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Hermanos Maristas
Constituciones y Estatutos (FMS)

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  • Capítulo 2 CONSAGRACIÓN
    • EL CONSEJO EVANGÉLICO DE POBREZA
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EL CONSEJO EVANGÉLICO DE POBREZA

28 Tras las huellas de Cristo pobre

En su amor por nosotros, Cristo, que siendo rico se hizo pobre, 1 nos apremia a participar en su pobreza. Nace en la indigencia, 2 vive del trabajo de sus manos, anuncia a los pobres la Buena Nueva 3 y los proclama bienaventurados. Consciente de haberlo recibido todo del Padre, se abandona libremente en sus manos y se despoja de sí mismo hasta morir en la Cruz.

Por amor, caminamos tras las huellas de Jesús para aprender de él cómo vivir plenamente nuestro voto de pobreza en el desprendimiento.

 

29 El voto de pobreza

El consejo evangélico de pobreza implica una vida pobre de hecho y de espíritu. 1 Renunciamos a usar y disponer, sin autorización, de dinero o de cualquier otro bien material de algún valor. 2

Conservamos, sin embargo, la propiedad de nuestros bienes, la capacidad de adquirir otros y la de añadir al patrimonio lo que éste pueda producir; pero cedemos a otros la administración. También podemos renunciar a dicho patrimonio con permiso de los Superiores. 3

29.1 En el uso del dinero, el Hermano actúa bajo la dependencia del Superior inmediato, a quien da cuenta regularmente de las cantidades puestas a su disposición.

29.2 Para disponer de un regalo, en dinero o en especie, el Hermano necesita autorización del Superior.

29.3 Antes de la profesión, el novicio cederá la administración de sus bienes a quien desee y dispondrá libremente del uso y usufructo de los mismos. (c 668,1)

29.4 Antes de la profesión perpetua, el Hermano hará testamento, que sea válido según el derecho civil. (c 668,1)

29.5 Para modificar estos actos, se necesita permiso del Hermano Provincial o, en caso de urgencia, del Superior local. (c 668,2)

29.6 Todo lo que el Hermano adquiere por su trabajo o por pertenecer al Instituto, y lo que recibe en concepto de pensiones, subvenciones, seguros, salarios o prestaciones sociales, revierte al Instituto. (c 668,3)

29.7 Lo que un Hermano percibe por derechos de autor pertenece al Instituto. Las Normas de la Provincia, en conformidad con la legislación del país, reglamentarán lo concerniente a estos derechos.

29.8 Al cabo de diez años de profesión perpetua, el Hermano puede renunciar a su patrimonio. Para ello, dirige la petición al Hermano Provincial que, con su parecer y el de su Consejo, la transmite al Hermano Superior General, a quien corresponde tomar la decisión. (c 668,4; cf 150.1.4)

29.9 Sin permiso del Hermano Provincial, los Hermanos no pueden aceptar la administración de bienes pertenecientes a otras personas físicas o jurídicas. Tampoco pueden salir fiadores, aunque sea con sus propios bienes. (c 285,4; 672)

29.10 El Hermano rehúsa las ofertas que le hacen a título personal, como viajes, permanencias fuera de la comunidad y objetos de valor; pues, aunque no supongan gasto para la comunidad, pueden herir la pobreza y la vida común.

29.11 El Capítulo Provincial establecerá normas relativas al uso del dinero que, por diferentes necesidades (estudios, viajes, vacaciones) se entrega a los Hermanos. También fijar las normas relativas a los objetos de uso personal. (cf 151.1.3)

Podrá determinar igualmente otras normas que juzgue necesarias o útiles para la práctica de la pobreza, teniendo en cuenta las situaciones locales. En tal caso, el Hermano Provincial con su Consejo consultará al Hermano Superior General. (cf 150.2.10)

30 Tras las huellas de María

El Magnificat 1 nos revela el corazón de María, que, con los pobres de Israel, pone su confianza en la fidelidad del Señor.2 Con José, el carpintero, convive con la gente humilde de Nazaret.3 De la Anunciación al Calvario, María da su consentimiento activo a todas las formas de desprendimiento que Dios le pide.4

Con ella y como ella, dejamos que se vayan rompiendo poco a poco nuestras ataduras terrenas, dóciles a la voluntad purificadora del Señor, que modela en nosotros un corazón de pobre.

31 Dependencia y abandono

La pobreza espiritual nos mantiene en total dependencia del Padre. Se manifiesta en el recurso al Superior, en el reconocimiento de nuestras limitaciones y en la aceptación de la ayuda de los demás.

