Victor Hugo
El Rey se divierte

Acto primero

Escena V

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Escena V

Dichos y SAINT-VALLIER

VALLIER. -Vengo a hablaros. (Al REY.)

REY. -¡Caballero de Saint-Vallier!

VALLIER. -Efectivamente, ése soy yo.

El REY, colérico, da uno paso hacia él; el bufón lo detiene.

TRIBOULET. -Permitidme, señor, que yo le eche un discurso. (Tomando una actitud dramática.) Monseñor, habéis conspirado contra Nos, y Nos, como rey bondadoso y clemente, os hemos perdonado. ¿Por qué deseáis ahora tener nietos, hijos de vuestro yerno, que está mal conformado, que es tuerto, velludo, descolorido, y que tiene tanta barriga como M. Cossé y tanta joroba como yo? El que vea a su lado a vuestra hija, de seguro se burlará de él. Si el rey no interviniera en este asunto, seríais tan desgraciado, que tendríais nietos deformes, ridículos, barrigudos como este caballero y jorobados como yo.

El señor COSSÉ está sumamente indignado; los cortesanos aplauden al bufón y ríen a carcajadas.

VALLIER. (Sin mirar al bufón.) -¡Eso es un insulto más! Escuchadme, señor, como debéis, ya que sois rey. Un día me hicisteis conducir descalzo a la plaza de la Grève, y al ir a subir a la horca me enviasteis el perdón; os bendije entonces, ignorando lo que en su fondo ocultaba vuestro perdón, ignorando que en él escondíais mi deshonra. Sin respetar a una raza antiquísima, a la raza de los Poitiers, noble desde hace mil años, mientras yo regresaba de la Grève, rogando a Dios que os concediera muchos años de vida, vos, Francisco de Valois, sin temor, sin piedad y sin pudor, deshonrasteis y envilecisteis a Diana de Poitiers, condesa de Brezé. Mi casta Diana, mientras yo esperaba la muerte, corría al Louvre a comprar mi perdón; y el rey, consagrado caballero por Bayardo, puso precio a su honor, y el tablado horrible que levantó el verdugo aquella mañana, tenía que servir de patíbulo al padre o de lecho a la hija. ¡Oh, Dios, que nos juzgáis! ¿Qué os pareció desde el cielo ver revolcarse, ensangrentada y sucia, la lujuria real disfrazada de clemencia?... Mal obrasteis, señor; en buena hora que me hubierais sacrificado; sabiendo que yo pertenecía al bando del condestable, merecía castigo y me resignaba a sufrirlo; pero sacrificar a una joven inocente y tímida es una hazaña impía que ha de castigar el cielo. El padre os pertenecía, pero la hija no. ¿Soy acaso ingrato porque no me resigno a aceptar vuestro perdón? Si en vez de abusar de Diana hubierais entrado en mi calabozo a proponérmelo, os hubiera contestado: «Matadme, pero respetad a mi hija y respetad mi honor. Prefiero la muerte a la afrenta; aunque también es decapitar a un cristiano, a un conde y a un caballero, arrebatarle el honor.» Esto os hubiera contestado. Entonces, aquella misma noche, en la iglesia, sobre mi ensangrentado féretro, mi honrada hija Diana hubiera podido orar por un padre honrado. No vengo a pediros a mi hija; el que no tiene honor no tiene ya familia. Que os ame o no con amor insensato, nada me importa ya; después de que le habéis hecho perder la vergüenza, retenedla en vuestro poder. Pero me propongo venir a turbar todos vuestros festejos; y hasta que un padre, un hermano o un marido me vengue de vos, lo que tarde o temprano sucederá, me veréis penetrar en todos vuestros banquetes y deciros siempre: «Habéis obrado malY me tendréis que escuchar avergonzado hasta que yo termine. Para obligarme a callar, pensaréis en entregarme al verdugo; pero no os atreveréis: tendréis miedo de que venga a hablaros mi espectro con la cabeza en la mano.

REY, (Sofocado de cólera.) -¡Es inverosímil tanta audacia y tanto delirio! (A PIEUNE.) Duque prended a ese lenguaraz.

El duque hace una seña y dos alabarderos se colocan a uno y otro lado de SAINT-VALLIER.

VALLIER. (Levantando los brazos.) -Malditos seáis los dos. (Al REY.) Hacéis mal en soltar un perro contra el león moribundo. (A TRIBOULET.) Y tú, bufón viperino, que has escarnecido el dolor de un padre, ¡maldito, maldito seas!

FIN DEL ACTO PRIMERO


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