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JORNADA PRIMERA
Salen
LEONOR con manto y doña ANA sin él
ANA:
¿Eso viste? ¡Que eso pasa!
LEONOR:
Ésta es la pura verdad
en fe de la voluntad
que, después de mi casa
eres vecina te debo.
Reconocimientos labras
ya en obras y ya en palabras,
tantos en mí que me atrevo
a revelarte secretos
que mi señora me fía.
ANA:
Querrá el Amor algún día
que con mayores efetos
me desempeñe. Leonor,
sé entretanto mi acreedora.
En efeto, ¿tu señora
tiene a mi don Juan amor?
En
efeto, ¿sus engaños
me pretenden usurpar
la
acción que puede alegar
quien ha que le ama dos años?
LEONOR:
En esa parte podré
disculpar a mi señora
justamente. Pues, si ignora
tus desvelos y no fue
como amiga consultada
de tus cuidados por ti,
¿en qué te ofende?
ANA: Salí,
Leonor,
cierta y desdichada
en mis sospechas. Mudó
don Juan voluntad y afetos
y, mudándolos, sujetos
de
su esperanza dejó
quejas que buscan venganza
contra quien no ha delinquido.
¿Podrá ser que de su olvido
tome mi agravio venganza?
Pared en medio tenemos
las casas donde habitamos.
Por primas nos visitamos;
como amigas nos queremos;
mas, pues celosa examino
ofensas que Amor me avisa,
desde hoy más recele Elisa
las obras de un mal vecino.
Fizcalizarán mis penas
acciones que la dan alas
murmurando de las malas,
maliciando de las buenas.
Tomaré satisfacción
del agravio que me adviertes;
pero
en efecto, ¿en las suertes
que
echa la superstición
esta noche, salió Elisa
con don Juan?
LEONOR:
Y tú también
con don Pedro.
ANA: En su desdén.
De sus mudanzas me avisa,
que es don Pedro pretendiente
de tu señora, anterior
en
frecuencias y en favor,
ya
olvidado por ausente.
LEONOR:
Si has de prevenirte en esto,
con mi advertencia prosigo:
envió Elisa conmigo
un papel en que echó el resto
de finezas...
ANA: No seguras.
...y dentro dél encajó
la suerte que les tocó.
No te diré las locuras
que con el epigrama hizo,
con la suerte y el papel;
diversas veces en él
puso, y no se satisfizo,
los labios. Dióme esta joya.
Prometió sacarme un manto.
Si su olvido sientes tanto,
Sinón soy, Elisa es Troya,
procura tú ser Ulises.
Engaños a Elisa venzan,
y mientras estos comienzan,
adiós, hasta que me avises.
Vase
LEONOR
ANA:
No tienen otro caudal
los
agravios y los celos
sino ardides. Prevendrélos
contra un hombre desleal.
Guerra es amor competido;
engaños usa también.
Celos
industrias me den
pues que no me dan olvido.
Busquen mis solicitudes
castigos
para traiciones,
enredos para ficciones,
trazas para ingratitudes,
para su engaño desvelos;
para mis venganzas modo.
Pero ya lo he hallado todo
pues
soy mujer y con celos.
Vase
doña ANA. Salen como de noche el CONDE y
don JUAN
CONDE:
¡Templada noche!
JUAN: Muere
en ella el año, y cuando expira, quiere
obligarnos su blanda despedida;
que el huésped bienhechor tarde se olvida.
CONDE:
No sé yo que pudiera
competirla la mansa primavera.
¡Qué clara! ¡Qué agradable!
JUAN: A mis venturas favorece afable.
¡Ay, Conde y señor mío!
Si
Amor rapaz es todo desvarío,
y como niño estima
juguetes con que más su fuego anima,
un favor, un juguete,
fortunas esta noche me promete
que estorben mi tristeza
si del modo que acaba el año, empieza.
