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Capítulo 5 VIDA APOSTÓLICA
78 Jesús, el enviado del
Padre
Jesús, enviado del Padre, 1 es el origen 2 y el modelo
de todo apostolado. Por la encarnación se ha unido, en cierto modo, a cada
hombre. 3 Consagrado y guiado por el Espíritu Santo, anuncia
la buena nueva del Reino. 4 Se hace servidor de sus hermanos hasta la entrega
total de su vida. 5 Muere para congregar en la unidad a la familia de
Dios. 6 Resucitado, consagra toda la creación y la conduce a
su plenitud. 7
79 La Iglesia, enviada por
Cristo
A su vez, Jesús, imagen del Padre, 1 envía a la Iglesia 2 - en
la que se queda presente por su Espíritu - para que continúe su obra: revelar a
los hombres el rostro del Dios-Amor y el sentido de la vida humana.
Por el bautismo y la confirmación todos
somos llamados a seguir a Cristo y a continuar su misión. 3
80 El Instituto, enviado
por la Iglesia
Suscitado por el Espíritu Santo, nuestro Instituto
es enviado por la Iglesia. 1 En pos del Padre
Champagnat, evangeliza, sobre todo, educando a los jóvenes, en especial a los
más desatendidos.
Cada una de nuestras comunidades, enviada
por el Instituto, ejerce su apostolado en comunión con los pastores de la
Iglesia local 2 y en colaboración con los demás religiosos y
seglares dedicados a la misma tarea. 3
En situaciones de persecución religiosa o de
crisis social, permanecemos, a ser posible, en el país, por fidelidad a nuestra
misión.
80.1 Para fundar
una obra apostólica o para retirar de ella a los Hermanos, los Superiores obran
de común acuerdo con el Ordinario del lugar, como señala el derecho canónico.
Con ocasión de su visita a las comunidades, el Hermano Provincial se pone en
contacto con los responsables de la Iglesia local. (c 609,1; 616,1; cf 137.3.1;
150.2.12)
81 Marcelino Champagnat,
nuestro modelo
El Padre Champagnat encarna un celo evangélico
que acierta a dar respuestas adecuadas a problemas concretos. 1
Se siente llamado a formar religiosos para
educar cristianamente a los niños del campo, de quienes nadie se ocupa. 2 Según él, la misión del Hermano consiste en ayudar a
los niños y jóvenes a llegar a ser, ante todo, buenos cristianos y buenos
ciudadanos. 3 Hombre de fe, estima la oración como el mejor medio
para hacer dócil el corazón de los alumnos. Para Marcelino Champagnat el
ejemplo y la presencia prolongada 4 son
elementos importantes de la pedagogía marista, que él resume así: Para
educar bien a los niños hay que amarlos. 5
Hermanos Maristas, animados de un celo
semejante al suyo, continuamos el carisma del Fundador respondiendo a las expectativas
y necesidades de los jóvenes de hoy.
82 En una comunidad de
apóstoles
Nuestro apostolado es comunitario. Comienza
con el testimonio 1 de nuestra consagración, vivida fraternalmente. Toda
la comunidad se muestra solidaria, sosteniendo y estimulando a cada miembro en
su trabajo apostólico.
Cuanto más unida 2 y acogedora sea la comunidad y más animada por el
espíritu de oración y celo, tanto más eficaz 3 será
nuestro trabajo. Cuando nuestra vida irradia esperanza y gozo cristianos, 4 suscitamos en los jóvenes el deseo de comprometerse
a seguir a Cristo.
83 Atentos a los jóvenes y
disponibles al Espíritu
Vamos al encuentro de los jóvenes allí donde
están. 1 Somos audaces para penetrar en ambientes quizá
inexplorados, donde la espera de Cristo se manifiesta en la pobreza material y
espiritual. En los contactos con los jóvenes, les damos muestras de una
atención impregnada de humildad, sencillez y desinterés.
Les presentamos a Cristo, Verdad liberadora,
que llama a cada uno por su nombre. 2 Los
ayudamos a descubrir su propia vocación en la Iglesia y en el mundo.
Permanecemos siempre abiertos al Espíritu Santo, que nos interpela a través de
la realidad de sus vidas y que nos impulsa a acciones valientes.
84 María y nuestro
apostolado
María, educadora de Jesús en Nazaret, 1 inspira nuestra actitud con los jóvenes. Toda acción
apostólica es una participación de su maternidad espiritual.
La contemplamos desconocida y oculta en el
mundo y fieles su misión de dar a Dios a los hombres. Con sencillez, entusiasmo
y caridad, lleva a Cristo al Precursor y lo revela a los pastores y a los
magos. Espera con paciencia la hora de Dios, dispuesta, sin embargo, a
intervenir para obtener el primer signo que suscite la fe de los discípulos. Se
eclipsa después para abrir espacio a Jesús; pero vuelve a aparecer junto a él,
en el sufrimiento y la humillación de la Cruz, antes de asumir el papel de
Madre en el seno de la Iglesia. 2
Orientamos el corazón de los jóvenes a
María, 3 discípula perfecta de Cristo, y la hacemos conocer y
amar, como camino que lleva a Jesús. Confiamos nuestros educandos 4 a esta buena Madre 5 y los
invitamos a dirigirse a menudo a ella y a imitar la.
