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ACTO SEGUNDO
Sale ASCANIO
ASCANIO: Amor, vuestro absoluto y real respeto
de
conde de Monreal, me ha trasformado
en
secretario: de señor, crïado.
Vuestro
fuego es la causa, yo el efeto.
En
la contemplacion de tal objeto,
secretario me hiciera mi cuidado
de mí
mismo, si no hubieran llegado
a
profanar los cielos mi secreto.
Mira
Narcisa apasionadamente
a don
Rodrigo, para darme enojos,
y en vano, siendo así, callar presumo
Es
mina Amor, y es fuerza que reviente
cuando
no por la boca, por los ojos,
él
convertido en fuego, ellos en humo.
Salen AURORA y
NARCISA, hablando con su hermana sin
ver a ASCANIO
NARCISA:
Anda, hermana; que estás ya
demasïada.
AURORA:
Yo digo
la
verdad.
NARCISA:
Si don Rodrigo
a mi
amor materia da,
¿qué
pierdo en quererlo?
AURORA: Mucho.
ASCANIO: (Basta,
que vienen las dos Aparte
tratando del ciego dios.
¿Esto
veo? ¿Aquesto escucho?
Desiguales competencias,
Narcisa se ha declarado.
El español es amado;
no hay que hacer más
experiencias.
Caballero es don
Rodrigo.
Voy a
probar su valor,
y si
puede en él amor
más que la lealtad de amigo.)
Vase ASCANIO
NARCISA: Don
Rodrigo es principal,
y es
Girón, que le engrandece.
Ya
sabes tú que ennoblece
su casa
con sangre real.
¿Qué defeto hallas en él,
sabiendo que quiso,
hermana,
su
esposo hacerle Dïana,
condesa
de Oberisel?
AURORA: Es
extranjero.
NARCISA: ¿Qué importa?
Nunca
las personas reales
se casan con naturales.
AURORA: De
ejemplos, Narcisa, acorta;
que
esposo te dan los cielos
de más
valor e importancia.
Yo
intento casarme en Francia,
y has
de imitarme.
NARCISA: ¿Son celos,
por
tu vida?
AURORA: ¿Yo? ¿De quién?
NARCISA: Del
español que procuras
desacreditar.
AURORA:
¡Locuras!
NARCISA: Yo sé que
le quieres bien.
AURORA:
Desterrarle he de mi estado,
si con
tan bajas quimeras,
en ese
error perseveras.
NARCISA: ¿Luego
al conde has olvidado
de
Borgoña, mayordomo
de tu
casa y voluntad?
AURORA: Hombre
de más calidad
ha de
ser mi esposo.
NARCISA: ¿Cómo?
AURORA:
Pretende monsiur de Guisa
darme
el alma con la mano,
y
Federico, su hermano,
intenta
también, Narcisa,
ser
tu esposo. Porque veas
cuán
diversos pensamientos
solicitan tus intentos,
las
cartas quiero que leas
que
los dos nos han escrito
en
orden a esto.
NARCISA:
(Envidiosa Aparte
de la
suerte venturosa
con que
mi amor solicito
con
don Rodrigo, pretende
divertirme de él Aurora;
pero
engañaréla agora.)
AURORA: ¿Qué
respondes?
NARCISA:
Que me ofende
tu
mudable condición;
¿A
Carlos no te inclinabas,
cuando
vino, y ponderabas
su buen talle y discreción?
Pues
¿quién te mudó tan presto,
que el
de Guisa te aficiona?
AURORA: La fama
que lo pregona,
en tal
opinión ha puesto
al
duque de Guisa, hermana,
que le
quiero bien. Duquesa
vengo a
ser, si soy marquesa.
Ya ves
lo mucho que gana
nuestra casa, y el valor
que a
su sangre corresponde,
lo que
va de un duque a un conde
y cuál me estará mejor.
NARCISA: ¿Al
conde olvidas?
AURORA: Pues bien,
¿qué
quieres decir en eso?
NARCISA: Pues la
verdad te confieso,
si ya
no le quieres bien.
¡Cuánto mejor te estará,
si eres
duquesa de Guisa,
el ver
condesa a Narcisa
de
Borgoña!
AURORA:
¿Cómo?
NARCISA: Ya
puedo declarar contigo
mis
amorosos desvelos.
