|
Sale MOSQUETE
MOSQUETE: No
hay hombre más desdichado
que
Mosquete en este día,
pues, por gran desdicha mía,
mi
señor, muy enojado,
me pone
en mosquetería.
Porque a Leonor perdí
me
castiga de este modo,
no
considerando en sí
que
también me toca a mí
por
perder a Laura y todo.
¡Oh, quién las pudiera hallar
por aquí en algún rincón!
Mas no las podré topar
porque
no sabré rezar
el
responso a San Antón.
A
Francia me iré a vivir,
y sabrá Aragón y Bearne,
que me quise despedir
por no
quererle servir
siempre
de su guardacarne.
El
buscar, cielos divinos,
me va
doblando mis males,
pues me
llevan mis destinos
de
noche por los caminos,
de día
por los jarales.
Mucha hambre y poca ropa
me
traen por este cerro,
mas si
el bárbaro me topa,
yo temo
que en vez de sopa
no me
falte pan de perro.
Desde aquí qulero llamar,
aunque
me acosa el temor.
En voz alta
¡Laura,
señora Leonor!
Por
medio de aquel pinar
se
siente ruido y rumor.
Dentro
MOROS: No
dejéis en la montaña
persona
que a Cristo siga.
MOSQUETE: Aquésta
es gente enemiga.
¿Hay
desdicha más extraña?
¿Adónde podré esconderme
de este
riguroso trance,
que el
fiero moro no alcance
en todo
este monte a verme?
Salen ATANAEL,
TARIFE y MECOT
ATANAEL: ¡Que
sea tan arrogante
este
cristiano atrevido!
Por Alá
que estoy corrido.
TARIFE: ¡Por
vida de mi turbante
que
es muy valiente cristiano!
ATANAEL: ¡Que se
huyera así la gente
por un
cristiano insolente!
TARIFE: Todo
fuera muy en vano,
porque su valor se encumbra
tanto,
que con fuerza y maña
ha de
sujetar a España
y aun a
cuanto el sol alumbra.
ATANAEL:
Detén, Tarife, la lengua;
ese
hombre no me alabes,
que en
mi competencia sabes
que
alabar a nadie es mengua;
y
aunque huí con sutileza
de su
espada el gran furor,
no fue
falta de valor,
si fue
sobra de destreza.
De
Huesca soy ya señor
y del
rey ya capitán,
y
cuanto blasón me dan
es poco
con mi valor.
Cuanto el Tajo y Duero baña
con estruendo belicoso
amedrenté valeroso
en mis
principios a España.
Abén
Lop, mi rey, espera
acabar
de conquistar
esta
montaña, a pesar
de la
cristiana bandera;
pues dóblense nuestras lunas
en las arrogantes astas.
MECOT: Con
esto, señor, contrastas
tú solo
a tantas fortunas.
Por
esta parte que sigo
se
suena rumor de gente.
MOSQUETE: Estoy
muerto de repente
si
encuentran éstos conmigo.
MECOT:
¿Quién va allá? ¿No me responde?
MOSQUETE: Si no
va nadie, ¿quién quiere
que le
responda?
MECOT: El que fuere,
quien
de cobarde se esconde.
MOSQUETE: Yo
no soy nadie aunque hablo.
MECOT: Di
presto quién eres.
MOSQUETE: ¡Ay!
El alma
de Garibay,
que ni
es de Dios ni del diablo!
TARIFE:
Aquéste, si no me engaño,
es el
mismo que escapó
del
incendio y se burló
de
nosotros por su daño.
MECOT: Pues
Alá nos le ha traído
para
que tome venganza
del agravio; sin tardanza
morirás.
MOSQUETE:
Ya estoy perdido.
ATANAEL: No
le quites aún la vida
hasta
saber dónde va,
que
algún secreto tendrá
tan
impensada venida.
¿Quién eres y adónde vas?
MOSQUETE: No
sabré decir quién soy,
ni
menos adónde voy,
si no
me prometes más.
ATANAEL: Ya
tienes sobrada suerte,
que si
dices la verdad
te daré
yo libertad,
y si
no, te daré muerte.
MOSQUETE:
Pues, señor, con esa instancia
si no
me matan, diré,
entre muchas cosas...
ATANAEL: ¿Qué?
MOSQUETE: Un
secreto de importancia.
ATANAEL: Pues
di, que yo te aseguro
de
premiarte si es así.
MOSQUETE: La
verdad diré.
ATANAEL:
Pues di.
