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TESTAMENTO ESPIRITUAL DE JOSÉ BENITO
MARCELINO CHAMPAGNAT
PRESBÍTERO, SUPERIOR Y FUNDADOR
DE LA SOCIEDAD DE LOS HERMANITOS DE MARIA
Fallecido en Notre-Dame de l'Hermitage,
Saint-Chamond (Loire), el 6 de Junio de 1840.
En el nombre del
Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.
[1] En presencia
de Dios y bajo el amparo de la Santísima Virgen y de San José, resuelto a
transmitir a todos los Hermanos de María la expresión de mis postreras y más
encarecidas voluntades, reasumo todas mis energías para redactar mi testamento
espiritual, según creo más conforme a la voluntad de Dios y al bien de la
Sociedad.
[2] Suplico, ante
todo, a quienes de alguna manera haya podido ofender o escandalizar - si bien
no recuerdo haber disgustado a nadie voluntariamente - que me perdonen por la caridad
infinita de Nuestro Señor Jesucristo y que unan sus plegarias a las mías para
alcanzar de Dios que se digne olvidar los pecados de mi vida pasada y acoger mi
alma en su infinita misericordia.
[3] Muero lleno
de respeto, gratitud y sumisión al Superior General de la Sociedad de María y
animado por los sentimientos de la unión más perfecta con todos los miembros
que la componen, especialmente con los Hermanos que el Señor ha confiado a mis
desvelos y que siempre han sido tan queridos de mi corazón.
[4] Deseo que
reine siempre entre los Hermanos de María una obediencia total y perfecta; que
los súbditos, viendo en los Superiores la persona de Jesucristo, los obedezcan
de corazón y espíritu, y renuncien siempre, si fuere necesario, a la voluntad y
juicio propios. Recuerden que el religioso obediente cantará victoria y que la
obediencia es, sobre todo, el cimiento y soporte de la comunidad. Animados de
este espíritu, sométanse ciegamente los Hermanitos de María no sólo a los
Superiores mayores, sino a cuantos estén encargados de dirigirlos y guiarlos.
Penétrense bien de esta verdad de fe: el Superior representa a Jesucristo y,
cuando manda, debe ser obedecido como si mandara el mismo Cristo.
[5] Os encarezco
también, muy queridos Hermanos, con todo el cariño de mi alma y por el que
vosotros me profesáis, que os comportéis de tal modo que la caridad reine
siempre entre vosotros. Amaos unos a otros como Cristo os ha amado. No haya
entre vosotros sino un solo corazón y un mismo espíritu. ¡Ojalá se pueda afirmar
de los Hermanitos de María lo que se decía de los primeros cristianos:
"Mirad cómo se aman"... Es el deseo más vivo de mi corazón en estos
últimos instantes de mi vida. Sí, queridos Hermanos míos, escuchad las últimas
palabras de vuestro Padre, que son las de nuestro amadísimo Salvador:
"Amaos unos a otros".
[6] Deseo,
queridísimos Hermanos míos, que esta caridad, que debe uniros a todos, como
miembros de un mismo cuerpo, alcance a las demás Congregaciones. Os conjuro,
por la caridad sin límites de Jesucristo, que no envidiéis jamás a nadie, y
menos aún a quienes Dios llama al estado religioso para trabajar, como
vosotros, en la educación de la juventud. Sed los primeros en alegraros de sus
éxitos y apenaros por sus fracasos. Encomendadlos a menudo a Dios y a la divina
Madre. Dadles con gusto la preferencia. Jamás prestéis oídos a los dichos que
pudieran perjudicarlos. Que la gloria de Dios y el honor de María sean vuestro
único fin y vuestra sola ambición.
[7] Del mismo
modo que vuestra voluntad debe coincidir con la de los Padres de la Sociedad de
María en la obediencia a un Superior General único, es mi deseo que vuestros
corazones y sentimientos se fusionen siempre en Jesús y María. Haced vuestros
los intereses de los Padres; constituya un placer para vosotros acudir en su
ayuda siempre que os lo pidan. El mismo espíritu e idéntico amor os unan a
ellos, como ramas de un solo tronco, como hijos de una sola familia unidos a su
bondadosa madre, para nosotros la divina María. Puesto que el Superior General
de los Padres lo es también de la rama de los Hermanos, ha de ser el centro de
unión de unos y otros. Como sólo he tenido motivos de felicitarme por la
sumisión y obediencia que siempre me han mostrado los Hermanos de María, deseo
y espero que el Superior General encuentre siempre la misma obediencia y
sumisión. Su espíritu es el mío; su voluntad, la mía. Considero que esta
perfecta armonía y esta sumisión total constituyen la base y soporte de la
Sociedad de los Hermanos de María.
[8] Pido también
al Señor y deseo con toda mi alma, que perseveréis fielmente en el santo
ejercicio de la presencia de Dios, alma de la oración, de la meditación y de
todas las virtudes. Constituyan siempre la humildad y sencillez el carácter
distintivo de los Hermanitos de María. Una tierna y filial devoción a nuestra
buena Madre os anime en todo tiempo y circunstancia. Hacedla amar por doquiera
cuanto os sea posible. Es la primera Superiora de toda la Sociedad. A la
devoción a María juntad la del glorioso San José, su dignísimo esposo; ya
sabéis que es uno de nuestros primeros patronos. Desempeñáis el oficio de
ángeles custodios de los niños que os están confiados: tributad también a estos
espíritus puros culto particular de amor, respeto y confianza.
[9] Hermanos míos
muy queridos: sed fieles a vuestra vocación; amadla y perseverad en ella con
entereza. Manteneos en un espíritu recio de pobreza y desprendimiento. La
observancia diaria de vuestras santas Reglas os libre de faltar jamás al voto
sagrado que os une a la más bella y delicada de las virtudes. Cuesta vivir como
buen religioso, pero la gracia lo suaviza todo. Jesús y María os ayudarán.
Además esta vida es muy breve y la otra no tendrá fin. ¡Qué consolador resulta,
cuando se va a comparecer delante de Dios, recordar que se ha vivido bajo el
amparo de María y en su Sociedad!. Dígnese esta buena Madre conservaros,
multiplicaros y santificaros. Que la gracia de Nuestro Señor Jesucristo, el
amor de Dios y la comunión del Espíritu Santo estén siempre con vosotros. Os
dejo a todos, confiadamente, en los Sagrados Corazones de Jesús y de María,
hasta que tengamos la dicha de vernos juntos en la eterna bienaventuranza.
[10] Esta es mi
última y expresa voluntad, para gloria de Jesús y de María.
[11] El presente
testamento espiritual será entregado al Padre Colin, Superior General de la
Sociedad de María.
[12] En
Notre-Dame de l'Hermitage, a dieciocho de mayo de mil ochocientos cuarenta, en
presencia de los testigos infrascritos.
El Superior y
Fundador de los Hermanitos de María,
José Benito
Marcelino Champagnat, presbítero.
H.
Francisco
H. Luis María
H. Juan María
H. Luis
H. Estanislao
H. Buenaventura
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