Por no
dar causa a tus celos
fingí
amar a don Rodrigo,
siendo el conde de Borgoña
quien
mi amor tiranizó,
desde
que el alma bebió
por los
ojos su ponzoña;
mas
pues este estorbo cesa,
según
tu elección me avisa,
y
casándote tú en Guisa,
me
puedes hacer condesa,
déjame a Carlos, Aurora,
y
deberéte este estado;
que yo
he visto en su cuidado
que te
olvida y que me adora.
AURORA: Si
yo a quien soy no mirara,
te
cerrara, necia, loca,
con un candado la boca,
y la
lengua te cortara.
¿Tú
tienes atrevimiento
tan
soberbio y licencioso,
que a
quien me da por esposo
de mi
padre el testamento,
oses mirar?
NARCISA:
¿Ya me alegas
testamentos? Buena estás
si al
duque elegido has,
y a su
amor el alma entregas,
no
sé por dónde ni cómo
de mí
puedas agraviarte.
AURORA: ¿Tú
conmigo has de igualarte?
NARCISA: ¿Es
mucho que a un mayordomo
pretenda, cuando tú cobras
a un
duque?
AURORA:
No lo verás.
NARCISA: Si como
a menor me das
alimentos de tus sobras,
¿en
qué te igualo? ¿No dejas
a
Carlos?
AURORA:
¿Yo?
NARCISA:
Ahora acabas
de
afirmar que al duque amabas,
y que
olvide me aconsejas
por
su hermano a don Rodrigo.
AURORA: Mis
sospechas lo fingieron,
porque
en tus intentos vieron
la
traición que usas conmigo;
que
ni el de Guisa me ha escrito,
ni otra
sino yo ha de ser
del
conde Carlos mujer.
NARCISA: Pues
ya, hermana, no compito
contigo. Satisfacerte
de mi
buen gusto podrás,
si a
don Rodrigo me das,
pues quedo de aquesta suerte
yo
casada y tú contenta,
y a
España me partiré.
AURORA: Los
ojos te sacaré
primero
que tal consienta.
NARCISA: Si
no hay Federico ya,
y tú al conde Carlos quieres,
cuando
al español me dieres,
¿qué
hay perdido?
AURORA: No tendrá
tan
mal gusto don Rodrigo,
si a
Dïana quiso bien
que
satisfechos estén
sus
pensamientos contigo.
NARCISA: Si
no estriba más que en eso
la
causa de tus enojos,
ya me han dicho a mí sus ojos
que mi amor le quita el
seso.
AURORA: ¿Tú a don Rodrigo?
NARCISA: Trinchando,
en
verme se divirtió
hoy, y
un dedo se cortó,
y aun
yo le oí suspirando
decir entre llanto y risa,
baja la
voz y compuesta,
"Amor que sangre me cuesta
compasión dará a Narcisa."
Yo
entonces tomé la presa
que
tanto mal vino a hacer,
y un
lienzo dejé caer
a sus
pies junto a la mesa,
que
creyendo ser Brïanda
suyo,
en viéndole, le alzó;
y
dándosele, esmaltó
su
noble sangre en mi holanda.
Mira
en esto lo que infieres
y si el
ser mi esposo es llano,
pues
yendo el lienzo a su mano,
me he casado por poderes.
AURORA:
Cortaréte yo la tuya,
y
saldrá tu industria vana.
NARCISA: Pues
acabemos, hermana,
y este pleito se concluya,
que
estás terrible conmigo,
y
tengas gusto o pesar,
yo me
tengo de casar
con
Carlos, o don Rodrigo.
Vase NARCISA
AURORA: ¿Qué
mudanzas, decid, envidia mía,
son
éstas, que a mi amor hacen Proteo?
¿Cuándo
os pensáis quietar, loco deseo,
que
amáis, no la eleccián, mas la porfía?
Al
conde quiero ya que aborrecía;
porque Narclsa
pone en él su empleo,
al
español me inclino porque veo
que en
ella amor, y celos en mí cría.
Sombra soy de ml hermana. A
cualquier parte
que va
su voluntad, doy en seguilla;
y sin amar, amor me da desvelos.
Mas
si su hacienda entre las dos reparte
mi
padre aun hasta aquí, ¿qué maravilla
que
ella herede el amor y yo los celos?
Sale don
RODRIGO, con un lienzo atado de la mano
izquierda
RODRIGO: ¿Qué
manda vuestra excelencia?