MECOT: Si lo
juras.
MOSQUETE:
Lo rejuro.
Don
Fortunio, mi señor,
se
quiere casar mañana
con una
reina bohemiana,
y mi
amo con Leonor.
ATANAEL: ¿Qué
dices? ¿Esto es posible?
¿Mañana
luego ha de ser?
MOSQUETE: Yo no
me pongo en saber
el
cuándo, porque es terrible
mi
amo el conde, y yo sé
que
nunca me dice un cuándo
porque
sabe que cantando
todo lo
que sé diré.
Pues
es cierto que mañana,
veinte días más o menos,
tendremos seis días buenos
en una
u otra semana.
ATANAEL:
Rabia ya mi corazón.
¡Pesie
la Fortuna adversa
que
tendremos más contrarios!
TARIFE: ¿Cuándo vino esa princesa?
MOSQUETE: Señor,
no vino, y si vino,
será
cosa muy de verla,
porque
dicen que es aguada
y jamás
entró en taberna;
cósa
cierto singular
poco
usada en esta tierra,
que la
taberna es de aguados,
pues que todos los que ahí entran
se aguan mucho, y hasta
el vino
de puro
aguado revienta.
TARIFE: Dinos
claro si ha venido,
si no
quieres que con esta
daga te
dé dos mil muertes.
MOSQUETE: ¡Qué
barata fue la feria!
¿Dónde las compró, señor?
Guárdelas usted y crea
que las habrá menester
cuando
tenga alguna suegra;
no me
dé ninguna a mí,
que
bien diré lo que sepa,
porque
nunca sé callar
cosa
que secreto tenga.
Ya
dispone mi señor
la
jornada con su alteza
y saldrán a recibirle,
porque
saben que está cerca.
ATANAEL: Hoy he
de vengarme, amigos,
de las
injurias y ofensas
que del
cristiano atrevido
en las campañas postreras
recibimos; y en verdad
que estoy tan corrido de
ellas,
viendo
que tan poca gente
atrevidamente pueda
causar
fuga a mis soldados,
que se
enmudece la lengua
al
pronunciar que acobardan
nuestras azules banderas
sus cruzados estandartes.
Salga, pues, a la defensa
de
tantas glorias perdidas
el
valor que el pecho encierra.
Hoy
hemos de cautivar
la
princesa de Bohemia,
y al
príncipe don Fortunio
quitar
la dicha que espera.
MECOT: A
prevenir vuestra gente
vamos,
Tarife, y entiendan
que somos Atlantes firmes
de las africanas fuerzas.
TARIFE: Señor, nuestros escuadrones
harán las lunas sangrientas
de la sangre de
cristianos,
aunque
la Fortuna adversa,
enemiga, nos ultraje.
ATANAEL: No nos
niegue el gran profeta
su
favor, que con su ayuda
se
asegura nuestra empresa.
Toquen
las cajas, levanten
lags lunas a las estrellas,
que aunque sean medias
lunas
han de llegar a ser llenas,
que aun
el sol no está seguro
con la
creciente que llevan.
Vanse los moros
MOSQUETE: Ellos se olvidan de mí
con la algazara que
llevan.
¡Cuánto
me valió el secreto!
Yo
apostaré que me dieran
un
millón por lo que dije.
Las carnes todas me tiemblan
de temor, y no sé cómo
me escape por estas
breñas,
que
temo vuelvan acá
si por
desdicha se acuerdan
de las
pendencias de marras
y me
rompan la cabeza;
échome
por estos riscos.
Dios me
la depare buena.
Vase. Salen EUROSIA, ARCISCLO, CORNELIO y
BODOQUE
BODOQUE: Los
caballos van perdidos
de
tanto vulgar tropiezo,
pues
andan sin herraduras
descalzos, y a lo que veo,
se
habrán puesto a religión
y tan
mediados en eso,
que con
tantas cortesías
como
todos van haciendo,
sobre
tantas reverencias
quedarán muy reverendos.
CORNELIO: ¡Qué
peñascos tan altivos,
qué
fragosos Pirineos
son éstos, que en altas cumbres
remontados y soberbios
sus altas cimas ocupan
la media región del
viento!
ARCISCLO: La
Naturaleza quiso,
dividir
aquestos reinos
con
estos montes, Olimpos,
cuyos
encumbrados cerros
son
vergüenza de los Alpes.
EUROSIA: Que
estoy cansada confieso.
