Índice | Palabras: Alfabética - Frecuencia - Inverso - Longitud - Estadísticas | Ayuda | Biblioteca IntraText
Alonso de Ercilla y Zúñiga
La Araucana

IntraText CT - Texto

  • Canto XII
Anterior - Siguiente

Pulse aquí para desactivar los vínculos a las concordancias

Canto XII

Recogido Lautaro en su fuerte, no quiere seguir la vitoria por entretener a los españoles. Pasa ciertas razones con él Marco Veaz, por las cuales Pedro de Villagrán viene a entender el peligroso punto en que estaba, y levantando su campo se retira. Viene el marqués de Cañete a la ciudad de Los Reyes en el Perú.

Virtud difícil y difícil prueba

 

es guardar el secreto peligroso,

 

que la dificultad bien clara prueba

 

cuánto es sano, seguro y provechoso;

 

y el poco fruto y mucho mal que lleva

5

el vicio inútil del hablar dañoso:

 

ejemplo los de Líbico homicidas,

 

y otros que les costó el hablar las vidas.

 

Veranse por los ojos y escrituras

 

en los presentes tiempos y pasados

10

cruëldades, ruïnas, desventuras,

 

infamias, puniciones de pecados,

 

grandes yerros en grandes coyunturas,

 

pérdidas de personas y de estados:

 

todo por no sufrir el indiscreto

15

la peligrosa carga del secreto.

[232]

De los vicios el menos de provecho

 

y por donde más daño a veces viene,

 

es el no retener el fácil pecho

 

el secreto hasta el tiempo que conviene:

20

rompe y deshace al fin todo lo hecho,

 

quita la fuerza que la industria tiene,

 

guerra, furor, discordia, fuego enciende:

 

al propio dueño y al amigo vende.

 

Por esto el sabio hijo de Pillano

25

la causa a sus soldados encubría

 

de no dejar salir gente a lo llano,

 

siguiendo la vitoria de aquel día:

 

y el retirado campo castellano,

 

seguro a paso largo por la vía,

30

como dije, la furia quebrantada,

 

toma de la ciudad la vuelta usada.

 

Usar Lautaro desta maña, entiendo

 

que fuese para algún sagaz intento,

 

el cual, por congeturas, comprehendo

35

ser de gran importancia y fundamento.

 

Dejado esto a su tiempo y revolviendo

 

a los nuestros, que así del fuerte asiento

 

se alejan, a tres leguas otro día

 

hicieron alto, asiento y ranchería.

40

Dos días los españoles estuvieron

 

haciendo de los bravos aguardando;

 

pero jamás los bárbaros vinieron,

 

ni gente pareció del otro bando:

 

al fin dos de los nuestros se atrevieron

45

a ver el fuerte y cerca de él llegando,

 

oyeron una voz alta del muro

 

diciéndoles: «Llegaos, que os doy seguro

[233]

Al uno por su nombre lo llamaba,

 

con el cierto seguro prometido,

50

el cual, dejando al otro, se llegaba

 

por conocer quién era el atrevido:

 

Llegado el español junto a la cava,

 

el de la voz fue luego conocido,

 

que era el gallardo hijo de Pillano,

55

tratado dél un tiempo como hermano.

 

Estaba de un lustroso peto armado

 

con sobrevista de oro guarnecida,

 

en una gruesa pica recostado

 

por el ferrado regatón asida:

60

el ancho y duro hierro colorado

 

y de sangre la media asta teñida;

 

puesta de limpio acero una celada

 

abierta por mil partes y abollada.

 

Llegado el español donde podía

65

hablarle y entenderle claramente,

 

el bizarro Lautaro le decía:

 

«Marcos, de ti me espanto extrañamente

 

y de esa tu ignorante compañía,

 

que sin razón y seso, ciegamente

70

penséis así de mi opinión mudarme

 

y ser bastantes todos a enojarme.

 

»¿Qué intento os mueve o qué furor insano,

 

que así queréis tiranizar la tierra?

 

¿No veis que todo agora está en mi mano,

75

el bien vuestro y el mal, la paz, la guerra?

 

¿No veis que el nombre y crédito araucano

 

los levantados ánimos atierra?

 

¿Que sólo el son al mundo pone miedo

 

y quebranta las fuerzas y el denuedo?

