16. Los enfermos duerman y coman aparte, y se destine para su cuidado a algún converso, laico o clérigo, que les procure las cosas necesarias y se las sirva como deben ser servidas. Adviértase, sin embargo, a los enfermos que no exijan alimentos exquisitos o demasiado caros, antes bien se den por satisfechos con una conveniente y sana moderación.