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Empieza desde los
cuarenta hasta los cincuenta años, va interrumpido con su dedicatoria y
prólogo, porque así lo pidió el tiempo y la estación
A LA EXCELENTÍSIMA
SEÑORA DOÑA MARÍA TERESA ÁLVAREZ DE TOLEDO,
HARO, SILVA, GUZMÁN, ENRÍQUEZ DE RIBERA, ETC., DUQUESA DE
ALBA, MARQUESA DEL CARPIO, CONDESA DE OLIVARES, DUQUESA DE GALISTEO Y DE
MONTORO, ETC.
EXCMA. SEÑORA:
Desde aquella hora apacible en que la piedad
de V. Exc. permitió que echase a sus pies los cuatro trozos primeros de mi
trabajosa y desdichada Vida, cambié a felicidades y quietudes todos sus tristes
pasos y peligrosas estaciones. Desde
aquella hora empecé a burlarme de las asechanzas de la pobreza, de las
industrias de la persecución, de la ojeriza de la fortuna y del coraje de todos
mis enemigos y contrarios. No quedó en mi espíritu el más leve sentimiento de
las urgencias miserables ni de los porrazos terribles que padecí en mi edad
difunta, porque en la benigna aceptación de V. Exc. perdieron mis aventuras su
ingratitud y su inconstancia, y yo no volví a ver las pesadumbres ni los
desabrimientos a que me arrastraron mis fatalidades y mis vicios; antes ahora
suelo repetir, dichosamente vano, cuanto arrojé entonces de mi memoria y de mi
pluma, lleno de dolor y de vergüenza. Yo aseguré con esta ventura quitar el
semblante espantoso de mi pasada vida y poner en mi opinión más apetecibles sus
dudosas o desacreditadas operaciones, y a la presente, añadir felices
esperanzas, muy confiado en que ni en ésta ni en la futura que Dios quiera
darme me faltará la piedad de V. Exc., porque no se ciñen a términos sus
liberalidades y porque, habiéndome permitido envejecer en sus honras, creo que
me ha de conceder finalizar en su gracia mi carrera.
Suplico
a V. Exc. permita que se junte a los demás miembros de mi vitalidad este quinto
trozo, para que no caiga sobre mí la desproporción desmesurada de que ande cada
pedazo por su lado y para que corra debajo de la excelentísima protección que
pasaron los primeros, que con este felicísimo socorro proseguirá aleando por
los aires del mundo esta pesada Vida, que siempre los cortó con trabajo prolijo
y ahora los rompe con debilidad inevitable. Lo que he vivido, lo que estoy
viviendo y lo que me falta que vivir pongo nuevamente a los pies de V. Exc.,
para que mande sobre lo que fui, sobre lo que soy y sobre lo que me falta que
ser, que puede ser mucho si la bondad de V. Exc. me permite emplear la vida que
me falta en la servidumbre y
observancia de sus preceptos.
Nuestro
Señor guarde a V. Exc. muchos años, como me importa y le ruego. Salamanca, 12 de junio de 1750.
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