80 [234]

»En los pueblos no fuistes poderosos

 

de defender las propias posesiones,

 

que es cosa que aun los pájaros medrosos

 

hacen rostro en su nido a los leones:

 

¿y en los desiertos campos pedregosos

85

pensáis de sustentar los pabellones,

 

en tiempo que estáis más amedrentados,

 

y más vuestros contrarios animados?

 

»Es, a mi parecer, loca osadía

 

querer contra nosotros sustentaros,

90

pues ni por arte, maña ni otra vía

 

podéis en nuestro daño aprovecharos:

 

si lo queréis llevar por valentía,

 

baste el presente estrago a escarmentaros;

 

que fresca sangre aún vierten las heridas,

95

y della aquí las yerbas veo teñidas.

 

»Pues dejar yo jamás de perseguiros,

 

según que lo juré, será excusado;

 

hasta dentro de España he de seguiros,

 

que así lo he prometido al gran senado;

100

mas si queréis en tiempo reduciros,

 

haciendo lo que aquí os será mandado,

 

saldré de la promesa y juramento,

 

y vosotros saldréis de perdimiento.

 

»Treinta mujeres vírgines apuestas

105

por tal concierto habéis de dar cada año,

 

blancas, rubias, hermosas, bien dispuestas,

 

de quince años a veinte, sin engaño:

 

Han de ser españolas; y tras éstas,

 

treinta capas de verde y fino paño,

110

y otras treinta de púrpura, tejidas

 

con fino hilo de oro guarnecidas:

[235]

»También doce caballos poderosos

 

nuevos y ricamente enjaezados,

 

domésticos, ligeros y furiosos,

115

debajo de la rienda concertados:

 

y seis diestros lebreles animosos

 

en la caza me habéis de dar cebados:

 

este solo tributo estorbaría

 

lo que estorbar el mundo no podría

120

Atento el castellano le escuchaba,

 

estando de la plática gustoso;

 

mas cuando a estas razones allegaba

 

no pudo aquí tener ya más reposo:

 

así impaciente al bárbaro atajaba,

125

diciéndole: «No estés tan orgulloso,

 

que las parias que pides, ¡oh Lautaro!

 

te costarán, si esperas, presto caro.

 

»En pago de tu loco atrevimiento

 

te darán españoles por tributo

130

cruda muerte, con áspero tormento,

 

y Arauco cubrirán de eterno luto

 

Lautaro dijo: «Es eso hablar al viento;

 

sobre ello, Marcos, más yo no disputo;

 

las armas, no la lengua, han de tratarlo

135

y la fuerza y valor determinarlo.

 

»Libre puedes decir lo que quisieres,

 

como aquel que seguro le está dado;

 

que tú después harás lo que pudieres,

 

y yo podré hacer lo que he jurado:

140

tratemos de otras cosas de placeres,

 

quede para su tiempo comenzado;

 

y quiérote mostrar, pues tiempo hallo,

 

una lucida escuadra de caballo.

[236]

»Que, para que no andéis tan al seguro,

145

acuerdo de tener también caballos,

 

y de imponer mis súbditos procuro

 

a saberlos tratar y gobernallos

 

Esto dijo Lautaro y desde el muro

 

a seis dispuestos mozos sus vasallos

150

mandó que en seis caballos cabalgasen,

 

y por delante dél los paseasen.

 

Por las dos puentes, a la vez caladas,

 

salieron a caballo seis chilcanos,

 

pintadas y anchas dargas embrazadas,

155

gruesas lanzas terciadas en las manos;

 

vestidas fuertes cotas, y tocadas

 

las cabezas al modo de africanos,

 

mantos por las caderas derribados,

 

los brazos hasta el codo arremangados:

160

y con airosa muestra, por delante

 

del atento español dos vueltas dieron;

 

pero ni de su puesto y buen semblante,

 

punto que se notase le movieron:

 

antes con muestra y ánimo arrogante,

165

en alta voz, que todos lo entendieron,

 

(que el muro estaba ya lleno de gente),

 

habló así con Lautaro libremente.

