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EL CONSEJO EVANGÉLICO DE OBEDIENCIA
36 Tras las huellas de
Cristo obediente
Toda la existencia de Jesús fue comunión con
la voluntad del Padre,1 de quien se sabía Hijo muy amado. Responde a este
amor con disponibilidad total a su misión redentora. Su alimento es hacer la
voluntad del que lo ha enviado.2 Asume la condición de
siervo 3 y, sufriendo, aprende el precio de la obediencia.4 Resucitado por Dios, se convierte en causa de
salvación universal.
Jesús es para nosotros el ejemplo perfecto
que intentamos seguir. Movidos por el Espíritu Santo buscamos en todo la
realización de la voluntad del Padre, uniéndonos así al misterio pascual del
Hijo.5
37 El voto de obediencia
El consejo evangélico de obediencia,
abrazado con espíritu de fe y amor en el seguimiento de Cristo, obediente hasta
la muerte, nos obliga a la sumisión a los Superiores legítimos, que hacen las
veces de Dios, cuando mandan algo en conformidad con las Constituciones.1
37.1 Solamente los Superiores mayores, y en casos
excepcionales, pueden dar orden formal en virtud del voto.
37.2 Por razones pastorales y en caso de falta grave, el
Superior mayor tiene obligación de prevenir al Hermano mediante admonición
escrita.
38 Con la Virgen del Fiat
Toda la vida de
la Virgen es prolongación de su Fiat.1 Por su obediencia, se convierte
en Madre de Dios y coopera en la misión redentora de su Hijo. Es bienaventurada
porque escucha y pone en práctica la Palabra de Dios.2
Como Hermanos Maristas, nos hacemos
discípulos de la Sierva del Señor y respondemos a su invitación: Haced lo
que él os diga.3
De ella aprendemos docilidad al Espíritu
y obediencia lúcida y valerosa.
39 Obediencia del Fundador
En todo lo que
emprende, el Padre Champagnat quiere, en primer lugar, hacer la voluntad de
Dios. Y la busca en la oración, la consulta, la mediación de los Superiores 1 y en los signos de los
tiempos. En toda circunstancia, a pesar de las contradicciones y oposiciones,
obedece a los Superiores, viendo en ellos a Jesucristo en persona.
Siguiendo el
ejemplo del Fundador, hacemos del espíritu de fe el móvil de nuestra
obediencia.2 Esta nos hace disponibles para la tarea que nos confía
el Instituto.3
40 Obediencia y mediación
Por amor a la voluntad de Dios y deseo de
cumplirla durante toda la vida, aceptamos una serie de mediaciones.
Cada uno de nosotros debe obedecer al Papa,
incluso en virtud del voto de obediencia.1 Entre las
demás mediaciones tenemos la jerarquía de la Iglesia 2 y nuestra familia religiosa con sus Constituciones,
Capítulos y Superiores.3 Recurrimos a ellas sobre todo en las decisiones
importantes.
Superiores o no, todos somos depositarios
del carisma del Fundador. Por ello debemos ejercer la mediación de manera
recíproca, según los dones recibidos y la función de cada uno.
40.1 Escuchamos
la voz de los pastores de la Iglesia y actuamos de acuerdo con el Obispo,
conforme al derecho universal, en la organización de las obras de apostolado,
según el carisma y el derecho propio del Instituto.(c 678)
40.2 Un Hermano
no aceptará, sin permiso del Hermano Provincial, cargos u oficios fuera del
Instituto. (c 671)
40.3 Aun
ejerciendo un apostolado externo al Instituto, el Hermano depende de sus
Superiores y permanece sujeto a la disciplina del Instituto. (c 678,2; cf 89.1)
41 Obediencia en comunidad
La obediencia en comunidad pide a cada uno
que acreciente el espíritu de comunión y la fidelidad interior a las mociones
del Espíritu Santo.
El discernimiento espiritual 1 y el diálogo 2 sincero y
libre con el Superior y con los Hermanos son medios importantes para
corresponder al proyecto del Padre. En esta búsqueda, tendremos que renunciar,
no pocas veces, a nuestra manera personal de ver las cosas, para aceptar lo que
la comunidad, de acuerdo con el Superior, considera como voluntad de Dios.
42 Obediencia del Superior
El Hermano propuesto para Superior, después
de dialogar con el Superior mayor, puesta su confianza en Dios, que le confía
esa misión, la aceptar con sencillez.1
El Superior desempeñará su cargo como un
servicio.2 Ser el primero en obedecer a las Constituciones y
arrastrar con su ejemplo a los Hermanos a seguir el camino de Cristo.
Manténgase atento a la acción del Espíritu 3 por la
oración asidua y escuchando a sus Hermanos. En las entrevistas personales
discernir con cada uno de ellos lo que el Señor les va pidiendo.
43 Obediencia de la
comunidad
Las comunidades, las Provincias y el
Instituto, llamados a vivir la obediencia evangélica por el Reino, buscan
constantemente la voluntad de Dios. Puede resultar difícil conocerla, sobre todo en
períodos de cambios profundos y de renovación. Por eso la discernimos en
ambiente de oración y tomamos decisiones de acuerdo con los Superiores.1
Este
discernimiento en el Espíritu exige visión de fe, escucha de la Palabra,
fidelidad al carisma del Instituto, interpretación acertada de los signos de
los tiempos 2 y renuncia a intereses de personas o de grupos.
44 Obediencia y vida
cotidiana
La sumisión al Padre nos convierte, como a
Cristo, en servidores de nuestros Hermanos. Sea cual fuere su empleo, cada uno
participa, según sus medios, en las actividades de la comunidad, poniendo sus
cualidades al servicio de todos y de la misión apostólica.1
Vivimos el misterio de la obediencia a
través de los acontecimientos y ocupaciones ordinarias. Es un camino largo,
pero las dificultades que sobrevengan no han de desanimarnos. Por nuestra
fidelidad humilde lograremos la unificación de nuestra persona en el amor y la
madurez espiritual en la libertad de los hijos de Dios.2 La aceptación de la muerte será nuestro último acto
de obediencia filial.3
45 Función profética de la
obediencia
La práctica de la obediencia evangélica es
expresión de nuestra libertad y disponibilidad para participar en la misión de
la Iglesia. Nos hace fuertes en nuestra debilidad.1 Al obedecer, denunciamos la búsqueda y el abuso de
poder,2 y las ideologías que violan los derechos de la
persona o hacen de la autonomía individual un absoluto. Al mismo tiempo,
anunciamos el señorío de Jesucristo,3 Siervo
obediente en quien Dios realizó su designio de salvación.
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