|
CONCLUSIÓN
23. La
presente Declaración, reproponiendo y clarificando algunas verdades de fe, ha
querido seguir el ejemplo del Apóstol Pablo a los fieles de Corinto: " Os
transmití, en primer lugar, lo que a mi vez recibí " (1 Co 15,3).
Frente a propuestas problemáticas o incluso erróneas, la reflexión teológica
está llamada a confirmar de nuevo la fe de la Iglesia y a dar razón de su
esperanza en modo convincente y eficaz.
Los Padres del Concilio
Vaticano II, al tratar el tema de la verdadera religión, han afirmado: "
Creemos que esta única religión verdadera subsiste en la Iglesia católica y
apostólica, a la cual el Señor Jesús confió la obligación de difundirla a todos
los hombres, diciendo a los Apóstoles: "Id, pues, y enseñad a todas las
gentes, bautizándolas en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo,
enseñándoles a observar todo cuanto yo os he mandado" (Mt 28,19-20).
Por su parte todos los hombres están obligados a buscar la verdad, sobre todo
en lo referente a Dios y a su Iglesia, y, una vez conocida, a abrazarla y
practicarla ".99
La revelación de Cristo
continuará a ser en la historia la verdadera estrella que orienta a toda la
humanidad: 100 " La verdad, que es Cristo, se impone
como autoridad universal ". 101 El misterio cristiano
supera de hecho las barreras del tiempo y del espacio, y realiza la unidad de
la familia humana: " Desde lugares y tradiciones diferentes todos están
llamados en Cristo a participar en la unidad de la familia de los hijos de Dios
[...]. Jesús derriba los muros de la división y realiza la unificación de forma
original y suprema mediante la participación en su misterio. Esta unidad es tan
profunda que la Iglesia puede decir con san Pablo: " Ya no sois extraños
ni forasteros, sino conciudadanos de los santos y familiares de Dios " (Ef
2,19) ". 102
El Sumo Pontífice Juan
Pablo II, en la Audiencia del día 16 de junio de 2000, concedida al infrascrito
Cardenal Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, con ciencia
cierta y con su autoridad apostólica, ha ratificado y confirmado esta
Declaración decidida en la Sesión Plenaria, y ha ordenado su publicación.
Dado en Roma, en la sede
de la Congregación para la Doctrina de la Fe, el 6 de agosto de 2000, Fiesta de
la Transfiguración del Señor.
Joseph Card. Ratzinger
Prefecto
Tarcisio Bertone, S.D.B.
Arzobispo
emérito de Vercelli
Secretario
|