CONDE:
Agravio me habéis hecho,
don Juan, cuando os presumo satisfecho
de la amistad que os fío,
con el nombre de "Conde y señor mío."
Dejad títulos graves
que los de la amistad son más süaves;
pues siendo vos mi amigo,
éste es, sólo, el blasón a que os obligo.
Aunque tan recatado
hallo de mi amistad vuestro cuidado,
y en él tan poco os debo
que llamaros amigo no me atrevo.
JUAN:
Creed que si fïárosle rehuso,
no
es por dudar de vos; mas porque el uso,
que
yo frecuento poco,
no ha de juzgarme amante sino loco.
Y, porque viváis cierto
de que por esto el alma os he encubierto,
aunque desacredite
con vos mi seso y vuestra risa incite,
oíd filosofías
de un peregrino amor que ha muchos días
que siéndole obediente
en mí es naturaleza, no accidente;
pero con presupuesto
que no ha de seros, Conde, manifiesto
el nombre de la dama
que me ha juramentado, y de mi llama
tanto el secreto estima,
que hasta en los ojos su silencio intima.
CONDE:
Con peligrosa usura
os empeña, don Juan, esa hermosura.
Decid, que yo os prometo
que por mí no peligre ese secreto.
JUAN:
Yo, amigo Conde, adoro
la perla más que al nácar, más que al oro;
al diamante que engasta
la forma, más que a su materia.
¡Basta!
Quiero decir con esto
que adoro a un alma con amor honesto,
tan libre de apetito,
que aun el pensarlo juzgo por delito.
CONDE:
Las gracias de un valiente entendimiento
enamoran tal vez el pensamiento;
y si él solo os recrea,
la dama debe ser, don Juan, tan fea
que el apetito os tasa
y amando al dueño perdonáis la casa.
¿De
qué os sirven los ojos
si
estímulo no son de sus despojos?
¿Tenéisla por hermosa?
JUAN:
Llamen reina de flores a la rosa,
a Apolo las estrellas,
que ésta es la rosa y sol de
todas ellas.
Blasone golfos de oro
la ninfa de Agenor que sobre el toro
nombró a Europa por ellos.
Diga la antigüedad que en los cabellos
de Elena y de Lucrecia
Arabias peinó Italia, Ofires Grecia.
Frecuente agora el uso
sutilizando el ébano difuso
aunque el francés lo tache,
cubra España sus sienes de azabache;
que mi amorosa prenda
ni el oro es bien que su cabeza
ofenda,
ni el ébano, que en hilos
de nuestra patria abona los estilos.
Pues haciendo amistades
estas dos encontradas cualidades,
ni el sol podrá dar quejas
de que su luz no mira en sus madejas,
ni
de ellas forma injurias
el azabache natural de Asturias,
pues de estos dos extremos,
el
medio hermoso dilatado vemos.
Tan cándida la frente
espaciosa, venusta, transparente,
que en su alabastro puro,
por lo exterior al centro conjetura,
habitación hermosa
del alma que organiza y, ingeniosa,
asombra entendimientos,
oficina de tales pensamientos.
Dos arcos la rematan,
y entrambos semi-esferas se dilatan
sobre los ojos bellos
que, en fe de los que matan,
triunfante siempre, el niño dios en ellos
quiso con muestras reales
coronarlos también de arcos triunfales.
Yo sé que si los vieras,
para vivir mil veces mil murieras,
porque con dulces ceños
al paso que son graves son risueños.
Desde ellos se origina
un trozo de alabastro que termina
las dos mejillas bellas,
sutil la proporción, en medio de ellas.
Y allí el jazmín nevado y clavellina,
casados sus colores,
auroras
son del
sol. ¡Si fueran flores
los labios encendidos!
Dos arcos pueden ser de dos
Cupidos,
y
aunque purpúreo el fuego,
la risa abrasa en ellos al sosiego.