84.1 Por
fidelidad a la tradición marista, impartimos a los jóvenes la catequesis
mariana. (V 350; RC VI/11)
85 Nuestra actividad
apostólica
Nuestro Instituto, abierto a todo apostolado
acorde con el carisma fundacional, hace del anuncio directo de la Palabra un
elemento esencial de su misión. 1
Comprometidos en instituciones escolares o
en otras estructuras de educación, 2 nos
desvivimos por el Reino, en servicio de la persona humana.
Los Hermanos encargados de trabajos manuales
o empleos administrativos cooperan, por el desempeño de su cometido, en el
apostolado del Instituto.
La adaptación de nuestras respuestas a las
necesidades de la Iglesia y de la sociedad exige discernimiento y evaluación
periódicos.
85.1 El Capítulo
Provincial discierne qué necesidades de la Iglesia local puede satisfacer la
Provincia. Incumbe al Hermano Provincial con su Consejo tomar las decisiones
oportunas. (c 677, 1; cf 151.2)
85.2 Cada uno debe
preocuparse de adquirir los conocimientos teóricos y la práctica necesaria para
desempeñar la tarea que el Instituto le confía.
86 Al servicio de la
evangelización
Nuestro servicio de evangelización tiende a
formar auténticos discípulos de Jesucristo. Lo ejercemos sobre todo por el
testimonio de vida y por los contactos en que traslucimos nuestra capacidad de
escucha y diálogo. 1
Damos preferencia a la catequesis. 2 Nos dedicamos con entusiasmo a este ministerio,
según nuestras aptitudes, confiados en la ayuda del Señor y la protección de
María. Ponemos particular interés en los movimientos apostólicos de jóvenes, 3 que constituyen un complemento de la catequesis.
Teniendo en cuenta la estrecha vinculación
entre evangelización y promoción humana, 4 ayudamos a
quienes padecen necesidad y cooperamos con los que trabajan por la justicia y
la paz.
86.1 Ofrecemos a
nuestros jóvenes educandos una cultura religiosa estructurada y coherente. Los
iniciamos en la vida sacramental y los ayudamos a insertarse en una comunidad
eclesial.
86.2 En la
catequesis tenemos en cuenta que los interrogantes y aspiraciones de los que
nos escuchan, su lenguaje y los símbolos de su cultura, son caminos abiertos al
mensaje evangélico.
86.3 Los Hermanos
que trabajan en los medios de comunicación social aprovechan gustosos las
ocasiones que se les ofrecen para anunciar la buena nueva de Jesucristo. En el
desempeño de su cometido se atienen a lo prescrito por el derecho universal. (c
831)
86.4 Para
responder a las necesidades de la Iglesia local el Instituto colabora, según
sus posibilidades, en la formación de catequistas y profesores cristianos.
87 La escuela marista,
escuela católica
La escuela marista ofrece a las familias un
proyecto educativo que armoniza fe, cultura y vida, según el pensamiento de
Marcelino Champagnat. Este proyecto subraya los valores de abnegación y
apertura a los demás; presenta la cultura como un medio de comunión entre los
hombres, y el saber, como un compromiso de servicio. 1
En nuestra escuela, medio privilegiado de
educación cristiana, 2
damos prioridad a una pastoral adaptada
a las expectativas de los jóvenes. Estando disponibles para todos, dedicamos
atención especial a los alumnos con problemas.
La escuela marista, al estar abierta a
cuantas familias aceptan el proyecto educativo, promueve el diálogo entre
personas de culturas y credos diferentes. 3
87.1 Cada año
establecemos el programa pastoral en nuestras escuelas, de acuerdo con la
comunidad eclesial. Este programa abarca, de modo particular, lo concerniente a
los movimientos apostólicos y a la educación de la fe: catequesis, oración,
sacramentos.
87.2 Damos a
conocer la doctrina social de la Iglesia y nos esmeramos por despertar las
conciencias a los problemas que afectan a la sociedad. Comprometemos a nuestros
alumnos en actividades caritativas que los pongan en contacto con situaciones
de pobreza. (PJ 2.1)
87.3 Educamos a
nuestros alumnos en lo referente a los medios de comunicación social,
particularmente despertándoles el sentido crítico hacia los mismos.
87.4 Prolongamos
nuestra presencia entre los jóvenes mediante actividades paraescolares.
88 La escuela marista,
comunidad educativa
Compartimos nuestra espiritualidad y nuestra
pedagogía con los padres 1 de los alumnos, los profesores seglares 2 y los demás miembros de la comunidad educativa. El
personal no docente presta, con sus servicios, estrecha colaboración en nuestra
tarea apostólica.
