|
Capítulo 1 IDENTIDAD DE LOS HERMANOS
MARISTAS EN LA IGLESIA
1 Origen del Instituto
Marcelino Champagnat fundó, el 2 de enero de
1817, el Instituto religioso laical de los Hermanitos de María. 1 Él lo
concebía como una rama de la Sociedad de María. 2
La Santa Sede lo aprobó en 1863 como
Instituto autónomo y de derecho pontificio. Respetando nuestro nombre de
origen, nos dio el de Hermanos Maristas de la Enseñanza (F.M.S.: Fratres
Maristae a Scholis). 3
2 Carisma del Fundador
Movido por el
Espíritu, Marcelino Champagnat quedó cautivado por amor de Jesús y María a él y
a los demás. Esta experiencia, unida a su apertura a los acontecimientos y
personas, se convierte en fuente de su espiritualidad y celo apostólico, y lo
hace sensible a las necesidades de su tiempo, sobre todo a la ignorancia
religiosa y a las situaciones de pobreza de la niñez y juventud.
La fe y el
deseo de cumplir la voluntad de Dios le revelan su misión: Dar a conocer a
Jesucristo y hacerlo amar. 1
Decía con frecuencia: No puedo ver a un niño sin que me asalte el deseo de
enseñarle el catecismo y decirle cuánto lo ama Jesucristo. 2
Con este espíritu, fundó el Instituto para educar
cristianamente a los niños y jóvenes, (*) en especial a los más desatendidos.
3
* A menos que el contexto pida otra cosa, cada vez que aparezcan los
términos juventud o jóvenes, ha de entenderse niñez y juventud o niños y
jóvenes.
3 Discípulos de Marcelino
Champagnat
El amor derramado en nuestros corazones
1 por el Espíritu Santo nos hace compartir el carisma de Marcelino
Champagnat e impulsa todas nuestras energías hacia este único fin: SEGUIR A
CRISTO, COMO MARIA, en su vida de amor al Padre y a los hombres. 2
Intentamos alcanzar este ideal en comunidad.
Nos comprometemos por voto a vivir los
consejos evangélicos de castidad, pobreza y obediencia. Este compromiso nos convierte en
testigos y servidores del Reino de Dios. Nuestro
carácter de Hermano es una llamada específica a vivir la fraternidad de Cristo
con todos, en especial con los jóvenes, amándolos desinteresadamente. 3
Las
Constituciones, aprobadas por la Santa Sede, nos guían en la vivencia de
nuestra consagración y en la realización de las intenciones del Fundador.
4 Espíritu Mariano
El Padre
Champagnat quiso darnos el nombre de María para que viviéramos de su espíritu. Convencido de que ella lo ha hecho todo entre
nosotros, la llamaba Recurso Ordinario y Primera Superiora. 1
Contemplamos la vida de nuestra Madre y
Modelo para impregnarnos de su espíritu. Sus actitudes de discípula perfecta de
Cristo inspiran y configuran nuestro ser y nuestro actuar. 2
Dios entregó su Hijo al mundo por medio de
María. Por eso, nosotros queremos hacerla conocer y amar como camino para ir a
Jesús. Actualizamos así nuestro lema: Todo a Jesús por María, todo a María
para Jesús. 3
5
Humildad, sencillez y modestia
La predilección
por las tres virtudes marianas de humildad, sencillez y modestia nos viene de
Marcelino Champagnat. 1 Estas virtudes revisten de autenticidad y bondad
nuestro trato con los Hermanos y demás personas.
Ofrecemos gustosamente
vida y talentos al servicio de la Iglesia y del mundo, haciendo el bien sin
ruido. Conscientes de nuestras limitaciones, ponemos la confianza en Dios y en
María. Sólo así podremos, como el Fundador, emprender y realizar cualquier
empresa, por difícil que parezca. 2
6
Espíritu de familia
Al llamarnos
Hermanos, afirmamos que pertenecemos a una familia unida por el amor de Cristo.
1
Nuestro
espíritu de familia encuentra su modelo en el hogar de Nazaret. Está hecho de
amor y de perdón, de ayuda y de apoyo, de olvido de sí y de apertura a los
demás. Y de alegría. 2 Este espíritu extrae calor y fuerza del amor que
Dios tiene a los que nos ha dado por hermanos. Y de tal forma impregna nuestras
actitudes y conducta, que lo irradiamos dondequiera que nos encontramos.
El espíritu de
familia se fomenta y se expresa particularmente por el amor al trabajo, que nos
ha caracterizado siempre. 3
7 Espiritualidad
La espiritualidad que nos legó Marcelino
Champagnat tiene carácter mariano y apostólico. Brota del amor de Dios, se
desarrolla por nuestra entrega a los demás y nos lleva al Padre. Así
armonizamos apostolado, oración y vida comunitaria.
Jesús lo es todo para nosotros, como lo fue
para María. Actuamos, como ella, con discreción, delicadeza y respeto a los
demás.
A ejemplo del Fundador, vivimos en presencia
de Dios 1 y sacamos nuestro dinamismo del misterio de Belén,
de la Cruz y del Altar. 2 El éxito de nuestro trabajo lo esperamos sólo de
Dios, persuadidos de que si el Señor no construye la casa, en vano se afanan
los constructores. 3
8 Miembros y estructuras
del Instituto
El Instituto, del que nos hacemos miembros
mediante la profesión religiosa, está integrado por Hermanos profesos
temporales y perpetuos. Hermanos de una misma familia, estamos unidos por la
caridad y la obediencia a las Constituciones.
Los novicios, que inician su vida en el
Instituto, participan de los bienes espirituales de nuestra familia religiosa.
Algunas personas pueden ser afiliadas al
Instituto, y gozan de similares beneficios.
El Instituto se divide en Provincias y
Distritos, ambos formados por un conjunto de casas. Cada Provincia o Distrito
está animado y gobernado por un Superior con su Consejo, bajo la autoridad del
Hermano Superior General con su Consejo.
9 Unidad del Instituto
El Instituto, extendido por el mundo entero y
encarnado en culturas diversas, fundamenta su unidad en el patrimonio
espiritual legado por el Fundador y transmitido por sus discípulos. 1 Esta unidad exige comunión de oración y de vida
fraterna, acción apostólica coordinada y servicio de la autoridad en todos los
niveles.
Formamos comunidad en torno a María, nuestra
buena Madre, 2 como miembros que somos de su familia. Nos
esforzamos por permanecer fieles al Espíritu de Jesús resucitado, que nos
concede, como a los creyentes de la primitiva Iglesia, la gracia de vivir con
un solo corazón y una sola alma. 3
10 Comunión con la Iglesia
La consagración religiosa nos asocia de
manera especial a la Iglesia y a su misterio. En el seno del pueblo de Dios,
nos esforzamos por ofrecer el testimonio profético y gozoso de una vida
totalmente dedicada a Dios y a los hombres. 1 Y, fieles
al carisma del Instituto, colaboramos en la pastoral de la Iglesia local.
Como Marcelino Champagnat, respetamos y
amamos al Papa, al que reconocemos como Superior supremo. 2 Manifestamos nuestra fe y cooperamos en la unidad
del Cuerpo de Cristo por la adhesión a la enseñanza y directrices de la
Iglesia.
Conforme al deseo del Fundador, nuestra
caridad se extiende a todos los demás Institutos. 3 No obstante, hay lazos
peculiares que nos unen a las demás familias nacidas de la Sociedad de María,
con las cuales queremos irradiar en la Iglesia el espíritu de María que nos es
común.
|