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COLOQUIO
CON SOR MARÍA LUCÍA DE JESÚS Y DEL INMACULADO CORAZÓN
La cita de Sor Lucía con Su Excia. Mons.
Tarcisio Bertone, Secretario de la Congregación para la Doctrina de la Fe,
encargado por el Santo Padre, y de Su Excia. Mons. Serafim de Sousa Ferreira e
Silva, Obispo de Leiria-Fátima, tuvo lugar el pasado jueves 27 de abril en el
Carmelo de Santa Teresa de Coimbra.
Sor Lucía estaba lúcida y serena; estaba muy
contenta del viaje del Papa a Fátima para la beatificación, que ella tanto
esperaba, de Francisco y Jacinta.
El Obispo de Leiria-Fátima leyó la carta
autógrafa del Santo Padre que explicaba los motivos de la visita. Sor Lucía se
sintió honrada y la releyó personalmente, teniéndola en sus propias manos. Dijo
estar dispuesta a responder francamente a todas las preguntas.
Llegados a este punto, Su Excia. Mons.
Tarcisio Bertone le presentó dos sobres, uno externo y otro dentro con la carta
que contenía la tercera parte del « secreto » de Fátima, y ella dijo
inmediatamente, tocándola con los dedos: « es mi carta »; y después, leyéndola:
« es mi letra ».
Con la ayuda del Obispo de Leiria-Fátima, se
leyó e interpretó el texto original, que está en portugués. Sor Lucía estuvo de
acuerdo en la interpretación según la cual la tercera parte del secreto
consiste en una visión profética comparable a las de la historia sagrada.
Reiteró su convicción de que la visión de Fátima se refiere sobre todo a la
lucha del comunismo ateo contra la Iglesia y los cristianos, y describe el
inmenso sufrimiento de las víctimas de la fe en el siglo XX.
A la pregunta: « El personaje principal de
la visión, ¿es el Papa? », Sor Lucía respondió de inmediato que sí y recuerda
que los tres pastorcitos estaban muy apenados por el sufrimiento del Papa y
Jacinta repetía: « Coitandinho do Santo Padre, tenho muita pena dos
peccadores! » (« ¡Pobrecito el Santo Padre, me da mucha pena de los
pecadores! »). Sor Lucía continúa: « Nosotros no sabíamos el nombre del Papa,
la Señora no nos ha dicho el nombre del Papa, no sabíamos si era Benedicto XV o
Pío XII o Pablo VI o Juan Pablo II, pero era el Papa que sufría y nos hacía
sufrir también a nosotros ».
Por lo que se refiere al pasaje sobre el
obispo vestido de blanco, esto es, el Santo Padre —como se dieron cuenta
inmediatamente los pastorcitos durante la “visión”—, que es herido de muerte y
cae por tierra, Sor Lucía está completamente de acuerdo con la afirmación del
Papa: « una mano materna guió la trayectoria de la bala, y el Papa agonizante
se detuvo en el umbral de la muerte » (Juan Pablo II, Meditación desde el
Policlínico Gemelli a los Obispos italianos, 13 de mayo de 1994).
Puesto que Sor Lucía, antes de entregar al
entonces Obispo de Leiria-Fátima el sobre lacrado que contenía la tercera parte
del « secreto », había escrito en el sobre exterior que sólo podía ser abierto
después de 1960, por el Patriarca de Lisboa o por el Obispo de Leiria, Su
Excia. Mons. Bertone le preguntó: « ¿por qué la fecha tope de 1960? ¿Ha sido la
Virgen quien ha indicado esa fecha? Sor Lucía respondió: « no ha sido la
Señora, sino yo la que ha puesto la fecha de 1960, porque según mi intuición,
antes de 1960 no se hubiera entendido, se habría comprendido sólo después.
Ahora se puede entender mejor. Yo he escrito lo que he visto, no me corresponde
a mí la interpretación, sino al Papa ».
Finalmente, se mencionó el manuscrito no
publicado que Sor Lucía ha preparado como respuesta a tantas cartas de devotos
de la Virgen y de peregrinos. La obra lleva el título « Os apelos da
Mensagen da Fatima » y recoge pensamientos y reflexiones que expresan sus
sentimientos y su límpida y simple espiritualidad, en clave catequética y
parenética. Se le preguntó si le gustaría que la publicaran, y ha respondido: «
Si el Santo Padre está de acuerdo, me encantaría, si no, obedezco a lo que
decida el Santo Padre ». Sor Lucía desea someter el texto a la aprobación de la
Autoridad eclesiástica, y tiene la esperanza de poder contribuir con su escrito
a guiar a los hombres y mujeres de buena voluntad por el camino que conduce a
Dios, última meta de toda esperanza humana.
El coloquio se concluyó con un intercambio
de rosarios: a Sor Lucía se le dio el que le había regalado el Santo Padre y
ella, a su vez, entrega algunos rosarios confeccionados por ella personalmente.
La bendición impartida en nombre del Santo
Padre concluyó el encuentro.
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