 

«En vano, ¡oh capitán! cierto trabaja

 

quien pretende con fieros espantarme;

170

no estimo lo que ves en una paja,

 

ni alardes pueden punto amedrentarme:

 

y por mostrar si temo la ventaja,

 

yo solo con los seis quiero probarme,

 

do verás que a seis mil seré bastante:

175

vengan luego a la prueba aquí delante

[237]

Lautaro respondió: «Marcos, si mueres

 

tanto por nos mostrar tu fuerza y brío,

 

el mínimo que de ellos escogieres

 

a pie vendrá contigo en desafío

180

del modo y la manera que quisieres:

 

elige armas y campo a tu albedrío,

 

ora con ellas, ora desarmados,

 

a puños, coces, uñas y a bocados

 

El español le dijo: «Yo te digo

185

que mi honor en tal caso no consiente

 

darles uno por uno su castigo,

 

porque jamás se diga entre la gente

 

que cuerpo a cuerpo bárbaro conmigo

 

en campo osase entrar singularmente:

190

por tanto, si no quieres lo que pido,

 

no quiero yo aceptar otro partido

 

No vinieron en esto a concertarse:

 

después por otras cosas discurrieron;

 

pero, llegado el tiempo de apartarse,

195

del bárbaro los dos se despidieron.

 

Vueltos a su camino, oyen llamarse,

 

y a la voz conocida revolvieron,

 

que era el mesmo Lautaro quien llamaba,

 

diciendo: «Una razón se me olvidaba.

200

»Tengo mi gente triste y afligida,

 

con gran necesidad de bastimento,

 

que me falta del todo la comida

 

por orden mala y poco regimiento:

 

pues la tenéis de sobra recogida,

205

haced un liberal repartimiento

 

proveyéndonos della, que a mi cuenta

 

más la gloria y honor vuestro acrecienta:

[238]

»Que en el ínclito Estado es uso antiguo,

 

y entre buenos soldados ley guardada,

210

alimentar la fuerza al enemigo

 

para sólo oprimirle por la espada:

 

Estad, Marcos, atento a lo que digo,

 

y entended que será cosa loada,

 

que digan que las fuerzas sojuzgastes

215

que para mayor triunfo alimentastes.

 

»Que se llame vitoria yo lo dudo

 

cuando el contrario a tal extremo viene,

 

que, en aquello que nunca el valor pudo,

 

la hambre miserable poder tiene,

220

y al fuerte brazo indómito y membrudo

 

lo debilita, doma y lo detiene,

 

y así por bajo modo y estrecheza,

 

viene a parecer fuerte la flaqueza

 

Era, Señor, su intento que pensase

225

ser la necesidad, fingida, cierta,

 

para que nuestra gente se animase,

 

de industria abriendo aquella falsa puerta;

 

y con esto inducirla a que esperase,

 

teniendo así su astucia más cubierta,

230

hasta que el fin llegase deseado

 

del cauteloso engaño fabricado.

 

Marcos, de las palabras conmovido,

 

le dice: «Yo prometo de intentallo

 

por sólo esas razones que has movido,

235

y hacer todo el poder en procurallo

 

Habiéndose con esto despedido,

 

revolviendo las riendas al caballo,

 

él y su compañero caminaron

 

hasta que al español campo llegaron.

240 [239]

De todo al punto Villagrá informado

 

cuanto a Marcos, Lautaro dicho había,

 

sospechoso, confuso y admirado

 

de ver que bastimentos le pedía:

 

era sagaz, celoso y recatado,

245

revolviendo la presta fantasía,

 

los secretos designios comprehende,

 

y el peligroso estado y trance entiende;

 

y en el presto remedio resoluto,

 

cuando el mundo se muestra más escuro,

250

sin tocar trompa, del peligro instruto,

 

toma el camino a la ciudad seguro,

 

maravillado del ardid astuto;

 

pero de nuestra gente ahora no curo,

 

que quiero antes decir el modo extraño

255

de la ingeniosa astucia y nuevo engaño.

 

Aún no era bien la nueva luz llegada,

 

cuando luego los bárbaros supieron

 

la súbita partida y retirada,

 

que no con poca muestra lo sintieron,

260

viendo claro que al fin de la jornada

 

por un espacio breve no pudieron

 

hacer en los cristianos tal matanza

 

que nadie dellos más tomara lanza.

 

Que aquel sitio cercado de montaña,

265

que es en un bajo y recogido llano,

 

de acequias copiosísimas se baña

 

por zanjas con industria hechas a mano:

 

Rotas al nacimiento, la campaña

 

se hace en breve un lago y gran pantano;

270

la tierra es honda, floja, anegadiza,

 

hueca, falsa</