
había bajado a
la sazón confuso,
|
|
|
y allí su
autoridad toda interpuso.
|
|
|
Leucotón y
Orompello, conociendo
|
|
|
que el gran
Caupolicán allí venía,
|
|
|
las enconosas voces reprimiendo
|
155
|
|
cada cual por
su parte se desvía:
|
|
|
mas Tucapel, la
maza revolviendo,
|
|
|
que otro
acuerdo y concierto no quería,
|
|
|
lleno
de ira diabólica, no calla,
|
|
|
llamando a todo
el mundo a la batalla.
|
160
|
|
Ruego y medios
con él no valen nada
|
|
|
del hijo de
Leocán ni de otra gente,
|
|
|
diciendo que a
Orompello la celada
|
|
|
le den por
vencedor y más valiente:
|
|
|
después, que en
plaza franca y estacada
|
165
|
|
con Leucotón le
dejen libremente,
|
|
|
donde aquella
disputa se decida,
|
|
|
perdiendo de
los dos uno la vida.
|
|
|
Puesto
Caupolicán en este aprieto,
|
|
|
lleno de rabia y de furor
movido,
|
170
|
|
le dice: «Haré
que guardes el respeto
|
|
|
que a mi persona
y cargo le es debido.»
|
|
|
Tucapel le
responde: «Yo prometo
|
|
|
que por temor
no baje del partido;
|
|
|
y aquel que en
lo que digo no viniere,
|
175
|
|
haga a su
voluntad lo que pudiere.
|
[215]
|
|
«Guardarete
respeto, si derecho
|
|
|
en lo que justo
pido me guardares,
|
|
|
y mientras que
con recto y sano pecho
|
|
|
la causa sin
pasión de esto mirares:
|
180
|
|
mas si, contra
razón, sólo de hecho,
|
|
|
torciendo la
justicia lo llevares,
|
|
|
por ti y tu
cargo, y todo el mundo junto,
|
|
|
no perderé de
mi derecho un punto.»
|
|
|
Caupolicán,
perdida la paciencia,
|
185
|
|
se mueve a
Tucapel determinado;
|
|
|
mas Colocolo, viejo de
experiencia,
|
|
|
que con temor
le andaba siempre al lado,
|
|
|
le hizo una
acatada resistencia
|
|
|
diciendo: «¿Estás, señor, tan
olvidado
|
190
|
|
de ti y tu
autoridad y salud nuestra
|
|
|
que lo pongas
en sólo alzar la diestra?
|
|
|
«Mira, señor,
que todo se aventura:
|
|
|
mira que están
los más ya diferentes:
|
|
|
de Tucapel
conoces la locura
|
195
|
|
y la fuerza que
tiene de parientes;
|
|
|
lo que
emendarse puede con cordura
|
|
|
no lo emiendes
con sangre de inocentes:
|
|
|
dale a
Orompello el contendido precio,
|
|
|
y otro al
competidor de igual aprecio.
|
200
|
|
»Si por rigor y
término sangriento
|
|
|
quieres poner
en riesgo lo que queda,
|
|
|
puesto que
sobre fijo fundamento
|
|
|
Fortuna a tu
sabor mueva la rueda,
|
|
|
y el juvenil furor y
atrevimiento
|
205
|
|
castigar
a tu salvo te conceda,
|
|
|
queda tu fuerza
más disminuida,
|
|
|
y al fin tu
autoridad menos temida.
|
[216]
|
|
»Pierdes dos
hombres, pierdes dos espadas
|
|
|
que el límite
araucano han extendido,
|
210
|
|
y en las fieras naciones
apartadas
|
|
|
hacen que sea
tu nombre tan temido:
|
|
|
si agora han
sido aquí desacatada,
|
|
|
mira lo que
otras veces han servido
|
|
|
en trances
peligrosos, derramando
|
215
|
|
la sangre
propia y del contrario bando.»
|
|
|
Imprimieron así
en Caupolicano
|
|
|
las razones y
celo de aquel viejo,
|
|
|
que, frenando
el furor, dijo: «En tu mano
|
|
|
lo dejo todo y
tomo ese consejo».
|
220
|
|
Con tal
resolución, el sabio anciano,
|
|
|
viendo abierto
camino y aparejo,
|
|
|
habló con
Leucotón que vino en todo,
|
|
|
y a los primos después
del mismo modo.
|
|
|
Y así el viejo
eficaz los persuadiera,
|
225
|
|
que en tal
discordia y caso tan diviso,
|
|
|
lo que el mundo
universo no pudiera
|
|
|
pudo su
discreción y buen aviso:
|
|
|
fuelos, pues,
reduciendo de manera
|
|
|
que vinieron a
todo lo que quiso;
|
230
|
|
pero con
condición que la celada
|
|
|
por precio al
Orompello fuese dada.
|
|
|
Pues la rica
celada allí traída
|
|
|
al ufano
Orompello le fue puesta;
|
|
|
y una cuera de
malla guarnecida
|
235
|
|
de fino oro a
la par vino con ésta,
|
|
|
y al mismo
tiempo a Leucotón vestida.
|
|
|
Todos
conformes, en alegre fiesta
|
|
|
a las copiosas mesas se
sentaron,
|
|
|
donde más la
amistad confederaron.
|
240 [217]
|
|
Acabado el
comer, lo que del día
|
|
|
les quedaba, las mesas
levantadas,
|
|
|
se pasó en
regocijo y alegría,
|
|
|
tegiendo en
corros danzas siempre usadas,
|
|
|
donde un número
grande intervenía
|
245
|
|
de mozos y mujeres festejadas;
|
|
|
que las pruebas cesaron y
ocasiones
|
|
|
atento a no
mover nuevas cuestiones.
|
|
|
Cuando la noche
el horizonte cierra,
|
|
|
y con la negra
sombra el mundo abraza,
|
250
|
|
los principales
hombres de la tierra
|
|
|
se juntaron en
una antigua plaza
|
|
|
a
tratar de las cosas de la guerra,
|
|
|
y en el
discurso dellas dar la traza,
|
|
|
diciendo que el
subsidio padecido
|
255
|
|
había de ser
con sangre redemido.
|
|
|
Salieron con
que al hijo de Pillano
|
|
|
se cometiese el
cargo deseado,
|
|
|
y el número de
gente por su mano
|
|
|
fuese
absolutamente señalado:
|
260
|
|
tal era la
opinión del araucano
|
|
|
y tal crédito y
fama había alcanzado,
|
|
|
que si asolar
el cielo prometiera
|
|
|
crédito a la
promesa se le diera.
|
|
|
Y entre la
gente joven más granada
|
265
|
|
fueron por él
quinientos escogidos,
|
|
|
mozos
gallardos, de la vida airada,
|
|
|
por más bravos que pláticos
tenidos:
|
|
|
y hubo de otros
por ir esta jornada
|
|
|
tantos ruegos,
protestos y partidos,
|
270
|
|
que excusa no
bastó ni impedimento
|
|
|
a no exceder la
copia en otros ciento.
|
[218]
|
|
Los que Lautaro
escoge son soldados
|
|
|
amigos de
inquietud, facinerosos,
|
|