Salen el ATREVIMIENTO a lo soldado, con mucha
plumas,
y la admiración, de HOMBRE
ATREVIMIENTO:
¡Otra vez me vuelve a dar
los brazos, Admiración!
ADMIRACIÓN: ¡Bien me la puedes causar,
bravo mozo! Con razón
te
puede el mundo llamar
honra suya, que contento
vienes;
y ¡que, a lo soldado!
¡Bravas
plumas das al viento!
ATREVIMIENTO: Por mi
valor lo he ganado
todo.
ADMIRACIÓN: Eres Atrevimiento.
¿A
qué no te atreverás?
¿De
dónde vienes?
ATREVIMIENTO: Del cielo;
donde
no pienso entrar más.
ADMIRACIÓN: Pues
¿nacido allá?
ATREVIMIENTO: En el suelo
desde
agora me verás;
que
aunque del querub nací,
que el
monte del testamento
intentó
asaltar por mí,
con ser
yo el Atrevimiento,
como mi
padre caí.
Echóme de allá la guerra,
y así
estoy determinado,
pues mi
patria me destierra,
dejarla.
ADMIRACIÓN:
No es estimado
ningún
valiente en su tierra.
Pero, pues al mundo bajas,
¿qué
oficio piensas tener?
Porque
si en él no trabajas,
mal
ganarás de comer.
ATREVIMIENTO: No son
mis prendas tan bajas
que,
para adquirir sustento,
me obligue a degenerar
de mi
altivo nacimiento.
¿Quién
me puede a mí estorbar,
si soy
el Atrevimiento,
cuanto produce la tierra,
cuanto
el mar inmenso cría
y el viento en su esfera encierra?
Yo he de poner algún día
sobre una tierra otra
tierra,
y, aunque les pese a las nubes,
he de cobrar el asiento
que perdieron los querubes.
ADMIRACIÓN: Pues, hermano Atrevimiento,
caerás si tan alto subes.
Mas ya que al mundo has
venido,
¿qué es lo que en él se
te ofrece,
o qué
ocasión te ha traído?
ATREVIMIENTO: La Fortuna favorece
al
osado y atrevido.
Nombró el Rey, nuestro señor,
al
hombre, por ser su hechura,
virrey
y gobernador
de este
mundo, que procura
hacerle
su coadjutor.
Puso
casa en su grandeza
augusta; pues, porque goce
de
estos orbes la belleza,
le
sirve y le reconoce
la
misma naturaleza.
Tanto imperio, en fin, le ha dado,
que hoy
entra, según oí,
bizarro
y acompañado
debajo
un palio turquí
de diez
altos de brocado,
sembrado todo de estrellas,
con tan
gallarda persona
que, aventajándose a ellas,
con su
vista perficiona
las
criaturas más bellas.
Yo,
que altas cosas codicio,
pretendo agora asentar
en su
casa y su servicio
y en ella solicitar
la
mejor plaza y oficio.
Tengo a su lado un pariente
que a
cuanto quiere le obliga,
y una
dama diligente
muy su
valida y amiga.
ADMIRACIÓN: Ansí harás buen pretendiente.
¿Y es el pariente?
ATREVIMIENTO: El deseo.
ADMIRACIÓN: ¿Y su
dama?
ATREVIMIENTO:
La irascible.
ADMIRACIÓN: Mucho puede con él.
ATREVIMIENTO: Creo
que, a
pedir un imposible,
le
alcanzara.
ADMIRACIÓN:
Yo bien veo
que
a los dos les está a cuento
que
entréis en palacio vos;
pues si
es el deseo violento,
e irascible, harán los dos
príncipe al Atrevimiento.
Mas ya han venido, y está
bien que seáis su
privado,
porque
si crédito os da,
de
suerte sois alentado,
que todo lo intentará.
ATREVIMIENTO: Por
mí tiene de alcanzar
cosas imposibles.
ADMIRACIÓN: ¡Fiesta
brava!
ATREVIMIENTO:
Ya debe de entrar
tiunfando el Hombre.
ADMIRACIÓN: Desde esta
parte
lo puedes gozar.
Descúbrese un mundo, que encierra en su centro
al HOMBRE, asentado en un trono, con corona y cetro, cuya parte
superior, en forma de dosel, será azul, sembrado de
estrellas, con el sol y la luna, y la inferior, pintada de llamas,
de nubes, de aguas,
árboles, peces, pájaros y brutos.
