CUARTA PARTE
LA ORACIÓN CRISTIANA
PRIMERA SECCIÓN
LA ORACIÓN EN LA VIDA CRISTIANA
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"Este es el Misterio de la fe". La Iglesia lo profesa en el Símbolo
de los Apóstoles (Primera Parte del Catecismo) y lo celebra en la Liturgia
sacramental (Segunda Parte), para que la vida de los fieles se conforme con
Cristo en el Espíritu Santo para gloria de Dios Padre (Tercera Parte). Por tanto, este Misterio exige que los
fieles crean en él, lo celebren y vivan de él en una relación viviente y
personal con Dios vivo y verdadero. Esta relación es la oración.
¿QUÉ ES LA ORACIÓN?
Para mí, la oración es un impulso del corazón, una sencilla mirada
lanzada hacia el cielo, un grito de reconocimiento y de amor tanto desde dentro
de la prueba como desde dentro de la alegría (Santa Teresa del Niño Jesús, ms
autob. C 25r).
La oración como don de Dios
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"La oración es la elevación del alma a Dios o la petición a Dios de bienes
convenientes"(San Juan Damasceno, f. o. 3, 24). ¿Desde dónde hablamos
cuando oramos? ¿Desde la altura de nuestro orgullo y de nuestra propia
voluntad, o desde "lo más profundo" (Sal 130, 14) de un corazón
humilde y contrito? El que se
humilla es ensalzado (cf Lc 18, 9-14). La humildad es la base de
la oración. "Nosotros no sabemos pedir como conviene"(Rom 8, 26). La humildad
es una disposición necesaria para recibir gratuitamente el don de la oración:
el hombre es un mendigo de Dios (cf San Agustín, serm 56, 6, 9).
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"Si conocieras el don de Dios"(Jn 4, 10). La maravilla de la oración
se revela precisamente allí, junto al pozo donde vamos a buscar nuestra agua:
allí Cristo va al encuentro de todo ser humano, es el primero en buscarnos y el
que nos pide de beber. Jesús tiene
sed, su petición llega desde las profundidades de Dios que nos desea. La oración,
sepámoslo o no, es el encuentro de la sed de Dios y de sed del hombre. Dios
tiene sed de que el hombre tenga sed de El (cf San Agustín, quaest. 64,
4).
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"Tú le habrías rogado a él, y él te habría dado agua viva" (Jn 4,
10). Nuestra oración de petición es paradójicamente una respuesta. Respuesta a
la queja del Dios vivo: "A mí me dejaron, Manantial de aguas vivas, para
hacerse cisternas, cisternas agrietadas" (Jr 2, 13), respuesta de fe a la
promesa gratuita de salvación (cf Jn 7, 37-39; Is 12, 3; 51, 1), respuesta de
amor a la sed del Hijo único (cf Jn 19, 28; Za 12, 10; 13, 1).
La oración como Alianza
2562 ¿De
dónde viene la oración del hombre? Cualquiera que sea el lenguaje de la oración
(gestos y palabras), el que ora es todo el hombre. Sin embargo, para designar
el lugar de donde brota la oración, las Escrituras hablan a veces del alma o
del espíritu, y con más frecuencia del corazón (más de mil veces). Es el corazón
el que ora. Si éste está alejado de Dios, la expresión de la oración es vana.
2563 El
corazón es la morada donde yo estoy, o donde yo habito (según la expresión
semítica o bíblica: donde yo "me adentro"). Es nuestro centro
escondido, inaprensible, ni por nuestra razón ni por la de nadie; sólo el
Espíritu de Dios puede sondearlo y conocerlo. Es el lugar de la decisión, en lo más profundo de nuestras tendencias
psíquicas. Es el lugar de la verdad, allí donde elegimos entre la vida y la
muerte. Es el lugar del encuentro, ya que a imagen de Dios, vivimos en
relación: es el lugar de la Alianza.
2564 La
oración cristiana es una relación de Alianza entre Dios y el hombre en Cristo.
Es acción de Dios y del hombre; brota del Espíritu Santo y de nosotros,
dirigida por completo al Padre, en unión con la voluntad humana del Hijo de
Dios hecho hombre.
La oración como Comunión
2565 En la
nueva Alianza, la oración es la relación viva de los hijos de Dios con su Padre
infinitamente bueno, con su Hijo Jesucristo y con el Espíritu Santo. La gracia
del Reino es "la unión de la Santísima Trinidad toda entera con el
espíritu todo entero" (San Gregorio Nac., or. 16, 9). Así, la vida de oración es estar habitualmente en
presencia de Dios, tres veces Santo, y en comunión con El. Esta comunión
de vida es posible siempre porque, mediante el Bautismo, nos hemos convertido
en un mismo ser con Cristo (cf Rm 6, 5). La oración es cristiana en
tanto en cuanto es comunión con Cristo y se extiende por la Iglesia que es su
Cuerpo. Sus dimensiones son las del
Amor de Cristo (cf Ef 3, 18-21).
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