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Hermanos Maristas
Constituciones y Estatutos (FMS)

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  • Capítulo 2 CONSAGRACIÓN
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Capítulo 2 CONSAGRACIÓN

11 Consagración y alianza

Dios elige a algunos hombres y los llama individualmente para llevarlos al desierto y hablarles al corazón. 1 A quienes lo escuchan, los separa y, mediante su Espíritu, los convierte constantemente y acrecienta en ellos el amor para encomendarles una misión. 2

Nace así una alianza de amor en la que Dios se entrega al hombre y el hombre a Dios; alianza que la Escritura compara con los esponsales. 3

El dinamismo interno de la consagración se sitúa en el centro de esta alianza.

 

12 Consagrados en Cristo

Dios consagró a Jesús de Nazaret por la unción del Espíritu 1 y lo envió para dar vida al mundo. 2 Por su misterio pascual consagra toda la humanidad al Padre y establece así la Nueva Alianza.

El bautismo nos compromete en esta alianza: asociados a la muerte de Cristo, participamos de su resurrección; 3 caminamos a su lado y trabajamos con él en la construcción del Reino de Dios.

La imitación de Cristo 4 es la ley suprema de la consagración bautismal y la condición de nuestro desarrollo pleno en el amor trinitario. La participación en el misterio de Cristo nos lleva a la perfección de nuestro ser y convierte la existencia humana en un culto de amor a Dios.

13 Llamamiento divino, respuesta de amor

La llamada a vivir los consejos evangélicos en una familia religiosa proviene del Padre 1 y pasa por el amor personal de Cristo: Jesús, fijando en él su mirada, lo amó. 2 Esta mirada de elección sobre cada uno de nosotros es una invitación a vivir la gracia bautismal con mayor radicalidad. 3

Sorprendidos y rebosantes de agradecimiento, aceptamos libremente en la fe la llamada del Señor: Ven y sígueme. (2) Nos dejamos guiar por el Espíritu Santo en el seguimiento de Cristo casto, pobre y obediente. Acompañados por los superiores y con su discernimiento, vamos afinando progresivamente nuestra respuesta de amor. Por la profesión asociamos al sacrificio eucarístico del Hijo 4 la oblación sin reservas de nosotros mismos. 5

 

14 Vocación en la Iglesia

La consagración religiosa nos hace partícipes, por título nuevo, de la vida, santidad y misión de la Iglesia, esposa de Cristo. 1

La consagración en una comunidad fraterna y apostólica aviva en nosotros la gracia de la confirmación. La fidelidad, aquilatada de continuo según el espíritu de las bienaventuranzas, nos hace crecer en el amor.

15 Profesión en el Instituto

Respondemos a Dios, que nos consagra por el ministerio de la Iglesia, con la profesión de los consejos evangélicos de castidad, pobreza y obediencia. 1 La profesión religiosa se expresa mediante votos públicos, emitidos ante la Iglesia y recibidos por el Superior. 2 Dicha profesión nos compromete a vivir según el derecho universal y el derecho propio del Instituto. 3

Por su parte, éste nos acoge como miembros suyos y nos asegura lo necesario para alcanzar el fin de nuestra vocación.

15.1 Renovamos en comunidad nuestra profesión religiosa una vez al año, en el retiro, el día de la Asunción o en otra fiesta mariana.

15.2 La Provincia proporciona a los Hermanos lo que necesitan. Provee a su formación humana, espiritual y profesional, tanto inicial como permanente, atiende a sus necesidades en lo tocante a salud y les facilita los seguros pertinentes. (c 670; cf 161.8)

16 Anuncio del mundo futuro

Al renunciar por medio de los votos a ciertos valores terrenos, afirmamos vigorosamente la realidad de los bienes futuros, presentes ya en el tiempo. 1 Damos así testimonio del poder de la gracia, que nos lleva al desprendimiento de dichos valores, y denunciamos lo que en las relaciones humanas se opone a los designios de Dios.

Viviendo en medio del mundo sin ser del mundo, 2 nuestras comunidades invitan a compartir, al amor gratuito y universal, y a la vida nueva en Cristo.

17 Misión apostólica

Como hombres consagrados somos enviados a los demás, especialmente a los jóvenes, para revelarles a Jesucristo. La acción apostólica forma parte de la naturaleza misma de nuestra familia religiosa. 1

Fieles al Padre Champagnat, nos dedicamos con entusiasmo, como los primeros Hermanos, a la tarea que la obediencia nos confía, de acuerdo con la finalidad del Instituto y en comunión con la Iglesia. Procuramos que nuestra acción apostólica emane siempre de la unión íntima con Dios, la fortifique y la favorezca.

18 Con María y nuestro Fundador

María, elegida por Dios para pertenecerle plenamente, es el modelo de nuestra consagración. En la Anunciación acoge con fe la palabra del Señor; se abandona con gozo y amor a la acción del Espíritu Santo por la entrega total de sí misma.

Su corazón de mujer y de madre conoció las satisfacciones y dificultades de la vida. Vivió junto a Jesús, con una total confianza en el Padre, hasta la Cruz. En la gloria de Cristo resucitado, es ella, de modo especial, la madre de los que se consagran a Dios. 1

Dedicados por completo a María y seguros de que intercede por nuestra perseverancia en la fidelidad, le agradecemos vivamente el don de nuestra vocación.

Nuestro Fundador, que tanto aprendió de María, continúa siendo para nosotros un modelo de entrega sin reservas a Dios y a los demás. Su vida nos recuerda el ideal que proponía a sus primeros discípulos: Hacerse Hermano es comprometerse a hacerse santo. 2




1 LG 44


2 Ex 3/10


3 Os 2/21; Jr 2/2


1 Os 2/16


2 Jn 3/16                                                                  


3 Rm 6/3-5


4 Jn 13/15


1 Lc 4/18                                                                    


2 Mc 10/21                                                               


3 PC 5/1


4 LG 45/3


5 Rm 12/1


1 Jn 15/16                                                                 


1 LG 44/1, 2 y 4


2 c 1192,1


3 cf 169 y Apéndice, nota 1


1 c 654


2 Jn 17/15-16


1 LG 44/3


1 PC 8/2


2 V 466





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