Alcaides son de nieve,
en nácares menudos que Amor
bebe
y
en listas condensada,
perlas los juzga el alma que abrasada
se asombra suspensiva
de que la nieve junto al fuego viva.
Yo he visto en su garganta
tanto marfil con alma, plata tanta,
que en su comparación es etiopisa
la que en Moncayo eterna no se pisa.
Y
está en sus manos bellas,
cuyos dedos eclipsan las estrellas,
que
en oro las coronan,
tanto puro candor, blancas blasonan,
que apenas de mi amor podrán las penas
juzgar si manos son o si azucenas.
Su talle tan honesto
tan airoso, bizarro, y tan dispuesto,
que solamente el uso
no la necesidad corchos le puso.
Ves, Conde, este retrato
de la hermosura, celestial ornato,
pues con ser como pinto,
mi amor del ordinario es tan distinto,
que puesto que los ojos
se deleitan tal vez en sus despojos
sin detenerse en ellos,
viriles sólo son viendo por ellos
al huésped que en tal casa
mi voluntad honestamente abrasa.
¿No
has visto en los antojos
que
con ser de cristal nunca los ojos
en ellos se detienen,
sino que por su medio a alcanzar vienen
el objeto que intentan
aunque hermosos la vista no
violentan?
Carlos, ¿nunca sediento
te sirvió el vidrio puro de instrumento
en que el agua sabrosa
te brindaba la sed apetitosa?
¿Hiciste entonces caso
del encarnado búcaro del vaso,
puesto que cristalino
mereció estimación por peregrino?
Deleitóle sin duda más de paso
porque solo tu fuego
pretendía en el agua tu sosiego.
Pues yo del mismo modo
tomo en el agua en que se cifra el todo
de mi amada belleza
y no paro por el fruto en la corteza.
CONDE:
Bien dicen que es locura
amor; que en cada cual mostrar procura
el modo en que se extrema.
Mas, don Juan, cada loco con su tema.
Yo estoy también perdido
por cierta dama de quien habéís sido
tan acertado Apeles
que juzgo que cohechó vuestros pinceles,
porque es, don Juan, la propia
de quien me tiene loco vuestra copia;
puesto que estoy sujeto
no al abstracto cual vos, sino al concreto.
JUAN:
¿Qué? ¿Vos sois, Conde, amante
de hermosura a la mía semejante?
CONDE:
Sirvo con tierno trato
una belleza de quien es retrato
la discreción que hicisteis,
de suerte que sospecho que quisisteis
darme con ella celos
si no es que Amor duplica paralelos.
JUAN:
¿Y sois correspondido?
CONDE:
Recíproco favor han conseguido
mis dichas hasta agora,
puesto que honestamente me enamora.
JUAN:
¿Vive cerca?
CONDE: Hasta en eso
se logran coyunturas que intereso.
Bien cerca de aquí habita.
JUAN:
Conde, si como a mí no os necesita
la fe del no nombrarla,
fïadme su noticia.
CONDE: Fuera darla
ocasión de perderla.
JUAN:
Y si yo os aseguro de tenerla
de tal suerte escondida
dentro del alma que jamás os pida
justa satisfacción de esos agravios,
privilegiada siempre de mis labios,
¿por qué queréis causarme
sospechas que se atrevan a matarme?
CONDE:
Porque vuestro secreto
engendra en mi temor el mismo efeto.
Pintáisme vuestra dama
y mientras me ocultáis cómo se llama,
creyendo yo que es ella
la misma que pretendo, una centella
de celos es, bastante
para abrasar al Troya de un amante.
JUAN:
¡Qué tanto se parece
a la que os he pintado!
CONDE: No merece
que otra alma ni otra vida
en
distintos sujetos las divida.
La
frente, los cabellos,
las cejas, la nariz, los ojos bellos,
las mejillas, la boca,
el cuello hermoso de cristal de roca,
las
manos, cuerpo y brío,
y
el claro entendimiento, hechizo mío,
todos son propiedades
del bien que adoro, envidia de beldades.