CORNELIO: ¡Qué
mucho vengas cansada,
hermana
mía, si puedo
asegurar que en mi vida
con
tanto desasosiego
me vi,
pasando en batallas
las
inquietudes que el tiempo
aborrascado ocasiona
con el
militar estruendo!
Ni
probando al mar sus fuerzas
que
alguna vez en el centro
del
arrojado Neptuno
y
ninfático elemento,
me vi
en borrascosas luchas
con
tanta inquietud del viento,
que
apenas dejó recurso
a la piedad del cielo;
jamás
me vi tan cansado
ni
derribado mi esfuerzo.
como
agora.
BODOQUE:
Algún demonio
nos
lleva por estos puertos.
EUROSIA: Todo
por amor de Dios
bien
admitirlo podemos,
que el
trabajo no es trabajo
si con
el divino celo
que los
amados de Dios
le
llevaron y ofrecieron
le
admitimos; que, sin duda,
los trabajos y tormentos
padecidos por mi Dios
son
escalas para el cielo.
ARCISCLO: Tu
peregrina virtud
nos da
a todos gran consuelo.
Esta
tierra es ya de España,
que las
noticias que tengo
me
aseguran que estos montes
son los altos Pirineos
que en pirámides fragosas
hacen murallas y cercos
dividiendo a España y Francia
con tan
singular portento,
que el
cielo parece quiso
plantar mojones soberbios
que eternamente publiquen
división de aquestos
relnos.
EUROSIA: ¡Qué
camino tan extráño
debe
ser éste! Sospecho,
según
imagina el alma,
que
vamos hacia el desierto.
CORNELIO: Alguna
desdicha arguyo
de ver
que en algunos pueblos
que
acreditan estos montes
de
habitables, nunca vemos
persona
que les habite,
ni
topamos pasajero
que
pueda darnos de España
testimonio verdadero.
BODOQUE: Yo
pienso que vamos mal,
y que
no voy bien: es cierto
que si mala cena anoche,
peor es hoy el almuerzo.
EUROSIA: ¡Qué
alegría tiene el alma,
pues
acá dentro en el pecho
me está
brindando alborozos,
después acá que los senos
de tantas silvestres grutas
con tan humildes aprecios
me
convidan cariciosos
con sus
humillados cetros!
ARCISCLO: ¿Esto
te alegra, señora,
cuando
la corona y cetro
de
Aragón to entristecía
según
colegí otro tiempo?
EUROSIA: Tío y
señor, no sin causa
de
estos montes hago aprecio,
pues de
su fragosa estancia
colijo
que son los yermos
donde anacoretas
santos
sacrificaron al cielo
sus
vidas. (¡Cielo divino, Aparte
amparad
mis pensamientos!)
CORNELIO: El alma
toda turbada
me
sobresalta en el pecho
después
acá que pasamos
la
fragosidad del puerto
sin
topar persona viva,
con que
claramente temo
alguna
desdicha enorme,
pues
estando a todo atento
veo
andar las avecillas
con funesto y triste vuelo
mudando
en endechas tristes
sus
concertados gorjeos;
cubierto el sol y empañados
sus encendidos reflejos
con que enlutados los aires
hacen fúnebres sus ecos;
con que
el corazón desmaya
hasta
que, piadoso el cielo,
nos
declare dónde vamos.
EUROSIA: ¿De qué
te asustas, Cornelio?
¿No
estamos ya en Aragón?
CORNELIO: Es verdad que lo sospecho;
mas
queda suspensa el alma
hasta
saberlo de cierto.
EUROSIA: En las
manos de mi Dios
anda ya
todo el suceso
de
nuestra feliz jornada,
de que fin
dichoso espero.
ARCISCLO: Vamos, antes que las sombras
le arrastren capuz al Febo,
y el viento, monstruo de
horrores,
sea etíope elemento,
para que llegar podamos
en algunos de estos pueblos
que encierran estas montañas.
EUROSIA: No nos desampare el cielo.
BODOQUE: Vamos pues, que los caballos
se están comiendo los
frenos,
que piensan ser avestruces
para digerir los hierros.
¡Voto al sol! Si no me engaño
por aquella parte veo
que hacia acá se llega un
hombre.
ARCISCLO: También juzgo yo lo mesmo.
CORNELIO: Con eso se alegra el alma,
que por su medio sabremos
dónde estamos.
EUROSIA: (¡Ay de mi! Aparte
¡Cielo divino! ¿Qué es esto?
¿Qué glorias espera el alma
en lo bronco de estos cerros
que parece que en sus grutas
ha depositado el cielo
el colmo de mi esperanza,
noble gozo del deseo?)
