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Capítulo 11 VITALIDAD DEL INSTITUTO
163 Por los caminos de la
fidelidad de Dios
En nuestras vidas y a lo largo de nuestra
historia, experimentamos el amor y la fidelidad de Dios 1 y
la protección maternal de María. 2
De esta experiencia dimana la vitalidad del
Instituto; vitalidad que se manifiesta por nuestra fidelidad personal, por la
fecundidad apostólica y la riqueza de vocaciones.
164 Actualidad del carisma
marista
Nuestro Instituto, don del Espíritu Santo a
la Iglesia, es para el mundo una gracia siempre actual. 1
Nuestras comunidades, sencillas y
fraternales, constituyen una llamada a vivir según el espíritu de las
bienaventuranzas. 2 El testimonio de nuestras vidas
entregadas y nuestro compromiso apostólico alientan a cuantos nos rodean, muy
particularmente a los jóvenes, a construir una sociedad más justa, 3
y revelan a todos el sentido de la existencia humana. 4
164.1 Para ampliar
el conocimiento de nuestros orígenes y de nuestra espiritualidad, el Hermano
Superior General con su Consejo promueve y coordina las investigaciones acerca
de la vida, obra y época del Fundador, y sobre la historia del Instituto. (PC
2/1; cf 137.8)
164.2 En
cualquier país o cultura en que nos hallemos, alimentamos nuestro conocimiento
sobre el Fundador, los primeros Hermanos y la historia del Instituto, para
mantener, profundizar y desarrollar el patrimonio espiritual marista. Los Hermanos
Provinciales y los Superiores de Distrito tienen responsabilidad particular a
este respecto. (c 578)
164.3 Leemos en
comunidad o en privado las publicaciones y documentos del Instituto,
especialmente las circulares de los Superiores. Esta lectura nos permite
conocer mejor nuestra familia religiosa y amarla más.
164.4 La Familia
Marista, prolongación de nuestro Instituto, es un movimiento formado por
personas que se sienten atraídas por la espiritualidad de Marcelino Champagnat.
Los miembros de este movimiento - afiliados, jóvenes, padres, colaboradores,
antiguos alumnos, amigos - asimilan el espíritu del Fundador para poder vivirlo
e irradiarlo. El Instituto anima y coordina, mediante estructuras apropiadas,
las actividades del movimiento. (c 303; 677,2)
165 Todos comprometidos y
responsables
La actualidad del carisma de Marcelino
Champagnat nos urge, personal y comunitariamente, a encarnarlo en cualesquiera
situaciones y culturas. Todos somos responsables de esta tarea. Unidos a nuestros
Superiores, trabajamos por construir comunidades que irradien la presencia de
Jesús.
En una familia religiosa, expresión del amor
de Cristo por su Iglesia, los miembros sanos se preocupan de los más débiles. 1
Por eso, la vitalidad de cada Provincia y de cada Distrito es una
preocupación constante de todo el Instituto
165.1 El informe
escrito sobre los candidatos a la profesión es un medio de ejercer nuestra
responsabilidad. Cumplimos este deber con espíritu de fe y caridad, teniendo en
cuenta el bien del Instituto. (cf 96.9; 113.5)
166 Cambiar el corazón
Conscientes de la distancia manifiesta entre
las llamadas de Dios y nuestras respuestas, experimentamos la necesidad de una
conversión, que ha de recomenzarse siempre. 1
Pedimos al Espíritu Santo que rompa las
trabas que nos impiden acogerlo plenamente, y cooperamos a su acción
liberadora. 2 De este modo, Cristo se convierte, poco a
poco, en el Señor de nuestras vidas y nos hace dar frutos que perduran. 3
167 Hacerse pobres
La experiencia enseña que la vitalidad de
una familia religiosa guarda estrecha relación con su vivencia de la pobreza
evangélica.
Frente a la propensión natural a la
comodidad y a la riqueza, velamos por mantener la sencillez en nuestro estilo
de vida personal y comunitaria y en nuestras obras. 1
Manifestamos preferencia por los pobres y compartimos con ellos nuestra vida y
nuestro trabajo.
