Victor Hugo
El Rey se divierte

Acto tercero

Escena IV

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Escena IV

BLANCA y TRIBOULET

TRIBOULET. -Habla.

BLANCA. (Entre sollozos.) -Padre mío... Ayer se deslizó dentro de casa... Hace mucho tiempo que debía habéroslo dicho.... un joven que me seguía...

TRIBOULET. -Sí, el rey.

BLANCA. -Me seguía todos los domingos cuando iba a la iglesia...

TRIBOULET. -Sí, a oír misa.

BLANCA. -Nunca me había hablado, pero para llamarme la atención movía una silla cuando pasaba.... anoche consiguió introducirse en casa...

TRIBOULET. -Quiero ahorrarte la angustia que debe causarte decirme lo demás, porque ya lo adivino. (Se levanta.) ¡Oh rabia! Ha echado el oprobio y la vergüenza sobre tu frente pura, y su aliento corrompido, impregnando el aire que respiras, ha deshojado brutalmente tu virginal corona. ¡Y ha perdido, ha hundido en el barro inmundo la única alhaja que yo poseía en la tierra! ¡Qué será de mí después de esta fatal desgracia, de mí, que sólo veía en esta tierra prostituida el impudor, el vicio, el adulterio, la infamia y la crápula, y al levantar los ojos al cielo, sólo reposaba mi vista recreándome en tu virginidad! ¡Pero ya está derribado el ídolo y el altar!... Esconde la frente; llora, hija mía, llora. Parte de los dolores a tu edad algunas veces los arrastra el llanto.

Pausa.

Blanca, cuando ya haya cumplido con mi deber, nos iremos de París... Si escapo con vida...

Pausa.

¡Quién me hubiera dicho que en un solo día había de cambiar mi suerte! ¡Rey Francisco I! ¡Plegue a Dios que me escucha, que pronto tropieces y caigas en la pendiente que sigues y por ella ruedes hasta el sepulcro!

BLANCA. (Levantando los ojos al cielo.) -(¡Oh Dios! ¡No le escuchéis, porque yo le amo!)

Ruido de pasos por el foro. Aparecen en la galería exterior soldados y gentileshombres, a cuya cabeza va PIEUNE.

PIEUNE. -Caballero Montchenu, mandad que abran la verja al señor de Saint-Vallier, al que conducen a la Bastilla.

El grupo de soldados desfila a dos de fondo, y al pasar SAINT-VALLIER, a quien custodian, éste se detiene en la puerta del fondo.

VALLIER. (En alta voz.) -Ya que a pesar de los ultrajes con que el rey me ofende sin cesar, mi maldición no encuentra, ni arriba ni abajo, una voz que la responda; ni un rayo en el cielo, ni un hombre vengador en la tierra, no espero ya nada. Ese rey continuará causando víctimas.

TRIBOULET. (Levantando la frente y mirándole faz a faz.) -Conde, os habéis equivocado. Vive un hombre en el mundo que os vengará.

FIN DEL ACTO TERCERO


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