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Hermanos Maristas
Constituciones y Estatutos (FMS)

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  • Capítulo 3 COMUNIDAD MARISTA
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Capítulo 3 COMUNIDAD MARISTA

47 La Trinidad, fuente de vida comunitaria.

El amor trinitario es el manantial de toda vida comunitaria. El Padre quiere que todos los hombres formen una sola familia y que se amen como hermanos. 1 Jesús estableció una comunidad apostólica. Además rogó para que fuéramos uno, como él y su Padre. 2

Respondemos a la llamada de Cristo por la voluntad de vivir unidos en una comunidad de consagrados. Nuestra unidad atestigua así que Dios es amor y que este amor, infundido en nuestros corazones por el Espíritu Santo, 3 es más fuerte que nuestras limitaciones humanas.

 

48 La comunidad en torno a María

A imitación de la comunidad de los Apóstoles, reunidos en el Espíritu Santo el día de Pentecostés, reconocemos entre nosotros la presencia de María, 1 Madre de la Iglesia. Ella nos ayuda a vivir fraternalmente, haciéndonos comprender mejor que formamos el Cuerpo de Cristo. 2

Como María en la Visitación 3 y en Caná, 4 estamos atentos alas necesidades de nuestra comunidad y del mundo. Como ella en Nazaret, llevamos una vida sencilla y laboriosa.

49 Comunidad al estilo de nuestros orígenes

El Padre Champagnat hizo de la comunidad de los primeros discípulos una verdadera familia. 1 Compartió en todo la vida de los Hermanos en La Valla 2 y en el Hermitage, y se desvivió totalmente por ellos. Sabéis, les decía, que sólo respiro por vosotros; que no existe ningún bien que no pida a Dios cada día para vosotros y no esté dispuesto a conseguíroslo a costa de los mayores sacrificios. 3

En reciprocidad, los Hermanos lo amaban como a padre. 4 A su lado y en torno a la buena Madre, profundizaban el sentido de la fraternidad, de la abnegación y de la entrega a los demás.

Fieles a esta herencia, transmitida por generaciones de Hermanos, respondemos al deseo del Fundador impregnando de acendrado espíritu de familia nuestra vida comunitaria: Amaos unos a otros como Cristo os ha amado. No haya entre vosotros más que un solo corazón y un mismo espíritu. 5

 

49.1 Para fomentar el espíritu de familia:

1 vivimos nuestras relaciones fraternas con alegría, respeto mutuo y cordialidad;

2 ofrecemos acogida solícita a los Hermanos de la Provincia y del Instituto;

3 expresamos nuestro sentido de fraternidad en las fiestas de familia: celebraciones jubilares, cumpleaños, encuentros provinciales;

4 dedicamos gustosos algún tiempo a los trabajos de arreglo y mantenimiento de la casa o de la propiedad;

5 participamos en los esparcimientos comunitarios.

50 Comunidad de consagrados

Los votos, expresión de nuestro amor a Dios, son factor aglutinante de la comunidad marista. La castidad, al liberar el corazón de las formas posesivas del afecto, le da la amplitud y la fuerza del amor universal. La pobreza pone a disposición de los demás cuanto somos y tenemos. La obediencia orienta a la comunidad en la búsqueda y cumplimiento de la voluntad de Dios.

50.1 El proyecto de vida comunitaria es un medio importante para construir la comunidad marista; permite ejercer la corresponsabilidad en la búsqueda de la voluntad de Dios. El Capítulo Provincial decide sobre la obligatoriedad del mismo para las comunidades.