A las cuatro partes, dos a un lado y dos a otro, estén ASIA,
ÁFRICA, EUROPA y AMÉRICAdel modo que ordinariamente
se pintan, como que tienen el mundo en forma de palio; toquen
instrumentos y luego
canten los MÚSICOS
MÚSICOS: "Sea bien venido
por gobernador
el virrey del orbe,
el mundo menor,
el
retrato vivo
de su
mismo autor,
padre
de las gentes,
juguete
de Dios;
su
vicemonarca,
su
recreación,
blanco
de su gusto,
centro
de su amor.
Sea
bien venido
por gobernador
el virrey del orbe,
el mundo menor."
ASIA:
Epílogo de todo lo crïado,
cifra
de cuanto Dios por su contento
puso en
aqueste globo concertado
que toca su poder como instrumento;
suma
del mundo y como tal llamado
microcosmos, en cuyo noble asiento,
como
abreviado asombro y maravilla
el Rey
nuestro señor pondrá su silla.
Tú, en quien halla su ser toda
criatura,
la
piedra cuerpo, vegetar la planta,
sentir
el animal y la hermosura
del
ángel entender con gracia tanta;
tú, en fin, en cuya imagen y figura
puso la Trinidad inmensa y santa
su
retrato en quien ser humano tengas,
mil
veces para bien del mundo vengas.
Las
cuatro partes de esta esfera baja,
que es
tu jurisdicción, vienen a darte
la
obediencia debida, y la ventaja,
de
cuantas cosas cría en cada parte.
Toda
criatura la cerviz abaja
y tus
manos y pies llega a besarte
reconociendo
por señor al hombre
que,
conforme a su esencia, le dio nombre.
Y yo
la primer parte de estas cuatro,
la más
ilustre por antonomasia,
la
princesa y señora a quien el Batro
como oro pecha cinamomo y casia,
los
pies llego a besarte en el teatro
de esta
máquina hermosa. Yo soy Asia,
y el
campo damasceno en mí se encierra,
de
quien Dios al formarte tomó tierra.
Madre he de ser de toda la nobleza
de
Seth, tu mayorazgo, aunque tercero,
suceda
su progenie en mi riqueza
y
Europa en la corona que primero
honró mis sienes y por más grandeza
de la tierra en que
gozosa espero,
que
cuando asiento constituya a Roma
me
librará del pérfido Mahoma.
ÁFRICA:
África llega a dar, príncipe justo,
la
obediencia a tus plantas y el decoro
que
debe a tu poder y imperio augusto,
fértil en ámbar, perlas, marfil y
oro;
no menosprecies el color
adusto
de mi
morena cara que, aunque lloro
el cautiverio
de mi gente impía,
la ley
de Roma adoraré algún día.
EUROPA:
Europa, padre Adán, en quien el mundo
ha de
lograr en siglo venidero
el
trono universal sobre que fundo
el mayorazgo
que gozar espero,
la ley
del celestial Adán segundo
para
remedio del Adán primero
defenderá, pues, porque triunfe el mismo,
en mí
ha de estar el solio del bautismo.
AMÉRICA: Y yo
por tantos siglos escondida
a la
noticia oculta de la gente,
y
después por España reducida
a que
la cruz de amor honre mi frente,
mil
parabienes doy a tu venida,
mandándome mi fe que te presente,
pues América soy, parias bizarras,
la plata en cerros como
el oro en barras.
HOMBRE:
Hermoso ornato en variedad distinta,
de
tanta esfera célebre en que puedo,
pues el
dedo de Dios la esmalta y pinta,
decir
que es la sortija de su dedo;
el
soberano Rey que hizo la cinta
tachonada de estrellas donde el miedo
jamás
llegó, de donde el pesar huye,
por vuestro vicediós me constituye.
Mentras no quebrantare inobediente
una
ligera ley, solo un precepto
que me
intimó su imperio omnipotente,
al orbe todo he de tener sujeto;
el áspid venenoso, el león rugiente,
el
cocodrilo, me tendrán respeto;
todo
esto puede aquel que con Dios priva.
UNO: ¡Viva
nuestro Virrey!
TODOS: El hombre viva.
Toca la MÚSICA. Sale la VANIDAD muy bizarra,
y con ella el ENGAÑO y el DESEO; baja por una escala
levadiza el HOMBRE, y cúbrese el
trono
HOMBRE: A
verme viene mi querida esposa.
ATREVIMIENTO: Baje
vuestra excelencia a recibilla.
