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33. Otro a un
efecto amoroso*
Esposo de mis ojos,
querido por quien muero,
si de amante te precias,
yo de amante me precio.
¿Para qué son las riñas, 5
desdenes y desprecios
cuando por tus amores
conoces que me pierdo?
Mas nunca más ganada,
que en tal
deshacimiento1 10
cobro en pérdidas tales
más de lo que merezco.
Si no quieres, mi vida,
que te diga requiebros,
yo cerraré los labios
15
y al corazón apelo.
Es imposible que él
deje de hablarte tierno,
desahogando un poco
lo mucho que padezco. 20
Si te ofenden mis ansias,
si te cansan afectos,
sana tú las heridas
que con tu aljaba has hecho.2
¿Para qué disimulas 25
con tan hermoso ceño,
si sabes que tú
has sido
quien ha encendido el fuego?
Y si celoso estás,
puedes tener por cierto 30
que, si no es de ti mismo,
no hay de quien tengas celos.
Y si de ti los tienes,
mi bien, yo te confieso
que serán con razón,
35
que más que a mí
te quiero,
que libre está tu amante
de peregrino afecto,
que el fuego que me abrasa
los consumió al momento. 40
Mas, ay, que ya conozco
lo mucho que te debo,
lo poco que te pago,
y por eso estás serio.
Bien sabes que te he dado 45
de todo cuanto tengo
entera posesión
como a querido dueño.
Bien sabes que tú fuiste
quien me miró primero, 50
quien primero me amó
y me rondó al sereno.
Bien pudiera acordarte3
los tiernos sentimientos
con que tocaste al alma 55
y me abrasaste el pecho,
si a fuer de enamorado,
con caricias y ruegos,
venciste mi dureza
deshaciendo mi hielo. 60
¿Por qué haces del esquivo
cuando rendida llego?
Harásme presumir,
Dios mío, que es por eso.
Si quieres que me vaya 65
y que deje el
intento,
mientras más me
despides,
mayor firmeza tengo.
Con desdenes, mi amor
recibe más aumento,
70
y con tu sequedad
se aviva más el fuego.
No hay para qué te escondas
y pongas tierra
en medio
de mi bajeza suma
75
en mi conocimiento,
porque todo parece
sirve para el incendio
en que mi alma yace
de materia y sustento. 80
No hay trazas para amor,
que en ellas
estás diestro,
y mientras más
las buscas,
que estás más fino pienso.
Bien sabes que me tienes 85
sin alma y sin deseos,
que sólo en mí se hallan
de tu amor verdadero.
También de las potencias
y el albedrío entero
90
te tomaste el dominio
con poderoso imperio.
Y si del corazón
antes eras tan dueño,
agora me
parece
95
que aun no sé si le tengo,
aunque a veces, Señor,
en sus latidos
siento
que vive para ti
y recibe tu aliento.
100
¡Ay esperanza mía,
si yo cumplidos veo
los deseos de amarte
con infinito exceso!
Y si pudiera yo,
105
a costa de tormentos,
darte más que gozaras,
muriera de contento,
y todo lo que gozas
con ese ser inmenso, 110
si lo tuviera yo,
te lo diera al momento:
aunque hubiera de estar
metido en el infierno4
por darte a ti la gloria, 115
fuera para mí cielo.
Y no pienses que son
poéticos
conceptos,
que son verdades
puras
que con el alma siento, 120
pero tú nunca acabas
de asegurarte en esto
pensando que ha de ser
tan falso como el dueño.
Pues, mi bien, por tus ojos, 125
de mi amor dulce cebo,
que puedes ya creer
que ha mucho que no miento.
Bien sabes tú que eres
solo mi amado dueño, 130
mi amorosa caricia
y mi dulce requiebro.
Tú, que vives más cerca
que yo misma a mi centro,
sabrás que no te engaño 135
con encarecimientos.
Podrás asigurarte
que no habrá en mí en ningún tiempo5
de mi parte ocasiones
que puedan darte celos. 140
Podrás, amante mío,
sin miedos y recelos,
entrar siempre en la casa
que tienes en mi pecho,
que si la falta adorno, 145
sola está, por lo menos,
o que lo esté, Señor,
deseo por estremo.
Si hallares dentro a alguien,
digo, mi bien, que quiero 150
que me quites la
vida
como a traidora luego.
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