AURORA: Mucho debéis, don Rodrigo,
pues no hago en vos un
castigo
ejemplar, a mi paciencia.
Agradeced a mi prima
y al
amor que os ha tenido...
RODRIGO: No sé
en qué os haya ofendido.
AURORA: Que a
no saber en la estima
que
con ella habéis estado,
no
excusara la ocasión
que
dais a mi indignación.
RODRIGO: Pues yo ¿en qué..!
AURORA: ¿No os he avisado
que las damas de mi
casa
las pretensiones no admiten
que los palacios permiten,
cuando el uso por ley
pasa?
RODRIGO: Pues
¿en qué, señora, excedo
a lo
que vos me mandastes?
AURORA:
¡Lindamente os enmendastes!
Agradecéroslo puedo.
Basta, que contra la fama
que en esta
casa ofendéis,
dais en
galán y tenéis
dentro
en mi palacio dama.
RODRIGO: ¿Dama yo?
AURORA: Pues os escribe
y os correspondéis los dos,
siendo cortesano vos,
¿quién duda que no recibe
de
sus papeles respuesta?
RODRIGO: [De
quien puede ser, no sé.]
El que
aquella tarde hallé,
que
haciendo en el parque fiesta
a
vuestras damas, la nieve
me
tiraron, y leí;
mas ni
al dueño conocí,
ni
habrá quien contra mí pruebe
que
después que vuexcelencia
sin
culpa me reprendió,
haya
pretendido yo
con
alguna diligencia
saber quién la dama ha sido;
de que
estoy tan ignorante,
cuan
libre de ser su amante.
AURORA: Buena
excusa habéis fingido,
pues
si acabo de cogella
este
segundo papel,
¿podéis
excusar en él
el
aviso de la pella?
RODRIGO:
¡Segundo papel a mí,
gran
señora!
AURORA:
Tomad, vedle.
Si no
me creéis, leedle,
que
agora se le cogí;
y si
con él no os convenzo,
y
responder no podéis,
pues
que cortado os habéis,
la
mano, enviadla el lienzo.
Mas
bien podréis; que no ha sido
la
derecha la cortada;
que ésa
estará reservada,
para
ser agradecido.
RODRIGO: Si
conozco a esa mujer,
si la
he visto, si la he hablado,
un traidor
disimulado
me
mate, y no llegue a ver
mi
patria; de mí murmure
el que
más mi amigo fuere;
los
estudios que escribiere
un
idiota los conjure;
el
que anduviere conmigo,
cuando
esté ausente, me ofenda;
pleitee, sirva, pretenda...
AURORA: Leed, leed, don Rodrigo.
RODRIGO: Pues
vos me lo mandáis, leo;
puesto
que a creer me incita
que vive
en la ley escrita
quien
me escribe y nunca veo.
Lee
"Don
Rodrigo, Amor os llama
`para poco,' pues no os mueve
un
papel que envuelto en nieve,
disfrazó en ella su llama.
Buscad curioso la dama
que,
descuidado o cobarde,
os
busea y manda que aguarde
Amor, niño invencionero,
a
una reja del terrero
esta
noche. El cielo os guarde."
De
aquí puede colegir,
señora,
vuestra excelencia
mi
descuido y negligencia,
y si he
intentado salir
del
límite que me puso
en el
primero papel.
AURORA: La que
os muestra amor en él
y agora
os tiene confuso,
es
mi sangre, tan hermosa,
que no
es mucho si la veis,
que la
condesa olvidéis
por
ella. Ha de ser esposa
de
un ilustre potentado,
con
quien casarla pretendo;
y así
del amor me ofendo
que os muestra y he castigado.
Cuando la cogí el
papel.
de tal
suerte la reñí,
que temerosa de mí,
os
quisiera dar en él
veneno. Hame prometido
de
olvidar vuestra afición,
y por
aquesta ocasión,
a
mostrárosla he venido.
No vais,
Rodrigo, al terrero
esta
noche, ni ofendáis
su
secreto, si os preciáis
de leal
y caballero;
porque si os ve diligente
en
averiguar quién es,
será
difícil después
lo que
agora fácilmente
se
remediará en los dos.
RODRIGO: Digo
que sea así, madama.
AURORA: Lo que
no se ve, no se ama.
Yo sé
que si la veis vos,
no
ha de ser después posible
el
dejarla de querer.
RODRIGO:
(¡Válgate Dios por mujer, Aparte
cuanto
alabada, invisible!)