HOMBRE: ¡Oh,
hueso de mis huesos, carne hermosa
de mi
carne, del mundo maravilla,
compañera del hombre deliciosa,
cuya
materia ha sido mi costilla,
en fe
de que saliendo de mi lado
sepas
que me has costado mi costado;
¡dame esos brazos!
VANIDAD: Caro dueño mío,
después
de nuestro desposorio honesto,
acompañada fui de mi albedrío
a ver
la corte y casa que te ha puesto
el que
te encarga el pleno señorio
de todo
el globo esférico, compuesto
de criaturas tan bellas y bizarras,
joyas de amor que me
ofreciste en arras.
Vi a
un escritorio el mundo reducido,
labrado
de ingeniosa taracea,
donde
el poder de Dios tiene esculpido
todo
cuanto esta máquina desea,
con
diversas labores guarnecido
de
estrellas de oro que en su adorno emplea
y por
chapas al sol y luna solos,
si por
aldabas los opuestos polos.
Gavetas eran suyas las criaturas,
en géneros y especies divididas,
conservadas en ellas y seguras
y a obedecer tu imperio
reducidas.
No tienen las gavetas cerraduras
para nosotros, antes prevenidas
al apetito dan conservas bellas
para que escoja el gusto
en todas ellas.
Una
gaveta sola hallé con llave
y en
sus molduras, caro esposo, escrito
"ciencia del bien y el mal," precepto grave,
cerrar
la ciencia, Adán, que solicito.
Parecióme el manjar bello y süave,
porque
esto de saber causa apetito;
llegó
el engaño, que mi amor procura,
y con
él arranqué la cerradura.
Comí
el fruto más tierno, más sabroso
que ofreció a los sentidos la
apariencia;
repara
en la gaveta, caro esposo,
pruébale y le hallarás por
excelencia.
Saca una gaveta de manzanas muy curiosa
ATREVIMIENTO: Caso
es, señor, pesado y riguroso
que fruta que es del árbol de la
ciencia
del
bien y el mal te sea a ti vedada;
come la
fruta que a tu esposa agrada.
HOMBRE:
Ciencias tengo yo infusas y prudencia
si de
ellas me aprovecho con cuidado;
nombre
di a cuantas cosas la potencia
del Rey
nuestro señor me ha encomendado.
VANIDAD: Ésta es
ciencia de Dios y justa ciencia,
y pues
su majestad nos la ha vedado,
cuando
los dos podemos serle iguales,
dioses
debe envidiarnos inmortales.
Come, esposo y señor, o no me digas
que
amor me tienes.
HOMBRE: En mi mal repara;
mira,
querida esposa, que me obligas
a
indignar nuestro Rey.
VANIDAD: Justicia y vara
tienes;
rey eres solo como sigas
mi
gusto.
HOMBRE:
¿Ves cuán presto sales cara,
mujer formada de costilla aposta,
que en
ser de mi costado, fue a mi costa?
ATREVIMIENTO: ¿Qué
temes? ¿No eres hecho a semejanza
de Dios
cuanto a la parte intelectiva?
Tu alma
la unidad de Dios alcanza
por ser
similitud de su ser viva;
la Trinidad también para
alabanza
de lo
que tu valor con ella priva
te
retrató su copia peregrina
una en
esencia y en potencias trina.
También produce, Adán, tu entendimiento
el
verbo que el objeto representa
teniendo de ti el ser y nacimiento,
si bien
es accidente cuanto intenta,
y de
estos dos como de fundamento
produce
amor la voluntad exenta,
pues
por la voluntad amar pretendes
lo que
en la mente viva comprehendes.
Pues
si tu entendimiento al Padre imita
y el
concepto a su Hijo es parecido,
si el
Espíritu Santo te acredita
como su
amor el tuyo producido,
come de
aquesta fruta, que infinita
hará tu
dignidad.
VANIDAD: Dueño, marido,
señor, mi bien, mi gusto, come agora.
Llora
HOMBRE: ¿A qué
no obligará mujer que llora?
Si
he de ser como Dios y ésta es la ciencia
del
bien y el mal, comer quiero. ¿Qué
dudo?
Atrevimiento,
muestra.
ATREVIMIENTO: Tu excelencia
coma y
a Dios se iguale, pues que pudo.
Come
HOMBRE: Ésa fue
la primera inobediencia
del
ángel necio. Pero estoy desnudo.
¿Cómo,
cielos, es esto?
ADMIRACIÓN: Tu malicia
te
desnudó la original justicia.
