31
A esta serie pueden referirse como ejemplos: Dt 1,41 (la generación del
desierto reconoce haber pecado rechazando avanzar para entrar en la tierra
prometida); Jue 10,10.12 (en el tiempo de los Jueces el pueblo dice por dos
veces «hemos pecado» contra el Señor, refiriéndose a haber servido a los
baales); 1 Sam 7,6 (el pueblo del tiempo de Samuel afirma: «¡Hemos pecado
contra el Señor!»); Núm 21,7 (este texto se distingue por el hecho de que el
pueblo de la generación mosaica admite que, al lamentarse respecto a la comida,
se ha hecho culpable de «pecado» por haber hablado contra el Señor y también contra
su guía humano, Moisés); 1 Sam 12,19 (los israelitas de la época de Samuel
reconocen que, al pedir tener un rey, han añadido éste «a todos sus pecados»);
Esd 10,13 (el pueblo reconoce ante Esdras haber «pecado en esta materia»
grandemente, casándose con mujeres extranjeras); Sal 65,2-2; 90,8; 103,10
(107,10-11.7); Is 59,9-15; 64,5-9; Jer 8,14; 14,7; Lam 1,14.18a.22 («Yo» =
personificación de Jerusalén); 3,42 (4,13); Bar 4,12-13 (Sión evoca las culpas
de sus hijos que han conducido a la devastación); Ez 33,10; Miq 7,9 («Yo»).
18-19.
32
Por ejemplo: Éx 9,27 (el faraón dice a Moisés y a Aarón: «Esta vez he pecado,
el Señor tiene razón; yo y mi pueblo somos culpables»); 34,9 (Moisés invoca:
«Perdona nuestra culpa y nuestro pecado»); Lev 16,21 (el sumo sacerdote
confiesa los pecados del pueblo sobre la cabeza del «chivo expiatorio» el día
de la expiación); Éx 32,11-13 (cf. Dt 9,26-29: Moisés); 32,31 (Moisés); 1 Re
8,33ss (cf. 2 Crón 6,22s: Salomón reza para que Dios perdone eventuales pecados
futuros del pueblo); 2 Crón 28,13 (los jefes de los israelitas afirman:
«Nuestra culpa es grande»); Esd 10,2 (Sekanías dice a Esdras: «Nosotros hemos
sido infieles hacia nuestro Dios, casándonos con mujeres extranjeras»); Neh
1,5-11 (Nehemías confiesa los pecados cometidos por el pueblo de Israel, por sí
mismo y por la casa de su padre); Est 4,17n (Ester confiesa: «Hemos pecado
contra ti y nos has entregado en las manos de nuestros enemigos por haber dado
gloria a sus dioses»); 2 Mac 7,18.32 (los mártires judíos afirman que están
sufriendo a causa de «nuestros pecados» contra Dios).
33
Entre los ejemplos de este tipo de confesión nacional se puede remitir a: 2 Re
22,13 (cf. 2 Crón 34,21: Josías teme la cólera del Señor «porque nuestros
padres no han escuchado las palabras de este libro»); 2 Crón 29,6-7
(Ezequías afirma: «Nuestros padres han sido infieles»); Sal 78,8ss (un «yo»
reasume los pecados de las generaciones pasadas a partir del Éxodo). Cf.
también el dicho popular citado en Jer 31,29 y Ez 18,2: «Los padres comieron
agraces y los hijos sufren la dentera».
34
Es el caso de textos como los siguientes: Lev 26,40 (los exiliados son llamados
a «confesar su iniquidad y la iniquidad de sus padres»); Esd 9,5b-15 (oración
penitencial de Esdras, v.7: «Desde los días de nuestros padres hasta el día de
hoy nos hemos hecho muy culpables»; cf. Neh 9,6-37); Tob 3,1-5 (en su oración,
Tobías invoca: «No me condenes por mis pecados, mis errores y los de mis
padres», v.3 y prosigue con la constatación: «no hemos observado tus decretos»,
v.5); Sal 79,8-9 (este lamento colectivo implora a Dios que «no recuerdes
contra nosotros culpas de antepasados [...] líbranos y borra nuestros
pecados»); 106,6 («hemos pecado como nuestros padres»); Jer 3,25 («contra Yahvé
nuestro Dios hemos pecado nosotros como nuestros padres»); Jer 14,19-22
(«reconocemos, Yahvé, nuestras maldades, la culpa de nuestros
padres», v.20); Lam 5 («nuestros padres pecaron, ya no existen; y
nosotros cargamos con sus culpas», v.7; «¡Ay de nosotros, que hemos pecado!», v.16b);
Bar 1,15-3,18 («hemos pecado ante el Señor», 1,17 [cf. 1,19.21; 2,5.24],
«no te acuerdes de las iniquidades de nuestros padres», 3,5 [cf. 2,33;
3,4.4]); Dan 3,26-45 (la oración de Azarías: «Pues con verdad y justicia has provocado
todo esto, por nuestros pecados», v.28); Dan 9,4-19 («pues, a causa de nuestros
pecados y de las iniquidades de nuestros padres, Jerusalén [...] es el escarnio
de todos [...]», v.16).
35
Éstos incluyen falta de confianza en Dios (así, p. ej., Dt 1,41; Núm 14,10),
idolatría (como en Jue 10,10-15), exigencia de un rey humano (1 Sam 12,9),
matrimonios con mujeres extranjeras, en contraste con la Ley divina (Esd
9-10). En Is 59,13b el pueblo dice de sí «hablar de opresión y revueltas,
concebir y musitar en el corazón palabras engañosas».
36
Cf. el caso análogo del repudio de las mujeres extranjeras por parte de los
judíos, narrado en Esd 9-10, con todas las consecuencias negativas que habría
tenido sobre las mujeres implicadas. La cuestión de una petición de perdón
dirigida a ellas (y o a sus descendientes) no se plantea propiamente, en cuanto
que el repudio es presentado como una exigencia de la Ley divina (cf. Dt 7,3)
en todos estos capítulos.
37
Viene a la mente, a este respecto, el caso de las relaciones permanentemente
tensas entre Israel y Edom. Este pueblo, no obstante su condición de «hermano»
de Israel, participó y se alegró de la caída de Jerusalén por obra de los
babilonios (cf., p. ej., Abdías 10-14). Israel, como signo de ultraje por esta
traición, no sintió necesidad alguna de pedir perdón por la matanza de
prisioneros edomitas indefensos, perpetrada por el rey Amazías según 2 Crón
25,12.
38
JUAN PABLO II, «Discurso del 1 de septiembre de 1999»: L'Osservatore
Romano (2-9-1999) 4.
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