Dicho proyecto hace referencia a determinados puntos de las Constituciones en relación con la situación concreta de la comunidad y a las prioridades de la Provincia señaladas por el Hermano Provincial, de acuerdo con las orientaciones del Capítulo. Ha de ser aprobado por el Hermano Provincial. (cf 150.2.7)

50.2 Donde el proyecto de vida comunitaria no sea obligatorio, el Capítulo Provincial señalar el modo de sustituirlo.

 

51 La comunidad, lugar de intercambio y crecimiento

Nos aceptamos como somos, diferentes y complementarios. Cada uno se interesa por la vida y el trabajo de los demás. Cultivamos la delicadeza, esa finura de corazón que sabe darse cuenta del Hermano que se halla en dificultad y lo ayuda con tacto. 1 Superando nuestro egoísmo y nuestra susceptibilidad, recibimos con sencillez el aviso fraterno. 2 Sabemos perdonar y pedir perdón, y tratamos de eliminar de nuestro corazón todo resentimiento. 3

Nuestra comunidad se convierte así en un ámbito de amistad y de intercambio, en el que se desarrollan las cualidades humanas y los dones espirituales de cada Hermano. 4

52 El Superior en la comunidad

El Superior representa a Cristo en la comunidad. 1 Por su presencia atenta y disponible, 2 ayuda a crear un clima de entendimiento y de armonía entre los Hermanos. Estimula y coordina el esfuerzo común y garantiza la continuidad y la unidad de acción de todos.

Principalmente a través del Superior local y gracias a su animación, la comunidad se mantiene unida a la Provincia y se convierte en célula viva del Instituto.

52.1 La entrevista con el Superior favorece la comprensión y la armonía en la comunidad; es un factor de estímulo y crecimiento espiritual. El Superior se entrevista periódicamente con cada Hermano. (c 630,5)

 

53 Los miembros de la comunidad

Siguiendo el ejemplo y las enseñanzas del Padre Champagnat, la comunidad considera al Hermano joven como un don de Dios y una atención de María. 1 El Hermano joven aporta la riqueza de su espíritu y corazón, especialmente su entusiasmo y deseo de autenticidad. Acogido y animado, encuentra en la vida comunitaria un ambiente favorable para consolidar su vocación.

El Hermano llegado a la edad madura, enriquecido por la experiencia de sus éxitos y fracasos, invierte en la comunidad su dinamismo y equilibrio. En correspondencia recibe de ésta apoyo y estímulo para asumir plenamente su vocación.

La perseverancia de los Hermanos mayores es un testimonio de la fidelidad del Señor. Estos Hermanos no dan por terminada su tarea, sino que tratan de prestar los servicios que sus fuerzas les permiten, y se interesan por el trabajo de los Hermanos en activo. Por la oración y el ofrecimiento de sus achaques ejercen un apostolado eficaz. La comunidad los rodea de respeto y cariño.

54 El Hermano enfermo o atribulado

La comunidad, a ejemplo del Fundador, considera al Hermano enfermo o atribulado como causa de bendiciones 1 y le proporciona los cuidados y la asistencia espiritual que su situación requiere.

Por su parte, el Hermano busca fortaleza en el Señor y en María. Recuerda que con sus sufrimientos, unidos a los del Redentor, completa en su carne lo que falta a los padecimientos de Cristo 2 para la salvación del mundo.

54.1 Todos los Hermanos, especialmente los Superiores, se muestran bondadosos y pacientes con los Hermanos enfermos. Los visitan, los animan y rezan por ellos. La comunidad marista está atenta para ofrecer la ayuda del sacramento de la unción a sus miembros ancianos o enfermos. Estos, por su parte, acogen esta gracia con fe, abandonándose a la voluntad de Dios. (St 5/14)

 

55 El Hermano moribundo

La comunidad se muestra solícita con el Hermano que llega al término de su vida. Todos lo consuelan con su presencia y oración. La Eucaristía, recibida como viático, lo ayuda a consumar su consagración. El Hermano puede, así, gustar la dicha de morar en la familia de María. 1

Oramos frecuentemente por los difuntos del Instituto. Nos sentimos unidos, por la comunión de los santos, a los Hermanos que se hallan ya junto al Padre. 2

55.1 En la muerte del Hermano Superior General, de un antiguo Superior General o de un miembro o antiguo miembro del Consejo General, cada comunidad del Instituto celebra una misa y reza el oficio de difuntos.

55.2 A la muerte de un novicio o de un Hermano, cada comunidad de la Provincia celebra una misa y reza el oficio de difuntos.