Esa pobreza nos impulsa incesantemente a la oración, que reaviva el ánimo y la confianza, y nos hace descansar en la paz del pobre que se abandona a la Providencia divina.1

32 Trabajo, vida sencilla y comunicación de bienes

Vivimos concretamente la pobreza personal y comunitaria llevando una vida laboriosa y sobria y evitando lo superfluo.1

Nuestra pobreza se manifiesta también en la sencillez, que ha de caracterizar nuestra manera de ser, nuestro estilo de vida y nuestra acción apostólica.

La pobreza nos exige que hagamos fructificar los talentos y compartamos 2 lo que somos y tenemos, especialmente nuestro tiempo personal.

32.1 La comunidad evalúa periódicamente el uso que hace de sus bienes y examina su estilo de vida y alojamiento para ver en qué medida testimonia la pobreza religiosa. (PJ 3.1.1)

32.2 Fieles a la tradición marista y por espíritu de pobreza y solidaridad con los pobres, realizamos los pequeños trabajos manuales que suelen presentarse en nuestras casas.

32.3 Tanto en las compras como en las construcciones, ponemos particular empeño en mantener la sencillez.

33 A ejemplo del Fundador

El Padre Champagnat manifiesta su corazón de pobre ante todo por su confianza en la Providencia.1 La fundación del Instituto es prueba siempre actual de que la fe permite todas las audacias.

Nuestro Fundador, que tanto amó a los pobres, ha querido enviarnos preferentemente a ellos,2 aunque sin excluir a nadie. La vida austera de sus primeros discípulos les permitía sentirse como uno más entre aquéllos a quienes se dedicaban.

La Valla 3 es para cada uno de nosotros una invitación a vivir en la sencillez y desprendimiento, tanto a nivel personal como de comunidad y provincia.4

33.1 A ejemplo del Padre Champagnat, aceptamos sin quejarnos las situaciones de pobreza, que nos ofrecen ocasión de poner nuestra confianza en Dios. Evitamos confiar demasiado en los medios humanos.

34 Amor preferencial a los pobres

Por fidelidad a Cristo y al Fundador, amamos a los pobres: 1 son bendecidos del Señor, atraen sobre nosotros sus bondades y nos evangelizan.

Guiados por la Iglesia 2 y según nuestra vocación propia, nos hacemos solidarios de los pobres y de sus causas justas. Les damos preferencia allí donde nos encontremos, cualquiera que sea nuestro empleo. Apreciamos los lugares y casas que nos permiten compartir su condición y aprovechamos las ocasiones que nos ponen en contacto con la realidad de su vida cotidiana.

La preocupación por los pobres nos impulsa a descubrir las causas de su miseria y a liberarnos de todo prejuicio o indiferencia respecto de ellos. Por lo mismo, nos sentimos más responsables de los bienes que están a nuestro uso y que debemos compartir con los más necesitados. Evitamos ofenderlos con un nivel de vida más holgado de lo necesario.3

Nuestra misión de educadores de la juventud nos compromete a trabajar por la promoción de la justicia.

34.1 Al comienzo de su mandato, el Hermano Provincial establece un plan para continuar y aumentar, de ser posible, lo que la Provincia hace en favor de los necesitados. Comunica dicho plan al Hermano Superior General. Asimismo, evalúa la aplicación de las normas provinciales relativas a la práctica de la pobreza. (cf 150.2.6)

34.2 Al elaborar el presupuesto anual, la comunidad prevé la cantidad destinada a los pobres, de acuerdo con las directrices del Hermano Provincial.

Busca asimismo la manera de incrementar dicha cantidad, privándose de cosas útiles o incluso necesarias. (cf 58.1; 162.3)

35 Testigos de una Iglesia pobre y servidora

Siguiendo los pasos del Salvador, caminamos por la vía del despojo interior. El desprendimiento de los bienes terrenos nos libera de las preocupaciones excesivas.1 Para que nuestro testimonio sea creíble,2 renunciamos a los privilegios que merman nuestra libertad evangélica.

Por este camino de pobreza, nos hacemos cada vez más compasivos con los hombres y más abiertos a las maravillas de Dios. Nuestra vida sencilla (2) y entregada revela el rostro de la Iglesia pobre y servidora, y es testimonio del gozo prometido a los que tienen corazón de pobre.3




1 LG 42/3


2 Lc 2/7


3 Lc 4/18


1 2 Co 8/9


2 c 600


3 c 668,4


1 PC 13/2


2 LG 55


3 Lc 2/24


4 Lc 2/48-50


1 Lc 1/46-55


1 Mt 6/25-34


2 Is 58/7; Hch 4/32; GS 69/1


1 PC 13/3 y 6


2 V 377


3 V 78


4 V 234


1 V 303


2 ET 17 y 18


3 PJ 2.6


1 V 519


2 ET 22


3 Mt 5/3





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