De esta manera, nos atenemos a la
recomendación del Fundador: Manteneos en un espíritu recio de pobreza y
desprendimiento. 2
168 Discernir las llamadas
La fidelidad a nuestra misión exige atención
continua a los signos de los tiempos, a las llamadas de la Iglesia y a las
necesidades de la juventud. 1 esta atención nos permite
adaptar las estructuras y nos impulsa a tomar decisiones valientes, a veces
inéditas.
Tomamos las opciones apostólicas 2
en discernimiento comunitario y con la mediación de los Superiores.
169 Vivir las
Constituciones
Para nosotros, Hermanos Maristas, las
Constituciones son la aplicación del evangelio a nuestra vida y una guía segura
1 para realizar los designios de Dios sobre nosotros. Nos
obligan porque nos hemos comprometido libremente, por la profesión religiosa, a
vivirlas. 2 Las leemos con frecuencia en actitud de oración
y las ponemos en práctica, con gran libertad interior y docilidad al Espíritu.
Aprobadas por la Santa Sede, intérprete
auténtico de las mismas, sólo pueden ser modificadas con su autorización y
previa decisióndel Capítulo General, por mayoría de dos tercios. 3
Los estatutos, a excepción de los que
expresan prescripciones del derecho canónico, 4 pueden ser
modificados, si así lo vota la asamblea capitular, por mayoría absoluta.
169.1 Hacemos la
lectura completa de las Constituciones al menos una vez al año y, si es
posible, en comunidad; ésta determina el modo concreto de realizarlo.
170 El voto de estabilidad
Llegados a la edad en que percibimos mejor
la armonía entre nuestra vocación personal y nuestra pertenencia a la familia
religiosa que nos ha nutrido de su propia vida, podemos, cuando el Espíritu
Santo nos lo inspire, solicitar emitir el voto de estabilidad.
Este paso expresa nuestro deseo de responder
a la fidelidad de Dios, testimoniar nuestra gratitud a Santa María y al
Instituto. Deseamos, también, reafirmar ante los Hermanos nuestro deseo de
vivir con generosidad el ideal marista.
Por el voto de estabilidad nos comprometemos
a sellar nuestra fidelidad con un amor más delicado al Señor; a promover
comunidades fervorosas y fraternales, que favorezcan el progreso espiritual de
los Hermanos y el despertar de vocaciones; a poner todo nuestro empeño para
orientar al Instituto en la dirección del carisma del Fundador; y a perseverar,
aun en medio de las mayores dificultades personales o de nuestra familia
religiosa. 1
170.1 Podemos
emitir el voto de estabilidad después de diez años de profesión perpetua. Para
ello solicitamos autorización del Hermano Provincial, quien informa al Hermano
Superior General para que la confirme. (cf 150.1.1)
170.2 Los
Superiores animan a los Hermanos a que soliciten hacer el voto de estabilidad
y, en casos concretos, los invitan a emitirlo.
170.3 El voto de
estabilidad se emite durante la Eucaristía y en presencia de la comunidad.
Antes de la comunión, el Hermano pronuncia esta fórmula u otra similar:
"Señor
Jesús, te adoro aquí presente en la Eucaristía. Deseando sellar mi perseverancia
con un amor cada vez más delicado al Padre; promover comunidades que favorezcan
el crecimiento espiritual de mis Hermanos y el despertar de vocaciones; hacer
conocer y amar a tu Madre, María; mantener el fin y el espíritu de mi familia
religiosa, según las Constituciones, hago voto de estabilidad en el Instituto
de los Hermanos Maristas de la Enseñanza (o Hermanitos de María). Señor Jesús,
por tu Cuerpo y Sangre, que voy a recibir, te ruego aceptes el voto que acabo
de pronunciar."
171 Obreros del Reino
La vitalidad del Instituto se mide por la
calidad de nuestra respuesta a Dios.
Al actualizar el carisma de Marcelino
Champagnat, mantenemos vivo el dinamismo de nuestra vocación. Nuestra vida se
convierte para aquellos a quienes somos enviados, especialmente para los
jóvenes, en invitación a encarnar el evangelio, a la manera de María.
Nuestro Fundador puede entonces reconocer en
cada uno de sus hijos a un obrero del Reino, elegido por el Padre y animado por
el Espíritu para dar a conocer a Jesucristo y hacerlo amar. 1
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