JUAN:
Pues, Conde, si es la propia
que yo idolatro y que os mostró mi
copia,
¡desesperad cuidados,
y advertid que acostumbran los sagrados
de pura cortesía
desvanecer tal vez la fantasía
de verdes presunciones
interpretando equívocas
acciones!
Yo sé que solo vivo
en su amoroso pecho. Yo recibo
favores sólo honestos,
al yugo casto del Amor dispuestos.
Y porque no os dé enfado
el presumirme necio confïado,
advertid que no ha un hora
que echando suertes, fue mi protectora
Fortuna de manera
que me cupo mi dama, y que me espera
por esto tan gustosa
que el parabién se ha dado de mi esposa.
Oíd el epigrama
con que la suerte a su favor me llama:
Saca
un papel don JUAN y léele
"Tendrásle de celos loco;
mas vencerá tu firmeza,
que en premio de tal belleza
nunca mucho costó poco."
¡Este me ensoberbece! ¡Esto me
escribe!
CONDE:
¡Qué de engaños, don Juan, os apercibe
la propia confïanza!
El mar y la mujer, todo es mudanza.
Ese favor, testigo
del gozo con que os veo, esa fineza
sorteada por vos fue sutileza
de un ingenio doblado que conmigo
como con vos procura,
siendo arte, persuadirnos que es ventura.
Antes que yo os hallara,
vino
su confidente en busca mía,
y antes que pronunciara
las nuevas que entre engaños me traía,
disfrazando intereses en caricias,
me condenan en costas sus albricias.
Oíd la letra agora
común de dos, de quien os enamora:
El
CONDE refiere de memoria la misma letra que leyó don JUAN
"Tendrásle de celos loco,
mas vencerá tu firmeza,
que en premio de tal belleza
nunca mucho costó poco."
JUAN:
Pues, ésa, ¿no es la misma que yo os dije
que acaba de envïarme?
CONDE: Ésta os dirige
y ésta me remitió, porque hay ya versos
que sirven a propósitos diversos.
Decid, don Juan, agora
que ese sol, esa luna, que esa Aurora
no alumbra indiferente
con una misma luz diversa gente.
JUAN:
A tanta costa mía
venció vuestra probanza mi porfía.
¡Que si mi muerte instantes se dilata
ni el basilisco mata,
ni el rayo es homicida,
ni el áspid salteador de nuestra vida!
¡Remisa es la saeta
que del arco caribe el aire
inquieta,
ni la enramada bola
de bombarda flamenca o española
mortal hileras tiende;
ni la traición ofende,
ni da el pesar desvelos,
ni agravios turban, ni enloquecen celos!
CONDE: ¡Templaos, don Juan, templaos!
¿A
dónde vais furioso? Sosegaos,
que ni de vuestra dama
pudo eclipsar la encarecida fama,
ni sé que su noticia
materia pueda dar a mi malicia.
Sólo la rectitud de vuestra llama,
tan desnuda de afectos sensitivos
que sin los incentivos
de vuestro amor, platónicos despojos
os cautivan el alma y no los ojos,
segura de deseos
bastó a obligarme agora por rodeos,
mentiras
y quimeras
a sacar de estas burlas esas veras.
Ni
la letra que os dije en su desdoro
os alborote o cause maravilla,
porque sólo el oílla
bastó para decírosla de coro.
Gozad vuestros favores;
que libre estáis por mí de opositores.
JUAN:
Conde, las amistades
no disfrazan engaños con verdades.
De vuestra fe con causa voy dudando
porque celos que abrasan, ni aun burlando...
Vase
don JUAN
CONDE:
Envidia tengo a este hombre.
Curioso, deseo ver esta hermosura,
esta exageración, esta pintura,
esta mujer sin nombre
que con tantos primores
usurpa a la retórica colores,
pincel la lengua y labios
de quien, ocasionando sus agravios
no ve cuan peligrosa
es la alabanza de la prenda hermosa
cuando otro está delante
que puede ser su amante,
y que la llama del Amor, curiosa,
ceba más su veneno,
que con el propio, con el bien ajeno.