HOMBRE:
Vergüenza tengo, abriéronse mis ojos,
ciencia
del bien perdí y al mal presente
me
condena el manjar, viles despojos;
será la
muerte herencia de mi gente,
la
tierra me dará espinas y abrojos,
fruto
debido al hombre inobediente;
Ícaro
soy, deshizo el sol mis alas.
ATREVIMIENTO: Ea, que
ya eres Dios, con él te igualas.
HOMBRE: El
temor de mis culpas se comienza
a
dilatar por mí. ¡Tristes congojas!
¡Que
una mujer con tanto imperio venza
a un
hombre sabio!
VANIDAD: ¿Contra quién te enojas?
HOMBRE: De mi
insulto ha nacido la vergüenza
de verme ansí.
VANIDAD: Pues vamos, que en las
hojas
de aquella higuera
nuestras galas fundo.
............................... [ -undo].
Vanse. Quédanse el ATREVIMIENTO, el
ENGAÑO y el DESEO
ATREVIMIENTO: Ea,
Deseo, ya tienes
satisfecha tu esperanza;
tú eres
sólo la privanza
del
hombre que a servir vienes;
en
tu mano está el empleo
de todo
cuanto heredó;
perdióse porque cumplió
en ti
su loco deseo.
Tú,
sin límite ni tasa,
gozas
su ciego favor;
su mayordomo mayor
eres,
pongámosle casa,
pues
que la que Dios le puso
desbaratan sus pecados.
DESEO:
Despedido ha los crïados
antiguos.
ENGAÑO:
No son al uso,
que
la prudencia y justicia,
la
cordura y el consejo
visten
y andan a lo viejo;
casas
hay a la malicia
y
crïados ha de haber
a la
malicia.
DESEO: El Engaño,
que
tiene donaire extraño,
truhán
suyo puede ser.
ATREVIMIENTO: ¡Oh!
Mal sabéis lo que puede
en el
palacio un truhán.
Ya los
cargos no se dan
sino a
quien se los concede
un
bufón que tira gajes
de
cuantos él aconseja,
porque es corredor de oreja
y habla en diversos lenguajes
en vituperio y favor,
y por él premian los reyes,
castigan y ponen leyes.
DESEO: El Engaño embustidor
hará ese oficio muy
bien.
ATREVIMIENTO: Casadle
con la Lisonja.
DESEO: Ésa
dicen que ya es monja.
ENGAÑO: ¿No era
buhonera?
ATREVIMIENTO: También.
ENGAÑO:
¡Monja!
ATREVIMIENTO:
Monja se ha metido
y trata
en ser conservera
después
que no sale fuera.
Luego
¿nunca habéis comido
lisonjas
de miel y azúcar,
que,
aunque tal vez empalagan,
entre
bizcochos halagan
desde
el estudiante al Fúcar?
DESEO:
Maestresala puede ser
la
soberbia Presunción,
hermano
de la Ambición
del
servir y el pretender;
paje
de copa el Contento.
ENGAÑO: Flojo
oficio le habéis dado,
porque
gasta el vino aguado.
ATREVIMIENTO: Pues
eso es lo que yo intento.
DESEO: Darále la Liviandad
de
vestir.
ENGAÑO:
¡Qué de invenciones
en
valonas y en valones
sacará
su vanidad!
¡Qué
de mangas por gregüescos,
qué de
gregüescos verán
por mangas en el galán
ya
ingleses y ya tudescos!
¡Qué
de golas y alzacuellos
diferentes del jubón!
¡Qué de
ninfos que a Absalón
compran
postizos cabellos
para solapar desnudos
cascos
de pelo y juicio!
¡Qué de
calvos, que por vicio
con
lazadas y con nudos
por
remediar sus flaquezas
nos han
de dar que reír!
ATREVIMIENTO: Mal se
podrán encubrir
remiendos en las cabezas.
Pero, dejándonos de eso,
¿no
advertís cuán triste está
el
príncipe?
ENGAÑO:
Sentirá,
como es
justo, tanto exceso.
ATREVIMIENTO: Pues
échese la Memoria
de casa
y entre el Olvido;
y
porque esté entretenido
llévele
la Vanagloria
a su
jardín, donde juegue
y se
divierta.
DESEO: Sea ansí;
mas él
mismo viene aquí;
convidadle cuando llegue
a
algún juego.
ENGAÑO:
Ansí se hará;
pero
¿qué juego ha de ser,
si no
tiene que perder
quien
la gracia perdió ya?
Salen el HOMBRE, la
VANIDAD, la
CODICIA y la
ENVIDIA
VANIDAD: ¿Qué
nueva melancolía
te
aflige estando aquí yo?
