Guy de Maupassant
Madame Thomassin

Escena I THOMASSIN, JULIE

Enlaces a las concordancias:  Normales En evidencia

Link to concordances are always highlighted on mouse hover

Escena I

THOMASSIN, JULIE

      Al levantarse el telón, Thomassin, completamente vestido de negro, está sentado con los codos apoyados en la mesa. Sobre esa mesa se encuentra su sombrero con un gran crespón.

JULIE.- ¡Hay que resignarse, Sr. Thomassin! Todo el mundo está a punto de llegar... Debe serenarse un poco.
THOMASSIN (agobiado).- No puedo...
JULIE.- Quedaron a las once (Mirando el reloj de péndulo.) Y acaban de dar las diez y media... ¡Van a venir a buscar a mi pobre ama!
THOMASSIN.- ¡Van a llevársela... ya! (Llora.)
JULIE (entregándole los guantes de hilo negro).- Tome sus guantes...
THOMASSIN.- Mis guantes...
JULIE.-
Sí... los guantes negros que le he comprado para la ceremonia... Vamos, Señor, vamos...
THOMASSIN (sollozando).- ¡Ah! ¡mi pobre Julie, mi pobre Julie!
JULIE.- ¡Hay que resignarse, como ya le dije! Yo también tengo el corazón roto, señor, ¡pues ella era un poquito mi hija!...¡ah!...sí... ella no me quería como a una criada, sino casi como a una madre, desde que dejó de tener la suya... yo había sido su ama de cría, usted lo sabe... (Llorando) ¡Ah! ¡señor, Señor!
THOMASSIN.- ¡Y ha ocurrido tan rápido, tan rápido! ¡Morir así, en dos horas! ¡Ni ha habido tiempo de despedirse!
JULIE.- ¡Si al menos se supiese de que ha muerto, la pobre! ¡Nunca había estado enferma! ¡Y de repente, irse así!
THOMASSIN.- ¡Yo era demasiado feliz! Un hombre no puede tener tanta felicidad. Para mí también había sido como mi hija, antes de convertirse en mi esposa. ¿Recuerdas, Julie, cuando llegasteis ambas aquí?
JULIE.- ¡Claro que lo recuerdo!
¡oh! sí, señor. Hará cuatro años a finales de mayo.
THOMASSIN.- Otra cosa se va con ella además. El recuerdo de su padre, ¡mi pobre Béraud! ¡Un fiel amigo, aquél! con quién he recorrido el mundo durante veinte años! Hoy, la muerte de la hija me recuerda la del padre. Me sumerjo en negros recuerdos donde todo mi pasado se agita. ¡Ah! ¡qué excelente hombre, ese Béraud!
JULIE.- ¡Ah! sí, por ejemplo, puede usted decir lo devoto que le era . Cuando usted dejó de viajar y comenzó a construir navíos, en lugar de subirse a ellos, él lo seguía por todas partes como un perro por los astilleros.
THOMASSIN.- ¡Y la en la que pasó su última jornada!... cuando entré en su casita bajo los acantilados, creyéndole solamente enfermo, y como te vi llorar tan fuerte detrás de la puerta, la pequeña arrodillada contra la cama exclamando: « Papá, mi pobre papá ». Y él, con los ojos apagados, tratando de levantar su mano para estrechar la mía y moviendo lentamente los labios de los que no salían mas que estas palabras: «¡Mi hija!...»
JULIE.-¡Oh! ¡Lo recuerdo muy bien, Sr. Thomassin!...cuando usted hubo dicho: No temas nada por ella, Antoine, si te ocurre una desgracia, yo te sustituiré... entonces él emitió un suspiro, como si se elevase una montaña encima de su pecho...y lo miró con unos ojos en los que había tanta amistad... Luego...volvió un poco su cabeza hacia la señorita... Y todo acabó. Entonces usted nos ha traído aquí a ambas, a su casa, a Ingouville, sí... va hacer ya cuatro años... ¡me parece que fue ayer!
THOMASSIN.- Desde ese momento, no dejamos de estar los tres juntos.
JULIE.- ¡Ni un solo día! Y bastó que fuese la señora quién... No es natural... más bien me correspondía a mí... o a usted, partir antes que mi pobre Sra. Berthe.
THOMASSIN.- ¡Caramba!...¡oh! ¡no! Dios no es justo...¡ah! Julie mire como sufro. (muestra su corazón) ¡Es como si se me desgarrase todo esto...(se golpea el pecho) para arrancarme el corazón! Y cuando pienso que ella era mi esposa desde hace tan solo dos años! Nada más que dos años de felicidad y se acabó... ¡se acabó para siempre!
JULIE.- Sí... y aquí estamos los dos solos, señor... ¡Ah! sufro tanto como usted, vea. ¡Y ese pobre Sr. Henry! Si supiese usted como lloraba esta mañana... Se parece más a un muerto que a un vivo. ¡El también quería mucho a la señora! Piense que antaño él iba todos los días a casa del Sr. Béraud que era su padrino... Más tarde él entró en su casa como contable en la construcción de sus barcos... de hecho, casi al mismo tiempo que nosotros...!
THOMASSIN.- Es un buen muchacho. Él mismo acudió a mí tras la muerte de Antoine y se afanó en el trabajo como un negro. Hace ya cuatro años que me demuestra su abnegación mediante su celo y su afecto. Sí... un buen muchacho. Y él es ahora sobre quién quiero apoyar mi vejez. ¡Ah!... es igual, ¡vamos a ser muy desgraciados!- y mirarnos cada día con la idea de que ella estaba en este lugar y que ya no estará nunca más! ¡nunca!...¡nunca!...(Llora sobre el hombro de Julie)
JULIE (Sollozando).- ¡No llore así, Sr. Thomassin!


Best viewed with any browser at 800x600 or 768x1024 on Tablet PC
IntraText® (VA1) - Some rights reserved by Èulogos SpA - 1996-2009. Content in this page is licensed under a Creative Commons License