Registraré advertido
sus pasos, sus acciones, su sentido,
hasta saber si son ponderaciones
o verdades en ella perfecciones
de tanta consecuencia.
Y si verdades son, tenga paciencia
quien el tesoro enseña al avariento,
brindar osa al sediento,
y a juventud ociosa, toda llama,
las perfecciones pinta de su dama.
Vase
el CONDE. Salen don ALONSO, viejo, y don
PEDRO de camino
ALONSO:
Los brazos tengo de daros
segunda vez; los primeros
con los plácemes de veros
y esto es para gratularos,
yerno no, heredero sí,
hijo y de mi Elisa esposo.
PEDRO:
Soy tan poco venturoso
que dudo aun viéndome así
por vos en ellos premiado
que se ha de lograr mi suerte.
ALONSO:
No se blasone amor fuerte
si tiembla desconfïado,
¿qué causa tan improvisa
os pudo llevar de aquí?
PEDRO:
Es obedecer ansí
preceptos, señor, de Elisa.
En el parque una mañana
del abril, que en ella vio
más jazmines que pisó
el alba con pies de grana,
la signifiqué el deseo
que tenía de agradarla,
servirla e idolotrarla.
Y respondió, "No lo creo
mientras que no hagáis por mí
una fineza amorosa
al paso dificultosa
que estimable." Prometí
lo que acostumbra quien ama
y díjome, "Yo quisiera
que en estos tiempos hubiera
quien ausente de su dama,
no siendo correspondido,
tan firme y constante fuese
que al que afirma desmintiese
que la ausencia causa olvido
de quien presente encarece
su amor, su desvelo y fe.
No
hace mucho, pues, quien ve
el objeto le apetece.
Obligadme en esto vos.
Ausentaos y averigüemos
el tiempo que no nos vemos
cual es firme de los dos.
Y
si acaso en la jornada
que os olvidasteis escucho,
no se os dé, don Pedro, mucho
que no se me dará nada."
Fuése y dejóme, juzgad
de qué modo, despreciado,
con celos y desterrado;
pero de su voluntad
tan solícito albacea
que aquel día me partí
a Talavera, y allí
en fe de lo que desea,
puesto que con más firmeza
mi amor que cuando la veía,
obediente mi porfía
como ingrata su belleza.
Permaneciera el amor
que en su desdén solicito,
a no haberme vos escrito
tres veces que su rigor
se enternece a vuestra instancia
y que a mi fe agradecida
a vuestro gusto rendida
y leal a mi constancia
darme la mano os promete.
Esto de aquí me ausentó
y esto me restituyó.
Siete meses, siglos siete
acreditan la fe mía
más
firme en los desengaños
que Jacob en sus siete años
él
presente, y yo sin Lía.
ALONSO:
¿Qué tanto ha que estáis aquí?
PEDRO: Ayer llegué.
ALONSO: ¿Y desde ayer
no
fuera justo saber
vuestra venida?
PEDRO: Advertí
que siendo de noche y tarde
os fuera huésped pesado.
Allá os remití un crïado
y
no es mucho que os aguarde.
ALONSO:
¡Cortedad impertinente!
Venid, don Pedro, venid.
Seréis esposo en Madrid
de quien querelloso ausente,
y entretanto agasajado
de doña Ana, mi sobrina
que de mi casa vecina
ni poco ha solicitado
vuestro alegre casamiento.
PEDRO:
Debo yo mucho a doña Ana.
ALONSO:
Veréis a Elisa mañana.
[A prevenirla me ausento].
Vanse
don PEDRO y Don ALONSO. Salen doña
ELISA, con un papel,
y
CORAL
ELISA:
¿Qué tantos extremos hizo
don Juan con la suerte y letra?