¿No
eres tú el rey a quien dio
su imperio
esta monarquía?
¿No
te estima y reverencia?
Pues
¿de qué tienes cuidado?
HOMBRE: Hízome
mal un bocado.
ENGAÑO: Ésa es
linda impertinencia.
Deja
la memoria loca,
que son
tristezas sin frutos;
anden,
príncipe, los brutos
con el
bocado en la boca;
juega, canta, triunfa, olvida
necedades.
HOMBRE:
¡Ay de mí!
ENGAÑO: ¿Yo no
soy tu truhán?
VANIDAD: Sí.
ENGAÑO: Pues
goza la buena vida.
HOMBRE:
¿Quién, Engaño, te ha vestido
tantos
colores?
ENGAÑO: Hogaño
se
metió sastre el Engaño,
yo me
cosí este vestido,
los
retazos del pendón
tantos
jirones me dan.
ATREVIMIENTO: El
Engaño y el truhán,
por
otro nombre bufón,
si
de diversas colores
no se
adornan, ¿de qué suerte
llegaran a entretenerte
ni
agradar a los señores?
ENGAÑO:
Bella dama te acompaña.
HOMBRE: ¿No es
del cielo su beldad?
DESEO: Hermosa
es la Vanidad.
ENGAÑO: Será
natural de España.
ENVIDIA: ¿Qué
la primera mujer
fue la Vanidad?
HOMBRE: ¿Pues no?
Por vanidad pequé yo,
y este nombre ha de
tener.
ENGAÑO: ¡Oh,
lleve el diablo el pecado!
No te
acuerdes de eso agora;
entretenedle, señora.
VANIDAD: Por el jardín le he llevado
de la Murmuración.
ENGAÑO: Bueno;
¿haste
divertido en él?
HOMBRE: Gusto me dio su vergel,
que es
variable y ameno;
de
todo trata, no deja
flor
que no tenga.
DESEO: Ni errara
si a la
araña no hospedara
y
desterrara a la abeja.
VANIDAD:
Riega la
Murmuración
sus
cuadros con una fuente
de
sangre fresca y reciente.
ATREVIMIENTO: Siempre
fue su inclinación;
sangre será de las venas
del Señor
que la derrama.
VANIDAD: Es
verdad, porque se llama
fuente
de famas ajenas.
HOMBRE: Sí,
mas todo cansa al fin.
ENGAÑO:
Juguemos un poco, pues,
divertiráste después
otro
rato en el jardín
de la Hipocresía.
HOMBRE: ¿A qué?
ENGAÑO: Al
ajedrez.
HOMBRE:
Da tristeza.
ENGAÑO: ¿Por
qué?
HOMBRE:
Comíle una pieza
a Dios,
que mi muerte fue;
era
rey, ya soy peón.
ENVIDIA: Así el
pecador se llama,
mas no
guardaste la dama.
Soplótela la ambición;
no
me espanto.
ATREVIMIENTO: A la pelota
jugarás.
HOMBRE:
Atrevimiento
pelota
soy yo de viento
derribada agora y rota.
Quísele ganar la chaza
a Dios;
cual Luzbel subí,
pero
volvióme y caí
donde el temor me amenaza.
Ya
mi dignidad pasada
lo
mismo que nada es,
que soy
Adán, y al revés
lo
mismo es Adán que nada.
ENGAÑO: Ea,
pon aquí una mesa,
saquen
naipes y al parar
juguemos.
HOMBRE:
Gané al pintar
y
perdíme por la presa.
Al
pintar Dios lo crïado
con su
divino pincel
gané
cuanto puse en él
con la gracia
y principado;
hice
presa cuando vi
el
árbol en que pequé,
y lo
que al pintar gané
por la
presa lo perdí.
ENGAÑO: Son suertes esas distintas.
CODICIA: Y vos
gran tahur, Engaño.
ENGAÑO: El
tabardillo de hogaño
con
todos juega a las pintas.
ENVIDIA: Vaya
al chilindrón.
HOMBRE: Son vanos
los
lances del chilindrón;
jugó mi
necia ambición
y cogióme Dios las manos;
diómela la suya
franca,
y
quebrantando su ley,
creí
que me entrara un rey
y
quedéme en carta blanca.
ENVIDIA: En
blanco diréis mejor,
que es de lo que yo me alegro.
HOMBRE: En
blanco no, porque en negro
queda
siempre el pecador.
Ponen una mesa, asientos y naipes |