AURORA:
Dadme ese lienzo que es suyo.
RODRIGO: Está
sangriento, señora.
AURORA: Haréle
quemar agora;
que así
principios destruyo
que
puedan dar ocasión
a que
yo viva ofendida.
Mostrad. ¿Es algo la herida?
RODRIGO: No,
señora.
AURORA:
Este listón,
en
vez del lienzo os atad.
Dale uno
RODRIGO: ¡Tanto
favor!
AURORA:
No es favor
ocasionado de amor,
sino de
necesidad.
Mirad que me prometéis
de no salir al terrero
esta
noche.
RODRIGO:
Solo quiero
daros
gusto.
AURORA:
Acertaréis.
RODRIGO: No
intento más que serviros.
AURORA: (¡Ay
sangre, que poco a poco
me abrasáis! Pues que ya os toco,
¿quién bastará a
resistiros?
Ni
¿cómo tendré sosiego,
si
cuando el alma os conserve,
la
sangre sin fuego hierve,
y hoy venís a sangre y fuego?)
Vase AURORA.
sale CHINCHILLA
CHINCHILLA:
¿Esta casa está encantada?
Vive
Dios, que es en Saluzo
de
casta, Amor, de lechuzo.
RODRIGO: ¿Qué es
eso?
CHINCHILLA:
¡Oh, señor! No es nada.
Acá
nos lo habemos yo
y una
dama piamontés,
que al
conde Partinuplés
a
escuras encantusó.
RODRIGO:
¿Díceslo por mí?
CHINCHILLA: Y por todos
los pecadores, amén.
Amante soy yo también.
Los
mismos pasos y modos
de
tus confusiones sigo,
porque
de una misma traza
vayan
la mona y la maza.
RODRIGO: ¿Estás loco?
CHINCHILLA:
Verdad digo.
Sin
ti, y entre cuatro dueñas...
¡Mira
con quién y sin quién!
...y tres doncellas también...
digo doncellas por señas
que en lo demás no me meto,
...en
la antecámara estaba,
y con
ellas conversaba,
más
compuesto que un soneto...
Mira
si en amar te imito.
RODRIGO: ¡Ay
Chinchilla, si supieras
mi confusión!
CHINCHILLA:
¿Hay quimeras
nuevas?
RODRIGO:
Otra vez me ha escrito
mi
encubierta dama.
CHINCHILLA: ¿Agora?
RODRIGO: Y me
espera en el terrero
esta noche.
CHINCHILLA:
¿Por febrero?
Gatuno
es tu amor.
RODRIGO: Aurora
le
cogió el papel, y airada,
leyéndole, me obligó
a no
amarla.
CHINCHILLA:
¿Cómo no?
RODRIGO: Dice
que está concertada
con
un potentado.
CHINCHILLA: ¡Bien!
¿Y
descubrióte quién era?
RODRIGO:
¡Dichoso yo, si eso hiciera!
Hame mandado también
que
ni saber solicite
quién
es y, aunque viva en duda,
ni que
aquesta noche acuda
al
terrero.
CHINCHILLA:
A tal emvite,
nada
harás en no querer.
RODRIGO:
Mandómela tan hermosa
y dice
es difícil cosa
oyéndola, no la querer.
¡Si
está con ella celosa,
según
me lo afirmó aquí!
CHINCHILLA: Celosa
de ella o de ti?
RODRIGO: Es cosa
dificultosa;
que
no la vea me avisa.
CHINCHILLA:
¡Válgame Dios! ¿Quién será?
RODRIGO: Por las
señas que me da
yo
sospecho que es Nareisa.
CHINCHILLA: De
esa estoy yo sospechoso.
Sale ASCANIO
ASCANIO: Don
Rodrigo, de vos vengo
muy
sentido, y sé que tengo
ocasión
de estar quejoso.
RODRIGO:
Declarad aquesa enigma;
que
todos habláis aquí
misterios.
ASCANIO: Desde que os vi,
os he
tenido en la estima
que
vuestro valor merece.
RODRIGO: Y yo
obligado os estoy.
ASCANIO: Pero el
no saber quién soy,
justa
disculpa os ofrece.
Oíd
aparte.
Sepáranse de
CHINCHILLA, ASCANIO y don
RODRIGO
Monreal
por su
conde me respeta;
y Amor,
que cetros sujeta
y al
oro iguala el sayal,
le
enamoró de Narcisa
de la
suerte que sabéis,
pues en
su casa me veis
sirviendo.