Con los alumnos nos comportamos como
hermanos y como educadores. Ayudamos a los jóvenes a convertirse en artífices
de su propia formación, creando en la escuela una atmósfera de cordialidad y
participación. (2)
Mantenemos relación con los antiguos alumnos
(2) por el afecto y la oración. Aceptamos gustosos su
cooperación en la marcha de la escuela. Los animamos a comprometerse en el
servicio a la Iglesia y al mundo y, si se presenta ocasión, les ofrecemos
nuestro consejo.
88.1 Favorecemos las
asociaciones de padres de familia y solicitamos su participación en las
diversas actividades apostólicas. (GE 6/3)
88.2 Suscitamos y
fomentamos el compromiso cristiano de nuestros colaboradores seglares: en
catequesis, movimientos apostólicos, grupos de oración y pastoral de las
vocaciones.
88.3 Al personal
que trabaja en nuestros centros hemos de pagarle el salario justo y facilitarle
su promoción humana. A tal efecto, el Hermano Provincial con su Consejo,
establece un plan, teniendo en cuenta las diversas situaciones personales. (c
1286, 2; cf 150.2.6; 156.1)
88.4 Permitimos
que nuestras escuelas sean lugares de acogida para encuentros culturales y
reuniones de amistad e intercambio.
88.5 El Capítulo
Provincial promueve iniciativas pastorales y pedagógicas, especialmente las
relacionadas con los medios de comunicación social, puestos al servicio de la
educación. (cf 151.2)
89 Presencia en un medio
escolar pluralista
Cuando el Hermano, solo o con otras personas
consagradas, colabora con un equipo educativo de seglares, participa en la
educación integral del hombre en la escuela. Respeta siempre las convicciones y
actividades de los demás educadores. Hace todo cuanto esté de su parte para que
aflore un diálogo, a través del cual Dios pueda hacerse oír.
Testigos del evangelio en el medio escolar,
cualquiera que sea nuestro cometido, al ponernos al servicio de la cultura
iluminada por la fe, contribuimos a la construcción de la sociedad y del Reino
de Dios. 1
89.1 El Hermano
que trabaja en una obra no dirigida por el Instituto se ha de manifestar, por
la calidad de su vida y servicio, como testigo de Jesucristo. Su compromiso
profesional debe armonizarse siempre con su condición de religioso marista. (cf
40.3)
90 Compromiso misionero
del Instituto
Dios quiere que todos los hombres se salven
por medio de la Iglesia, sacramento universal de salvación. 1 Como ella, nuestro Instituto es misionero. Hemos de
tener alma misionera, a ejemplo del Padre Champagnat, 2 que afirmaba: Todas las diócesis del mundo entran
en nuestros planes. 3
Los países no evangelizados y las Iglesias
jóvenes gozan de la preferencia del Instituto. Previo entendimiento con la
Iglesia local, nos establecemos donde las necesidades de la población reclamen
un servicio acorde con nuestro carisma. 4
En los países descristianizados, revelamos a
los jóvenes y a los adultos el verdadero rostro de Cristo y de su Iglesia.
91 Misioneros maristas
Los Hermanos misioneros, enviados por el
Señor para anunciar la buena nueva, deben prepararse cuidadosamente para esta
tarea.
Acogen los valores evangélicos presentes en
las diversas culturas. 1 Con su acción y testimonio 2 contribuyen a purificar lo que no esté de acuerdo
con el evangelio. Por su manera de trabajar en la promoción de aquellos
valores, afirman la calidad de las diversas culturas y alimentan, al mismo
tiempo, su propia espiritualidad misionera marista. Adoptan el estilo de vida
que facilita su integración en los países a donde han sido enviados. 3 Como María, saben eclipsarse cuando su presencia ya
no es necesaria.
Ayudan a los Hermanos nativos a prepararse y
los estimulan a asumir progresivamente la responsabilidad plena de su Provincia
o Distrito. La vida marista se arraiga de forma completa en cada cultura
mediante dichos Hermanos.
91.1 Cada
Provincia ha de fomentar el espíritu misionero entre sus miembros; ofrece
algunos Hermanos para los sectores misioneros del Instituto, cuando carece de
uno propio. Las exigencias de la vida misionera reclaman una cuidadosa
selección de los que han de ser enviados.
91.2 Trabajen los
Hermanos por despertar el espíritu misionero entre los jóvenes. A todo
aspirante a la vida marista se le ha de comunicar la posibilidad que tiene de
llegar a ser misionero, si así lo desea.
91.3 Los
Superiores mayores favorecen la creación y el desarrollo de centros maristas
regionales, destinados a la formación de los Hermanos de las Iglesias jóvenes.
91.4 Los Hermanos
misioneros han de disponer de tiempo y medios para estudiar la lengua local,
durante los primeros años de permanencia en la misión.
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