55.3 En la muerte de un novicio o de un Hermano, su comunidad celebra treinta misas y reza el oficio de difuntos.

55.4 En la muerte de los padres de un Hermano, su comunidad celebra una misa y reza el oficio de difuntos.

55.5 El primer lunes de mes, cada comunidad celebra una misa por los difuntos: Hermanos, padres y familiares de los Hermanos, afiliados, antiguos alumnos, colaboradores y bienhechores.

55.6 Durante el retiro anual celebramos una misa de aniversario y rezamos el oficio de difuntos.

55.7 Los sufragios en favor de los difuntos pueden ser aumentados por el Hermano Provincial o por el Hermano Superior, según las costumbres locales.

 

56 La familia de los Hermanos

Nuestro amor fraterno se hace extensivo a la familia de cada Hermano. Se manifiesta por la acogida cordial en nuestras comunidades y por la oración, sobre todo con ocasión de los acontecimientos felices y dolorosos. 1 La consagración religiosa hace más profundo y delicado el amor que profesamos a nuestros familiares.

56.1 Las relaciones con la familia, especialmente en lo tocante a las visitas, son reguladas por las Normas de la Provincia, teniendo en cuenta la diversidad de culturas y las exigencias de la vida religiosa marista. (cf 151.1.3)

57 Comunidad orante

La oración en común 1 es un elemento esencial en la vida de la comunidad marista. Reunida en nombre de Jesús, la comunidad se construye cada día, especialmente por la oración.

Todos somos solidariamente responsables de esta oración; cada uno es ayudado por la presencia y el ejemplo de los Hermanos. En ella convergen los elementos que forman la trama diaria de nuestras vidas. La oración comunitaria alcanza su culmen en la celebración de la Eucaristía. 2

58 Comunidad apostólica

Por el solo testimonio de amor fraterno de consagrados, la comunidad es ya evangelizadora en la Iglesia local. Además ofrece a sus miembros los medios adecuados a la finalidad del Instituto.

Abierta a la acción pastoral, la comunidad hace suyo el trabajo apostólico de cada uno de sus miembros. A su vez, los Hermanos, sea cual fuere su ocupación, se integran plenamente en la comunidad; así se incrementa el amor mutuo.

58.1 Al comienzo de cada año y por fidelidad a nuestra misión, examinamos si las actividades apostólicas de la comunidad respetan suficientemente las prioridades de la Provincia y la preferencia del Fundador por los más desatendidos.

 

59 Vida común y ascesis

Como Hermanos Maristas, practicamos la indulgencia, la afabilidad, el apoyo mutuo y las demás pequeñas virtudes 1 recomendadas por nuestro Fundador para mantener la unión en la comunidad.

Las exigencias de los votos, el quehacer de cada día, el servicio a los Hermanos y los aspectos penosos de la vida común, inevitables por nuestras limitaciones, ofrecen a cada uno ocasión de renunciarse y llevar su cruz en pos de Cristo. 2

60 Comunicación y silencio

Nuestros intercambios y esparcimientos comunitarios refuerzan el espíritu de familia. Cuando nos comunicamos con sinceridad compartimos con nuestros Hermanos lo mejor de nosotros mismos.

La reunión comunitaria, al ofrecer a cada uno la oportunidad de hablar y escuchar, se convierte en medio eficaz para hacer comunidad. Participamos en ella con benevolencia y sencillez. Lejos de desalentarnos por las dificultades o tensiones, nos persuadimos de que la comunidad necesita tiempo para edificarse.

Apreciamos el silencio que nos abre a la comprensión, prepara y prolonga la comunicación de los corazones 1 y nos dispone a respetar, por amor a los Hermanos, los tiempos de oración, trabajo y descanso.

60.1 La comunidad determina la periodicidad de la reunión comunitaria. Esta reunión da lugar a exposiciones o intercambios, especialmente partiendo de textos del Instituto. Permite también a los Hermanos tomar conciencia de su responsabilidad en la comunidad y actualizar los medios más apropiados para cultivar el espíritu apostólico.

60.2 En nuestras comidas reina un ambiente de sencillez y alegría, como señal de amistad y comunión. La alimentación es ordinaria y evitamos todo refinamiento por espíritu de pobreza. De vez en cuando, nos privamos de algo para compartirlo con los pobres.