Llegándose a
los dos
CHINCHILLA
CHINCHILLA:
Cuéntelo aprisa;
que
es ya de noche, y tenemos
mucho
que hacer.
Retírase
ASCANIO: Competencias
que
entre nuestras acendencias
pasaron
a los extremos
de
bandos y enemistades,
me han
quitado la esperanza
con que
el matrimonio alcanza
dulce
unión de voluntades.
Amor, por esta razón,
manda
que en su casa viva
secretario, donde escriba
sus
tormentos mi pasión,
y como los celos ven
cosas que les dan enojos,
daisme a entender en los
ojos
que
Narcisa os quiere bien.
Aquesto es verdad, por Dios.
RODRIGO: ¿Qué es
lo que decís?
ASCANIO: Yo digo
lo que
he visto, don Rodrigo.
No ha
media hora que a las dos,
digo
a Aurora con su hermana,
vi
riñendo, y que decía
que de
vuestra gallardía,
digna
elección de Dïana,
vuestro valor y nobleza,
tan
enamorada estaba,
que
haceros dueño intentaba
del oro
de su belleza.
RODRIGO: (¡Gracias a Dios, que he sacado Aparte
en limpio este borrador!)
ASCANIO: ¡Mirad
qué tal es su amor,
y si me
habéis agraviado
sin
culpa, aunque desde agora
podré
quejarme de vos!
RODRIGO: Ni yo
la he hablado, por Dios,
hasta
aquí, ni de señora
madama entendí jamás,
que
Narcisa se mudara;
mas
pues así se declara
fïad, conde, desde hoy más,
que no halléis en mí ocasión
de sospecha ni de celos.
ASCANIO: Han
guarnecido los cielos,
amigo,
vuestro Girón
del
oro mas acendrado
que
apuró la cortesía.
Ya
sabéis la historia mía;
y en
esa fe confïado,
fío
mi dicha de vos.
Sois
generoso y discreto;
no
agraviéis mi secreto,
ni
nuestra amistad. Adios.
Vase ASCANIO
CHINCHILLA: ¿Qué
tenemos?
RODRIGO:
De hoy comience
mi
dicha con claridad;
que en
cosas de voluntad,
lo
cierto es, viva quien vence.
CHINCHILLA: ¿No
me dirás lo que ha habido?
RODRIGO: Lo
cierto es que soy amado
de
Narcisa, y que el cuidado
de mi
amor pagado ha sido.
No
me preguntes más.
CHINCHILLA: Quiero,
como tú
contento estés,
y no
lloremos después.
¿Habemos de ir al terrero?
RODRIGO: ¿Eso
dudas?
CHINCHILLA:
Noche es ya.
RODRIGO:
Prevenme espada y rodela.
CHINCHILLA: Yo seré
tu centinela;
pero Aurora
¿qué dirá?
RODRIGO: Lo
que quisiere, y también
Ascanio, si me condena;
que por
pretensión ajena
no he
de dejar a mi bien.
Vanse los
dos. Sale AURORA a una
ventana
AURORA: Si
siempre la privación
fue
aumento del apetito,
y que
aquí venga limito
a don
Rodrigo Giron,
no
perderá la ocasión,
que con
los estorbos crece
e
imposibles apetece;
pues con Amor, donde anima,
lo
difícil tiene estima,
y lo
fácil desmerece.
Ya, envidia, os habéis trocado
por otro afecto mayor.
Envidia, ya sois amor
verdadero y declarado.
Harto caro os ha costado,
pues
sabéis, alma rendida,
que él
dio sangre, y vos la herida;
mas
pues sangre le costáis,
nadie
diga que no vais,
por lo menos, bien vendida.
Salen RODRIGO y
CHINCHILLA
CHINCHILLA:
¡Cuerpo de Dios con la noche!
RODRIGO: ¡Brava
oscuridad, Chinchilla!
CHINCHILLA: Para
ensartar abalorios,
o
afeitar barbas, es linda.
RODRIGO: ¿Si habrá venido al terrero
esta
nuestra dama en cifra,
por
quien ando más confuso
que un
poeta academista?
AURORA: Ce, ¿es
don Rodrigo?
CHINCHILLA: Con "ce"
desde
aquellas celosías
te
llama una dama trasgo;
celos
temo que te pida.
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