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P R E S E N T A C I Ó N
Muy queridos
Hermanos:
Tengo sumo gusto en presentaros el texto de nuestras Constituciones y
Estatutos, en su forma definitiva; texto que significa, a la vez, meta y punto
de partida.
Una meta, tras un largo camino, iniciado hace ya veinte años, cuando la Iglesia
del Vaticano II pedía a todas las familias religiosas la revisión de sus libros
normativos para conformarlos al espíritu del Concilio y de los Fundadores, y
suscitar, así, la renovación espiritual de sus miembros. Hemos hecho esta
revisión con seriedad y empeño por mantenernos en la fidelidad, apertura y
escucha, y hemos presentado a la Iglesia el fruto de nuestro trabajo. Recibimos
ahora con gratitud su aprobación y experimentamos el gozo de ver autenticado,
una vez más, el carisma de nuestro Fundador; carisma transmitido por sus
primeros discípulos, enriquecido por la fidelidad de miles de Hermanos que
llegaron al término de su camino y actualizado por el XVIII Capítulo General.
También un punto de partida. En efecto, si, a la luz de la fe, nos dejamos juzgar, día
a día, por las Constituciones, nos iremos asemejando a Jesús, como María,
guiados por Marcelino Champagnat. Esto supone una conversión, recomenzada
siempre, que nos permite ser fieles al Evangelio, al espíritu del Fundador y a
los signos de los tiempos, escrutados en comunión con la Iglesia. Supone también un reto para nosotros: encarnar este
texto en la vida diaria y, así, llegar a ser testigos del Reino. Cobrar tanto
más relieve este reto, cuanto más conscientes seamos de que Constituciones y
Estatutos forman un todo unitario - subrayado por la disposición misma del
texto* - una Regla de vida para hoy, como lo fue la escrita por el
Padre Champagnat y los primeros Hermanos, en 1837.
Al leerlas, al
orar con ellas en privado o en comunidad, descubriremos sus riquezas; al mismo
tiempo, adquiriremos, o afinaremos, los rasgos peculiares de nuestro rostro de
Hermanitos de María - rostro único en el pueblo de Dios - y lo haremos atractivo,
especialmente para los jóvenes a quienes nos dedicamos.
Que María, nuestra Buena Madre y Primera Superiora, sea nuestra inspiración y
recurso en la vivencia de las Constituciones y Estatutos para que, superando
todo legalismo, podamos cumplir el objetivo de nuestras vidas: amar y hacer
amar a Jesucristo.
Con todo mi afecto fraternal,
H.
Charles Howard
Superior General
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