Grita
de dentro
MOSQUETE: ¡Laura, señora Leonor!
BODOQUE: ¿Quién diablos es el estruendo
qué alborota aquestos montes?
¿Quién va allá?
MOSQUETE: En el infierno
deben estar estas hembras,
pues en todo aqueste tiempo
no parecen en el mundo.
BODOQUE: ¿Quién va alla?
Sale MOSQUETE
MOSQUETE: ¡Jesús, Santelmo!
...........................
BODOQUE: ¿No responde?
MOSQUETE: ¿Si son éstos
algunos moros que buscan
que les diga otro secreto?
CORNELIO: Amigo, escucha.
MOSQUETE: ¿Quién llama?
CORNELIO: No te apartes, así el cielo
te haga dichoso en cuanto
ha intentado tu deseo.
MOSQUETE: ¿Qué?
¿Querías engañarme
con halagos?
CORNELIO: No es mi intento
engañar a nadie.
MOSQUETE: (¿No? Aparte
Aun me pelen si le creo.
Qué diré si me preguntan?
No sé qué decir; si quiero
escaparme con huír,
me alcanzarán al momento,
porque estoy lleno de callos
con jamás tener silencio.)
BODOQUE: ¿Oye usted, señor hidalgo?
MOSQUETE: No se acerque, señor perro,
que le tiro con un canto
si se llega.
BODOQUE: ¡Majadero!
CORNELIO: Calla, Bodoque, no alteres
con amargos desatentos
a quien puede ser la guía
de todos nuestros aclertos.
BODOQUE: Pues si perro me ha llamado,
¿he de callar?
EUROSIA: El silencio
es el que logra dichoso
en la prudencia el imperio;
éste es hombre muy sencillo,
de aquéllos en quien el tiempo
de la inocencia guardó
para varios escarmientos
de la vanidad del mundo,
pues viviendo en estos cerros
viven siempre muy gustosos
sin los muchos devaneos
que en la villa y ciudades
a muchos les vuelven necios.
Habladle con humildad
y sabréis sus pensamientos.
CORNELIO: Llégate, amigo, no temas.
MOSQUETE: ¿Sois cristianos?
BODOQUE: Y muy buenos,
de los mejores del mundo,
flamantes, lindos y nuevos.
MOSQUETE: Yo no me fío en cristianos
que no son cristianos viejos.
ARCISCLO: Por amor de Dios, amigo,
si lo merece mi ruego,
no te vayas.
MOSQUETE: ¡Para el puto
que no tuviera escarmiento,
de haber topado otras veces
quien me ha dado pan de perro!
EUROSIA: Escucha, noble cristiano,
y no extrañes el concepto
de llamarte noble amigo,
porque quien en todo tiempo
de padres cristianos nace,
es noble de nacimiento.
MOSQUETE: Es verdad, voto a mi sayo,
y por eso, yo acá dentro
me sentía siempre un rey,
o algún marqués por lo menos.
(¡Vive Dios que es muy hermosa Aparte
esta dama! Ya estoy cierto
que no son moros. Si acaso
me cogiera en tal concepto
que de mí se enamorase,
por Dios me casara luego
con ella, a pesar de Laura.
Pero preguntarle quiero.)
¿Habéisme visto a Leonor?
EUROSIA: Por quien preguntas no entiendo.
MOSQUETE: Una mujer de los diablos.
BODOQUE: ¡Han visto tal embeleco!
¿Los diablos tienen mujer?
MOSQUETE: ¿Eso dudas? Pues yo entiendo
que tienen tantas, que aina
verás del primer empeño
que sacan a puntillazos
a los diablos del infierno.
EUROSIA: Dinos,
¿En qué tierra estamos,
qué rey gobierna estos reinos
y cómo tan despoblados
tiene todos estos pueblos?
MOSQUETE: Si me aseguráis la vida
diré todo lo que siento,
que, aunque no parecéis moros,
presto podéis parecerlo.
CORNELIO: De mi parte te aseguro,
y por todos lo prometo,
no sólo nunca ofenderte;
pero el agradecimiento
debido a merced tan grande.
MOSQUETE: Si me habéis de agradecerlo,
no sea en algunos palos.
EUROSIA: Esta sortija es lo menos
que te puede dar mi amor.
MOSQUETE: Ahora bien. Yo me acerco
y con aquesta sortija
estoy loco de contento.
Ya parece que estas cosas
|