Coral, ¿qué tanto se holgó?
CORAL:
Háse holgado de manera
que es un holgazón de gustos,
y si en Burgos estuviera,
fundaran
sus holgaduras
diez conventos de Las Huelgas.
De
los versos que te escribe
sacarás
como madeja
el hilo por el ovillo,
el
mesón por la tableta.
Léele y verás que te paga
en décimas o espinelas
diezmo su amor como a cura,
alcabala sin que venda,
diez por uno sin ser trigo,
sisa sin tener taberna,
y como alguacil de corte
la décima de su hacienda,
que
son versos guarnecidos
de aljófar, diamantes, perlas,
nácares, púrpuras, lamas,
soles, auroras, estrellas,
rosas, jazmines, piropos,
cóncavos, zonas, esferas,
rasgos, amagos, conturnos,
giros, remedos, cometas,
con todos los cachivaches
que
cuando el reloj se suelta,
los cómicos de este siglo
de golpe desenfardelan.
ELISA:
¿Pues tú también satirizas?
CORAL:
¿A quién no dará molestia
tanto girón y retazo
como hilvana una comedia?
¿Viste mudar una casa
cuando sobre una carreta
la cargan de baratijas
unas con otras revueltas?
¿El
escritorio y las ollas,
las sartenes y rodelas,
el arcabuz y las naguas,
los
platos y la maleta,
al alfombra y el orinal,
la bota y la limpiadera,
la tinaja y los retratos,
las
espadas y las ruecas?
¿Viste
tocar las campanas
cuando una casa se quema,
y
los frailes y alguaciles
por las ventanas y rejas
arrojar a trochemoche
cofres, estrados, carpetas,
libros, basquiñas, pinturas,
guitarras y sombrereras?
¿Viste almonedas vulgares?
¡Qué
de vistas te dijera
a no darte el quid pro quo!
Digo
ejemplos por sentencias.
Pues, siempre que oigas candores,
epiciclos, inflüencias,
crepúsculo, potulantes,
antípodas y diademas,
imagina
que son trastos,
y carretón el poeta
cargado de triquismiquis.
¡Que se muda! ¡Que se quema!
ELISA:
Leo que estás formidable.
CORAL:
Tú también formidoblencias
alguno de gongoriza,
pues te villamedianeas.
Lee
ELISA el papel
ELISA:
"Ya no puede ser severo
este mes ni su aspereza
pues retratándote empieza
en
mayo agora el enero.
Felicidades
espero
lograda con poseerte,
pues si estriban en quererte
gozos que mis dichas forman,
sola esta vez se conforman
en mí el amor y la suerte.
Si por suerte me cupiste,
¿qué más suerte y más fervor?
Eternamente deudor
de la Fortuna me hiciste.
Mostrar, Elisa, quisiste
que cuando más desvaría,
burlando el tiempo porfía
en mi favor experiencias,
y
que aun en las contingencias
no
puedes ser sino mía."
CORAL:
¿Qué te parece eso? ¡Sí
que es decimar con llaneza
y no andar pordiosando
vocablos de Zeca en Meca!
Sale
don ALONSO
ALONSO:
Tan propicio a nuestras dichas,
Elisa, el año comienza.
Mas vos, ¿qué buscáis aquí?
CORAL:
(¡Concentainas y Palencias!) Aparte
ALONSO:
¿No habláis? ¿Qué queréis? ¿Quien sois?
CORAL:
(San Tiento asista en mi lengua.) Aparte
Soy, señor, cierta persona...
(Persona, sí, mas no cierta Aparte
porque nunca estoy en casa...
ni persona, porque de éstas
hay mucha falta en el mundo.)
Distilo quintas esencias,
limpio dientes, curo callos,
hago moños, saco muelas.
Llamóme desde el balcón
una titular doncella
que diz que lo son de anillo
en la corte las caseras.
Fiéla, habrá cuatro días,
diez reales de menudencia |