60.3 Fijamos en comunidad los momentos de silencio para favorecer la vida interior y la caridad. Determinamos también, mediante el oportuno discernimiento, el uso de los medios de comunicación social.

60.4 Las vacaciones son tiempo propicio para rehacer fuerzas y estrechar nuestra unión fraterna. La comunidad las organiza según las Normas de la Provincia y reserva unos días para pasarlos juntos. (cf 151.1.3)

 

61 Alojamiento y atuendo

Por nuestra obligación de vida en común hemos de residir en nuestra casa y no ausentarnos de ella sin permiso del Superior.

Nuestro alojamiento debe responder a las exigencias de la vida común. Cualquiera que sea el tipo de residencia y su ubicación, estar siempre limpia, y de tal manera acondicionada que trasluzca la pobreza. Una parte de nuestras residencias ha de estar reservada a la comunidad, para preservar la intimidad necesaria ala vida fraterna. 1

Como signo de nuestra consagración, y como testimonio de pobreza y sencillez marista, llevamos el hábito de nuestro Instituto, tal como se especifica en los Estatutos. 2

61.1 Por causa justa, el Hermano Provincial, con el consentimiento de su Consejo, puede otorgar permiso de ausencia prolongada. Pero no lo concederá por más de un año, a no ser por motivos de salud, estudios o para ejercer el apostolado en nombre del Instituto. (c 665, 1; cf 150.2.2)

61.2 En cada residencia hay un oratorio. Es el lugar ordinario para la oración comunitaria. La presencia eucarística hace de él el centro de la comunidad. (c 608)

61.3 Nuestro hábito es la sotana con cuello romano o rabat, el cordón y, para los profesos perpetuos, el crucifijo; o un vestido que signifique nuestro estado de consagrados en un Instituto laical. Las Normas de la Provincia puntualizan los detalles.

Sea cual fuere el hábito, cuidamos que nuestro porte esté siempre tan alejado de la vanidad como de la negligencia. (cf 151.1.3)

 

62 Hospitalidad y apertura

La comunidad marista acoge a cuantos llegan como si recibiera a Jesús en persona; 1 vive así, de forma concreta, la fraternidad universal. 2 Inserta en su medio, como levadura en la masa, debe, al mismo tiempo, abrirse a toda la humanidad en la oración y en el apostolado. 3

 

63 La comunidad, gracia siempre ofrecida

La comunidad es una gracia del Espíritu Santo. 1 Reunidos sin habernos escogido unos a otros, nos aceptamos mutuamente como don del Señor.

Por nuestro esfuerzo de reconciliación y de comunión, 2 renovado sin cesar, llegamos a ser signo de unidad para quienes nos ven.

Pero comprobamos también el desfase entre esta gracia, siempre ofrecida, y nuestra vida concreta. Por eso oramos para permanecer unidos, 3 a pesar de las dificultades, en el nombre del Señor Jesús.

 




1 Mt 9/9


2 Jn 17/20-23


3 Rm 5/5


1 GS 32


2 Rm 12/5


3 Lc 1/39 y 56                                                                       


4 Jn 2/1-5


1 Hch 1/14


2 V 89-90                                                                  


3 V 430; C 168/34-37


4 V 153-154; C 238/6


5 TE 5


1 C 132/14-22


2 Mt 18/15-17                                                            


3 Mt 5/23-24


4 Ef 4/11-12


1 Ga 6/1                                                                   


2 Lc 12/42; c 618-619


1 R III/1                                                                     


1 V 444-447; C 56/9-10; EE 24-35


2 Col 1/24


1 V 432-433                                                              


2 LG 49


1 V 260


1 C 180/26-30


2 SC 10


1 Hch 1/14, 2/42                                                        


2 Lc 9/23-24


1 EE 241-249


1 ET 46


2 c 669, 1


1 c 667, 1


2 Mt 23/8


3 cf 23.1


1 Hb 13/2; Rm 12/13                                                  


2 Mt 18/21-22


3 Jn 17/11-12





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